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domingo, 3 de febrero de 2019

SANCHICORROTA, EL BANDOLERO DE LAS BÁRDENAS.




Antes que Curro Jiménez o José María Hinojosa “el Tempranillo” muchos bandoleros camparon a sus anchas por las vastas extensiones de tierra de la Piel de Toro, desde Viriato a Corocotta, pasando por el incansable Sanchicorrota, que convirtió las áridas y yermas tierras de las Bárdenas Reales en su campo de acción.

En el siglo XIV la Bárdena era terreno despoblazo, zona de frontera con el Reino de Aragón, alejada de núcleos urbanos y vías de comunicación, e ignorado por cualquier tipo de jurisdicción. Un lugar peligroso y unas circunstancias que favorecían la existencia de cuatreros y ladrones de ganado, de salteadores de caminos y salvajes bandoleros. Si bien no existían (ni existen) bosques frondosos donde buscar refugio, había barrancos y mucha tierra por donde escapar al galope.

De todos estos forajidos y personajes de mala vida, destacó el legendario Sanchicorrota, un rey sin corona que dominaba desde su caballo toda la tierra que le rodeaba. La leyenda recuerda a un hombre cruel, capaz de eliminar a quienes le ayudaron a construir su cueva para evitar que delatasen su posición, pero también a un ser bondadoso y comprensivo, que no dudaba en repartir el botín entre los más necesitados.

La tradición oral ha conservado el recuerdo de sus gestas y de su astucia, que según cuentan, puso al revés las herraduras de su montura, de modo que nadie era capaz de decir si iba, o si venía. Sanchicorrota fue genio y figura hasta la sepultura, ya que ante la inminencia de su captura, decidió quitarse la vida. No obstante su cuerpo fue expuesto durante tres días en Tudela para escarnio público.


lunes, 10 de julio de 2017

EL BOSQUE EN LA EDAD MEDIA.



El panorama medieval estaba dominado por el bosque y todas las formas de vida que dicho espacio conlleva. El bosque impregna toda la cultura del Edad Media.

Vito Fumagalli en su libro “Las piedras vivas” escribe: “A lo largo de toda la Alta Edad Media, los bosques y selvas fueron, hasta el siglo XI, un medio familiar para el hombre, que llevaba a cabo en estos lugares una serie de actividades como la pesca, la caza y la cría de ganado al aire libre. Toda una población de pastores y leñadores pululaba por ellos, e incluso los bosques menos frecuentados por el hombre lo estaban en cierto modo, ya que en ellos se establecían grupos de ladrones, ermitaños, bandas de salteadores, invasores, como los magiares, u otros pueblos que acudían del norte, del este o del sur hacia la Vieja Europa”.

El Occidente Medieval quedará configurado por multitud de pequeñas islas, en forma de castillo, aldea, monasterio o ciudad, en medio de un inmenso océano verde, un manto de bosques, desoladas llanuras, inhóspitos páramos e insalubres y ciénagas cubren todas las tierras europeas, especialmente al Norte de los Alpes.

El bosque marca la frontera entre el hombre y la naturaleza, una frontera de límites difusos, que se cruza una y otra vez en ambas direcciones; el Noble disfrutará de la caza que le ofrece, el Caballero Andante se adentra en su espesura en busca de aventuras, el Campesino roturará sus tierras para cultivar, el Leñador proveerá de madera a toda la comunidad, el Pastor llevará sus rebaños a pastar, el Boyero lo atravesará con sus reses, el Proscrito encontrará un refugio seguro, el Ermitaño se alejará del mundo, el Bandolero vagará por senderos ocultos donde emboscarse y, más tarde, huir, y el Monje hallará la soledad necesaria para alcanzar su comunidad con Dios.

El Bosque es un elemento esencial para el hombre medieval.


lunes, 16 de junio de 2014

BAGAUDAS



Si el estado no es capaz de proteger a sus gentes, los que nada tienen se organizan, se lanzan al monte y al camino a vivir como depredadores, y no tienen inconvenientes en enfrentarse abiertamente a los cuerpos armados oficiales. 

A mediados del siglo V, el Imperio Romano hacía aguas por todas partes, su presencia militar en Hispania era cada vez más débil y testimonial, los recursos económicos parecían estar agotados y la agitación social (latente en épocas de bonanza) se materializó en un movimiento de rebelión; los bagaudas. 

Los bagaudas fueron un variopinto ejército (o más bien milicias) formadas por esclavos, campesinos empobrecidos, bandoleros y todos aquellos, que descontentos con el sistema, estaban dispuestos a tomas las armas y dirigirlas contra el (declinante) poder establecido. 

La corrupción de magistrados, recaudadores y grandes propietarios, conducen a los más humildes a un empobrecimiento extremo, y muchos de ellos no ven más salida,  que renunciar a la ciudadanía y convertirse en perseguidos y proscritos. Y a esta masa de gente honrada y desesperada, se irán uniendo bandoleros y delincuentes comunes, haciendo causa común contra la opresión institucional.

