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martes, 11 de mayo de 2021

ANSOUD DE MAULE.

 


Un poco simplista es considerar a los caballeros medievales como brutotes sin alma a los que lo único que importa (y satisface) es la guerra, la caza y perseguir a jovencitas. O jovencitos, según preferencias y apetencias. Ansoud de Maule, que vivió en el siglo XII, en pleno auge de la caballería medieval, gustaba memorizar los hechos del pasado tal y como aparecían en los viejos manuscritos. Confiaba a su sólida y trabajada memoria las biografías de sus propios antepasados que había oído o leído.

lunes, 3 de junio de 2019

CABALLERÍA EN LA ANTIGÜEDAD CLÁSICA.




La importancia social y militar del caballo en la Antigüedad clásica ha sido reconocida desde hace mucho y ha sido objeto de una amplísima bibliografía. El efecto que causa un jinete, capaz de mirar a sus vecinos desde el aura de superioridad que confiere la altura de su montura, fue en la Antigüedad hecho social reconocido, heredado desde la época de los prestigiosos carros de la Edad del Bronce.

La monta no es sólo una una cuestión de habilidad y experiencia, sino que la psicología y la sensibilidad del jinete y la compenetración con su montura son esenciales. Pero pese a que caballo sea por lo general dócil al mando de un jinete razonablemente experimentado, tiene un cerebro y voluntad independientes y —especialmente en el caso de la monta militar que implica demandas bruscas y exige, por cuestión de vida o muerte, respuestas eficaces e instantáneas— a menudo es necesario el empleo de elementos mecánicos severos que facilitan la monta y el control del animal y la estabilidad del jinete. Éstos pertenecen fundamentalmente a cuatro grupos: en primer lugar los aplicados directamente sobre la boca y cabeza del caballo, sobre todo los bocados y además, diversos tipos de cabezada metálica, serretas y frenteras. En segundo lugar, estímulos puntuales empuñados por el jinete, como espuelas y fustas; en tercero, elementos que mejoran la estabilidad y seguridad del jinete, silla y estribos; y por último, y en una categoría diferente, elementos que protegen los cascos del caballo y le dan un apoyo mas seguro en determinados terrenos, hiposandalias y herraduras. […].

Los movimientos instintivos y los patrones de acción de los caballos han permanecido idénticos desde proceso de domesticación, muy reciente en términos zoológicos. También los mecanismos de control del caballo montado (no entraremos aquí en el complejo tema de los arneses y tiros) han permanecido básicamente los mismos desde la Edad del Bronce hasta la actualidad, incluyendo tanto las sutiles guías ejercidas por la posición y presión del cuerpo del jinete como las más radicales indicaciones de la fusta, la espuela y el bocado. En particular los elementos mecánicos mediante los que el jinete puede imponer rápida y decisivamente su voluntad al caballo, en especial los diferentes tipos de bocado, jáquima y espuela, e incluso la silla de montar con borrenes y arzón, estaban ya presentes en los primeros siglos del Imperio Romano. Los estribos se introdujeron en el mundo mediterráneo y en Europa Occidental hacia el s. VII d.C. Las aportaciones al control desde aquella época han sido de detalle, y no modificaciones sustanciales.
Fernando Quesada Sanz.
El gobierno del caballo montado en la Antigüedad Clásica.


sábado, 23 de febrero de 2019

CABALLERÍA GRANADINA.




Los ejércitos musulmanes medievales siempre tuvieron en la caballería ligera uno de sus puntos fuertes.


Los jinetes del Reino Nazarí de Granada, siguiendo una larga tradición, eran excelentes utilizando el arco compuesto, un arma letal en las distancias cortas. Estos cuerpos de caballería eran especialistas en veloces ataques y rápidos repliegues. Ideales para hostigar las primeras líneas enemigas.



martes, 22 de enero de 2019

EL CÉFIRO Y LAS YEGUAS LUSITANAS.




Los caballos que nacen libres en tierras de Lusitania, son muy difíciles de capturar, pero merece la pena el esfuerzo, no existen en toda Iberia caballos semejantes, en velocidad y bravura. Cuentan que en un promontorio cercano a Olisipo (la actual Lisboa), las yeguas pacen libres por las verdes praderas y que es el propio viento Céfiro quién se encarga de fecundarlas, dando a luz a estos extraordinario caballos. Un ejército montado en estos caballos sería prácticamente invencible.

domingo, 15 de octubre de 2017

LA LIRA Y LA ESPADA



Corren malos tiempos para la épica, la lírica del trovador usurpó el protagonismo al caballero. Lo que antes conquistaba la espada ahora lo seduce la lira, el arte de la rima sustituyó al arte de la guerra. Antes el caballero vagaba solo por yermos parajes en busca de aventuras enfrentando toda clase de peligros, ahora el juglar gana fama y prestigio en lujosos salones rodeado de delicadas damas.

Dos caras de la sociedad medieval, opuestas pero complementarias. El ingenioso trovador, ajeno al rudo oficio de la guerra, precisa de la destreza del caballero en caso de inminente peligro. El valiente caballero, forjado en el campo de batalla, necesita que la pluma del poeta, narre sus hazañas.

viernes, 7 de abril de 2017

CABALLO DE COPAS


Un camino de iniciación, una aventura eterna, una búsqueda imposible. De niño a mozo, de mozo a escudero y de escudero a caballero. El caballero andante atraviesa páramos desiertos, montañas nevadas, húmedos bosques y feraces valles. Cabalga en solitario por polvorientos senderos, la fatiga derrota al cuerpo, la ensoñación doblega el espíritu, y sólo cuando alcanza el autoconocimiento, podrá hallar su Grial.  

viernes, 3 de marzo de 2017

LA EDAD MEDIA SEGÚN ARNOLD HAUSER.



