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lunes, 25 de febrero de 2019

MANTELETE DEL SIGLO XIII.




Las máquinas para la protección de soldados resultaban fundamentales en el acercamiento de las tropas a los muros. También ayudaban activamente en la defensa de los obreros que realizaban las tareas de asesio, zapa o minado, por lo que solían desplazarse con el apoyo de las torres de asedio y el fuego de cobertura proporcionado por las piezas de artillería. A pesar de que en el desarrollo de muchos asedios no se utilizaban grandes maquinas, este tipo de ingenio no podían faltar si se quería evitar un elevado número de pérdidas entre las tropas asaltantes. Bajo el nombre genérico de abrigos colectivos se incluyen una serie de máquinas con forma de galerías cubiertas o parapetos móviles.

Las máquinas y parapetos para la protección de los soldados, en su aproximación a los muros, eran muy variadas así comos sus nombres. Términos como vineae, mantas, manteletes, zarzos, gatas, bancos o paveses son empleados para describir diferentes ingenios, fabricados con madera, mimbre, cuero, con ruedas o sin ellas, con saeteras o con techos almenados servían para proteger grupos de soldados. El modelo representado es muy simple y construido por un muro frontal, equipado con ruedas. (Ruben Saez).

miércoles, 19 de diciembre de 2018

JINETE CRISTIANO.



Caballo al galope, cuerpo inclinado adelante y lanza en riste. El pulso no tiembla y la sangre se mantiene fría. En los ejércitos cristianos del siglo XIII la caballería golpeaba como un martillo, intentando quebrar la defensa del enemigo.

martes, 11 de diciembre de 2018

ARIETE PRENSILIS.




Los arietes son las armas de asedio más primitivas y sencillas, el Aries presinlis fue el primer modelo de ariete compuesto utilizado por los legionarios romanos. A diferencia de los ejemplares más antiguos manejados a mano, suponía una innovación al situar la viga con la cabeza de carnero (de ahí su denominación) dentro de una estructura fija. Esta estructura consistía en una marco de cuadrado, en cuya parte parte superior se ataba el elemento principal con ayuda de cuerdas. Por medio de un movimiento de balancín se desplaza la viga hacia delante y hacia atrás, con lo que resultaba muy fácil imprimir fuerza, lo que redundaba en en una mayor potencia.


El principal problema de esta arma es que los soldados que la utilizaban se encontraban expuestos a los proyectiles de los enemigos, de ahí que su uso fuese muy escaso.

martes, 20 de noviembre de 2018

PRIMERAS ARMAS DE METAL.



Desde el principio la guerra. Una actividad alimentada constantemente por la innovación tecnológica. En ese sentido, el desarrollo de la metalurgia del bronce permitió cierto avance de la panoplia de armas disponible. 

De esta manera, junto a todos aquellos utensilios que por su carácter polifuncional pudieron ser empleados como armas, aparecieron nuevos tipos de objetos que completaron una panoplia cada vez más especializada. Cascos, lanzas, espadas, puñales y alabardas fueron depositadas en las tumbas, resaltando el carácter guerrero de su propietario, así como su estatus superior dentro de la sociedad. Armas que materializan el proceso complejo de jerarquización social.

domingo, 11 de noviembre de 2018

EL ARTE DE LA GUERRA.




Hace veinticinco siglos, el general chino Sun Tzu escribió el primer tratado  de táctica y estrategia militar. Sus sabios consejos se siguen aplicando, hoy día,  en los campos de batalla y también en el mundo de los negocios, donde la  sangre corre mucho más.  Entre otras cosas, el general decía:

Si eres capaz, finge incapacidad.
Si eres fuerte, exhibe debilidad.
Cuando estés cerca, simula que estás lejos.
No ataques nunca donde el enemigo es poderoso.
Evita siempre el combate que no puedas ganar.
Si estás en inferioridad de condiciones, retírate.
Si el enemigo está unido, divídelo.
Avanza cuando no te espere
y por donde menos te espere, lanza tu ataque.
Para conocer al enemigo, conócete.
Eduardo Galeano. Espejos. 

lunes, 5 de noviembre de 2018

LAS PRIMERAS ARMAS DE LA HISTORIA.



