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sábado, 9 de marzo de 2013

GUERREROS LUSITANOS



Valientes guerreros que combatieron junto a los más grandes generales, como Viriato o Sertorio, algunos de ellos acompañaron - como eficientes mercenarios - al mismísimo Aníbal en su aventura transalpina. . . y todos, absolutamente todos vendieron cara sus derrotas a manos del devastador rodillo romano. 

El lusitano, como cualquier combatiente, además de corazas y armaduras, utilizaba armas ofensivas y armas defensivas.

El escudo era, la más importante de las armas defensivas;  pequeños, redondos, cóncavos por el exterior, que llevaban sujetos con correas de lino, y por tanto carecía de asas y abrazaderas. 

Protegían sus cuerpos con corazas de lino. Desde un punto de vista etnológico, el uso del lino podría corresponder a pueblos agricultores. Muy pocos de estos hombres portaban cotas de malla. 


Aquellos que podían permitírselo, cubrían sus cabezas con unos cascos confeccionados con tejidos de nervios. Este material también era utilizado para fabricar resistentes escudos. 

Los aristócratas, capitanes y guerreros más experimentados lucían llamativos torques de oro. 

Como armas ofensivas, en la lucha cuerpo a cuerpo, manejaban con cierta destreza una especie de puñal corto, que no llegaba a ser espada. Para los ataques a distancia, disponían de misilias, dardos en forma de anzuelo, lanzas con punta de bronce. 

"Dicen que los lusitanos que son hábiles en las emboscadas y exploraciones, vivos, llevan armamento ligero, y son expertos en las maniobras. Tienen un escudo pequeño de dos pies de diámetro, cóncavo por delante y sujeto con correas porque no lleva abrazadera ni asas, y portan además un puñal o un cuchillo. La mayoría viste cotas de lino; son raros los que las usan de mallas y cascos de tres penachos, y los demás, cascos de nervios. Los de a pie llevan grebas y varios venablos cada uno. Algunos usan también lanzas, cuyas puntas son de bronce".
Estrabón III,  3, 6.

Los infantes que combatían a pie, llevaban puestas perneras y portaban varias jabalinas, muy útiles en acciones de hostigamiento y emboscadas. 


En general se trataba de un armamento ligero, adaptable al terreno escarpado y a las emboscadas, de la que eran hábiles y expertos los montareces habitantes de la Lusitania antigua, haciendo de la lucha guerrillera una auténtica seña de identidad, de la que supieron aprovecharse tanto Viriato, como posteriormente Sertorio.

En las batallas en campo abierto, sin embargo, formaban grandes avalanchas, que se abalanzaban contra el enemigo, creando una masa informe y desordenada, sin guardar orden, y confiando la suerte del combate al valor y al impulso personal, dejando de lado toda táctica.

Los lusitanos perdían parte de su  efectividad en las batallas campales, sin ser capaces de ofrecer un frente continuo y cerrado que oponer al enemigo. No obstante, bajo el mando de capitanes eficaces, como su sempiterno caudillo Viriato,  el inteligente y oportunista Sertorio, u otros efímeros generales como Césareo, Cauceno, Púnico o Táutalo,  consiguieron importantes victorias  sobre cónsules y pretores romanos. . . más cuando, el líder moría, el ejército se resquebrajaba, se dividía, huían en desbandada, sin orden, ni concierto . . . y los soldados nuevamente se convierten en guerreros . . . 

Eran hombres de valentía excepcional, aunque al parecer, y según las fuentes escritas, eran menos resistentes en la lucha cuerpo a cuerpo que los bragadores y fornidos celtíberos. 

Se han conservado numerosas efigies pétreas, muy toscas, las esculturas de  guerreros galaico-lusitanos, (la frontera entre estos dos pueblos durante muchos momentos resultaba muy difusa), que cumplirían una función funeraria, pues debían ser colocadas sobre las sepulturas. Estas esculturas no destacaban precisamente por su logrado acabado, ni fina ejecución.

Guerreros lusitanos en el Museo Nacional de Arqueología en Lisboa
Solían llevar largas cabelleras que sacudían con violencia al entrar en combate y encararse con los enemigos. Lanzaban gritos y alaridos mientras avanzaban, entrechocaban las armas provocando gran estruendo, para intimidar a los rivales. 

"Al atacarle Viriato con seis mil hombres en medio de un griterío y clamores a la usanza bárbara y con largas cabelleras que agitaban en los combates ante los enemigos . . . "
Apiano. Sobre Iberia 67.

Se arrojaban al combate con la melena al viento, realizando gráciles danzas, para posteriormente entonar cánticos de guerra. Una auténtica danza ritual guerrera, al estilo de la "haka" maorí popularizada por Jonah Lomu y los All Blacks de Nueva Zelanda. Estas danzas tribales también cumplían función de entrenamiento , adiestramiento y hermanamiento de la tropa cuando no estaba combatiendo.

