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domingo, 15 de mayo de 2016

BUREBISTA, SEÑOR DE TODO EL DANUBIO.



De entre los bosques carpáticos surge la imponente figura de Burebista, henchido de firmeza, determinación, carisma y capacidad de mando. Junto a Decébalo, el más grande rey de los dacios.

A mediados del siglo I a.C. estableció el primer gran estado dacio, unificó a los geto-dacios y a los tracios, reorganizó el ejército y se lanzó a guerrear contra los pueblos vecinos (y algunos de más allá). Venció a los boios, tauriscos y escordiscos (todos ellos profundamente celtizados), subyugó a los correosos bastarnos e incluso consiguió el control de las dinámicas colonias griegas del mar Negro. Burebista construyó un imperio al norte de los Balcanes, que se extendía a ambas orillas del Danubio y que por oriente alcanzó la región de Odessa.


Este monarca levantó una red de fortalezas en los Cárpatos (Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO) y situó su capital muy cerca de Costesti. Reinó durante cuatro décadas sobre un mosaico de pueblos, dispares entre sí y poco cohesionados. Las tierra sobre las que gobernó eran fértiles para la agricultura, aptas para la ganadería, ricas en minas y prósperas para el comercio. Burebista siempre contó con la colaboración de Decenus, un hombre religioso similar a los druidas, un sabio consejero al estilo de Merlín, Gandalf o Panoramix.

“Burebistas, tras haberse hecho cargo de la dirección del pueblo, levantó la moral de la gente, que estaba decaída por las numerosas guerras, y logró alcanzar tal grado de prosperidad a base de entrenamiento, disciplina y obediencia a sus órdenes, que en pocos años se había hecho con un gran imperio, sometiendo al yugo geta a la mayoría de sus vecinos. Ahora comenzaba a ser digno de temer para los romanos, dado que cruzaba sin reparo el Istro y saqueaba Tracia hasta Macedonia e Iliria; devastando no sólo a los celtas que estaban mezclados con tracios e ilirios, sino también causando la completa desaparición de los boyos, gobernados por Critasiro y de los tauriscos. Para lograr la docilidad del pueblo contaba con la ayuda de Deceneo, el adivino, el cual había viajado por Egipto y había aprendido a interpretar ciertos signos, por medio de los cuales descifraba la voluntad divina”
Estrabón VII, 3, 11.

En su avance hacia Occidente Burebista chocó contra Roma y en el año 60 a.C. fulminó a un ejército comandado por Antonio Hybrida. Esta victoria le otorgó fama e hizo aumentar su prestigió, hasta el punto que Pompeyo Magno buscó su alianza para sumar fuerzas en la tortuosa Guerra Civil.

Julio César, animado por deseos de venganza y preocupado por un potencial enemigo en el Corazón de Europa, preparaba una campaña contra los dacios, cuando sobrevinieron los trágicos Idus de Marzo. A Burebista no le fue mucho mejor, pues también fue víctima de un oscuro complot nunca aclarado. Los hados del destino no quisieron que estos dos titanes cruzaran armas.


viernes, 20 de noviembre de 2015

LAS TIERRAS QUE BAÑA EL ISTRO Y SU GENTE.



Más aún, los recónditos parajes bárbaros muestran de repente el Danubio, si bien el curso de sus aguas es cambiante. El monte Abnoba es el progenitor del Istro. Este río se despeña de una hendidura del Abnoba; luego se vuelve hacia las regiones orientales y desemboca en las aguas saladas del Ponto Euxino; cinco son las desembocaduras que arrojan su corriente al mar en la zona en que aparece la lejana isla de Teuce; y este río, hacia donde soplan las ráfagas heladas del aquilón, lo pueblan el sármata, los germanos, el geta, los feroces basternas, y los pueblos de los dacios; lo habita también el salvaje alano y, el escita, que mora en el litoral Taurisco; y después, a partir de aquí, la terrible raza del melancleno va y viene diseminada por estos contornos.

