Mostrando entradas con la etiqueta Boleslao III Bocatorcida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Boleslao III Bocatorcida. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de octubre de 2016

REINO DE POLONIA XV: RUPTURA TOTAL.



Tras el fracaso del Seniorato y el colapso de la corona, el estado polaco quedó atomizado en varios ducados minúsculos, las más de las veces, enfrentados entre sí. Un enfrentamiento alimentado por el odio intestino transmitido de generación en generación.

Los sucesores de Boleslao no tuvieron las fortaleza necesaria para mantener la primacía que habían heredado, y la subsiguiente guerra civil (por unas míseras migajas) ofreció una oportunidad pintiparada para que los levantiscos nobles pusiesen la monarquía bajo su control y tutela, mediante la designación del soberano. Este modelo electivo imperaba en otros principados de Europa, como fue el caso de Valaquia.

Los conflictos se suceden, y en 1146 el primogénito de Boleslao III, llamado Vladislao, es desposeído de sus dominios por sus envidiosos hermanos, que recibían el apoyo de la nobleza. Muchos de estos nobles se encargarían de azuzar a hermanos contra hermanos. Vladislao se vio obligado a abandonar el país y por eso es conocido como Vladislao el Desterrado.

La introducción de este principio de monarquía electiva provocó que con demasiada frecuencia un soberano cediese, de forma involuntaria, su trono, como le sucedió a Miezko III el Viejo, que fue sustituido por su hermano Casimiro II, curiosamente apodado “el Justo”.

En 1180 se celebra una asamblea de duques y obispos polacos en Lenchitza y se decide la disolución del Seniorato y de paso de confirman muchos de los privilegios del clero. A partir de este momento los estados piastas subsisten, mal que bien, como entidades totalmente independientes (e inconexas). Polonia es un ejemplo más de lo difícil que era en este siglo XII organizar un estado unificado y sin fisuras. Continuará....


viernes, 30 de septiembre de 2016

REINO DE POLONIA XIII. EL SENIORATO.



Boleslao III “Bocatorcida” insufló nuevos aires a la maltrecha monarquía, reanudó la política expansionista, anexionó Pomerania, devolvió la unidad a su país, rechazó cualquier tutela exterior, cristianizó sus conquistas y aliado a los húngaros rechazó una peligrosa incursión imperial. Como un Diocleciano polaco, ideo una fórmula para poner fin a la anarquía y a las crónicas luchas intestinas, si el emperador ilirio impuso la Tetrarquía, Boleslao instauró el Seniorato.

Boleslao planificó el futuro del país, instaurando un sistema equilibrado y eficaz. Dividió el reino en varias ducados (Silesia, Masovia, Cuyavia, Gran Polonia, Pequeña Polonia y Pequeña Polonia Oriental) y la repartió entre todos sus hijos. El primogénito recibe la Pequeña Polonia, que incluía Cracovia (lugar de coronación) y además la capacidad de actuar como señor supremo por encima del resto de hermanos. Cada miembro de la familia (hermanos y/o primos) ejercía de señor en su principado, pero jurando lealtad y obediencia al Gran Duque, asentado en Cracovia, un auténtico Primus inter pares. Estos ducados se gobiernan por medio de métodos centralistas por medios de los castellanos (o comisionados).

Muy lejos de las pretensiones de Boleslao, su proyecto fue el origen del desmembramiento del estado polaco, pues en lugar de asegurar la unidad, supuso la fragmentación. A principios del siglo XIII los territorios se habían multiplicado y se podían contabilizar no menos de veinte ducados. El reino quedó atomizado en varios ducados y principados, las más de las veces, enfrentados entre sí. En este orden de cosas, en este confuso periodo se establece la inmunidad del clero y de la nobleza. Nobleza y clero, avezados carroñeros, acostumbrados a vivir del sudor del de enfrente, se aprovechan de la debilidad y torpeza de los monarcas sucesivos.

