domingo, 23 de diciembre de 2012

CLEOPATRA



Sus cortesanas la bañan en leche de burra y miel.
Después de ungirla en zumos de jazmines, lirios y madreselvas, depositan
su cuerpo desnudo en almohadones de seda rellenos de plumas.
Sobre sus párpados cerrados, hay finas rodajas de áloe. En la cara y el
cuello, emplastes hechos de bilis de buey, huevos de avestruz y cera de abejas.
Cuando despierta de la siesta, ya hay luna en el cielo.
Las cortesanas impregnan de rosas sus manos y perfuman sus pies con
elixires de almendras y flores de azahar. Sus axilas exhalan fragancias de limón
y de canela, y los dátiles del desierto dan aroma a su cabellera, brillante de
aceite de nuez.
Y llega el turno del maquillaje. Polvo de escarabajos colorea sus
mejillas y sus labios. Polvo de antimonio dibuja sus cejas. El lapislázuli y la
malaquita pintan un antifaz de sombras azules y sombras verdes en torno de
sus ojos.
En su palacio de Alejandría, Cleopatra entra en su última noche.
La última faraona,
la que no fue tan bella como dicen,
la que fue mejor reina de lo que dicen,
la que hablaba varias lenguas y entendía de economía y otros misterios
masculinos,
la que deslumbró a Roma,
la que desafió a Roma,
la que compartió cama y poder con Julio César y Marco Antonio,
viste ahora sus más deslumbrantes ropajes y lentamente se sienta en su
trono, mientras las tropas romanas avanzan contra ella.
Julio César ha muerto, Marco Antonio ha muerto.
Las defensas egipcias caen.
Cleopatra manda abrir la cesta de paja.
Suena el cascabel.
Se desliza la serpiente.
Y la reina del Nilo abre su túnica y le ofrece sus pechos desnudos, brillantes
de polvo de oro.
Eduardo Galeano. Espejos. 
Una historia casi universal.

sábado, 22 de diciembre de 2012

PARETACENOS



Los paretacenos habitaban el Luristán, en Irán.

“Después del Zagrio, por detrás de Babilonia, se sucede la región montañosa de los elimeos y la de los paretacenos”

Estrabón XI,12, 4

Según Heródoto se trataba de una de las tribus en que se organizaban los medos.

“Este pueblo abarca muchas tribus, que son: los busas, los paretacenos, los estrucates, los arizantos, los budios, los magos. Éstos son, en efecto, los linajes de los medos”.

Heródoto, I, 101.

Aparte de su ubicación geográfica, y su relación con los medos, no contamos con más información sobre los paretacenos.

GESATOS

La desnudez del guerrero

Los gesatos eran guerreros galos que iban a la guerra a cambio de dinero, expertos mercenarios, dispuestos a poner su espada a disposición del mejor postor.



“Unidos los insubrios y boios, los dos pueblos más poderosos de la nación, enviaron a punto embajadores a los galos que habitaban los Alpes y el Ródano, llamados gesatos, porque militaban por cierto sueldo; ésta es propiamente la significación de esta palabra”.

Polibio II, 22



Iban al combate desnudos, adornados con torques y collares de oro, y aullaban antes de lanzarse con demencia a destrozar las filas enemigas. La desnudez y los gritos forman parte de sus armas, pues conseguían amedrentar al contrario. La visión de un ejército de fieras sin más protección que su cuerpo debía causar pavor en los bisoños legionarios romanos. Aquí la desnudez es un símbolo del desprecio hacia el peligro que representa una batalla.



“Los gesatos desnudos, vanidosos y llenos de confianza, se situaron al frente de las tropas con sólo las armas”

Polibio II, 28



En la Batalla de Telamón, 225 a.C., una confederación de tribus galas, boios, insubrios y los propios gesatos se enfrentaron a la República de Roma. Los gesatos avanzaron en la vanguardia celta, y aunque lucharon con exceso de valentía se vieron superados por las legiones romanas, pues las jabalinas latinas utilizaron como dianas los desnudos cuerpos de los temerarios gesatos.



Desde un punto de visto sociológico, la desnudez, especialmente en determinados contextos, puede causar confusión y desconcierto, y precisamente un campo de batalla es uno de esos lugares. En palabras de Muñiz Coello: “La desnudez provoca desconcierto y afecta al sentido del pudor de quienes la observan, sobre todo cuando ésta se ubica en contextos ajenos de aquellos en los que habitualmente se contempla”.

INTERFURINOS




Una de tantas tribus de Iliria mencionadas por el historiador Apiano y sometidas por Augusto, junto a muchos pueblos vecinos.

“Con mayor esfuerzo, fueron sometidos también y obligados a pagar los tributos que habían dejado de pagar, […] los interfurinos”.

Apiano. Sobre Iliria 16

CALETOS o CÁLETES


 Tribu de los belgas, que residía en la zona de Normandía, en el llamado País de Caux, al que este pueblo dio su nombre. La ciudad de Ioliobona, en la actualidad Lillebone era su capital.