Cercano se encuentra el país de los neuros, los gelones veloces y los agatirsos, cubiertos con sayos siempre de colores. Acto seguido el río Boristenio desemboca con energía en el Ponto Euxino; a continuación se te brindan las llanuras marinas de Panticapeo y de Ardisco, procedentes de la cumbre quebrada de los montes Rifeos; a menudo, allá, bajo las duras condiciones atmosféricas de la Osa, unas nubes espesas desprenden nubarrones de escarcha; allá las ricas venas de la tierra generan el cristal níveo; también allá la tierra comienza a endurecerse merced al resistente diamante entre los montes Rifeos y los agatirsos de elevada estatura. Tales son las etnias que se encuentran hacia el Istro, en la áspera región que se extiende bajo la constelación de Boyero.

Por la zona meridional habitan los gerras, arrastrándose a través de las lomas de montes cubiertos de maleza. Con estos gerras limitan las ciudadelas del extenso Nórico y, luego, la Panonia cultiva sus fértiles tierras de enorme extensión. El mesio eleva muy alto hacia el bóreas sus campos y, prolongando su territorio por detrás de los tracios, los rebasa ampliamente. Vienen después los propios tracios que trabajan su enorme país con el curvo arado; finalmente, desde la amplia franja en que se extiende la Propóntide, abundante en peces, y desde donde se agitan las aguas turbulentas del Helesponto, hasta el lejano mar Egeo, los tracios poseen muchísimas tierras. Aquí Palena cría las llamas de la resplandeciente licnita en cuevas productoras de miel; también aquí el rubio jaspe centellea como las estrellas, con la misma intensidad con que los ígneos astros arden sin cesar en llamas eternas por la bóveda celeste.

Rufo Festo Avieno “Descripción del Orbe Terrestre”

viernes, 15 de mayo de 2015

PETOS



Uno de los múltiples pueblos (tribu, clan o linaje) del gran tronco de los Tracios, cuyo nombre nos transmite el padre de la Historia, Heródoto. Vivían en la Tracia sudoriental, en la cuenca inferior del río Hebro (actual Maritza). Los ríos siempre han servido como demarcadores territoriales y los autores antiguos lo utilizaban frecuentemente como referencia geográfica.

"He aquí los pueblos tracios por cuyos territorios [Jerjes] prosiguió su marcha; los petos, los cicones, los bístones, los sapeos..."

Herótodo VII, 110

domingo, 25 de enero de 2015

AUTARIEOS



Según la mitología, Autario, hijo de Ilirio, fue el héroe epónimo e iniciador del linaje de los autarieos, una de las numerosas tribus en que se dividían los ilirios.

Fuertemente celtizados los autarieos, que contaban con un poderoso ejército formado por una disciplinada infantería derrotaron a los ardieos, poseedores de una experimentada flota y más acostumbrados a luchar en el mar que en la tierra.

"Los ardieos, que destacaban por su poderío marítimo, fueron destruidos por los autarieos, excelentes en fuerzas de tierra"
Apiano. Sobre Iliria 3

Los inquietos y valientes autarieos no podían permanecer por mucho tiempo en el hogar, y siempre estaban prestos a participar en nuevas aventuras. Pero en una de ellas provocaron la furia del dios griego Apolo, que les lanzó una terrible maldición.

"Se dice que los autarieos cayeron en el grado extremo de desgracia por causa del azote divino de Apolo. Pues llevaron a cabo una expedición contra Delfos en compañía de Molistomo y de los celtas llamados cimbrios, y la mayor parte de ellos fueron destruidos de inmediato antes del intento, al abatirse sobre ellos aguaceros, huracanes y rayos, y a los que emprendieron el regreso les cayó encima un número incontable de ranas que, al pudrirse por completo, corrompieron las aguas. Y, como consecuencia de la emanación de extraños vapores desde el suelo, brotó una epidemia entre los ilirios y murieron, sobre todo, los autarieos".
Apiano. Sobre Iliria 4

Los autarieos - o autariatas - siguieron sometiendo a sus vecinos y se convirtieron, durante un tiempo al menos, en el más poderoso de los pueblos ilirios. Más tarde, escordiscos y romanos, derrotaron, destruyeron y reorganizaron a estas gentes.