Las armas más antiguas de las que tenemos constancia, a parte claro está de un canto rodado con el que abrir una brecha en la cabeza del enemigo, fueron relativamente simples, ya que se trataba del mismo instrumental lítico (y/o óseo) utilizado en las actividades cotidianas.


Tampoco parece probable que existieran especialistas en combatir, pues no había artefactos tan complejos que precisasen una preparación o entrenamiento previo para su uso. En ese sentido, las hachas de piedra para cortar madera, las flechas o las azagayas utilizadas para la caza, pudieron ser empleadas en los enfrentamientos entre diferentes grupos humanos. 


martes, 1 de marzo de 2016

MORRIGU



Morrigu, conocida también como Morrigan, identificada con el cuervo, reina de los fantasmas, señora de la guerra, diosa de la sexualidad, mensajera de la muerte, una valquiria celta de rostro horroroso, se mostraba bajo un aspecto terrible a los guerreros que marchaban al combate y nunca regresarán, destinados a yacer en el campo de batalla. En la concepción celta, la muerte es trascendental, el punto de partida de la transmigración del alma, y cuando el soldado veía a Morrigu, ya sabía que había llegado su momento, y daba lo mejor de sí para convertirse en auténtico héroe.  

martes, 2 de febrero de 2016

LOS DOSCIENTOS BALLESTEROS DEL SEÑOR SANTIAGO.



Las huestes cristianas, más ávidas de botín que de gloria, se lanzan a la conquista de la Alta Andalucía. En las ciudades que antes eran musulmanas, ondean ahora los pendonces de los vencedores y se yerguen las cruces de la redención. A lo largo del siglo XIII en algunas de estas poblaciones surgen cofradías militares, como los “200 ballesteros del señor Santiago en Baeza”.


La citada “Compañía de los 200 ballesteros del Señor Santiago” fue fundada por el rey de Castilla y León, Fernando III hacia el 1230 y existió hasta 1767. En esta cofradía, que tenía en la religión su elemento legitimador y de cohesión, “sólo tenían cabida los caballeros hidalgos descendientes de los infanzones que conquistaron y poblaron la ciudad”.


Este cuerpo militar dependía directamente de los monarcas, que contaba por ellos para empresas complicadas, y que como contraprestación (y afianzar la fidelidad) concedían suculentos privilegios. Los miembros, orgullosos de tal condición, esculpían en las portadas de sus casas, las insignias de la compañía. La proliferación de estas cofradias armadas, coincidió en el tiempo con las insuperable crisis que sufría la caballería tradicional, que veía mermar su poder (y posición) frente a las redes oligárquicas de villas y ciudades.



Baeza, con su flamante compañía de ballesteros, jugó un destacado papel en las luchas fronterizas entre dos mundos: uno que avanzaba, el cristiano, y otro que retrocedía, el musulmán.  


lunes, 4 de enero de 2016

JOHAN TSERCLAES



Conocido como “el monje con armadura”, Johan Tserclaes, cuya estatua encontré una tarde que paseaba por Munich, fue un militar de campo español, nacido en los Países Bajos, que luchó defendiendo los intereses hispanos durante la Guerra de los Treinta Años.  

domingo, 3 de enero de 2016

MEHTERHANÉ, UNA BANDA SONORA PARA LA GUERRA.



Desde el origen mismo de la guerra, los combatientes marchaban al campo de batalla al son que marcaban los tambores o las cuernas. Con el tiempo la música fue incorporada como un elemento más del mundo militar y los ejércitos desfilan acompañados por sus bandas. Y el primero de esos ejércitos que contó con una banda de música permanente fue el otomano.


