martes, 30 de junio de 2026

ITALIA '90. ARGENTINA 0 - YUGOSLAVIA 0.

 


 

30 de Junio de 1990. Estadio Artemio Franchi de Florencia. Grandes futbolistas en el césped, ninguno acierta a marcar en 120 minutos. La eliminatoria en los guantes de los arqueros, Goycoechea gana en un duelo épico a Ivkovic. Argentina alcanza la semifinales. 

 


 

La bella Florencia, la ciudad de los Médici, capital del Quattrocento y una de las cunas del Calcio, es el teatro que acoge el choque de cuartos de final. 

 


Bilardo se queja del estado físico de sus hombres, entre ellos el capitán Maradona, y Osim de la falta de mentalización de los suyos. El orden bilardista frente a la anarquía balcánica. 

 


Los seleccionadores, sean del país que sean, siempre se encuentran en el ojo del huracán. 

 


Para Ivica Osim "Argentina es un genio y diez hombres más dispuestos a morir sobre el campo".

 



Marcar al "10". Ivica Osim encomendó a Sabanadzovic el marcaje sobre Maradona. Bilardo por su parte ha diseñado un plan en el que participan Olarticoechea, Giusti y Ruggeri, para tratar de frenar a Pixie Stojkovic, al que vio jugar frente a España. Partida de estrategas.

 


Los dos seleccionadores acumulan hasta seis futbolistas en el medio del campo, con un solo punta. La  eliminatoria se jugará en apenas cuarenta metros y serán los pequeños detalles los que decidan quien pasa a semifinales. 

 


Sergio Batista, uno de los pilares del equipo que se alzó con la Copa en el mundial de México, se muestra molesto con su exclusión del equipo. 

 



La suerte se alía con Maradona, Goycoechea y la albiceleste.

 


Lanza Serrizuela y bate al arquero yugoslavo. 1 - 0.  

 


Dragan Stojkovic, autor de los dos goles en octavos frente a España, estrella su lanzamiento en el travesaño. Temblaron hasta los cimientos del estadio. 1 - 0.  

 


Burruchaga engaña completamente a Ivkovic. 2 - 0.  

 


Robert Prosinecki consigue recortar distancias en el cuarto lanzamiento de la serie. 2 - 1.  

 


Maradona no realiza un buen lanzamiento e Ivkovic detiene el penal sin mucha dificultad. 2 - 1.   


Dejan Savicevic, otra de las jóvenes promesas yugoslavas, establece las tablas en el marcador. 2 - 2.  

 


Pedro Troglio, relajado en exceso, lanza el balón al palo. Oportunidad para que Yugoslavia se ponga por delante. 2 - 2.  

 


Lanza Brnovic y emerge la gigantesca figura de Sergio Goycoechea. El equipo europeo desaprovecha el match ball. 2 - 2.  

 


Dezotti la ajusta al palo y marca. Argentina de nuevo en ventaja. 3 - 2.  

 


Goycoechea cara, Hadzibegic cruz. Argentina está en semifinales. 3 - 2.  

 


Quizá el verdadero milagro del Mundial es la presencia en semifinales de Argentina, un equipo de los más discretos en absoluto bajo el perfil técnico, batida en su debut por Camerún (con nueve jugadores), perdonada por el árbitro contra la URSS, salvada por amor a la táctica por Rumanía, luego dominada por Brasil y, finalmente, empujada repetidamente al borde del abismo por Yugoslavia, que también estaba en inferioridad numérica. De todas estas vicisitudes, aparentemente insuperables, Argentina ha resurgido puntualmente: unas veces por el determinante aporte de Diego Maradona, aunque físicamente a pedazos, otras por el misterioso fluido que acompaña a los equipos predestinados. Piénsese en los tres postes golpeados por el arrollador e imprevisto Brasil, o en los penaltis fallados por los eslavos justo al llegar a la meta. Lejos de disminuir la peligrosidad, estas circunstancias hacen a Argentina más temible: en una competición tan fuertemente influenciada por los astros, es mejor tropezar con un adversario fuerte que con uno afortunado. En el cuarto de final florentino, concluido por la apasionante e impredecible tanda de penaltis, el bochorno obsesivo jugó seguramente un papel decisivo. El propio Maradona apareció desecho, tanto en las ideas antes incluso que en las ejecuciones. El partido también ha reafirmado que Yugoslavia está constitucionalmente negada para las grandes metas: cada vez que se dispone a alcanzar una, se ve atrapada por su vocación nómada y cae en el delirio. Había logrado incluso dejarse burlar en el minuto ciento veinte por el desacertado Burruchaga. Salvada por el árbitro, se suicidó desde el punto de penalti. A estas alturas, las recriminaciones se vuelven patéticas. Argentina es un equipo indecifrable. Ha alcanzado una discreta solidez defensiva, y también el joven portero Goycochea está ganando confianza y autoridad. En el arte de la contención, el seleccionador Carlos Bilardo basa su táctica rudimentaria, a la espera de que una invención del divino Diego o un relámpago de Caniggia abran mejores perspectivas. Alrededor, una tropa de gregarios sin genio lucha al menos con mucha abnegación. (Adalberto Bortolotti. Guerin Sportivo). 

 


El penalty errado por el defensa Faruk Hadzibegic certificó la eliminación de Yugoslavia de la Copa del Mundo. Algunos meses después de aquel partido comenzó en Yugoslavia un proceso de secesión que desembocó en una serie de guerras civiles. Años después el periodista italiano Gigi Riva escribió un libro titulado "El último penalti de Faruk" donde analiza la participación de Yugoslavia en el mundial y los acontecimientos políticos, sociales y militares que terminaron por disolver al estado yugoslavo.  

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