"Gustan de practicar en tiempos de paz una danza ligera para la que se requiere una gran agilidad de pies; en el combate avanzan a paso rítmico, entonando cantos guerreros al atacar al enemigo"
Diodoro de Sicilia V, 34, 4


"Los lusitanos son los más fuertes de los iberos; para la guerra llevan escudos muy pequeños, tejidos de nervios, con los cuales y gracias a su dureza pueden defender su cuerpo fácilmente. En la lucha lo manejan con destreza, moviéndolo a uno y otro lado del cuerpo y rechazando con habilidad todos los tiros que caen sobre ellos. Usan también picas, hechas enteramente de hierro y con la punta a modo de arpón, y llevan casco y espada muy parecida a la de los celtíberos; lanzan sus picas con precisión y a larga distancia y causan a menudo heridas muy graves. Son ágiles en sus movimientos y ligeros en la carrera, por ello, huyen o persiguen con rapidez [...]. Con estas ligeras armaduras y siendo muy ágiles en sus movimientos y muy vivos de espíritu, difícilmente pueden ser vencidos por los demás. Consideran las rocosidades y asperezas de las sierras como su patria y en ellas van a buscar refugio por ser impracticables para los ejércitos grandes y pesados. Por eso los romanos que han realizado numerosas campañas contra ellos, aunque han contenido sus audacias, no han logrado poner fin a sus depredaciones a pesar de su empeño".
Diodoro de Sicilia

martes, 15 de enero de 2013

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (XXV)



17 Tocados. Dureza de los iberos
También podría considerarse de índole bárbara el tocado de algunas mujeres que ha descrito Artemidoro: pues dice que en algunos lugares llevan collares de hierro que tienen unos ganchos doblados sobre la cabeza que avanzan mucho por delante de la frente, y que cuando quieren cuelgan el velo en estos ganchos de modo que al ser corrido da sombra al rostro, y que esto lo consideran un adorno. En otros lugares se colocan alrededor un disco redondeado hacia la nuca, que ciñe la cabeza hasta los lóbulos de las orejas y que va poco a poco desplegándose a lo alto y a lo ancho. Otras se rapan tanto la parte delantera del cráneo que brilla más que la frente. Otras mujeres, colocándose sobre la cabeza una columnilla de un pie más o menos de alto, trenzan en torno el cabello y luego lo cubren con un velo negro.

Además de estas insólitas costumbres se han visto y se han contado muchas otras cosas de todos los pueblos de Iberia en general, pero especialmente de los del Norte, relativas no sólo a su valor, sino también a una crueldad y falta de cordura bestiales. Por ejemplo, en la guerra de los cántabros, unas madres mataron a sus hijos antes de ser hechas prisioneras, y un niño, estando encadenados como cautivos sus padres y hermanos, se apoderó, por orden de su padre, de un acero y los mató a todos, y una mujer a sus compañeros de cautiverio lo mismo. Y uno, al ser llamado a presencia de unos soldados borrachos, se arrojó a una hoguera. Estos rasgos son comunes también a las tribus célticas, tracias y escitas, y es común también la valentía de sus hombres y mujeres; pues éstas trabajan la tierra, y cuando dan a luz sirven a sus maridos acostándolos a ellos en vez de acostarse ellas mismas en sus lechos. Frecuentemente incluso dan a luz en las tierras de labor, y lavan al niño y lo envuelven en pañales agachándose junto a un arroyo. En Ligústica, dice Posidonio que le refirió su huésped Carmoleon, una masaliota, que había contratado hombres junto con mujeres para cavar una fosa, y que, al llegarle los dolores, una de las mujeres se apartó no lejos del trabajo y regresó inmediatamente al mismo, después de dar a luz, para no perder su salario. Y él, que la veía realizar las faenas con fatiga sin conocer al principio la causa, lo supo ya tarde y la dejó ir, luego de darle el salario; y ella, llevando al niño a una fuente, lo lavó y lo envolvió en lo que tenía y lo llevó sano y salvo a su casa.

18. Plagas. Matriarcado. Devotio. 
No es exclusivo de los iberos el ir de dos en dos a caballo y que en las batallas uno de ellos lucha a pie, ni tampoco es exclusiva la cantidad de ratas, a las que muchas veces han seguido epidemias. Esto es lo que les sucedió en Cantabria a los romanos, hasta el punto de que los cazadores de ratas percibían unas primas según un baremo hecho público gracias a lo cual consiguieron a duras penas salvarse; les sobrevino junto con esto la escasez de trigo y de otras vituallas, y recibían víveres de Aquitania no sin dificultad por lo accidentado del terreno. De la insensatez de los cántabros se cuenta también lo siguiente: que unos que habían sido hechos prisioneros y clavados en cruces entonaban cantos de victoria. Cosas como ésta podrían, pues, servir como ejemplos de cierta rudeza en las costumbres; pero otras, quizá poco civilizadas, no son sin embargo salvajes, como el hecho de que entre los cántabros los maridos entreguen dotes a sus mujeres, que sean las hijas las que queden como herederas y que los hermanos sean entregados por ellas a sus esposas; porque poseen una especie de ginecocracia, y esto no es del todo civilizado. Es ibérica también la costumbre de llevar encima un veneno, que obtienen de una planta parecida al apio, indoloro, para tenerlo a su disposición en situaciones indeseables, así como el consagrarse a aquellos a quienes se vinculan hasta el punto de morir voluntariamente por ellos.
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