“La Galia Lugdunense comprende los lexovios, los veliocases, los caletos, los vénetos, los abrincatuos, los osismos, el famoso río Líger y una península aún más conocida que se adentra en el Océano”
Plinio el Viejo. IV, 18

“Morinos, belovacos, ambianos, mesiones y cáletos se encuentran en la zona costera a partir de los menapios y hasta la desembocadura del Secuana”
Estrabón, IV, 5

Durante un tiempo fueron aliados, o tal vez clientes, de los belóvacos junto a los cuales se enfrentaron a Roma en las guerras de los años 52 y 51 a.C. Y también, junto a los belóvacos, se sometieron a los romanos tras ser derrotados en estas guerras.

“...diez mil los cáletes (guerreros).....”
Julio César. II, 4, 9

BISALTAS


 Los bisaltas eran una tribu de los tracios asentados en la orilla del Estrimón.

“...el pueblo de los bisaltas ….”

Plinio el Viejo. 
Historia Natural. IV, 38



“De entre los tracios […] los bisaltas [habitaban] el resto del territorio hasta el Estrimón”

Estrabón, VII, frg, 11.



En la antigüedad el río Estrimón señalaba la frontera entre Grecia y Macedonia. En tiempos de Filipo II era el límite oriental del Reino de Macedonia. Hoy día el Estrimón discurre entre Grecia y Bulgaria, y es conocido como Estruma, Struma o Strimonas.



“A continuación, como frontera con Macedonia, el río Estrimón, que nace en el Hemo; hay que señalar que este río vierte en siete lagos antes de seguir de nuevo su curso”

Plinio el Viejo. IV, 38.

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (XX)



7 Tarracon
Entre la desembocadura del Íber y los Promontorios del Pirene, donde se alzan los Trofeos de Pompeyo, la primera ciudad es Tarracon, que no tiene puerto, pero que está situada en un golfo y provista suficientemente de las demás ventajas, y actualmente su población no es menor que la de Carquedón; pues reúne los requisitos para la estancia de los gobernadores y es como la metrópolis, no sólo de la región de a este lado del Íber, sino incluso de la mayor parte de la del otro, y por otra parte las islas Gimnesias, sitas en su proximidades, y Ebuso, islas dignas de mención, reafirman la posición ventajosa de la ciudad. Eratóstenes sostiene que también posee puerto, pero según el testimonio en contra de Artemidoro, no ofrece siquiera condiciones para el anclaje.

8  Emporio y Rodo.
Todo el litoral que va desde las Columnas hasta este punto escasea en puertos, pero desde aquí la costa que sigue tiene ya buenos puertos, y es fértil la tierra de los leetanos, lartolayetas y otros pueblos semejantes hasta Emporio. Esta ciudad es una fundación de los masaliotas, distante del Pirene y de la frontera de Iberia con Céltica unos doscientos estadios. Esta costa es próspera en todos los aspectos y tiene buenos puertos. Allí se encuentra también Rodo, un poblado perteneciente a los emporitanos, aunque algunos afirman que es fundación de los rodios. Tanto allí como en Emporion veneran a la Ártemis Efesia, pero la causa la expondremos en el capitulo referente a Masalia. Los emporitanos vivían antes en una islita cercana a la costa, que actualmente recibe el nombre de Ciudad Antigua, pero ahora viven en tierra firme. La ciudad es doble, dividida en dos por una muralla, por haber tenido anteriormente como cohabitantes a algunos indicetes, los cuales, aunque se regían con leyes propias, quisieron por razones de seguridad tener en común con los griegos el recinto amurallado, y éste fue doble, dividido por una muralla medianera. Pero con el tiempo convergieron hacia la misma constitución política, mezcla de leyes bárbaras y griegas, cosa que sucedió también en otros muchos lugares.

ACERRANOS


Las ciudades de los acerranos, como Acerra, junto con la de otros grupos vecinos de los latinos, como los cumanos, fueron de las primeras en convertirse en municipios romanos, hacia el 343 a. C.

Los municipios eran comunidades con derecho de ciudadanía romana, pero sin voto (civitates sine sufragio). Era una forma peculiar de integrar las ciudades en el estado romano, sus habitantes estaban sujetos a las obligaciones tributarias y militares, pero no podian participar en la vida política de la urbe. No formaban parte de las Asambleas ni tenían la posibilidad de presentarse como candidatos a las magistraturas.

Durante la Segunda Guerra Púnica, Aníbal inició el asedio de Acerra, pero los acerranos consiguieron escabullirse antes de que los cartagineses consiguieran completar el cerco.