Mehter era una unidad especial dentro de la élite del ejército, los jenízaros, y desempeñaban dos funciones; montar la tienda del estado mayor (incluida la del sultán) y disponer de una orquesta cuya música simbolizara el poder del soberano. Existen referencias a mehterhané otomanas desde finales del siglo XIII y entre los instrumentos que tocaban podemos enumerar tambores, clarinetes, triángulos, platillos, crótalos, timbales de guerra y bombos.


A la hora de entrar en batalla los timbales y clarinetes avanzaban en vanguardia, la música estimulaba el espíritu combativo de las tropas otomanas, y el estruendo también amedrentaba al enemigo, insuflando el miedo en el ánimo del enemigo. En los momentos más solemnes los músicos vestían de gala, colocaban los timbales sobre camellos (o elefantes) y desfilaban al tiempo que lanzaban proclamas orales al estilo “Rahim Allah”.


Especialistas griegos y armenios eran los encargados de fabricar los instrumentos, mantenerlos y custodiarlos en unas estancias cercanas a Topkapi. Esta música “alla turca” influyó en la música militar europea, como en las bandas militares de Napoleón y en composiciones como las famosas “Marchas turcas” de W.A. Mozart y de Beethoven.


sábado, 31 de octubre de 2015

AKINDSCHIS, CABALLERÍA LIGERA OTOMANA.



Rápidos jinetes, armados con espada, escudo, una lanza y una maza, campaban a su anchas y lanzaban mortíferos ataques en el lugar menos esperado por los incautos enemigos cristianos. Akindschis es el nombre de la caballería turca dedicada a merodear, la rapiña, a rápidas incursiones y a la guerra de guerrillas. Era una cuerpo irregular, reclutado entre los capas menos favorecidas de la sociedad y se trataba del último vestigio de la ancestral caballería de las estepas. Formaban con sipahis y jenízaros la base del poderoso (y por momentos imbatible) ejército otomano. 

Se organizaban en unidades de diez, cien y mil efectivos, y en campañas de gran envergaduua, actuaban como avanzadilla del ejército principal, aseguraban puentes y capturaban prisioneros para interrogarlos. Tremendamente eficaces, su fuerza consistía en la rapidez con que penetraban en los territorios cristianos fronterizos. Combatían por dos motivos; la guerra santa y el botín (no recibían un sueldo). Los ejércitos cristianos que se enfrentaban con los turcos no disponían de unidades de este tipo. Cuando la caballería pesada nobiliaria lograba alcanzar el campo de batalla, los rápidos akindschis ya habían regresado a su campamento después de haber saqueado los campamentos enemigos. 


lunes, 26 de octubre de 2015

JENÍZAROS, FLOR Y NATA DEL EJÉRCITO OTOMANO.


Consumados arqueros, expertos en el arte de la esgrima, los jenízaros, flor y nata del ejército otomano, guardia pretoriana leal al sultán, formaban en batalla, un sólido frente, prácticamente imposible de romper. Este cuerpo, auténtica élite del ejército turco durante siglos, estuvo considerado una de las mejores infanterías de toda Europa. Un modelo de disciplina táctica para los ejércitos occidentales a partir del siglo XVI. 


Desde mediados del siglo XIV los turcos se fueron convirtiendo en una potencia de primer orden en Europa Centro Oriental. En un principio en sus ejércitos la élite social luchaba a caballo, pero esto planteaba algunos problemas, como cuando debían iniciar un asedio, combatir contra las recias armaduras de los caballeros europeos o maniobrar en terrenos complicados. Por otro lado, es probable que los turcos quedaran impresionados con la efectividad de los famosos almogávares, a los que vieron combatir en el Oriente Mediterráneo. Fuera como fuese, el caso es que en 1330 Orhán I creó el cuerpo de los jenízaros – yeni ceri o soldados nuevos – a partir de mil prisioneros cristianos a los que se les dio a elegir; ser vendidos como esclavos o convertirse al Islam y luchar por el sultán. A partir de 1362 estos jenízaros comenzaron a ser reclutados mediante un sistema de leva forzosa; devshirme