"Por cierto, los autariatas fueron el más grande y valeroso de los pueblos ilirios, el cual en épocas precedentes sostuvo frecuentes guerras con los ardieos a causa de las salinas existentes en sus territorios limítrofes. [...] Hubo un tiempo en que los autariatas, tras haber sometido a los tribalos, cuyo territorio se extendía desde el de los agrianes hasta el Istro cinco días de marcha, gobernaron también sobre otros tracios e ilirios; pero fueron destruidos por los escordiscos primero, y por los romanos después, quienes a su vez vencieron a los propios escordiscos, que habían sido poderosos durante mucho tiempo.
Estrabón VII, 11.


jueves, 13 de marzo de 2014

CROBIZOS



Los antiguos llamaron Ponto Euxino, al mar Negro, un territorio donde se unen griegos y bárbaros, comerciantes y ladrones, Europa y Asia. En su vertiente occidental habitaba un pueblo de estirpe tracia, bárbaro a ojos griegos, los crobizos. 

"[...] los crobizos viven por encima de la región que circunda Calatis, Tomis e Istro".
Estrabón VII 5,12

También Heródoto, padre de la historia al que humildemente va dedicado este blog, también nos habla de ellos. "Por la Tracia y por el país de los crobizos, pueblos tracios, pasan tres ríos". IV, 49

lunes, 10 de febrero de 2014

ORFEO



El más grande y famoso poeta y músico de todos los tiempos. Hijo del rey de Tracia Eagro y de la musa Calíope, el dios Apolo le regaló una lira y las Musas le enseñaron a tañerla. Su música apaciguaba a las fieras, estremecía a las rocas e incluso conseguía que los árboles se movieran siguiendo su compás. Formó parte de la celebrada expedición de los Argonautas y descendió a los infiernos para tratar de rescatar a su amada Eurídice y perderla para siempre.

domingo, 15 de diciembre de 2013

SAPEOS



Tracios es el nombre de un conjunto de pueblos, vecinos de los griegos, que habitaban regiones septentrionales de la Hélade, y aún más al norte, en territorios que en la actualidad pertenecen a Bulgaria. Uno de estos pueblos tracios eran los Sapeos. 

"He aquí los pueblos tracios por cuyos territorios [Jerjes] prosiguió su marcha: los petos, los cicones, los bistones, los sapeos, los derseos, los edonos y los satras"
Heródoto VII, 110



Los sapeos habitaban la cuenca inferior del río Nesto, cerca de su desembocadura en el golfo de Tesalónica, muy cerca de la isla de Tasos.

"[...] hasta el río Mesto que discurre al pie del monte Pangeo, entre los haletos, diobesos y carbilesos, y después los brigas, sapeos y odomantos"
Plinio el Viejo. Historia Natural IV, 11. 

El geógrafo griego Estrabón, al que tantos y tantos datos debemos, y con el que nunca podremos saldar la deuda, recoge una versión, según la cual un pueblo tracio llamado sayos, que se podrían identificar con sapeos, habrían dado su nombre a la isla de Samos. 

"Algunos, sin embargo, afirman que fue llamada así por los sayos, un pueblo tracio que la habitó anteriormente y que también ocupaba el territorio continental situado enfrente, pueblo que se identificaría bien con los sapeos o con los sintos (a los que el poeta llama sinties), bien con otros".
Estrabón. X, 2, 17 

viernes, 25 de octubre de 2013

SARAPARAS

LOS DECAPITADORES 



Los feroces saraparas merodeaban las montañas de Armenia, causando pavor a todo aquel que osara internarse en su territorio. Su seña de identidad; las cabezas arrancadas a sus enemigos. 

Etimológicamente, y tomando todas las precauciones posibles, saraparas significa literalmente, cortadores de cabeza. En lengua iranias sara significa cabeza y par- cortar. 

"Y dicen también que algunos de los tracios, los llamados saraparas, es decir decapitadores, viven al otro lado de Armenia, cerca de los guranios y los medos, y que son hombres feroces y rebeldes, montañeses que se dedican a decapitar y arrancar cueros cabelludos, pues esto es lo que significa el nombre de saraparas"
Estrabón XI, 14, 14.

