Un joven Francisco buscaba su lugar en el mundo. Marchó de su hogar a enfrentarse con el mundo. En ocasiones se abandonaba a placeres mundanos. Soñaba con la gloria de las armas. Intentó encontrarse a sí mismo en el campo de batalla.
Combatió por su ciudad, fue derrotado y apresado. Pasó horas de
soledad, recordando una vida errante de placeres. Y Dios le habló: reconstruye mi iglesia, ¿no ves que se derrumba?.
Un convencido Francisco, abandona la
guerra y la carne. Regresa a su ciudad natal, e inicia su
revolucionario movimiento monástico. Por fin había encontrado su camino.
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