miércoles, 22 de octubre de 2014

BATALLA DE SIMANCAS.



En el año 939 cerca de Simancas, provincia de Valladolid, tuvo lugar una trascendental batalla para la evolución posterior de las relaciones de fuerza entre cristianos y musulmanes en suelo ibérico.

Abderramán III, el Califa, partió de Córdoba con un numeroso y poderoso ejército con el firme objetivo de propinar un golpe definitivo a los molestos reinos cristianos del Norte. Las fuentes árabes de la época hablaban de esta campaña como "la Campaña de la Omnipotencia" - Gazat al qudra. Pero, cosas de la vida, sucedió más bien al contrario. 

Un ejército cristiano inferior, formado por fuerzas coaligadas de Ramiro II de León, la reina Toda de Navarra, y los condes castellanos Fernán González y Ansur Fernández, venció por sorpresa, y contra pronóstico, al imparable rodillo andalusí. Bien es cierto que la profunda crisis interna por la que atravesaba León, impidió a este reino rentabilizar al máximo la victoria. No obstante, la derrota musulmana trajo consigo notables repercusiones en la vida interna de Al Andalus, y gracias a esta victoria, los cristianos lograron consolidar sus posiciones en la Cuenca del Duero. Por primera vez los Reinos Cristianos se erguían con orgullo por encima del omnímodo poder codobés, tornando en agresiva política ofensiva, lo que hasta ese momento fue la resistencia a ultranza de las posiciones defensivas de cada reino. 

El heterogéneo ejército andalusí, formado por reclutas andaluces, militares profesionales, miembros de tribus bereberes, soldados de las provincias militarizadas y voluntarios, inició una expedición de castigo, con el fin de humillar a los cristianos, por las tierras de nadie al sur del Duero. Una vez en las inmediaciones de Simancas las tropas cordobesas acamparon y fueron atacados por sorpresa. Las huestes cristianas estaban dirigidas por Ramiro II y García Sánchez I de Navarra (hijo de la reina Toda), el choque fue violento y se prolongó cuatro días (6-9 agosto). Según las conclusiones de los últimos estudios realizados por Pedro Chalmeta, este primer enfrentamiento terminó en tablas. 

Abderramán decidido a postrar al cristiano, continuó su campaña de saqueo y destrucción, remontando el río Duero. A finales de agosto el ejército andalusí penetró en "abruptos barrancos, tremendos precipicios y escarpados tajos" y los cristianos "gritando desde las cimas de las montañas, bajaron como cabras". Algunos oficiales del ejército musulmán rompieron filas, provocando una desbandada general y la consiguiente masacre. 

El califa no tuvo más remedio que huir y buscar refugio en Guadalajara junto con algunos supervivientes de su ejército. Esta fue la última campaña que Abderramán dirigió personalmente contra los cristianos. 
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