Esta es la única referencia con la que contamos para situar y caracterizar a este pueblo. La descripción (muy posiblemente) está cargada de tópicos literarios que se atribuyen a pueblos salvajes y desconocidos (de ayer, de hoy y de siempre). No obstante, no podemos dejar de recordar a los celtas, que también coleccionaban las cabezas de sus más enconados rivales, o a los indios de las llanuras norteamericanas, que como macabro trofeo, arrancaban el cuero cabelludo de los enemigos abatidos en el campo de batalla.

TETRACORITAS



Una tribu de Tracia que habitaba el monte Hemo, limítrofe de los montes Ródope. En el año 340 se sometieron, aunque de forme temporal, a Antípatro, uno de los diádocos (sucesor de Alejandro Magno) que también había combatido bajo el mando de Filipo II de Macedonia.

Algunos autores identifican a los tetracoritas con los besos, otra importante tribu de los tracios.

"Tetracoritas; los besos, según Estrabón en su libro VII. Éstos son llamados también tetrácomos"
Esteban de Bizancio 

viernes, 8 de febrero de 2013

MARIANDINOS



Los mariandinos habitaban Asia Menor, para Estrabón pertenecían a los tracios, y para Heródoto serían un pueblo completamente diferente; entre ambas afirmaciones se encontrará la realidad. 

De cualquier manera, parece ser que estaban emparentados con los paflagonios, o al menos compartían usos y costumbres con ellos.

"Los mariandinos y los sirios salieron en campaña con equipo idéntico al de los paflagonios"
Heródoto  VII, 72. 

Los mariandinos fueron tempranamente sometidos por el rey Creso de Lidia. 

"Todas las naciones que moran más acá del río Halis, fueron conquistadas por Creso y sometidas a su gobierno, a excepción de los Cílices y de los licios. Su imperio se componía por consiguiente de los de los lidios, frigios, misios, mariandinos, calibes, paflagonios, tracios, tinos y bitinios; como también de los carios, jonios, eolios y panfilios".
Heródoto   I, 28 

Y posteriormente se convirtieron en súbditos y tributarios del Imperio Persa. 

"El tercer gobierno, en que estaban encabezados los pueblos del Helesponto que caen a la derecha del que navega hacia el ponto Euxino, a saber, los frigios, los tracios asiáticos, Paflagonios, los Mariandinos y los Sirios, cargaba con 360 talentos de contribución".
Heródoto III, 90

La principal ciudad de los mariandinos era Heraclea Póntica, una antigua polis situada en Bitinia, en la provincia turca de Zonguldak. 

"Respecto a los mariandinos y los caucones, en cambio, no todos coinciden. Dicen que Heraclea, fundación de los milesios, está situada en territorio de los mariandinos, pero nada se puede decir sobre quiénes son sus habitantes ni de dónde vienen, ni parece que tengan estos hombres un dialecto o alguna otra distinción étnica, sino que son muy similares a los bitinios; parece por tanto, que también esta tribu era tracia".
Estrabón  XII,  3, 4. 

Los habitantes griegos de esta ciudad, terminaron sometiendo a servidumbre a sus antiguos pobladores. 

"También se cuenta que habiendo sido los milesios los primeros fundadores de Heraclea, obligaron a los mariandinos, los anteriores ocupantes del lugar, a servir como hilotas, hasta el punto de que podían venderlos"
Estrabón XII, 3, 4 

domingo, 27 de enero de 2013

MEDOBITINIOS
Pueblo tracio asentado en Asia Menor. 

"[...] testimonio de la existencia de bitinios tracios el que todavía ahora se los llame a algunos habitantes de Tracia medobitinios ...."
Estrabón XII, 3,3

sábado, 19 de enero de 2013

ILIRIOS

(a la luz de la arqueología) 

La primera mención escrita sobre los ilirios, se la debemos a los logógrafos jonios. Lingüísticamente indoeuropeos, estaban emparentados culturalmente con los tracios. Ambos pueblos, ilirios y tracios, se vieron cada vez más influidos por las colonias griegas, y desde el siglo III a.C. por los Imperios Macedónico y Romano que estaban en plena expansión territorial. 