“Los acerranos tenían más valor que fuerzas, y cuando vieron que el asedio rodeaba sus murallas y que no había esperanza para intentar otra defensa, decidieron escapar antes de que la línea de circunvalación enemiga se cerrase, escabulléndose en la oscuridad de la noche a través de los huecos desprotegidos en los trabajos de asedio, y dejándose llevar por cualquier carretera o camino al que les llevase el azar”
Tito Livio, 23, 17

jueves, 20 de diciembre de 2012

GEOGRAFÍA DE IBERIA
ESTRABÓN (XIX)

5. Individualismo de los iberos.
Por lo que respecta a las andanzas de los griegos entre los pueblos bárbaros, podría pensarse que la causa fue el haber estado éstos divididos en pequeñas tribus y reinos que, por orgullo, no se mezclaban entre sí, por lo cual eran débiles contra los que atacaban desde fuera. Este orgullo alcanzó su máxima expresión entre los iberos, a lo que se añadía su trapacería innata y su falta de sencillez. Pues, a pesar de ser prontos en el ataque y bandidos por su género de vida, no se atrevían sino a pequeñas empresas, no acometiendo las importantes por no poder contar con grandes ejércitos ni confederaciones. Porque, si hubieran querido unir sus armas, no les habría sido posible a los cartagineses atacar y someter impunemente a la mayor parte de ellos, ni aún antes a los tirios, luego a los celtas, que ahora se llaman celtíberos y berones, ni al bandido Viriato ni a Sertorio después, ni a cualesquiera otros que ansiaban acrecentar sus reinos. Los romanos, en luchar contra los iberos parte por parte y pueblo por pueblo emplearon un largo tiempo, sometiendo ya a unos ya a otros, hasta que los tuvieron a todos bajo su poder casi a los doscientos años o aún más. Pero voy a volver a la descripción.

6 Litoral Cartagena-Ebro.
A continuación está pues Carquedón la Nueva, fundación de Asdrúbal, sucesor de Barca, el padre de Aníbal, que es con mucho la más poderosa de las ciudades de esta región, pues cuenta con la seguridad de su emplazamiento, con un sólido amurallamiento, puertos, un lago y las minas de plata de las que hemos hablado. Tanto allí como en los lugares cercanos prolifera la industria de salazón. Es éste el mayor emplazamiento comercial de las mercancías llegadas por mar para las gentes del interior, y de productos locales para todas las del exterior.
La costa que va desde aquí hasta el Íber se interrumpe más o menos a la mitad con el río Sucron y su desembocadura y la ciudad del mismo nombre; discurre desde la cordillera colindante con la cadena montañosa se queda por encima de Málaca y de la zona de  Carquedón, es vadeable a pie y casi paralelo al Íber, y dista de Carquedón un poco menos que del Íber. Entre el Sucron y Carquedón hay tres poblados de masaliotas no muy lejos del río. El más conocido de ellos es Hemeroscopio, que posee sobre el cabo un santuario muy venerado de la Ártemis Efesia, del cual se sirvió Sertorio como base de operaciones para sus empresas marítimas por estar bien defendido y ser propio de piratas y visible desde muy lejos para los que lleguen por mar. Se llama Dianio, es decir, Artemisio, y tiene cerca unas minas de hierro que rinden bastante y dos islotes, Planesia y Plumbaria, y más al interior un lago salado de cuatrocientos estadios de perímetro. A continuación, la Isla de Heracles ya junto a Carquedón, que llaman Escombroaria por los escombros que allí se pescan, con los que se prepara el mejor garum. Está a una distancia de veinticuatro estadios de Carquedón.
Siguiendo al otro lado del Sucron en dirección a la desembocadura del Íber, encontramos Sagunto, fundación de los zacintios, al destruir la cual, contra lo que había pactado contra los romanos, desencadenó Aníbal la segunda guerra contra los cartagineses. Cerca se hallan las ciudades de Querroneso, Oleastro y Cartalia; y en la travesía misma del Íber, la colonia Dertosa. El Íber corre hacia el Mediodía teniendo sus fuentes en territorio cántabro y es paralelo, a través de una gran llanura, a los montes Pirineos.

martes, 18 de diciembre de 2012

PINTURAS DE GUERRA


 "Todos los britanos se impregnan de glasto, que produce un color azulado, y gracias a ello su aspecto se antoja más horripilante en el combate"
Julio César, 
La Guerra de las Galias V, 14, 2

lunes, 17 de diciembre de 2012

LOS GITANOS Y LA MALDICIÓN DE LA FORJA.



Aquella mañana amaneció con más ajetreo de lo habitual, en el acuartelamiento romano de la ciudad de Jerusalén, tras una larga noche en la que fustigaron sin piedad, y coronaron sus sienes de espinas, de aquel, que el pueblo aclamaba como “rey de los judíos”. Una enfervorecida multitud se congregaba, desde algunas horas antes del alba, esperando que se abriesen las grandes puertas, y saliese su Mesias, para acompañarlo en lastimosa procesión, en su calvario, camino del Gólgota.

El Legado imperial, se reunió con dos de sus centuriones, les entregó una bolsa con veinte denarios, y les encomendó la misión, de que con ese dinero, comprasen a un herrero, los cuatro clavos, para colgar del madero, a Jesús, el hijo del carpintero.

