sábado, 7 de noviembre de 2015

ALARCÓN, LA INCONQUISTABLE.



En un enorme espolón rocoso, rodeado por un foso natural inundado por el Júcar, se erige la villa medieval de Alarcón, sobre la antigua alcazaba, altiva la Torre del Homenaje, se enseñorea en estas tierras y defiende la ciudad. El castillo era una antigua alcazaba musulmana y don Juan Manuel y los Villena le otorgaron el aspecto actual. 


Además de ser uno de los pueblos más bonitos de la geografía ibérica, Alarcón dispone de un espectacular entramado defensivo medieval formado por castillo, torres, ríos, roquedales...


La pequeña localidad conquense está protegida por una poderosa fortificación que le otorgó a lo largo de los siglos la condición de "Inconquistable". La fortaleza está formada por una recinto amurallado que la rodea y protege el núcleo de población y el castillo, y cinco torres exteriores, exentas o aisladas, dispuestas estratégicamente alrededor de la Inconquistable.


La puerta de la villa.


La Plaza del Pueblo de estilo renacentista – plaza del Infante don Juan Manuel - , donde el frío quiebra la piedra, está presidida por dos importantes edificios, la inmensa iglesia de San Juan Bautista del siglo XVI (desacralizada) y el Palacio del Concejo (ayuntamiento).


Iglesia de San Juan Bautista.



En la parte baja de la Plaza de Santo Domingo, se enclava una iglesia románica semiderruida, la de Santo Domingo de Silos, construida en el siglo XII, pero con influencias del gótico.


  

El escudo de la villa muestra un castillo, una estrella (¿el Sol?) y la media luna, recuerdo de su pasado musulmán.  


La toponimia de Alarcón es un auténtico misterio, de esos que nunca dejarán de espolear la imaginación. Una tradición, quien sabe si con base cierta, sostiene que la villa fue fundada por un hijo u otro pariente del rey visigodo Alarico, y de este personaje derivaría su nombre. Algunos estudiosos piensan que el nombre deriva del árabe Al-Arkón (la fortaleza). Y eso sí que es cierto, Alarcón es una inexpugnable fortaleza. 


Como buena parte de los castillos ibéricos, el de Alarcón tiene un origen árabe. En principio dependía del Califato de Córdoba, y tras la disolución de este, quedó subordinada a la poderosa Taifa de Toledo.


En el siglo XII - 1184 - en el contexto de las luchas entre moros y cristianos, el capitán de los ejércitos de Alfonso VIII, Fernán Martínez de Ceballos, cercó la ciudad y mantuvo el asedio nueve meses, consiguiendo su rendición el día de San Andrés. La decisiva batalla de las Navas de Tolosa (1212) estaba cerca y se iban preparando las plataformas de lanzamiento necesarias para quebrar las puertas de entrada a Andalucía.


A partir de este momento los sucesivos reyes castellanos engrandecieron y reforzaron, aún más, la fortaleza de Alarcón. Incluso en 1186 se le concedió un fuero propio y se le otorgó el señorío de amplios territorios circundantes. Todo este feudo se le concedió a la Orden Militar de Santiago por voluntad del rey Alfonso VIII. De esta manera, en 1212, el concejo de Alarcón suma sus tropas a los ejércitos cristianos que combatieron victoriosamente en las Navas de Tolosa. 


El Infante don Juan Manuel recibió de Fernando IV el señorío de Alarcón, incluyendo el castillo. En el retiro de estas tranquilas y silenciosas tierras, su pluma escribió algunas de sus obras literarias.


En el siglo XV, el castillo y la ciudad pasan a manos de Juan Pacheco, poderoso noble castellano y marqués de Villena. Este marquesado en la persona de Juan y de su hijo Diego López Pachecho, tomó partido por Juana la Beltraneja en el duelo fratricida con su tía Isabel. A pesar de formar parte del bando perdedor logró mantener algunos castillos y posesiones. 


Concluida la Edad Media y sus guerras, el castillo perdió su función cayendo en el desuso y abandono quedando en un estado ruinoso. En la actualidad es una visita exquisita que sirve para sumergirnos en otra época y escapar, de paso, del ruido cotidiano que nos rodea en el mundo urbanizado. 


El castillo de Alarcón es hogar de leyendas medievales que nacieron en la voz del pueblo, y que el periodista Felipe Alonso escribe y recoge en un pequeño libro que lleva por título "Leyendas de Paradores".