Esta reforma (a grandes rasgos el mismo sistema que fracasó en el Imperio Carolingio), conta toda la buena intención con que fue proyectada, no consolida la pretendida y deseada unidad, sino todo lo contrario. El seniorato es un fracaso absoluto, a las primeras de cambio comienzan las luchas y los conflictos, y el estado polaco se ve desintegrado (como azucarillo en una taza de café) en pequeños principados que tienden a la insignificancia. Continuará...


miércoles, 28 de septiembre de 2016

REINO DE POLONIA XII: TRAVESÍA POR EL DESIERTO.



Después de la disolución de la monarquía efectiva, una gran inestabilidad se apoderó de un territorio y unas gentes que trataban de ser un Reino, sumidos en una espiral de violencia, guerras civiles, destronamientos, divisiones... La debilidad de las cabezas visibles de la dinastía Piast, depositaria de la soberanía, fue aprovechada por una nobleza privilegiada que controla, limita y socava la autoridad real. Los motes que el pueblo puso a los duques, como Ladislao Piernas Largas o Boleslao Boca Torcida, son una muestra del escaso (o ningún) respeto que inspiraba la figura regia. Después de un incómodo interregno (1034 – 1040) Casimiro I llamado el Restaurador (obvio) consigue restablecer la unidad del estado y de la iglesia, pero solamente para afrontar una larguísima travesía por el desierto.

A pesar de la restauración (más bien reanimación de un cadáver que se resiste a morir), el monarca estaba cada vez más controlado por la nobleza, al tiempo que caía bajo la dependencia del emperador Enrique III. Casimiro I tuvo que enfrentarse a serias dificultades (de esas que ponen constantemente tus aptitudes a prueba): hacer frente a las revueltas paganas (unas gentes que pretendían volver a sus creencias y ritos precristianos) y repeler las invasiones procedentes de Kiev y de Bohemia. Los bohemios penetran con cierta facilidad en el país, conquistan Silesia y consiguen robar las reliquias de San Adalberto de Praga que eran custodiadas en Praga.

No se amedrentó Casimiro, y con la ayuda de su colega alemán Enrique III reconquista Silesia y Mazovia, traslada su capital a Cracovia e inicia la reorganización de estado e iglesia (en este caso incorporando clero alemán), y propocia la llegada y asentamiento de órdenes religiosas. Territorialmente el estado bascula desde la Grande, a la Pequeña Polonia, pero como contrapartida, y aprovechando la débil posición del monarca, la nobleza se vuelve fundamental para controlar el gobierno.

El hijo de Casimiro, Boleslao II, arrebató Eslovaquia a Hungría, llevó una expedición hasta Kiev y apoyó al papa Gregorio VII en su lucha con el imperio y de paso se sacude la (siempre) molesta tutela germánica. En agradecimiento el Santo Padre propició su coronación como rey. Poco duró la estabilidad, pues la actuación de Boleslao soliviantó a los nobles que se rebelaron, y sentaron en el trono a su hermano Ladislao I Herman. Mientras, Boleslao tuvo que huir de su país.

Ladislao Herman era un títere, una pusilánime marioneta en manos de los magnates, que a fin de cuentas son los que gobernaban y administraban el reino, mientras que el país continúa su penar, pagando tributo a la vecina Bohemia. A la muerte de Ladislao se produce una nueva guerra entre sus hijos de la que resulta vencedor Boleslao III.


jueves, 25 de agosto de 2016

VLADISLAO I HERMAN.



Los nobles polacos, sedientos de poder y descontentos con el gobierno de Boleslao II, inician una rebelión y organizan tal revuelo que el rey tuvo que huir del país. Esos mismos nobles sentaron en el trono a su hermano Vladislaw I Herman, en virtud del principio de monarquía electiva, que convierte a los potentados en los verdaderos depositarios del poder político.