Publio Cornelio y Anco Marcio, eran tan valientes y arrojados en el combate, lo que les valió el rápido ascenso al centurianado, como truhanes y borrachos, cuando no portaban armas. Así es que antes de realizar la tarea que se les había solicitado, pasaron por la taberna, donde dieron buena cuenta del buen vino de Galilea, y gozaron de los placeres carnales, de las afamadas y pasionales bailarinas asirias, dejando allí, la mitad de los denarios.

Las calles de la ciudad, reverberaban, bulliciosas y concurridas, como era habitual a esas horas de la mañana, y Publio y Anco, se dirigieron, por los mal empedrados caminos, a la calle de los herreros, en busca de una fragua, donde les forjaran los clavos.

En primer lugar entraron en el taller de Maese Jebediah, un humilde judío, de avanzada edad, de pelo cano y piel curtida por años de trabajo junto al fuego. Le solicitaron su encargo, y mientras Jebediah manejaba el fuelle para avivar las brasas, preguntó que quién iba a ser ejecutado. Los dos centuriones se miraron extrañados, como era posible, de que aquel hombre, no estuviese al tanto de lo que ocurría en su ciudad. Los centuriones ignoraban, que hacía ya muchas lunas, que Jebediah permanecía encerrado en su taller, en una especie de reclusión autoimpuesta, sin querer saber nada del mundo en que vivía, precisamente desde el maldito día, que la lepra arrancó de sus brazos, a la mujer que era toda la alegría, desde aquel momento, Jebediah estaba enterrado en vida.

Cuando Anco Marcio, respondió a Jebediah, que Jesús, el hijo el Carpintero, iba a ser ejecutado, el afable anciano, detuvo el fuelle, los miró contrariado, con el rostro lleno de terror, y cortésmente les pidió que abandonasen su taller, pues ese era un encargo, que un buen judío como él no podía de ninguna manera aceptar.

Bien, no pasa nada, pensaron los dos centuriones, aún quedan muchos herreros a los que visitar, y se dirigieron a preguntar a Samael, que tenía su taller unos diez pasos calle abajo. Samael acababa de ser padre, su joven y bella esposa, había colmado de dicha al muchacho, al dar a luz a un robusto y sano retoño, por tanto, la familia necesitaba más que nunca los denarios romanos. Aunque, esta vez, a pesar de las necesidades económicas, el forjador ni tan siquiera movió un dedo, en cuanto supo de que se trataba, expulsó de mala manera a los romanos de su casa.

Y así pasaron casi toda la mañana Anco y Publio, de taller en taller, de fragua en fragua, recibiendo en todas un no por respuesta, ninguno de aquellos gentiles hombres, estaba dispuesto a forjar los clavos que atravesarían la piel, desgarrarían la carne y acabarían con la vida, del “Rey de los Judios”.

Irremediablemente se acercaba la hora de la ejecución, y aún no habían conseguido los clavos, cuando de pronto, al final de la calle, en una esquina, se abrió la puertezuela del taller más oscuro y mísero de todo Jerusalén. Asomaron las cabezas y dentro encontraron a un muchacho, de apenas veinte años, de pelo color azabache y de tez morena, se trataba de Manuel “el Gitano”. Los dos romanos pasaron, y preguntaron al gitano si podría forjarles cuatro clavos; el herrero se limitó a responder - ¿Cuánto me van a pagar? – y se puso enseguida, manos a la obra. Con el fuelle avivó el fuego hasta que los cuatro trozos de metal se hallaban incandescentes, luego los fue pasando uno a uno al yunque y a templarlos con el martillo, tras lo cual, los iba introduciendo en agua, para enfriarlos.

Uno, dos, tres clavos….se hacía tarde, asi, mientras Manuel golpeaba el último clavo, Anco y Publio, pensaron que con tres sería suficiente, no podían aguardar más tiempo, soltaron la bolsa con los diez denarios restantes, agarraron los tres clavos, que aun quemaban, y salieron corriendo callejón arriba, en dirección al Gólgota. Qué suerte, pensó Manuel, me han pagado bien, y no había tenido necesidad de entregar los cuatro clavos, de esta forma, siguió golpeando y golpeando, hasta que hubo dado forma al cuarto clavo, inmediatamente lo introdujo en el cubo con agua.

Tres horas más tarde, en el monte Gólgota, Jesús, el hijo del Carpintero exhaló su último suspiro, el cielo se oscureció de repente en pleno día, los ciclópeos muros del templo se resquebrajaron, definitivamente, el hijo de Dios, había muerto.

Esa misma noche, Manuel se fue feliz a la cama, había sido un buen día para él, gastó parte del dinero en una suculenta y copiosa comida, y en unos odres de buen vino, y aún le quedaban denarios, para poder pasar sin trabajar un par de días más. Muy de madrugada, una potente luz cegadora, interrumpió el plácido sueño del gitano. Se levantó de su maltrecha cama, se dirigió al lugar de donde provenía la luz, y con horror contempló en su taller, el cuarto clavo, encendido e incandescente…. Lleno de pavor, recogió todas sus cosas, las colocó como pudo a lomos de sus mulas y abandonó precipitadamente su hogar, antes de que los primeros rayos del alba iluminasen de nuevo Jerusalén, Manuel se encontraba a varias leguas de distancia de la Ciudad Santa.