Las principales fuentes que tenemos sobre los ilirios, además de las escritas, son las pruebas visibles y los restos arqueológicos. 

La transición hacia el hierro trajo importantes transformaciones en la producción y tecnología en la zona; Balcanes y costa del Adriático, a grandes rasgos, el territorio de la antigua Yugoslavia. Además a partir del siglo IX a.C. la población pasó a ser definitivamente indoeuropea. 


En los comienzos de la I Edad del Hierro, los ilirios fueron portadores de la cultura de Hallstatt. 

La helenización, que no trajo un proceso de profunda aculturación, si que supuso un vehículo de comunicación entre los ilirios, y el mundo celta, el sur de Italia, los escitas del noreste e incluso con Anatolia y Irán. 

El urbanismo presenta una tipología común que se extiende desde el mar Negro hasta el mar Adriático. Se han hallado poblados al aire libre y fortalezas, en lugares estratégicos, para la defensa y el control del territorio. Muchos de estos asentamientos aparecen asociados a grandes centros de enterramiento. 

Un tercer tipo de asentamiento son las residencias de jefes tribales y reyes ilirios. Normalmente estaban fortificadas y se componían de palacio, torre, cuarteles, establos, almacenes y talleres para trabajar el hierro. Estas protociudades, con el tiempo, se fueron convirtiendo en auténticos centros de gobierno, económicos y militares de las regiones en los que estaban enclavados. 

El arte local ilirio produce objetos para consumo de la aristocracia. Utilizan una iconografía con sus propios códigos estructurales, geométricos, vegetales, antropomorfos y zoomorfos. Se trata de un arte basado en una concepción jerárquica y asimétrica de las fuerzas cósmicas. 

Entre los ilirios, la tradición se transmitía de forma oral, (carecían de escritura), de ahí la gran importancia de la memoria histórica. 

Entre los ilirios se extendió el culto a la Gran Diosa Madre, identificada con montañas, rocas y piedras sagradas, y en estrecha relación con el orfismo tracio o el Salmoxis de los getodacios. 

A pesar de todo, nos faltan documentos literarios y epigráficos para acercarnos a la religiosidad de los ilirios, aunque es comúnmente aceptado, que el culto de los antepasados era un elemento común a todos los grupos tribales. 

La dualidad telúrico/solar (tierra/cielo) representada por la divinidad celta Taranis, el trueno, tiene su correspondencia, según epigrafía de época romana, Seniytos Surdos. Entre los ilirios, la divinidad solar es conocida como Medauro y la de las aguas como Bindo. 

No tenemos datos, ni información, sobre una casta sacerdotal iliria, pero podemos hacer una extrapolación con el mundo druídico de los celtas. Nos da una idea de como pudieron ser estos sacerdotes; encargados de sacrificios, observaban el cielo, hacen vaticinio e instruyen a los jóvenes. 

Tras la muerte, la inhumación fue ganando terreno entre los grupos populares, mientras que la cremación quedaba reservada a la aristocracia, cuya máximo exponente son las tumbas principescas. Una vez más, las sepulturas son una muestra más de la existencia de desigualdades sociales. 

A pesar de influencias helenísticas, y también etruscas, a través del Adriático, el grado de asilamiento de muchas de estas poblaciones, durante largo tiempo, posibilitó la pervivencia de costumbres ancestrales, tal y como nos informan, entre otros, Heródoto y Estrabón. Por ejemplo Estrabón recoge la costumbre entre los dardanios de lavarse tres veces en la vida; probablemente marcando rituales concretos (nacimiento, nupcias, muerte) 

La romanización tendrá un gran peso en la cultura de estos pueblos. Aunque en las zonas más remotas y aisladas, los grupos paleobalcánicos resistieron pasivamente la influencia extranjera. Desde el siglo IV a.C. las tierras habitadas por los ilirios se extendían hacia el oeste, desde el mar Adriático hasta el río Morava, y hacia el norte, desde Epiro hasta la cuenca del Danubio medio. 


martes, 15 de enero de 2013

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (XXV)