Vladislao fue un títere en manos de los nobles polacos y además se vio obligado a pagar un tributo al reino de Bohemia. Incluso sus propios hijos se sublevaron y empezaron a robarle algunos territorios.


Tras su muerte sus hijos se enfrentaron por sucederle, sumiendo el reino en las tinieblas e incertidumbres de la guerra civil. Finalmente Boleslao III Bocatorcida se alzó con el triunfol.


miércoles, 10 de agosto de 2016

LESZEK I EL BLANCO.



Leszek I el Blanco – Leszek Bialy – hijo de Casimiro II el Justo y nieto del rey Boleslao III Bocatorcida, fue duque de Sandomierz (uno de los territorios que surgieron con el colapso del reino de Polonia en el siglo XIII) y a ratos (cuando las circunstancias lo permitían) Gran Duque de Polonia, un título que le situaba por encima de los otros miembros de la casa Piast. Un reinado con interrupciones motivadas por los continuos conflictos con su tío Miezko III el Viejo y su primo Vladislao III Piernas Largas, que le sustituyeron hasta en cuatro ocasiones, sin que al final se sepa muy bien, quien usurpó el poder a quién. En los momentos en que estaba aposentado en Cracovia como Gran Duque, su posición (a pesar de no ser coronado) era similar a la de un monarca feudal.


Cuando murió su padre, Leszek comenzó a luchar contra sus familiares (contra quién si no), para hacer vales sus derechos sucesorios, por su carácter conciliador cedió a su hermano Conrado, el ducado de Masovia, y su ardor guerrero le llevó a derrotar en batalla al príncipe de Novgorod, Román el Grande (que además murió en la refriega). Con Hungría se las tuvo tiesas por el control de Galitzia y puso a Polonia bajo el protección del papa Inocencio III, encabritando de paso al emperador alemán de turno.


En noviembre de 1227 acudió a una reunión con otros nobles, pero fueron emboscados, y aunque Leszek consiguió huir fue alcanzado en la espalda por una saeta traidora. Swientopelk II de Pomerania estuvo detrás de los tejemanejes de la conjura.




martes, 8 de diciembre de 2015

BORIS KOLOMANOVIC.




Un caballero andante que quiso protagonizar su propio destino, pero los hados le dieron siempre la espalda. Boris Kolomanovic era hijo no reconocido del rey húngaro Colomán, que había repudiado a su esposa la princesa Eufemia de Kiev. Boris, que nació cuando su madre se encontraba en el exilio, pasó toda su vida recabando apoyos para asaltar el trono que consideraba suyo, hasta el punto de convertirse en una incómoda sombra que acechó sucesivamente a tres monarcas, Esteban II, Bela II “el Ciego” y Geza II. Deambulando de corte en corte buscaba Boris la oportunidad propicia para coronar su destino con la Santa Corona.

Se entrevistó con el emperador bizantino Juan II Comneno y ante su negativa llegó a Polonia. En colaboración con el duque Boleslao III Bocatorcida, reunió un ejército para ser derrotado por Bela II en la batalla del río Sajo (1132). A pesar de morder el polvo, Boris volvió a levantarse, y como el que busca encuentra, halló un aliado en el duque de Baviera Enrique II de Austria, y juntos ocuparon la ciudad de Bratislava. Expulsados de la actual capital eslovaca por el rey Geza y el ban Belos, su siguiente paso fue atravesar Hungría escondido entre las huestes cruzadas, que al mando del rey francés Luis VII, cruzó el país magiar, acabando nuevamente en Constantinopla.

Obstinado e inasequible al desaliento, Boris buscó aliados por todos lados, valiéndose de la tensión y el deterioro, más o menos circunstancial, de las relaciones diplomáticas de Hungría con sus vecinos polacos y alemanes, sin dejar nunca de mirar esperanzado hacia Oriente. Boris Kolomanovic, un hijo ninguneado por su padre, luchó toda su vida, para morir sin pena ni gloria, combatiendo a los cumanos en una escaramuza sin importancia.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...