miércoles, 4 de noviembre de 2015

EL FEUDALISMO DEL SIGLO XXI.



Durante la Plena Edad Media, el periodo cronológico donde surge la monarquía feudal en Europa, el rey no podía reinar sin el apoyo de la nobleza, simplemente era un “primus inter pares”, un primero entre iguales, y para el ejercicio del poder necesitaba mantener el equilibrio entre todos ellos. Han pasado varios siglos desde aquello, pero algunas cosas (aunque parezca lo contrario) no han cambiado en lo sustancial; en la actualidad los gobernantes tampoco pueden desempeñar el poder sin el soporte de la nueva aristocracia. Ahora la aristocracia no depende de la sangre, sino del dinero. Banqueros, grandes empresarios (no confundir con el ciudadano humilde y emprendedor que bastante tiene con lo que tiene) y medios de comunicación conforman esa nobleza. En la Edad Media el rey debía someterse a los caprichos y arbitrios de la Alta Nobleza (y por supuesto del Clero). Si un noble necesitaba ayuda o protección el monarca debía acudir en su ayuda, tal como hacen actualmente nuestros políticos doblegándose ante los empresarios, salvando a los banqueros, riéndole las gracias a los periodistas y dejando al pueblo con el culo al aire.

Hace años que murió la Sociedad Estamental (en 1789, 1812, o cuando ustedes prefieran) y los derechos señoriales (incluyendo la pernada) fueron abolidos, pero en el fondo, seguimos viviendo como siervos (y vasallos en el mejor de los casos). La mayoría rendimos vasallaje a los bancos (los señores) que nos conceden un pequeño feudo (llámase hogar), una viviendo en usufructo (en la práctica nunca llega ser nuestra del todo, pues nunca dejamos de contribuir por ella) y nosotros pagamos una renta (casi) vitalicia. Del mismo modo que sucedía con los siervos de la Edad Media, no podremos abandonarla cuando nos plazca, si no contamos con el beneplácito del señor. Y si morimos antes de tiempo, nuestros descendientes tampoco podrán abandonar la tierra antes de saldar la deuda.

En algo si que hemos mejorado (y mucho), los señores feudales no nos convocan para ir a la guerra, simplemente nos piden introducir una papeleta en una cajita cada cuatro años, y de esta manera queremos sentirnos participativos y libres. Cambiamos los blasones de nuestros señores por los colores de nuestro partido, los estandartes por la zamarra de nuestro equipo y el feudalismo por el capitalismo.


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