La unidad de la Edad Media como período histórico es artificial. En realidad, la Edad Media se divide en tres períodos culturales completamente independientes: el del feudalismo, de economía natural, de la alta Edad Media; el de la caballería cortesana, de la plena Edad Media, y el de la burguesía ciudadana, de la baja Edad Media. Los cortes entre estas épocas son, en todo caso, más profundos que los que existen al comienzo y al término de la Edad Media por entero. El feudalismo, la caballería y la burguesía no sólo están separados entre sí más tajantemente que lo están la antigüedad y la Edad Media, o la Edad Media y el Renacimiento, sino que, además, los cambios que separa unos de otros - el nacimiento de la nobleza caballeresca y la transformación de la economía natural feudal en economía monetaria ciudadana; el despertar de la sensibilidad lírica y el desarrollo del naturalismo gótico; la emancipación de la burguesía y los comienzos del capitalismo moderno - tienen para la formación del sentimiento moderno de la vida una importancia mayor que las mismas conquistas espirituales del Renacimiento.
Arnold Hause.
Historia Social de la Literatura y el Arte.

sábado, 7 de enero de 2017

OFICIO DE CABALLERO



El oficio del caballero es el fin y la intención por los que comenzó la orden de caballería. De donde, si el caballero no cumple con el oficio de la caballería, es contrario a su orden y a los principios de la caballería.

Oficio de caballero es mantener y defender la santa fe católica, por la cual Dios Padre envió a su Hijo a tomar carne en la gloriosa Virgen, Nuestra Señora Santa María, y para honrar y multiplicar la fe sufrió en este mundo muchos trabajos y muchas afrentas y penosa muerte. De donde, así como Nuestro Señor Dios ha elegido a los clérigos para mantener la santa fe con escrituras y probaciones necesarias, predicando aquélla a los infieles con tanta caridad que desean morir por ella, así el Dios de la gloria ha elegido a los caballeros para que por fuerza de armas venzan y sometan a los infieles, que cada día se afanan en la destrucción de la santa Iglesia. Por eso Dios honra en este mundo y en el otro a tales caballeros, que son mantenedores y defensores del oficio de Dios y de la fe por la cual nos hemos de salvar.

Muchos son los oficios que Dios ha dado en este mundo para ser servido por los hombres. Pero los más nobles, los más honrados, los más cercanos dos oficios que hay en este mundo, son oficio de clérigo y oficio de caballero; y por eso la mayor amistad que hubiera en este mundo debería darse entre clérigo y caballero.


Tan noble cosa es el oficio de caballero que cada caballero debería ser señor y regidor de alguna tierra; pero no hay tierras suficientes para los caballeros, que son muchos. Y para significar que un solo Dios es señor de todas las cosas, el emperador debe ser caballero y señor de todos los caballeros; mas como el emperador no podría por si mismo regir a todos los caballeros, conviene que tenga debajo de sí reyes que sean caballeros, para que lo ayuden a mantener la orden de caballería. Y los reyes deben tener bajo sí condes, condores, valvasores y los demás grados de caballería; y bajo estos grados deben estar los caballeros de un escudo, los cuales sean gobernados y sometidos a los grados de caballería arriba citados.

Oficio de caballero es mantener y defender a su señor terrenal, pues ni rey, ni príncipe, ni ningún alto barón podría sin ayuda mantener la justicia entre sus gentes. De donde, si el pueblo o algún hombre se opone al mandamiento del rey o del príncipe, conviene que los caballeros ayuden a su señor, que por sí sólo es un hombre como los demás. De modo que el caballero malvado que ayuda antes al pueblo que a su señor, o que quiere ser señor y quiere desposeer a su señor, no cumple con el oficio por el cual es llamado caballero.

Por los caballeros debe ser mantenida la justicia, pues así como los jueces tienen oficio de juzgar, así los caballeros tienen oficio de mantener la justicia. Y si el caballero y las letras pudiesen convenir entre sí tanto que el caballero poseyese la suficiente ciencia como para ser juez, juez debería ser el caballero; pues aquel por quien la justicia puede ser mejor mantenida es más conveniente para ser juez que otro hombre, con lo que el caballero es conveniente para ser juez.

El caballero debe cabalgar, justar, correr lanzas, ir armado, tomar parte en torneos, hacer tablas redondas, esgrimir, cazar ciervos, osos, jabalíes, leones, y las demás cosas semejantes a éstas que son oficio de caballero; pues por todas estas cosas se acostumbran los caballeros a los hechos de armas y a mantener la orden de caballería.

De donde, así como todos estos usos arriba citados son propios del caballero en cuanto al cuerpo, así justicia, sabiduría, caridad, lealtad, verdad, humildad, fortaleza, esperanza, experiencia y demás virtudes semejantes a éstas son propias del caballero en cuanto al alma.


Oficio de caballero es mantener la tierra, pues por el miedo que tienen las gentes a los caballeros dudan en destruir las tierras, y por temor de los caballeros dudan los reyes y los príncipes en ir los unos contra los otros. Pero el malvado caballero que no ayuda a su señor terrenal, natural, contra otro príncipe es caballero sin oficio, y es igual que fe sin obras y que descreimiento, que es contra fe. De donde, si tal caballero cumpliese obrando así con la orden y el oficio de caballería, la caballería y su orden serían contrarias al caballero que combate hasta la muerte por la justicia y por mantener y defender a su señor.

Oficio de caballero es mantener viudas, huérfanos, hombres desvalidos; pues así como es costumbre y razón que los mayores ayuden y defiendan a los menores, así es costumbre de la orden de caballería que, por ser grande y honrada y poderoso, acuda en socorro y en ayuda de aquellos que le son inferiores en honra y en fuerza.

Si Dios ha dado ojos al menestral para que vea y pueda trabajar, al hombre pecador le ha dado ojos para que pueda llorar sus pecados; y si al caballero le ha dado el corazón para que sea estancia donde resida la nobleza de su ánimo, al caballero que tiene fuerza y honra le ha dado corazón para que haya en él piedad y compasión para ayudar y salvar y mirar por aquellos que levantan los ojos con lágrimas, y sus corazones con esperanza, a los caballeros para que los ayuden y los defiendan y los asistan en sus necesidades.