Pasó un mes más o menos, y Manuel se encontraba acampado a las afueras de Bizancio, donde seguía desempeñando su oficio de herrero. Esa jornada fue propicia, le deparó buenas ganancias, y de nuevo, se las prometía felices al ir a dormir, mas antes de poder cerrar los ojos, comprobó con estupor, el clavo ardiendo, en medio de su tienda , otra vez, lo recogió todo a la carrera, cargó sus enseres en las acémilas y puso tierra de por medio…..
Desde aquel fatídico día que Manuel aceptó el encargo de forjar los cuatro clavos, con los que crucificaron al Mesías, la terrible maldición persigue al pueblo gitano, por eso nunca pueden permanecer mucho tiempo acampados en el mismo lugar, porque cada vez, que parece que todo va bien para ellos, se hace tangible la visión horrible del clavo ardiendo, y los gitanos no tienen más remedio, que recoger sus cosas, y continuar con su eterno nomadeo…..
(adaptación libre de una antigua
 y apócrifa leyenda gitana)

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (XVIII)



3 Fundaciones míticas
Tras ésta se encuentra Ábdera, también ella fundación fenicia. Al interior de estos lugares, en la zona montañosa, aparece Odisea y en ella el santuario de Atenea, según han dicho Posidonio, Artemidoro y Asclepiades de Mirlea, un hombre que fue maestro de letras en Turdetania y publicó una Descripción de sus pueblos. Éste mantien que como recuerdos del viaje de Odiseo hay colgados en el santuario de Atenea escudos y tajamares; y que algunos de los que fueron en la expedición con Teucro vivieron entre los calaicos, y que existen allá ciudades, una llamada Helenos y otra Anfílocos, porque Anfíloco habría muerto allí y porque sus compañeros habrían llegado en sus andanzas hasta el interior. Dice que se tiene testimonio de que algunos de los que iban con Heracles y de los que partieron de Mesenia se establecieron en Iberia, y que los laconios sometieron una parte de Cantabria no sólo lo sostiene él, sino también otros. Cuentan también que hay una ciudad Opsicela en el país, fundación de Ocelas, el que cruzó el mar con Antenor y sus hijos en dirección a Italia. Y como ha dicho Artemidoro, hay quienes, dando crédito a los mercaderes gadiritas, están convencidos de que los que viven en Libia más allá de Maurusia, junto a los etíopes occidentales, son llamados lotófagos porque se alimentan de loto, una especie de hierba con su raíz, que no necesitaban beber - aunque no tienen tampoco de qué, por la falta de agua - y que se extienden hasta la región de más allá de Cirene. Otros a su vez son llamados lotófagos son los que habitan una de las dos islas fronteras a la Sirte Menor, Méninx.

4 Homero, geógrafo.
No es de extrañar que el poeta haya compuesto así la leyenda sobre el vagabundeo de Odiseo, de manera que la mayor parte de lo que narra sobre él se sitúa más allá de las Columnas, en el Mar Atlántico; pues lo comprobado por observación concordaba con los lugares y demás aspectos imaginados por él, de modo que no dejaba sin verosimilitud la ficción. Tampoco es de extrañar que algunos, dando crédito a esas mismas historias  a los extensos conocimientos del poeta, hasta convirtieran en hipótesis científicas la poesía de Homero, como hicieron Crates de Malos y algunos otros. Pero otros acogieron semejante intento tan ásperamente que no sólo desterraron al poeta, como si fuera un labrador o un segador, de toda la ciencia geográfica, sino que tomaron por locos a los que acometieron dicha interpretación. Pero a añadir defensa, enmienda u otra cosa por el estilo a lo dicho por aquéllos no se ha atrevido ninguno de los maestros de letras ni de los conocedores de las matemáticas; y, sin embargo, a mi entender es posible defender mucho de lo que dijeron y corregirlo, especialmente todo aquello con lo que Piteas confundió a los que le creyeron por desconocimiento de los lugares occidentales y septentrionales que bordean el Océano. Pero dejemos esto, que exigiría un tratado extenso y específico.

domingo, 16 de diciembre de 2012

LOS PERSAS


VIDA Y COLOR 2
(Colección de Cromos de 1968)
  

El “país de los arios”, o Irán, se extiende entre Armenia y el Indo; ese territorio fue denominado antiguamente Persia y, a partir del siglo VI a.C., constituyó el centro de un gran imperio dirigido por una minoría de hombres oriundos de la provincia de Chiraz, es decir, los persas propiamente dichos. Desde la prehistoria, la privilegiada situación geográfica de la región la había convertido en puente natural entre los hombres que habitaban en o alrededor del Mediterráneo y quienes ocupaban las extensiones de Asia Central.