17 Tocados. Dureza de los iberos
También podría considerarse de índole bárbara el tocado de algunas mujeres que ha descrito Artemidoro: pues dice que en algunos lugares llevan collares de hierro que tienen unos ganchos doblados sobre la cabeza que avanzan mucho por delante de la frente, y que cuando quieren cuelgan el velo en estos ganchos de modo que al ser corrido da sombra al rostro, y que esto lo consideran un adorno. En otros lugares se colocan alrededor un disco redondeado hacia la nuca, que ciñe la cabeza hasta los lóbulos de las orejas y que va poco a poco desplegándose a lo alto y a lo ancho. Otras se rapan tanto la parte delantera del cráneo que brilla más que la frente. Otras mujeres, colocándose sobre la cabeza una columnilla de un pie más o menos de alto, trenzan en torno el cabello y luego lo cubren con un velo negro.

Además de estas insólitas costumbres se han visto y se han contado muchas otras cosas de todos los pueblos de Iberia en general, pero especialmente de los del Norte, relativas no sólo a su valor, sino también a una crueldad y falta de cordura bestiales. Por ejemplo, en la guerra de los cántabros, unas madres mataron a sus hijos antes de ser hechas prisioneras, y un niño, estando encadenados como cautivos sus padres y hermanos, se apoderó, por orden de su padre, de un acero y los mató a todos, y una mujer a sus compañeros de cautiverio lo mismo. Y uno, al ser llamado a presencia de unos soldados borrachos, se arrojó a una hoguera. Estos rasgos son comunes también a las tribus célticas, tracias y escitas, y es común también la valentía de sus hombres y mujeres; pues éstas trabajan la tierra, y cuando dan a luz sirven a sus maridos acostándolos a ellos en vez de acostarse ellas mismas en sus lechos. Frecuentemente incluso dan a luz en las tierras de labor, y lavan al niño y lo envuelven en pañales agachándose junto a un arroyo. En Ligústica, dice Posidonio que le refirió su huésped Carmoleon, una masaliota, que había contratado hombres junto con mujeres para cavar una fosa, y que, al llegarle los dolores, una de las mujeres se apartó no lejos del trabajo y regresó inmediatamente al mismo, después de dar a luz, para no perder su salario. Y él, que la veía realizar las faenas con fatiga sin conocer al principio la causa, lo supo ya tarde y la dejó ir, luego de darle el salario; y ella, llevando al niño a una fuente, lo lavó y lo envolvió en lo que tenía y lo llevó sano y salvo a su casa.

18. Plagas. Matriarcado. Devotio. 
No es exclusivo de los iberos el ir de dos en dos a caballo y que en las batallas uno de ellos lucha a pie, ni tampoco es exclusiva la cantidad de ratas, a las que muchas veces han seguido epidemias. Esto es lo que les sucedió en Cantabria a los romanos, hasta el punto de que los cazadores de ratas percibían unas primas según un baremo hecho público gracias a lo cual consiguieron a duras penas salvarse; les sobrevino junto con esto la escasez de trigo y de otras vituallas, y recibían víveres de Aquitania no sin dificultad por lo accidentado del terreno. De la insensatez de los cántabros se cuenta también lo siguiente: que unos que habían sido hechos prisioneros y clavados en cruces entonaban cantos de victoria. Cosas como ésta podrían, pues, servir como ejemplos de cierta rudeza en las costumbres; pero otras, quizá poco civilizadas, no son sin embargo salvajes, como el hecho de que entre los cántabros los maridos entreguen dotes a sus mujeres, que sean las hijas las que queden como herederas y que los hermanos sean entregados por ellas a sus esposas; porque poseen una especie de ginecocracia, y esto no es del todo civilizado. Es ibérica también la costumbre de llevar encima un veneno, que obtienen de una planta parecida al apio, indoloro, para tenerlo a su disposición en situaciones indeseables, así como el consagrarse a aquellos a quienes se vinculan hasta el punto de morir voluntariamente por ellos.

sábado, 22 de diciembre de 2012

BISALTAS


 Los bisaltas eran una tribu de los tracios asentados en la orilla del Estrimón.