Oficio de caballero es tener castillo y caballo para guardar los caminos y defender a los labradores. Oficio de caballero es tener villas y ciudades para mantener la justicia entre las gentes, y para congregar y juntar en un lugar a carpinteros, herreros, zapateros, pañeros, mercaderes y los demás oficios que corresponden al ordenamiento de este mundo y que son necesarios para conservar el cuerpo en sus necesidades.
Ramón Llul. El libro del Orden de Caballería.


domingo, 24 de julio de 2016

EL CABALLERO, LA MUERTE Y EL DIABLO.



Un caballero andante, solitario, camina por agrestes páramos con la única compañía de un perro, símbolo universal de lealtad. El cornudo diablo y la muerte con un reloj de arena en la mano, le vigilan de cerca, le acechan y le tientan, mas el hombre se mantiene firme, constante e imperturbable, sin ceder al deseo ni caer en el pecado. Este enigmático grabado de Alberto Durero, de cierto aire romántico, ha sido interpretado como la eterna lucha entre bien y mal, vida y muerte, hombre y demonio...

martes, 2 de febrero de 2016

LOS DOSCIENTOS BALLESTEROS DEL SEÑOR SANTIAGO.



Las huestes cristianas, más ávidas de botín que de gloria, se lanzan a la conquista de la Alta Andalucía. En las ciudades que antes eran musulmanas, ondean ahora los pendonces de los vencedores y se yerguen las cruces de la redención. A lo largo del siglo XIII en algunas de estas poblaciones surgen cofradías militares, como los “200 ballesteros del señor Santiago en Baeza”.


La citada “Compañía de los 200 ballesteros del Señor Santiago” fue fundada por el rey de Castilla y León, Fernando III hacia el 1230 y existió hasta 1767. En esta cofradía, que tenía en la religión su elemento legitimador y de cohesión, “sólo tenían cabida los caballeros hidalgos descendientes de los infanzones que conquistaron y poblaron la ciudad”.


Este cuerpo militar dependía directamente de los monarcas, que contaba por ellos para empresas complicadas, y que como contraprestación (y afianzar la fidelidad) concedían suculentos privilegios. Los miembros, orgullosos de tal condición, esculpían en las portadas de sus casas, las insignias de la compañía. La proliferación de estas cofradias armadas, coincidió en el tiempo con las insuperable crisis que sufría la caballería tradicional, que veía mermar su poder (y posición) frente a las redes oligárquicas de villas y ciudades.



Baeza, con su flamante compañía de ballesteros, jugó un destacado papel en las luchas fronterizas entre dos mundos: uno que avanzaba, el cristiano, y otro que retrocedía, el musulmán.  


martes, 25 de agosto de 2015

MARISCAL BOICICAUT.



La literatura medieval personificaba en algunos individuos el ideal del perfecto caballero: valiente, justo, leal, piadoso y culto en asuntos cortesanos y literarios. El Maréchal Boicicaut, cuyo auténtico nombre era Jean le Meingre, es un ejemplo de esta tendencia. 

Boicicaut es un hombre piadoso que se levanta temprano para rezar sus oraciones, disfruta con la lectura de la vida de los Santos, es comedido y sencillo, y habla únicamente cuando es necesario. Su nobleza le llega a defender la castidad y el honor de la mujer, desprecia la riqueza material como auténtico caballero que es, cuyos valores son los más elevados, y por supuesto, se muestra valiente y decidido en el campo de batalla.

En 1396 acompañó a Juan Sin Miedo en la batalla de Nicópolis, donde los cristianos fueron barridos por las tropas turcas, fue condestable del Emperador de Constantinopla y uno de los generales franceses más destacado de la Guerra de los Cien Años. Precisamente durante su desarrollo fue hecho prisionero en Azincourt (1415), muriendo seis años después en cautiverio. Un contemporáneo y admirador escribió una obra basada en su vida, dibujando no tanto la realidad de un oficio duro, violento y codicioso, como la imagen de un caballero ideal, valiente, piadoso y honrado.

Un ideal encarnado en los primeros tiempos de las Órdenes Militares, nacidas en el celebrado contexto de las luchas contra el Islam, en Tierra Santa (Templarios, Hospitalarios y Teutónicos) y en la Península Ibérica (Alcántara, Santiago y Calatrava). Monjes guerreros, Militi Christi, que pretendían alcanzar los dos valores medievales supremos: la Oración y la Guerra. 

lunes, 3 de noviembre de 2014

LA FUENTE DEL MERCADO DEL VINO.



Pocas cosas hay en la Vieja Europa más típicas que una céntrica plaza presidida por una fuente. Muchas veces plaza y fuente están íntimamente relacionadas con la propia historia de la ciudad. En el centro del mercado del vino en el casco histórico de Lucerna se eleva una fuente, cuyo original data de 1400. 


El famoso arquitecto Konrad Lux diseñó esta fuente gótica, rematada con la figura de San Mauricio el Tebano (Santo al que también estaba dedicada la catedral de la ciudad), acompañado por seis guerreros medievales. 


Indicar que la fuente es una réplica de un original que estaba situada en el mismo lugar y que actualmente se expone en el Museo de Historia de Lucerna.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

ULRICH VON LIECHTENSTEIN.



Ulrich von Liechtenstein (1200 - 1276) fue caballero y poeta singular, un minnesänger alemán, una cantor del amor. Por su dama combatía en torneos y porfiaba en justas, según mandaban los cánones del Amor Cortés. Hombre curtido, de mundo e inteligente, pero iletrado. No sabía leer ni escribir, y se hacía acompañar de un secretario y escribano, al que dictaba sus numerosas poesías personalísimas y fanfarronas. 

