martes, 14 de octubre de 2014

BRATISLAVA, MEDIEVAL Y MODERNA.




Bratislava fue centro del estado moravo, y parte importante del Reino Húngaro y del Imperio Austrohúngaro. Tras la batalla de Mohacs, Bratislava se convirtió en lugar de Coronación para los reyes húngaros.



Bratislava es una de las capitales más jóvenes de Europa, sin embargo posee una larga historia a sus espaldas. Fue un poblado celta durante la Edad del Hierro, antes de la llegada de los romanos, que desde aquí controlaban el Danubio. Posteriormente pasaron por aquí francos, germanos, eslavos, húngaros, mongoles y turcos.



Un territorio tradicionalmente activo en lo político y lo económico, una urbe situada en el Centro de Europa, en las estribaciones de los Pequeños Cárpatos, un enclave donde se unen los territorios (vertebrados por el Danubio) de Eslovaquia, Hungría y Austria. Su castillo domina la ciudad y controla el Danubio, la principal vía de contacto y comunicación de Europa Centro Oriental.



En el siglo X desapareció la Gran Moravia, el primer estado eslavo permanente, que tenia en Bratislava uno de sus baluartes, ante el empuje de los magiares que fundaron en la región el Reino de Hungría. En el siglo XIII llegaron a estas tierras los mongoles, que pudieron ser rechazados, y en el siglo XVI los turcos, que vinieron para quedarse. En estos años finales de la Edad Media la ciudad era conocida con el nombre de Presburgo, toponimia que mantuvo hasta principios del siglo XX.



Tras la gran victoria de Mohacs, los turcos ocuparon buena parte del Reino de Hungría y sus monarcas se trasladaron a Bratislava. En este momento comienza la época de mayor prosperidad para la capital eslovaca, pues aquí se estableció la aristocracia magiar y fue el centro de coronación de los monarcas húngaros durante doscientos años, cuyo ceremonial se celebraba en su catedral


La Iglesia Azul es una muestra del eclecticismo, los grandes contrastes y el colorido de la capital eslovaca. Oficialmente llamada Iglesia de Santa Isabel. Las desvencijadas edificaciones comunistas intentan convivir con edificios imperiales a los que hay que sumar los coloridos edificios, reformados y curiosos ejemplos del Art Noveau de la Secesión. 






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