“...el pueblo de los bisaltas ….”

Plinio el Viejo. 
Historia Natural. IV, 38



“De entre los tracios […] los bisaltas [habitaban] el resto del territorio hasta el Estrimón”

Estrabón, VII, frg, 11.



En la antigüedad el río Estrimón señalaba la frontera entre Grecia y Macedonia. En tiempos de Filipo II era el límite oriental del Reino de Macedonia. Hoy día el Estrimón discurre entre Grecia y Bulgaria, y es conocido como Estruma, Struma o Strimonas.



“A continuación, como frontera con Macedonia, el río Estrimón, que nace en el Hemo; hay que señalar que este río vierte en siete lagos antes de seguir de nuevo su curso”

Plinio el Viejo. IV, 38.

domingo, 14 de octubre de 2012

BESOS

 (también llamados besios)

Los besos son una de las más importantes tribus de los tracios del curso medio y superior del Hebro (río Maritsa).
 "Habitan a lo largo del Hebro los corpilos, y en su curso más alto, los brenas, y luego, los últimos, los besos; pues hasta ellos es remontable su curso".
                                                                         Estrabón VII, frg 47.
Parece ser que eran un clan de la tribu de los satras y tenían una función sagrada como profetas de un santuario consagrado a Dionisios. Dentro de los grandes grupos tribales existen familias o clanes con un cometido religioso, como también ocurría con los magos, entre los medos.

"En la lucha son duros, y poseen un oráculo de Dionisio. Este oráculo está en unos montes altísimos, y los besos, que pertenecen a los satras, son los profetas del santuario"
                                                                           Heródoto VII, 111

Los besos fueron durante mucho tiempo independientes, hasta que en el 72 a.C.M. Licinio Lúculo los sometió al poder romano. Repetidas veces se sublevaron,  y repetidas veces fueron derrotados, hasta el año 11 a.C. cuando fueron definitivamente vencidos por L. Calpurnio Pisón.

"Una vez sojuzgados éstos, sus vecinos los ipasinos y los besios se entregaron a él (Augusto) por miedo"
                                                                              Apiano. Iliria, 16.

Muchas bandas de besos se dedicaban al bandolerismo y al pillaje de forma excesivamente salvaje.

"Por cierto, todos éstos son pueblos dedicados en extremo al bandidaje, aunque los besos, que precisamente ocupan la mayor parte del monte Hemo, son llamados bandidos incluso por los bandidos".
Estrabón. VII, 5, 12.

La capital de la comarca que habitaban los besos era Besapara; y Egira, Zyrinae y Lissae sus ciudades más importantes. En el siglo IV el obispo dacio Miketas les convirtió al cristianismo.

domingo, 26 de agosto de 2012

DANUBIO



Desde la Selva Negra,
cruza toda la Tierra,
para morir en el mar Negro,
arteria que fluye por la Gran Llanura,
de sus aguas nace la Europa extramediterránea,
de la que es septentrional frontera,
más allá de él todo es
salvaje, bárbaro y exótico,
venerado por los getas,
río sagrado para los dacios,
a él arrojan su oro los tracios,
en sus orillas se fueron asentando 
germanos, hunos, magiares y eslavos,
conviviendo, o malviviendo,
ora negociando, ora guerreando,
configurando un complicado conglomerado de pueblos,
mestizaje de costumbres,
galimatías de lenguas,
origen de una síntesis cultural 
en el Corazón de Europa,
en sus aguas han vertido sangre
linajes enteros,
sus orillas cuentan,
historias nunca oídas,
de hombres y mujeres de todos los tiempos,
su cauce arrastra leyendas
de centenarias y maravillosas ciudades,
las colinas que se arrojan sobre él
son rematadas por torres y fortalezas
que dominan los cielos,
las notas musicales
de melancólicos violines zíngaros 
son mecidas por el viento,
y desde cercanas aldeas
vienen a morir a su sosegada ribera,
por obra de Bernini
alquimista del cincel y de la piedra
sus aguas manan en pleno centro
de la Ciudad Eterna . . . 

. . . inmortal Danubio
por tus venas corre
la Sangre de Europa Entera....
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