"Conmigo os envía mi dama una melodía desconocida en tierra alemana - creedme, que es verdad - : componed con ella una canción alemana, que es lo que pode aquella de la que soy mensajero..."

miércoles, 14 de mayo de 2014

SAN JORGE ARREPENTIDO



Rizos renacentistas se deslizan sobre los hombros de un San Jorge en guardia. Los guanteletes, que protegen huesudos dedos, y la armadura, menaje imprescindible del caballero medieval, confeccionados a partir de las duras escamas del Dragón.

Un Dragón, otrora poderoso y orgulloso, queda reducido a la nada, su espíritu doblegado por una certera lanzada que partió en dos su corazón. La valentía derrotada por la plegaria, la honestidad por la hipocresía y la vitalidad por la desidia. 

Una capa se convierte en toga, envuelve el cuerpo, el soldado se vuelve general, el plebeyo senador, y el niño adulto, y otorga solemnidad a la figura del Santo Patrón de la Caballería medieval. 

A él nos encomendamos antes de la contienda. Su espíritu nos guía en el campo de batalla. Su lanza derriba al maligno. Y en agradecimiento, a él regresamos victoriosos.



Una mueca de dolor, unas lágrimas escondidas, un atisbo de tristeza y el compungido rostro del guerrero ¿no parece pedir perdón a su víctima?. 

Y en el rincón más recóndito de su mente, se oculta una terrible verdad, que carcome el alma, paraliza el cuerpo y arroja al fondo del abismo de la desesperazción su energía vital; la segura certeza de haber elegido el bando equivocado.

martes, 4 de junio de 2013

SOBRE IBERIA DE APIANO (XXXII)

62 Viriato es elegido jefe. Comienza la guerra de Viriato.
Encendidos sus ánimos y recobradas las esperanzas, lo eligieron general. Después de desplegar a todos en línea de batalla como si fuera a presentar combate, les dio la orden de que, cuando él se montara a caballo, escaparan disgregándose en muchas direcciones como pudiesen por rutas muy distintas en dirección a la ciudad de Tríbola y que le aguardaran allí. Él eligió sólo a mil y les ordenó colocarse a su lado. Una vez efectuadas estas disposiciones, escaparon al punto, tan pronto como Viriato montó a caballo, y Vetilio, temeroso de perseguirles a ellos que habían escapado en muchas direcciones, dio la vuelta y se dispuso a luchar con Viriato, que permanecía quieto y aguardaba a que llegara el momento de atacar. Viriato, con caballos mucho más veloces, lo mantuvo en jaque, huyendo a veces y otras parándose de nuevo y atacando, y consumió aquel día y el siguiente completos en la misma llanura cabalgando alrededor. Y cuando calculó que los otros tenían ya asegurada su huida, entonces, partió por la noche por caminos no usados habitualmente y, con caballos muchos más rápidos, llegó a Tríbola sin que los romanos fueran capaces de perseguirlo a causa del peso de sus armas, de su desconocimiento de los caminos y la inferioridad de sus caballos. De esta manera, de modo inesperado, salvó a su ejército de una situación desesperada. Cuando esta estratagema llegó al conocimiento de los pueblos bárbaros de esta zona, le reportó un gran prestigio y se le unieron muchos desde todos los lugares. Y durante ochos años sostuvo la guerra contra Roma.

63 Derrota de Vetilio.
Es mi intención insertar aquí la guerra de Viriato, que causó con frecuencia turbaciones a los romanos y fue la más difícil para ellos, posponiendo el relato de cualquier otro suceso que tuviera lugar en Iberia por este tiempo. 

Vetilio, en su persecución, llegó hasta la ciudad de Tríbola. Pero Viriato, habiendo ocultado una emboscada en una espesura, continuó su huida hasta que Vetilio estuvo a la altura del lugar y, entonces, volvió sobre sus pasos y los que estaban emboscados salieron de su escondite. Por ambos lados empezaron a dar muerte a los romanos, así como a hacerlos prisioneros y a arrinconarlos contra los barrancos. Incluso Vetilio fue hecho prisionero. El soldado que lo capturó, al ver que se trataba de un hombre viejo y muy obeso, no le dio valor alguno y le dio muerte por ignorancia. De los diez mil romanos lograron escapar, a duras penas, unos seis mil y llegar hasta Carpessos, una ciudad situada a orillas del mar, la cual creo yo que se llamaba antiguamente Tartessos por los griegos y fue sus rey Argantonio, que dicen que vivió ciento cincuenta años. A los soldados que habían huido a Carpessos, el cuestor que acompañaba a Vetilio los apostó en las murallas llenos de temor. Y, tras haber pedido y obtenido de los belos y los titos cinco mil aliados, los envió contra Viriato. Éste los mató a todos, así que no escapó ni uno que llevara la noticia. Entonces, el cuestor permaneció en la ciudad aguardando alguna ayuda de Roma. 


domingo, 10 de febrero de 2013

ETNOGRAFÍA DE LOS CUADOS




Los cuados eran un pueblo de Germania Oriental, primos hermanos de los marcomanos, por parte de padre, y de los sármatas, por parte de madre. 

Según el historiador Tácito hacia el siglo I d.C. , formaban, junto a semnones, longobardos, hermunduros y marcomanos, parte de los suevos. 

"Próximos a los hermunduros viven los naristos y, a continuación, los marcomanos y los cuados. La gloria y el potencial más importante pertenecen a los marcomanos, e incluso su mismo territorio lo conquistaron valientemente tras derrotar en un tiempo a los boyos. No desmerecen la raza los naristos y cuados"
Tácito. Germania 42. 

Habitaban en la Europa Centrooriental, tierras de Bohemia y Moravia (República Checa), al norte del Danubio, regiones a las que llegaron junto con los marcomanos, y de las que expulsaron a los anteriores pobladores celtas (como los boios). Vivían al oeste de los sármatas, separados de las provincias romanas de Panonia Superior y Valeria, por el Danubio.

