1 de Julio de 1990. Estado Giuseppe Meazza de Milán. Cuartos de final de la Copa del Mundo. El duelo centroeuropeo entre la RFA y Checoslovaquia se resuelve desde los once metros. Al capitán teutón Lothar Matthaus no le tiembla el pulso. Alemania a semifinales.
Alemania ganó de penalti pero pudo marcar tres o cuatro goles más. Los checoslovacos acabaron con diez jugadores - expulsión de Moravcik - pero en ningún momento bajaron los brazos. La República Federal alemana sudó tinta para superar la eliminatoria de cuartos.
Los dos equipos se plantaron en el campo de forma similar. Köhler se encargaba del vendaval Thomas Skuhravy, y lo aburrió hasta la desesperación como anteriormente había hecho con Marco Van Basten. En el área contraria Straka se convertía en la sombra del panzer Klinsman.
Jurgen Klinsman volvió a ser el hombre decisivo. En una jugada por la banda izquierda un defensor checoslovaco le derribó dentro del área. El capitán, Lothar Mathaus, fue el encargado de lanzarlo y marcarlo.
La otra gran favorita, Alemania, ha dominado a Checoslovaquia sin lograr rematarla, y así ha ido arrastrando escalofríos e inquietudes hasta el pitido final, a pesar de la inferioridad numérica del rival. Una hora muy brillante, luego el calor ha fundido los plomos de los panzers, que han terminado de rodillas, bendiciendo su superprotección defensiva (tres stoppers y un líbero, ¡vaya con la osadía!). Solemnes enfados de Franz Beckenbauer y la sospecha de que el afán de protagonismo empiece a mermar a jugadores fundamentales, como Matthäus y Klinsmann, quienes se mostraron más atentos a su propio escaparate personal que a los intereses colectivos. Pero no cabe duda de que, hasta el día de hoy, Italia y Alemania se han alzado con total claridad por encima del resto del grupo, y cualquier otra combinación para la gran final resultaría una sorpresa impactante. Adalberto Bortolotti



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