Salviano toma partido por estos depauperados sociales y los caracteriza como: "expoliados, afligidos, aniquilados por jueces malos y crueles".

Los bagaudas aparecieron de forma intermitente durante varias generaciones, y popularmente eran conocidos como "los habitantes de los bosques". Aunque el significado exacto de la palabra bagauda sigue siendo desconocido. 

Se trataba de grupos heterogéneos, que únicamente tenían en común la pobreza y el estar situados al margen de la ley; esclavos, proscritos, desertores, desheredados, ciudadanos arruinados o ladrones. Con una organización militar muy rudimentaria y mal armados, combatieron utilizando la táctica de la guerra de guerrillas. Los bandoleros y desertores conformaron la oficialidad de estos curiosos ejércitos. 

En 449 Basilio se puso al frente de ellos y asolaron el Valle del Ebro, y junto al rey suevo Requiario tomaron Zaragoza y Lérida. Las acciones bagaudas consistían en razzias y saqueos a campos y grandes propiedades, para obtener botín. Puntualmente también protagonizaron golpes de mano sobre ciudades, aunque nunca llegaron ni a ocuparlas, ni a dominarlas, lo que demuestra el escaso (o nulo) apoyo que tenían entre la población urbana. 

En el año 455 los visigodos, en nombre de Roma, exterminaron este movimiento, y los supervivientes fueron reubicados como campesinos feudatarios. 

Hasta que punto la bagauda fue un movimiento organizado, con unos fines claros de rebelión contra el poder romano en Hispania, sigue siendo objeto de debate entre los entendidos en la materia.

jueves, 20 de diciembre de 2012

GEOGRAFÍA DE IBERIA
ESTRABÓN (XIX)

5. Individualismo de los iberos.
Por lo que respecta a las andanzas de los griegos entre los pueblos bárbaros, podría pensarse que la causa fue el haber estado éstos divididos en pequeñas tribus y reinos que, por orgullo, no se mezclaban entre sí, por lo cual eran débiles contra los que atacaban desde fuera. Este orgullo alcanzó su máxima expresión entre los iberos, a lo que se añadía su trapacería innata y su falta de sencillez. Pues, a pesar de ser prontos en el ataque y bandidos por su género de vida, no se atrevían sino a pequeñas empresas, no acometiendo las importantes por no poder contar con grandes ejércitos ni confederaciones. Porque, si hubieran querido unir sus armas, no les habría sido posible a los cartagineses atacar y someter impunemente a la mayor parte de ellos, ni aún antes a los tirios, luego a los celtas, que ahora se llaman celtíberos y berones, ni al bandido Viriato ni a Sertorio después, ni a cualesquiera otros que ansiaban acrecentar sus reinos. Los romanos, en luchar contra los iberos parte por parte y pueblo por pueblo emplearon un largo tiempo, sometiendo ya a unos ya a otros, hasta que los tuvieron a todos bajo su poder casi a los doscientos años o aún más. Pero voy a volver a la descripción.

6 Litoral Cartagena-Ebro.
A continuación está pues Carquedón la Nueva, fundación de Asdrúbal, sucesor de Barca, el padre de Aníbal, que es con mucho la más poderosa de las ciudades de esta región, pues cuenta con la seguridad de su emplazamiento, con un sólido amurallamiento, puertos, un lago y las minas de plata de las que hemos hablado. Tanto allí como en los lugares cercanos prolifera la industria de salazón. Es éste el mayor emplazamiento comercial de las mercancías llegadas por mar para las gentes del interior, y de productos locales para todas las del exterior.
La costa que va desde aquí hasta el Íber se interrumpe más o menos a la mitad con el río Sucron y su desembocadura y la ciudad del mismo nombre; discurre desde la cordillera colindante con la cadena montañosa se queda por encima de Málaca y de la zona de  Carquedón, es vadeable a pie y casi paralelo al Íber, y dista de Carquedón un poco menos que del Íber. Entre el Sucron y Carquedón hay tres poblados de masaliotas no muy lejos del río. El más conocido de ellos es Hemeroscopio, que posee sobre el cabo un santuario muy venerado de la Ártemis Efesia, del cual se sirvió Sertorio como base de operaciones para sus empresas marítimas por estar bien defendido y ser propio de piratas y visible desde muy lejos para los que lleguen por mar. Se llama Dianio, es decir, Artemisio, y tiene cerca unas minas de hierro que rinden bastante y dos islotes, Planesia y Plumbaria, y más al interior un lago salado de cuatrocientos estadios de perímetro. A continuación, la Isla de Heracles ya junto a Carquedón, que llaman Escombroaria por los escombros que allí se pescan, con los que se prepara el mejor garum. Está a una distancia de veinticuatro estadios de Carquedón.
Siguiendo al otro lado del Sucron en dirección a la desembocadura del Íber, encontramos Sagunto, fundación de los zacintios, al destruir la cual, contra lo que había pactado contra los romanos, desencadenó Aníbal la segunda guerra contra los cartagineses. Cerca se hallan las ciudades de Querroneso, Oleastro y Cartalia; y en la travesía misma del Íber, la colonia Dertosa. El Íber corre hacia el Mediodía teniendo sus fuentes en territorio cántabro y es paralelo, a través de una gran llanura, a los montes Pirineos.