Vecinos de los sármatas, aparecen unidos en muchas ocasiones, de ahí que se nos presenten mezclados y muy próximos, no solo por la vecindad, sino también por la similitud de costumbres y armamento.

"[...] los sármatas y los cuados se habían unido y habían llegado a un acuerdo por la cercanía y la semejanza de sus costumbres y de sus armas, y que estaban atacando Panonia y la Moesia Segunda mediante grupos dispersos"
Amiano Marcelino 17, 12, 1. 

Es bastante probable, que sármatas y cuados sincronizasen sus incursiones en las zonas controladas por los romanos. 

". . . los cuados y sármatas asolan los territorios de Panonia"
Orosio VII, 22, 7

"[...] los cuados, que habían compartido numerosas situaciones de peligro con los sármatas, a quienes, con frecuencia habían estado inseparablemente unidos en sus correrías"
Amiano Marcelino 17, 12, 8. 



Parece que los cuados, gustaban de habitar lugares elevados y poblados de bosques, como la Selva Hercinia (Selva Negra). Debemos hacer hincapíé, nuevamente, de la gran importancia, tanto económica como religiosa, que tenía el bosque para el germano. La espesa vegetación, los humedales y los numerosos árboles, servían también como inaccesibles refugios y se convierten en lugares propicios para tender trampas y emboscar al ejército invasor romano.

"En este lugar además se encuentra la Selva Hercinia y los pueblos suevos, los cuales habitan en el interior del bosque, como los cuados"
Estrabón VII, 1, 3


Los cuados, junto a los alamanes, son uno de los pueblos germanos cuya importancia es mayor en el relato del historiador tardoantiguo Amiano Marcelino, que describe muy bien su organización.

Entre los siglos I y IV d.C. los cuados aparecen frecuentemente combatiendo a Roma.

El primer contacto de Roma con los Dacios (86 d.C.), obligó a Domiciano a luchar también contra otros pueblos, como los sármatas, los marcomanos de Bohemia, y los propios cuados en Moravia.

Estando Panonia sin guarnición romana, los cuados se lanzaron a su conquista, y tuvo que acudir un ejército  romano de 20.000 hombres que fue derrotado.

Envalentonados, los cuados continuaron con su avance y trataron de apoderarse de la ciudad italia de Aquileya, en el mar Adriático, muy cerca de la frontera con Eslovenia. En esta ocasión si que fueron detenidos por las legiones de Roma.




En tiempos de Marco Aurelio, se unieron a los marcomanos, y fueron vencidos en el 175. 

"Efectivamente, al sublevarse estos pueblos de crueldad bárbara y de cantidad innumerable, esto es, los marcomanos, los cuados, los vándalos, los sármatas, los suevos y casi toda Germania"
Orosio VII, 15,8.

Durante este el siglo II, los cuados eran un pueblo aguerrido y temible, protagonistas de intrépidas campañas militares, fueron capaces de destruir Opitergium (en el Véneto) y del mencionado asedio de Aquileya. En el siglo IV, Amiano considera, que los cuados han perdido el esplendor de antaño.

"En ese momento no eran muy temidos, pero habían sido un pueblo belicoso y con mucho poder como demuestran sus rápidos ascensos y caídas del pasado, el que Aquileia fue asediada por ellos y por los marcomanos, la destrucción de Opitergio, así como muchas acciones sanguinarias culminadas en campañas muy rápidas. Por ello, cuando atravesaron los Alpes Julios, el emperador Marco Pío, de quien hemos tratado anteriormente, apenas pudo resistir"
Amiano Marcelino 29, 6, 1.

Los cuados volvieron al ataque durante el Imperio de Caracalla y en época de Galieno invadieron Panonia. En el 375 Valentiniano los expulsó, y desde este momento se confundieron totalmente con los suevos, formando parte de este contingente de pueblos en la "gran migración de los germanos". 

El emperador Valentiniano sentía la necesidad de proteger la frontera situada al otro lado del Danubio, concretamente el territorio ocupado por los cuados, y por este motivo los forzó a la guerra, invadiendo su espadio. Según nos informa Amiano, este espacio debía contar con enormes proporciones.

"Y es que Valentiniano, que desde el inicio de su principado había mostrado un gran afán por fortificar las fronteras - afán ciertamente excesivo -, ordenó que se levantara un campamento defensivo al otro lado del río Íster, en el interior del territorio de los cuados, como si estos formaran parte ya del suelo romano"
Amiano Marcelino 29, 6, 1.

El asesinato a sangre fría de su rey Gabinio, que parece ser ordenó Valentiniano, fue el motivo de una gran agitación generalizada entre los cuados, que devastaron a sangre y fuego las provincias de Panonia y Valeria.

"[...] el pueblo de los cuados, que había permanecido tranquilo durante mucho tiempo, se agitó de repente. [...] Y lo cierto es que, por bárbaros que fueran, tenían un motivo de queja".
Amiano Marcelino 29, 6, 1.

"Después, cuando el rey Gabinio pidió humildemente que no se intentara nada nuevo, simuló humanidad y, como si fuera a mostrarse de acuerdo, le invitó a que acudiera a un banquete junto a otras personas.
Pero cuando Gabinio salía del banquete, Marceliano hizo que le mataran, violando de forma criminal el deber sagrado de la hospitalidad.
Cuando el rumo de esta acción tan atroz se difundió por diversas regiones, hizo que se rebelaran los cuados y los pueblos cercanos. Éstos, llorando la muerte de su rey, reunieron y enviaron tropas de ataque que, después de atravesar el Danubio, atacaron a la gente que estaba ocupada en las tareas de la cosecha, ya que no esperaban ninguna hostilidad"
Amiano Marcelino 29  , 6, 5-6.