“–NO SOIS VOS QUIEN SE DEBA DESPOSAR CON MI HERMANA —dijo el señor del castillo al último pretendiente que había llegado hasta Alarcón a pedir la mano de la doncella casadera que allí habitaba. —Le puedo ofrecer mis tierras y una alianza de vecindad que vos no podéis desechar —respondió el joven sin inmutarse ante la negativa del castellano. —Os lo repetiré por última vez. Mi hermana no va a caer bajo vuestras manos para que dilapidéis su dote y la hagáis desdichada como ya lo habéis logrado con otras doncellas de la comarca. Sabed que sé quién sois y lo que pretendéis, así como la fama que os precede. Marchaos en buena hora por donde habéis venido y que sea la última vez que vuelvo a recibir una visita vuestra con tal petición —añadió el dueño del señorío de Alarcón llamando a sus criados para que arrojasen más allá del puente levadizo al visitante. Este abandonó el lugar meditando como podía vengar la ofensa y hacerse con la joven y, sobre todo, con su dote, dado que por sus correrías había dilapidado la herencia que su padre le había dejado. Numerosas ideas de venganza bullían por su cabeza, y una vez de regreso a casa concibió con sus criados un plan destinado a matar al castellano y llevar hasta el final sus planes. Para ello solicitó una nueva entrevista para ‘disculparse’ e intentar por segunda vez convencer al señor de Alarcón de ser un buen candidato, y aprovechando el encuentro asesinarlo. Pero no contaba con que éste era muy querido en la comarca y que sus planes habían sido descubiertos. No obstante, el castellano, incrédulo ante lo que le habían anunciado, accedió a un nuevo encuentro, no sin antes hacer que varios de sus criados se escondiesen en el salón donde iba a recibir al joven. Y así se hizo. El terrateniente se postró ante el señor de Alarcón implorando su perdón por haberse comportado de una forma impertinente en su anterior visita, y cuando el castellano se acercó a él para levantarle del suelo, enarboló una daga que llevaba escondida e intentó con ella herirlo. Los criados acudieron prestos a defender a su amo, y de resultas de la pelea que se originó, el agresor cayó con el cuerpo atravesado por una espada. Su cadáver fue arrojado a un hueco de la muralla del castillo que estaba siendo reconstruida y junto a la argamasa acabó formando parte de la barbacana, manchando con su sangre alguno de los pilares del muro. Manchas que aún hoy en día cuenta la leyenda que pueden verse en esas paredes, recordando, siglos después, su traición”. 


Otra leyenda que se identifica con esta construcción que hoy conforma el Parador del Marqués de Villena tiene que ver con el asalto que realizaron al mismo las tropas cristianas tras la toma de Cuenca en 1177 contra los árabes que lo ocupaban. “Las tropas enviadas a la conquista por parte de Alfonso VIII, lo intentaron por espacio de tres años sin resultados positivos, hasta que un caballero extremeño, Hernán Martín Cevallos, escaló uno de los muros valiéndose de dos puñales, encabezando a un grupo de soldados, liberando en la refriega a varios cautivos. Una de las prisioneras, Elvira Ruiz, arrojó las llaves de la fortaleza al otro lado del muro, consiguiendo entrar en tropel todos los asaltantes. Un grupo de los musulmanes que se encontraban dentro de la fortaleza pudieron salir de ella y resistir en el llamado Pico de los Hidalgos, combatiendo valientemente a los cristianos, hasta que estos les derrotaron y pasaron a cuchillo”.


Alarcón, la Inconquistable, el castillo, la hoz que forma el río, las murallas circundantes, las puertas fortificadas y las torres, ofrecen al enclave una aspecto de invulnerabilidad


La Torre del Homenaje del Castillo de Alarcón, convertido en Parador Nacional, e imposibilitando con ello su visita. 



La Iglesia de Santa María, construida en estilo plateresco allá por los comienzos del Renacimiento, desempeña en la actualidad las funciones de Parroquia.


Callejón del arco.


La Torre del Campo (o de armas), en primer término.



Una torre albarrana que cierra el acceso a las murallas de la ciudad. Era el primer punto defensivo que encontraban los ejércitos invasores. 



Torre del Cañavate, domina un lienzo de muralla, controla uno de los caminos que lleva a la ciudad, y corta el acceso a la península de los Alarconcillos. Se trata de una torre albarrana de planta pentagonal con espolón construida en el siglo XIV. 


La misma torre, y el lienzo de muralla,  desde otra perspectiva. 


La naturaleza aliada con el hombre para construir una fortaleza impenetrable.


La singular torre de los Alarconcillos, defiende la península del mismo nombre, frente a la villa de Alarcón. Su construcción fue llevada a cabo por don Juan Manuel.  




Destacada en medio de una minúscula península, la Torre de los Alarconcillos es semejante a un pequeño castillo.


Puente del Senchidero, hasta aquí llegan comerciantes venidos de toda Iberia. Un tránsito entre dos mundos, el urbano y el de los senderos, separa la fatiga del camino de la recompensa en el mercado local, pero cruzar el puente, tiene un precio, después de las penalidades sufridas para llegar hasta aquí, ¿cómo no pagarlo? .


La muralla serpentea, se adapta perfectamente al terreno, al roquedal y al río. Se adecua a la topografía, a la pendiente, sube, baja, vuelve a subir y cierra con eficacia los accesos al núcleo urbano. 


Mercaderes, leñadores y pastores transitan por estos caminos. Las acémilas cargas de lujosas telas, enormes troncos arrastrados por el Júcar, ovejas, a cientos, pisoteando la cañada. El señor de la villa quiera una parte de toda esta riqueza. Protege y vigila desde su atalaya y procura que todo funcione correctamente. 


Ejércitos enemigos estampados contra las murallas, rechazados desde las almenas, se retiran derrotados, rendidos por no poder idear la manera de entrar. 


...caminante que vas, buscando la paz, en el crepúsculo...


Páramos inhóspitos y yermos, capaces de sobrecoger el alma humana. 


...charlatanes, buhoneros, mercachifles, prestidigitadores, hechiceros, vagabundos, pordioseros, frailes, mercenarios, giróvagos . . . . han pasado durante siglos por esta puerta....


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