sábado, 8 de diciembre de 2012

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (XV)


5 Ártabros y montañeses.
Los que viven más alejados son los ártabros, en las proximidades del cabo que llaman Nerio, que separa los flancos occidental y norte. En sus cercanías viven celtas, emparentados con los de las orillas del Anas. Dicen que en una ocasión en que hicieron allí una campaña militar éstos junto con los túrdulos, se sublevaron tras pasar el río Limea, y que luego de la revuelta, como sobreviniera la pérdida de su jefe, permanecieron en el lugar dispersos; y por esto es por lo que el río sería llamado Olvido. Tienen los ártabros numerosas ciudades agrupadas en el golfo que los navegantes que tienen relación con estos lugares denominan Puerto de los Ártabros. Hoy día se llaman arrotrebas a los ártabros.

Son alrededor de treinta las tribus que se reparten el territorio entre el Tago y los ártabros, pero a pesar de ser próspera la región por sus frutos, pastos y abundancia de oro, plata y metales análogos, la mayoría de ellos pasaban la vida apartados de la tierra, en piraterías y en continua guerra entre sí y contra sus vecinos de la otra orilla del Tago, hasta que los pacificaron los romanos, haciéndolos bajar al llano y convirtiendo en aldeas la mayor parte de sus ciudades, aunque también asociándose a algunas como colonos en mejores condiciones. Fueron los montañeses los que originaron esta anarquía, como es natural; pues al habitar una tierra mísera, y tener además poca, estaban ansiosos de lo ajeno. Los demás, al tener que defenderse, quedaron por fuerza en la situación de no poder dedicarse a sus propias tareas, de modo que también ellos guerreaban en vez de cultivar la tierra. Y sucedía que la tierra, descuidada, quedaba estéril de sus bienes naturales y era habitada por bandidos.

6 Los Lusitanos.
Dicen que los lusitanos que son hábiles en las emboscadas y exploraciones, vivos, llevan armamento ligero, y son expertos en las maniobras. Tienen un escudo pequeño de dos pies de diámetro, cóncavo por delante y sujeto con correas porque no lleva abrazadera ni asas, y portan además un puñal o un cuchillo. La mayoría viste cotas de lino; son raros los que las usan de mallas y cascos de tres penachos, y los demás, cascos de nervios. Los de a pie llevan grebas y varios venablos cada uno. Algunos usan también lanzas, cuyas puntas son de bronce. Se dice que algunos de los que habitan en las inmediaciones del río Durio siguen un modo de vida lacónico (espartano), que utilizan dos veces al día los alipterios, toman baños del vapor que se desprende de piedras candentes, se bañan en agua fría y hacen una sola comida al día, con limpieza y sobriedad. Los lusitanos son dados a los sacrificios y examinan las entrañas sin separarlas del cuerpo; se fijan además en las venas del costado y adivinan palpando. Hacen también predicciones por las entrañas de sus cautivos de guerra, a los que cubren con sayos. Luego, cuando son heridos por el arúspice en las entrañas, adivinan en primer lugar por la forma en que caen. Cortan las manos de los prisioneros y consagran las diestras.

miércoles, 17 de octubre de 2012

CANINEFATES



Pueblo de la Germania, aliados de los romanos y asentados en la desembocadura del Rhin, en el extremo septentrional de la isla de los bátavos.

Los caninefates aparecen frecuentemente mencionados durante la revuelta del bátavo Civilis, luchando en el bando romano. Normalmente formaban una de las alas de caballería del ejército romano.

"Entretanto, habiendo descubierto un vado, manda que el ala de los caninefates y la infantería germana que militaba en nuestras filas rodeen por la espalda a nuestro enemigo".
Tácito. Anales. IV, 73.

A pesar de la alianza, a veces se producían deserciones. Ganasco, fue un caninefate que desertó del ejército romano, y liderando a un numeroso grupo de caucos, otro pueblo germano, se lanzó al pillaje en las tierras de Germania Inferior y luego cometió actos de piratería sobre las costas de la Galia. No obstante, fue rápidamente derrotado por Corbulón. 

"Por el mismo tiempo, los caucos, libres de disensiones internas y exultantes por la muerte de Sanquinio, mientras llegaba Corbulón realizaron incursiones en la Germania Inferior al mando de Ganasco, un caninefate que había militado entre nuestros auxiliares y después había desertado; convertido en pirata, con naves ligeras devastaba sobre todo el litoral de la Galia, sabedor de que eran pueblos ricos y poco belicosos"
Tácito. Anales. XI,18.
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