Sus ataques habitualmente estaban dirigidos sobre las fronteras romanas dirigidos contra las provincias de Valeria y ambas Panonias. Nos parece necesario distinguir, entre las ocasiones, pocas, que lo hacían en solitario, y las más frecuentes, en las que aliados con los sármatas invadieron las Panonias en 365, las dos Panonias y Valeria en el 373, y nuevamente, en el 375, las dos provincias de Panonia.

" [...] los suevos estaban atacando Recia, los cuados Valeria, y que los sármatas, el pueblo más experto en el pillaje, estaban devastando la Moesia Superior y la Panonia Segunda"
Amiano Marcelino 16, 10, 20. 

Los cuados, como otros muchos pueblos germanos, también sirvieron en el ejército romano, siendo destinados a las orillas del Éufrates y a la frontera meridional de la provincia africana. 

En las fuentes se nos muestra un pueblo dedicado al pillaje y la rapiña, siendo el robo el único objetivo de sus expediciones militares. Además, Amiano exalta su carácter bárbaro, cuando nos los presenta exultante, alegres y satisfechos tras haber destruido una ciudad y masacrado a su población.

También sobresale su capacidad mucho más dispuesta para la emboscada, la táctica de guerrilla, que para la batalla campal, el combate a campo abierto; siendo ágiles en rápidos ataques y veloces retiradas. Siendo su organización militar en pequeños escuadrones de gran movilidad.

Su carácter volátil, o más bien conscientes del verdadero peligro, se muestra en las numerosas ocasiones, en las que tras una derrota militar, se arrodillan ante sus vencedores y suplican una paz honrosa. Más de una vez, culpan de sus razzias a pequeños grupos de bandidos que nada tienen que ver con ellos (actuación similar a la de los lusitanos en la Península Ibérica). Para asegurar la paz, no tenían inconveniente en desprenderse de las armas, ni de entregar a sus propios hijos como rehenes a los romanos, a cambio de la fidelidad.

". . . al ver a nuestro ejército en el corazón de su reino y del suelo patrio, se echaron a los pies de nuestros soldados y, tras alcanzar el perdón, cumplieron lo que se les ordenó, eso es, entregaron a sus hijos como garantía de que estaban dispuestos a cumplir las condiciones impuestas, tras lo cual, sacaron las espadas que ellos veneran como divinas y juraron que iban a ser reales"
Amiano Marcelino 17, 12, 21.

Los cuados se dividían en diferentes pueblos (tribus/linajes) que ocupaban diferentes territorios; de ahí que en las fuentes aparezcan distintos reinos de los cuados. También se utiliza el término "pagi" para referirse a esas circunscripciones, al frente de cada cual había una jerarquía superior.

Las noticias sobre la campaña de 358 nos ofrece una muestra de la organización política de este pueblo germano; en ella se distinguen varios grupos y podemos extraer además algunas ideas sobre su concepción monárquica.



Tenemos las figuras de los reyes Arahario, que aparece al frente de una tropa mixta de cuados y transiugitanos, y de Vitrodo, hijo de Viduario. Podemos pensar en una monarquía claramente hereditaria y en cierto sentido compartida. Los reyes tendrían amplios poderes, aunque limitado quizás por la asamblea del pueblo en armas, tan típica de la organización políticosocial de los pueblos germanos.

"Es lo que hicieron Arahario y Usáfer, un noble destacado, generales de los ejércitos de sus pueblos y, de los cuales, el primero encabezaba al grupo de los transyugitanos y de los cuados y, el segundo a algunos sármatas, grupos muy unidos por la cercanía de sus tierras y por la fiereza de su carácter"
Amiano Marcelino 17 ,12, 12.

Junto a esta cúspide, denotamos la presencia de un conjunto de reyezuelos vasallos, por llamarlos de alguna manera, con un poder mucho más limitado y posiblemente dependiente de los anteriores. El caso más claro es el de Agilimundo.

"Entonces su príncipe Vitrodoro, hijo del rey Viduario, y su vasallo Agilimundo, así como otros nobles y oficiales, que encabezaban a varios pueblos . . ."
Amiano Marcelino 17, 12, 21.

La sociedad de los cuados tiene forma piramidal. En la cúspide se encuentran los reyes principales, compartiendo el poder, Arahario y Vitrodo.

El escalafón intermedio estaría formado por los mencionados reyes vasallo, Agilimundo, y un conjunto de grandes jefes militares (una especie de aristocracia), que extendían su poder sobre algunos grupos de cuados.



La base de la pirámide, sobre la que descansa todo el engranaje social y económico, está compuesta por los hombres libres; capaces de luchar y de trabajar.

En cuanto a la esclavitud no podemos ni afirmar, ni negar su existencia en algún momento de su historia. Lo cierto es que en esta época ya habría desaparecido.



La ganadería, especialmente la caballar, era su actividad económica más destacada. En general sus caballos eran superiores, en docilidad y rapidez, a los romanos. En el botín de guerra un elemento primordial eran los rebaños y todos los animales en general.

"Y una vez que mataron a la mayor parte, al resto se los llevaron prisioneros hasta su tierra, así como a una gran cantidad de ganado"
Amiano Marcelino 29, 6, 6.

Junto a la ganadería también practicaban la agricultura, aunque a mucha menor escala. La producción agrícola no les ofrecía suficientes garantías de subsistencia, por lo que se veían obligados, en numerosas ocasiones, a incluir el grano en los botines obtenidos mediante las expediciones de pillaje o razzias.

En un principio, el territorio ocupado por los cuados era de una gran inmensidad, por tanto contaban con amplias tierras para el cultivo. Esta abundancia de tierras podría explicar el escaso desarrollo de sus técnicas de cultivo, y por ende, de su productividad. Utilizarían técnicas similares a la agricultura de rozas.