Aunque la civilización persa fue famosa por sus enormes palacios, cuyas ruinas se han conservado hasta nuestros días, conocemos muy escasos vestigios de sus ciudades. Sin embargo, no es difícil imaginar cómo fueron éstas; nuestra lámina ofrece la vista parcial de una aldea persa, compuesta por casas de adobe.

La vida religiosa de los persas estaba regida por el Avesta, conjunto de textos sagrados que expresaban la doctrina de Zoroastro tal y como fue enunciada entre los siglos VII y VI a.C. Zoroastro fue un reformador religioso que predicó la existencia de un dios supremo, Ahura Mazda, señor del bien y creador del mundo, que se identificaba con la luminosidad del cielo. Su emblema fue el sol.

La población persa fue una mezcla de las diversas gentes que a lo largo de muchos cientos de años atravesaron el Irán o se establecieron en él de un modo definitivo.

La orfebrería, elemento necesario para el realce del monarca y el embellecimiento de la mujer, adquirió una calidad muy estimable.

Nuestra lámina presenta a un arquero que viste túnica corta y pantalones, y se protege con casco, escudo y canilleras. Su arco tiene casi dos metros de longitud, lo que quiere decir que impulsa proyectiles a gran distancia.

Aunque en su origen los persas fueron una población de jinetes hábiles de modo exclusivo a la tierra firme, al progresar sus conquistas se vieron obligados a salir al mar y, consecuentemente a dominarlo.

A partir del reinado de Ciro, los monarcas persas encargaron en vida la construcción de gigantescas sepulturas, excavadas, al igual que los hipogeos egipcios, en las paredes verticales de los acantilados rocosos.

Los sasánidas se consideraban descendientes directos de los antiguos aqueménidas, los creadores del gran imperio, y, por ello trataron de devolver al país su perdido esplendor.

El reino sasánida se derrumbó ante el empuje de los ejércitos árabes y bajo la enseña de la Media Luna, Persia perdió parte de su originalidad.

Las montañas agrestes del Irán estuvieron pobladas desde la Antigüedad por cabras montesas. Este animal se enseñoreaba de los riscos, trepaba con facilidad a las enhiestas peñas y saltaba prodigiosamente las quebradas.
GEOGRAFÍA DE IBERIA
ESTRABÓN (XVII)

4 DE LAS COLUMNAS A LOS PIRINEOS. TRIBUS DEL INTERIOR.

1 Medidas de la costa.
Lo que resta de Iberia es la costa, que da al Mar Nuestro, desde las Columnas hasta el Pirene y toda la zona al interior de ésta, de anchura varia y de longitud algo mayor de cuatro mil estadios, mientras que la del litoral queda dicho ya que es dos mil estadios aún más larga. Dicen que desde Calpe, la montaña de las Columnas, hasta Nueva Carquedón hay dos mil doscientos estadios, y que esta costa está habitada por bastetanos, a los que también se llama bástulos, y en parte también por oretanos. Desde allí hasta el Íber hay aproximadamente otros tantos estadios: esa parte de la costa la ocupan los edetanos. De la orilla de aca del Íber hasta el Pirene y los Trofeos de Pompeyo, mil seiscientos, y la habitan unos cuantos pueblos edetanos, y el resto, los denominados indicetes, divididos en cuatro tribus.

2 Málaca, Menace, Sexi.
Comenzando parte por parte desde Calpe, hay primero una cordillera montañosa que pertenece a Bastetania y a los oretanos, con un bosque frondoso y de altos árboles, que separa la costa del interior. También allí se dan con profusión las minas de oro y otros minerales. La ciudad más importante de esta costa es Málaca, distante de Calpe lo mismo que Gádira; es un emporio para los nómadas de la costa de enfrente y tiene grandes saladeros. Algunos piensan que esta ciudad es la misma que Menace, más alejada de Calpe, fue destruida hasta los cimientos, aunque conserva vestigios de una ciudad griega, en tanto que Málaca, más cercana, es de configuración fenicia. A continuación está la ciudad de los saxitanos, con cuyo nombre se designan también sus salazones.

jueves, 13 de diciembre de 2012

LAOCOONTE

. . . el inocente Laoconte, cometió tres terribles
errores que sellaron su destino;
pasar por el sitio equivocado;
estar allí en un momento inapropiado
y decir lo que nadie era capaz de ver. . .

Laocoonte y sus hijos son castigados por Apolo, que envía dos serpientes, de nombre, Porces y Caribea, para que los asfixie y los sepulte bajo el mar. El desdichado sacerdote Laocoonte trataba de advertir a los incautos troyanos de los peligros que conllevaba el aceptar un presente de unos griegos, que hasta hacía unas horas, intentaban por todos los medios tomar al asalto los altos muros de la ciudad.

¡Necios, no os fieis de los griegos ni siquiera cuando os traigan regalos!
Virgilio, Eneida
Apolo destruyó a Laocoonte y a sus vástagos, Antifante y Timbreo (al que algunos llaman Melanto) , para que no evitaran el éxito del ardid de los griegos.