Concebidos como un ejército antifeudal, para contrarrestar el creciente poder de la aristocracia de rancio abolengo, los jenízaros combatían a pie. Se protegían con una armadura de láminas (más ligera que la europea) y eran expertos arqueros, capaces, tras un duro entrenamiento, de lanzar entre 20 y 25 flechas por minuto. Para la lucha cuerpo a cuerpo utilizaban el sable curvo, la lanza y el hacha. Tenían un modo de luchar defensivo, y según la índole de la posición, cavaban trincheras, elevaban trincheras o sembraban el campo de estacas (como en la batalla de Nicópolis 1396). En las batallas campales mantenían la posición en el centro, para fortalecer la infantería y cuando la caballería enemiga cargaba, los jenízaros la cubrían con una interminable lluvia de flechas (en el momento preciso la caballería turca lanzaba el contragolpe). En la batalla de Varna (1444) los jenízaros fueron capaces de resistir la carga de la caballería húngara preparando el terreno para la victoria turca. 


Otro de sus cometidos era lanzar el asalto definitivo a las ciudades asediadas, como en la conquista de Constantinopla.


jueves, 15 de octubre de 2015

ESCALA COMPUESTA.



Este aparatejo de la Baja Edad Media era el método más rápido para tomar una fortaleza enemiga, asaltar sus muros (de la misma manera que tantas veces nos ha mostrado la gran pantalla). No obstante, también era el medio más peligroso, que dejaba un gran reguero de bajas entre las filas del ejército sitiador.

Las escalas podían adoptar formas diferentes, desde sencillas escaleras de madera, hasta otras muy complejas con mecanismos elevadores.


En la obra del ingeniero militar italiano Roberto Valturio, “De re militari” (1472), aparecen representadas escalas fabricadas con correas y hebillas que podían ser desplegadas como espalderas con bisagras. Estas máquinas debían estar preparadas para aguantar el peso de los soldados que debían subir por ellas al mismo tiempo. El diseño de Valturio estaba compuesto por un chasis con ruedas en el que se había atado una escalera que podía ser subida o bajada por medio de un torno.

lunes, 18 de mayo de 2015

MERCENARIOS CELTAS EN EL NILO



En la Antigüedad la guerra era un oficio como otro cualquiera. Muchos jóvenes, poco antes de alcanzar la edad adulta y carentes de un futuro próspero, se enrolaban como mercenarios en los ejércitos y guardia personal de príncipes extranjeros. En el siglo III a.C. encontramos un numeroso grupo de gálatas en Egipto, probablemente sirviendo como mercenarios. Se cuenta incluso que su jefe contrajo matrimonio con Scota, una hija del faraón reinante. Tenemos también noticia de una revuelta a la que tuvo que hacer frente Ptolomeo II protagonizada por cuatro mil gálatas enfadados.  

sábado, 28 de marzo de 2015

MANTELETE



Infantes acercándose a los muros de la ciudad parapetados detrás de un mantelete. Ocultos tras esta estructura pueden lanzar proyectiles, prepararse para la batalla o descansar unos segundos antes de regresar al combate. 


Estos elementos, forrados con pieles para evitar el fuego, e incluso acolchados para absorver los impactos, eran fundamentales para el avance de las tropas, dispuestas para el asedio. Los manteletes, que podían contar con ruedas para facilitar el movimiento, podían ser fabricados con madera o con mimbre. Muchos manteletes unidos formaban una auténtica empalizada móvil, que solían cubrir su frente con tierra. El mantelete era usado por los romanos desde el siglo II a.C. 

sábado, 18 de enero de 2014

TORRE DE ASEDIO ASIRIA



Expertos en hacer de la guerra una forma de vida, los ingenieros asirios eran auténticos especialistas en el asalto y conquista de fortalezas y ciudades amuralladas. Esta torre de asedio del siglo IX a.C. es un buen ejemplo de ello. El ejemplar se expone en Trebuchet Park. 