Por otro lado, el carácter montañoso de su hábitat dificultaría en gran manera el cultivo de la tierra. Por estos  motivos, sus actividades económicas revisten un marcado carácter ganadero, que implicaba una mayor movilidad que otros pueblos germanos occidentales.

Los cuados pasaban por ser excelentes jinetes, algo típico de pueblos nómadas pastores y  ganaderos, que hacen de la monta una auténtica forma de vida.

"Recorren distancias enormes, ya cuando persiguen a otros o cuando regresan, montando a caballos veloces y dóciles, y llevando cada uno un caballo y, a veces, incluso dos, de manera que, al ir cambiando de montura, pueden recuperar las fuerzas y el vigor con descansos alternativos"
Amiano Marcelino 17, 12, 3. 

Su táctica bélica, como hemos mencionado antes, es la de las emboscadas, ataques vertiginosos y rápidas huídas. Para ello utilizaban sus rápidos y bien adiestrados corceles, a los que castraban para evitar que se sintiesen sobreexcitados ante la presencia de yeguas (enemigas). En este sentido, la fuerza principal de su ejército era la caballería.



El armamento era variado y contaba con corazas de cuero, escudos y largas lanzas, ideales para la carga de caballería o para ser arrojadas; también contaban con dardos y otras armas arrojadizas.  Para el combate cuerpo a cuerpo utilizaban las espadas.

"Estos pueblos, más hábiles en el pillaje que en combate abierto, disponían de lanzas bastante largas, y de escudos hechos con cueros pulidos y alisados, sujetos a sus ropas de hilo como si fueran plumas. La mayor parte de sus caballos suelen estar castrados para evitar que se escapen agitados al ver a alguna hembra, o para que no se revuelvan cuando están escondidos y evitar así que descubran a los jinetes con sus fuertes relinchos"
Amiano Marcelino 17 , 2, 2.


En cuanto a las creencias religiosas, los cuados, al igual que otros pueblos esteparios de pastores nómadas como los hunos, veneraban las espadas. Entre los pueblos mencionados era costumbre adorar una espada clavada en la tierra.

"[....] sacaron las espadas que ellos veneran como divinas y juraron que iban a ser leales."
Amiano Marcelino 17, 12, 21. 

martes, 15 de enero de 2013

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (XXV)



17 Tocados. Dureza de los iberos
También podría considerarse de índole bárbara el tocado de algunas mujeres que ha descrito Artemidoro: pues dice que en algunos lugares llevan collares de hierro que tienen unos ganchos doblados sobre la cabeza que avanzan mucho por delante de la frente, y que cuando quieren cuelgan el velo en estos ganchos de modo que al ser corrido da sombra al rostro, y que esto lo consideran un adorno. En otros lugares se colocan alrededor un disco redondeado hacia la nuca, que ciñe la cabeza hasta los lóbulos de las orejas y que va poco a poco desplegándose a lo alto y a lo ancho. Otras se rapan tanto la parte delantera del cráneo que brilla más que la frente. Otras mujeres, colocándose sobre la cabeza una columnilla de un pie más o menos de alto, trenzan en torno el cabello y luego lo cubren con un velo negro.

Además de estas insólitas costumbres se han visto y se han contado muchas otras cosas de todos los pueblos de Iberia en general, pero especialmente de los del Norte, relativas no sólo a su valor, sino también a una crueldad y falta de cordura bestiales. Por ejemplo, en la guerra de los cántabros, unas madres mataron a sus hijos antes de ser hechas prisioneras, y un niño, estando encadenados como cautivos sus padres y hermanos, se apoderó, por orden de su padre, de un acero y los mató a todos, y una mujer a sus compañeros de cautiverio lo mismo. Y uno, al ser llamado a presencia de unos soldados borrachos, se arrojó a una hoguera. Estos rasgos son comunes también a las tribus célticas, tracias y escitas, y es común también la valentía de sus hombres y mujeres; pues éstas trabajan la tierra, y cuando dan a luz sirven a sus maridos acostándolos a ellos en vez de acostarse ellas mismas en sus lechos. Frecuentemente incluso dan a luz en las tierras de labor, y lavan al niño y lo envuelven en pañales agachándose junto a un arroyo. En Ligústica, dice Posidonio que le refirió su huésped Carmoleon, una masaliota, que había contratado hombres junto con mujeres para cavar una fosa, y que, al llegarle los dolores, una de las mujeres se apartó no lejos del trabajo y regresó inmediatamente al mismo, después de dar a luz, para no perder su salario. Y él, que la veía realizar las faenas con fatiga sin conocer al principio la causa, lo supo ya tarde y la dejó ir, luego de darle el salario; y ella, llevando al niño a una fuente, lo lavó y lo envolvió en lo que tenía y lo llevó sano y salvo a su casa.

18. Plagas. Matriarcado. Devotio. 
No es exclusivo de los iberos el ir de dos en dos a caballo y que en las batallas uno de ellos lucha a pie, ni tampoco es exclusiva la cantidad de ratas, a las que muchas veces han seguido epidemias. Esto es lo que les sucedió en Cantabria a los romanos, hasta el punto de que los cazadores de ratas percibían unas primas según un baremo hecho público gracias a lo cual consiguieron a duras penas salvarse; les sobrevino junto con esto la escasez de trigo y de otras vituallas, y recibían víveres de Aquitania no sin dificultad por lo accidentado del terreno. De la insensatez de los cántabros se cuenta también lo siguiente: que unos que habían sido hechos prisioneros y clavados en cruces entonaban cantos de victoria. Cosas como ésta podrían, pues, servir como ejemplos de cierta rudeza en las costumbres; pero otras, quizá poco civilizadas, no son sin embargo salvajes, como el hecho de que entre los cántabros los maridos entreguen dotes a sus mujeres, que sean las hijas las que queden como herederas y que los hermanos sean entregados por ellas a sus esposas; porque poseen una especie de ginecocracia, y esto no es del todo civilizado. Es ibérica también la costumbre de llevar encima un veneno, que obtienen de una planta parecida al apio, indoloro, para tenerlo a su disposición en situaciones indeseables, así como el consagrarse a aquellos a quienes se vinculan hasta el punto de morir voluntariamente por ellos.

