martes, 2 de febrero de 2016

LOS DOSCIENTOS BALLESTEROS DEL SEÑOR SANTIAGO.



Las huestes cristianas, más ávidas de botín que de gloria, se lanzan a la conquista de la Alta Andalucía. En las ciudades que antes eran musulmanas, ondean ahora los pendonces de los vencedores y se yerguen las cruces de la redención. A lo largo del siglo XIII en algunas de estas poblaciones surgen cofradías militares, como los “200 ballesteros del señor Santiago en Baeza”.


La citada “Compañía de los 200 ballesteros del Señor Santiago” fue fundada por el rey de Castilla y León, Fernando III hacia el 1230 y existió hasta 1767. En esta cofradía, que tenía en la religión su elemento legitimador y de cohesión, “sólo tenían cabida los caballeros hidalgos descendientes de los infanzones que conquistaron y poblaron la ciudad”.


Este cuerpo militar dependía directamente de los monarcas, que contaba por ellos para empresas complicadas, y que como contraprestación (y afianzar la fidelidad) concedían suculentos privilegios. Los miembros, orgullosos de tal condición, esculpían en las portadas de sus casas, las insignias de la compañía. La proliferación de estas cofradias armadas, coincidió en el tiempo con las insuperable crisis que sufría la caballería tradicional, que veía mermar su poder (y posición) frente a las redes oligárquicas de villas y ciudades.



Baeza, con su flamante compañía de ballesteros, jugó un destacado papel en las luchas fronterizas entre dos mundos: uno que avanzaba, el cristiano, y otro que retrocedía, el musulmán.  


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