domingo, 8 de noviembre de 2015

SELIM I



Este sultán turco de talle alto, largos brazos y poblado bigotee, que aspiraba a convertirse en un nuevo Alejandro Magno, conquistador universal y soberano de todo el orbe, alcanzó el poder tras encabezar una fuerte oposición y derrocar a su propio padre, Bayaceto II. Comparado con Napoleón Bonaparte, por su marcialidad y austeridad, Selim I se rebeló con un gran gobernante, e indómito conquistador, que mostraba poco interés por la vida amancebada del harén, prefiriendo la caza y la batalla como buen hombre de acción que era. Sus acciones llevaron a Turquía a su máximo apogeo político.

Sus campañas militares resultaron insultantes. Conquistó Persia, Palestina y el Egipto mameluco, del que dependía Arabia, convirtiéndose por tanto, en protector de las ciudades santas de Medina y La Meca. Para asegurar el poder del sultán, evitar trifulcas internas y evitarse enquistados problemas, introdujo una práctica terrible; el asesinato de todos sus hermanos al subir al trono.

“Yo, el jefe soberano de los osmanlíes, héroe de los héroes, con la fuerza y el poder de Feridun, la majestad de Alejandro el Grande y la justicia y la demencia de Cosroes. Yo, el exterminador de los idólatras, el destructor de los herejes, el terror de los tiranos y de los faraones”.


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