viernes, 26 de octubre de 2012

GERMANIA DE TÁCITO (XI)




31     Una usanza poco frecuente entre los restantes pueblos germanos y que se debe a la valentía individual se convierte en los catos en algo comúnmente aceptado: cuando llegan a la adolescencia, se dejan crecer el pelo y la barba y sólo tras haber matado a un enemigo se despojan de este adorno facial ofrecido y consagrado al valor. Sobre la sangre y los despojos descubren su frente y sólo entonces creen haber pagado el precio de su nacimiento y ser dignos de su patria y de sus padres. Los cobardes y malos guerreros continúan con su feo aspecto. Los más valientes se colocan, además, un anillo de hierro (cosa ignomiosa para esta gente) y lo llevan como una atadura hasta que se liberan de ella con la muerte de un enemigo. Este hábito gusta a la mayoría de los catos, y al envejecer aún conservan este distintivo, que es objeto de admiración para los enemigos y para los suyos. En ellos está la iniciativa de todos los combates. La suya es siempre la primera línea, de extraño aspecto, y ni siquiera en la paz adoptan maneras más suaves. Ninguno posee casa, campo o alguna ocupación, siempre que llegan a casa de alguien, se les alimenta; pródigos de lo ajeno, menosprecian lo suyo, hasta que la vejez, con su debilidad, los hace incapaces para afrontar tan duras pruebas de valor.

32   Próximos a los catos, los úsipos y tencteros habitan las zonas del Rin donde su cauce ya se ha afianzado y constituye una frontera suficiente. Los tencteros, aparte de la común gloria guerrera, sobresalen por la destreza de su arte ecuestre. No es mayor la fama de los infantes de los catos que la de los jinetes de los tencteros. Así lo establecieron sus antepasados y así lo mantienen sus descendientes. De este tipo son los juegos infantiles y las competiciones juveniles; incluso los ancianos continúan practicándolo. Los caballos se transmiten junto a los esclavos, los penates y los derechos sucesorios; nos los obtiene el hijo primogénito, como los demás, sino el más arriesgado y el más aventajado en la guerra.  

33   Junto a los tencteros se hallaban en otro tiempo los brúcteros. Se cuenta que los camavos y angrivarios emigraron allí, tras ser expulsados los brúcteros y exterminados de raíz por una coalición de las naciones vecinas, bien por odio a su orgullo, bien por el incentivo del botín, o bien por una cierta protección de los dioses para con nosotros, pues ni siquiera nos hurtaron el espectáculo de la batalla. Cayeron más de sesenta mil, y no por las armas romanas, sino para deleite de nuestros ojos, lo que supone un triunfo más brillante. ¡Ojalá permanezca y se mantenga en estas naciones, si no el afecto hacia nosotros, sí, al menos, el odio entre ellas, puesto que a los atormentados destinos del imperio nada mejor puede proporcionar Fortuna que la discordia entre sus enemigos!. 

jueves, 25 de octubre de 2012

GERMANIA DE TÁCITO (X)




29  Los bátavos, que se distinguen por su valor entre todos estos pueblos, no ocupan una gran zona de la orilla, aunque habitan también una isla del Rin. Eran antaño una tribu de los catos que emigró, por culpa de una revuelta interna, a las sedes en las que pasarían a formar parte del imperio romano. Conservan la distinción y la señal de la antigua alianza, pues no son humillados con tributos, ni los arruina el publicano: exentos de cargas y contribuciones, quedan reservados para utilizarlos en combate, como si fueran lanzas y armaduras. 

En la misma situación de obediencia están los matiacos, pues la grandeza del pueblo romano ha extendido el respeto a su imperio más allá del Rin y de sus antiguos confines. Y aunque viven en su orilla en lo tocante a su asentamiento y fronteras, están con nosotros en espíritu y pensamiento, semejantes en el resto a los batavos, salvo que son más temperamentales por el suelo y el clima de su país.

Aunque se hayan asentado al otro lado del Rin y del Danubio, no veo razón para incluir entre los pueblos de Germania los que trabajan los campos Decumates: deshecho de toda la Galia y audaces en su pobreza, ocuparon un suelo, de propiedad incierta; más tarde, trasladada la frontera y adelantadas las guarniciones, se convierten en avanzada del imperio y en parte de una provincia.

30    Más allá de éstos, tienen los catos sus primeros asentamientos a partir de la selva Hercinia, en una zona no tan llana y pantanosa como la de los demás pueblos por los que se extiende la Germania; a lo largo de una formación de colinas, que luego se van haciendo más escasas, la selva Hercinia acompaña a los catos como algo propio, pues acaba donde ellos acaban. Pueblo de cuerpo más robusto, miembros enjutos, de semblante amenazador y con mayor fuerza de ánimo. Para lo que son los germanos, tienen mucha capacidad de raciocinio y habilidad. Invisten como jefes a gente escogida, saben escuchar a tales jefes, guarda cada uno su puesto, reconocen las oportunidades, refrenan sus impulsos, distribuyen las tareas diurnas, se atrincheran durante las noches; incluyen la fortuna entre las cosas dudosas, el valor entre las seguras y - cosa muy rara y que sólo puede lograrse con la disciplina romana - esperan más del jefe que del ejército. Toda su fuerza está en la infantería, a la que cargan, aparte de sus armas, con herramientas y provisiones. Otros pueblos parece que van al combate; los catos van a la guerra. Son raros los golpes de mano y la lucha improvisada. Corresponde a las fuerzas de a caballo obtener una victoria rápida y retirarse con la misma rapidez. La velocidad guarda relación con el miedo; la lentitud es más propia de la firmeza.   
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