Ellas, con marcha firme, se lanzan hacia Laocoonte; primero se enroscan en los tiernos cuerpos de sus dos hijos, y rasgan a dentelladas sus miserables miembros; luego arrebatan al padre que, esgrimiendo un dardo, iba en auxilio de ellos, y lo sujetan con sus enormes anillos: ya ceñidas con dos vueltas alrededor de su cuerpo, y dos veces rodeado al cuello el escamoso lomo, todavía exceden por encima sus cabezas y sus erguidas cervices. Pugna con ambas manos Laocoonte por desatar aquellos nudos, mientras chorrea de sus vendas baba y negro veneno, y al propio tiempo eleva hasta los astros espantables clamores...
Virgilio, Eneida
Agesandro, y sus hijos, Poludoro y Ahenodoro, de la escuela de Rodas, fueron los artífices de este grupo escultórico realizado en mármol, que sirvió para decorar la Domus Aurea de Nerón y en la actualidad podemos disfrutar en el Museo del Vaticano.

La escultura “Laocoonte y sus hijos” fue descubierta en 1506, y los hombres del Renacimiento vieron en su dramatismo el ideal de la Antigüedad. El mismo Plinio el Viejo en su Historia Natural escribe que esta “obra debe ser situada por delante de todas, no sólo las de arte de la estatuaria, sino también de las de la pintura”.

La escultura muestra una composición piramidal, con la cabeza de Laocoonte como vértice superior. Los artistas rodios insuflaron dramatismo al rostro de Laocoonte, dolor físico por su sufrimiento y dolor humano al contemplar el fatal destino al que había conducido a sus propios hijos.

lunes, 10 de diciembre de 2012

LOS SUMERIOS

VIDA Y COLOR 2
(Colección de Cromos de 1968)

Mesopotamia, es decir, " el país entre ríos" (Tigris y Éufrates), tuvo desde la prehistoria una población de agricultores sedentarios que habitaban en las llanuras aluviales, de suelo fértil fácilmente irrigable. Hacia el año 3.500 a.C. se produjo la invasión de estas tierras por una oleada de gentes de origen incierto: los sumerios. 
 El prototipo de ciudad sumeria fue Lagash, cuya organización conocemos a través de numerosos textos y cuyos vestigios han sido descubiertos por los arqueólogos.  
Casi todas las ciudades, o por lo menos las más importantes, veneraban a un dios propio del que eran servidores directos los sacerdotes que vivían en el templo. Algunas divinidades sumerias adquirieron, sin embargo, una fama mayor de la habitual y su culto se extendió a todo el país; entre éstas las más importantes fueron Anu, señor del cielo, e Innana, diosa de la fecundidad, ambos originarios de la ciudad de Uruk, Enlil, dios del universo adorado en Nippur cuyos símbolos - el sol y la luna creciente - vemos en esta lámina, y Enki, dios de las aguas al que estaba consagrada la ciudad de Eridú. 
 A través de las obras de arte - relieves y esculturas exentas - que se han conservado hasta nuestros días sabemos cual fue el aspecto físico de los sumerios. 
 En nuestro grabado aparece el retrato de una mujer sumeria. Su rostro es muy parecido a los que podemos encontrar hoy en las calles de Bagdad o en las aldeas iraquíes. 
 La supremacía de los semitas de Acad se mantuvo durante un siglo y medio a costa de constantes luchas con pueblos bárbaros de oscura procedencia que trataban de forzar la entrada del país. El monarca Narm-Sin fue capaz de mantenerlos a raya.
El clima caluroso de Mesopotamia determinó que los sumerios desarrollaran al aire libre casi todas sus actividades
Diversos campesinos atareados en la labor de aplanar, pisoteándolas, las esteras destinadas a formar la techumbre de la cabaña que aparece en último término. 
 A comienzos del tercer milenio apareció en Mesopotamia un rudimentario sistema de escritura que venía a satisfacer las necesidades comerciales de estas sociedades. 
 Durante la época de florecimiento de las ciudades mesopotámicas se produjeron reproducciones humanas o de animales que hoy, cinco mil años después de que fueran talladas, nos parecen de una asombrosa modernidad.
 La fauna de Mesopotamia estuvo compuesta por numerosas variedades de animales salvajes. Los artistas de Sumer reprodujeron muchas de ellas en sus obras: leones, águilas, buitres, toros salvajes, muflones, cabras montesas. . . Pero en los relieves de piedra no figuró jamás la representación de la hiena, animal que recorría la llanura atraído por el dolor de la carroña. Sin duda, a los sumerios no les agradó este carnívoro de costumbres nocturnas y aullido que remeda la risa humana; tampoco su figura grotesca - tiene las patas traserass más cortas que las delanteras - y su andar desgarbado fueron lo suficientemente atractivos como para que los artistas plasmaran su imagen. Tras los combates mantenidos por el ejército acadio con los pueblos bárbaros que habitaban las fronteras del país, los campos de batalla se convirtieron en punto de reunión de innumerables manadas de hienas que se disputaban ferozmente los cadáveres. Por esta razón, el pacífico campesino sumerio identificó a dichos animales con los malos espíritus.        