En un relieve del palacio de Assurnasirpal II en Nimrud, encontramos la primera representación de una torre de asedio. Una máquina que permite a los asaltantes aproximarse a la muralla y comenzar las hostilidades. 


Torre móvil, de planta cuadrangular, de la que sobresale una torreta delantera cuadrada rematada por una estructura circular. Su función, poder disponer de arqueros en su interior. 


La división en pisos es una constante en las diferentes torres. El piso más cercano al suelo estaba equipado con ariete manejado por los infantes que se resguardaban en su interior. Las alturas siguientes funcionarían como plataformas de disparo para los arqueros, siendo especialmente útiles aquellas que se encontraban a la altura o por encima de la muralla a batir. Un faldón inferior en la parte delantera, donde se ocultaban los minadores completaban los dispositivos de este ingenio. 


martes, 23 de abril de 2013

ENIALIO



Enialio es un dios guerrero prehelénico, anterior a la configuración de la Hélade, atestiguado en tablillas micénicas del siglo XIV a.C., y que con posterioridad terminaría asimilándose al más apuesto, famoso y popular, dios del Olimpo, Ares.

Jenofonte, en su relato sobre la "Expedición de los Diez Mil" lo cito en un par de ocasiones, con motivo de las arengas, cántivos e invocaciones previas al combate.

"[...] todos prorrumpieron el grito de guerra, como profieren el alarido guerrero en honor de Enialio, y todos su pusieron a correr".
Jenofonte. Anábasis I, 8, 18.

miércoles, 3 de abril de 2013

CENTURIÓN



La sangre del Lazio late por mis venas,  
como centurión camino 
a través de angostas vías 
hasta los límites del Imperio. 

Se que el enemigo es fuerte, 
comprendo que el clima es duro, 
tengo claras las dificultades del terreno

mas derrotaré a los bárbaros,

al aguerrido germano, 
al veloz númida,
al belicoso dacio
y al poderoso persa

me debo a mi legión,
con ella lucharé
allí donde me ordenen
derramaré mi sangre 
por mis compañeros
combatiré por la victoria
o moriré por Roma . . . 

miércoles, 26 de diciembre de 2012

HAMOUKAR

La más antigua batalla
La pequeña ciudad de Hamoukar, en Mesopotamia, sufrió el más antiguo asedio del que tengamos constancia arqueológica.

Clemens Reichel, de la Universidad de Chicago y Departamento de Antigüedades de Siria, encargado de las excavaciones, cree haber encontrado los vestigios más antiguos de una guerra imperialista.

Hace unos 5.500 años, en el nordeste de la actual Siria, cerca de su frontera con Irak, se ubicaba Hamoukar, una próspera ciudad, dedicada a las manufacturas y al comercio de larga distancia, especialmente de armas de obsidiana y madera de cedro. El núcleo habitable se encontraba rodeado y protegido por una muralla de unos 3 metros de altura. El deseo de apoderarse de eses riquezas fue, con toda probabilidad, el motivo del feroz ataque que sufrieron.

El ataque llegó desde el sur, posiblemente Uruk, o alguna otra ciudad-estado con ambiciones territoriales e imperialistas, que dirigieron sus ejércitos Tigris arriba.

El ejército asaltante sometió a Hamoukar a un continuo y demoledor bombardeo con proyectiles de hasta 8 centímetros de diámetro. 
Estas "bombas" golpearon muros, derrumbaron cubiertas y quebraron huesos, en un número superior al millar. La guerra finalizó con la aniquilación de la población, la conquista y el posterior incendio de la ciudad.
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