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (XVI)


7 Montañeses del Norte.
Todos los montañeses son austeros, beben normalmente agua, duermen en el suelo y dejan que el cabello les llegue muy abajo, como mujeres, pero luchan ciñéndose la frente con una banda. Comen principalmente chivos, y sacrifican a Ares un chivo, cautivos de guerra y caballos. Hacen tambien hecatombes de cada especie al modo griego, como dice Píndaro:

de todo sacrificar cien.

Realizan también competiciones gimnásticas, de hoplitas e hípicas, con pugilato, carrera, escaramuza y combate en formación. Los montañeses, durante dos tercios del año, se alimentan de bellotas de encina, dejándolas secar, triturándolas y luego moliéndolas y fabricando con ellas un pan que se conserva un tiempo. Conocen también la cerveza. El vino lo beben en raras ocasiones, pero el que tienen lo consumen pronto en festines con los parientes. Usan mantequilla en vez de aceite. Comen sentados en bancos construidos contra el muro y se sientan en orden a la edad y el rango. Los manjares se pasan en círculo, y a la hora de la bebida danzan en corro al son de flauta y trompeta, pero también dando saltos y agachándose, y en Bastetania danzan también las mujeres junto con los hombres cogiéndose de las manos. 

Todos los hombres visten de negro, sayos la mayoría, con los que se acuestan también sobre jergones de paja. Utilizan vasos de madera, igual que los celtas. Las mujeres van con vestidos y trajes floreados. En vez de moneda, unos <...> y los que viven muy al interior se sirven del trueque de mercancías, o cortan una lasca de plata y la dan. A los condenados a muerte los despeñan y a los parricidas los lapidan más allá de las montañas o de los ríos. Se casan igual que los griegos. A los enfermos, como antiguamente los egipcios, los exponen en los caminos para que los que la han pasado les den consejos sobre su enfermedad. Para las subidas del mar y los pantanos usaban, hasta la época de Bruto, embarcaciones de cuero, pero hoy día incluso las talladas a partir de un solo tronco son ya raras. Su sal es púrpura, pero blanca una vez molida. Este, como he expuesto, es el género de vida de los montañeses, y me refiero a los que jalonan el flanco norte de Iberia: calaicos, astures y cántabros hasta llegar a los vascones y el Pirene; pues el modo de vida de todos ellos es semejante. Pero temo dar demasiados nombres, rehuyendo lo fastidioso de su transcripción, a no ser que a alguien le agrade oír hablar de los pleutauros, bardietas, alotriges y otros nombres peores y más ininteligibles que éstos.

8 La Paz Romana.
 Pero su ferocidad y salvajismo no se deben sólo al andar guerreando, sino también a lo apartado de su situación; pues tanto la travesía por mar como los caminos para llegar hasta ellos son largos, y debido a la dificultad en las comunicaciones han perdido la sociabilidad y los sentimientos humanitarios. Actualmente padecen en menor medida esto gracias a la paz y la presencia de los romanos, pero los que gozan menos de esta situación son más duros y brutales. Y por otra parte, existiendo como existe en algunos pueblos una miseria derivada de los lugares y montañas donde viven, es natural que se acentúe tan extraño carácter; pero ahora, como dije, han dejado todos de luchar: pues con los que aún persistían en los bandidajes, los cántabros y sus vecinos, terminó el César Augusto, y los coniacos y los que viven junto a las fuentes del Íber, los plentuisos, en vez de saquear a los aliados de los romanos, luchan ahora a favor de éstos. Y Tiberio, sucesor de aquél, apostando un cuerpo de tres legiones en estos lugares por indicación de César Augusto, no sólo los ha pacificado, sino que incluso ha civilizado ya a algunos de ellos.

domingo, 9 de diciembre de 2012

OLISIPO



Cuenta una leyenda que Lisboa fue fundada por el astuto e intrépido Ulises, una vez finalizada la guerra de Troya y antes de regresar a Ítaca. La ciudad tomó el nombre de Odiseo, en este caso Olisipo. El héroe de la Odisea bien pudo desembarcar en una de la arenosas orillas del río Tajo en su interminable periplo marítimo.

sábado, 8 de diciembre de 2012

CASA DE LAS VESTALES

EN EL FORO DE ROMA
 Las vestales eran chicas jóvenes (preferentemente guapas y atractivas), que consagraban su intacta virginidad a la diosa Vesta. Vivían todas juntas en este edificio, que contaba con más de cincuentas estancias y su principal función era mantener siempre encendido el fuego del Templo de Vesta y por ello contaban con importantes privilegios que las diferenciaban de otras damas romanas. 
Entrada a las estancias interiores donde moraban las vestales.
 Si el fuego se apagaba podían ser azotadas y si perdían la virginidad el castigo era terrible . . . ser sepultadas en vida.
Estanque en el patio exterior.

Detalle de las estatuas que ornamentan el patio y templo de Vesta al fondo.
 
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