domingo, 28 de junio de 2015

MATÍAS CORVINO.




He atravesado la llanura húngara  , bajado a las catacumbas de Pecs  , visto una puesta de Sol en Szeged, caminado junto a la orilla del Gran Río en Mohács, ascendido hasta la Roca del Cuervo en Holloko, remontado el Danubio, contemplado la inmensidad desde el castillo de Visegrad, paseado por Szekesfehervar , la ciudad de la Coronación y por Veszprem, la ciudad de las reinas, subido a la inmensa cúpula de la Iglesia Madre húngara en Esztergom e irremediablemente he caído rendido ante la indeleble belleza de Budapest. Definitivamente me enamoré de Hungría, de su gente y de su historia. Por todas partes encontré las huellas de Matías Corvino, uno de los monarcas más recordados en el país magiar; favoreció la implantación del Humanismo en su reino, fortaleció el estado, aspiró al trono imperial, luchó contra turcos, bohemios, polacos y valacos, consiguiendo ademas la mayor expansión territorial en la historia del Reino de Hungría. Coronado en Szekesfehervar, residió en Visegrad, embelleció Buda y murió en Viena. Él mismo quiso contarme su historia.



Matías no había nacido para reinar. Por sus venas no corría sangre azul, ni siquiera era primogénito de su familia, pero al parecer el destino de las personas (afortunadamente) no viene escrito en los genes. Los acertados movimientos estratégicos de los miembros de su poderoso clan, y su propia determinación personal, le convirtieron en uno de los monarcas europeos más reputados (y prestigiosos) del siglo XV, y un símbolo perpetuo para su país, Hungría. Bien es cierto, que la tierra originaria de su estirpe, Transilvania, pertenece desde hace unos cien años, a otro estado, la vecina Rumanía. Hijo de Janos Hunyadi , un reputado comandante conocido como "el Caballero Blanco", famoso por sus batallas (y victorias) contra los turcos, terrateniente transilvano y regente de Hungría durante la minoría de Ladislao V, y de Erzsebet Szilágyi, perteneciente a una noble familia húngara. El Matías niño fue educado en Hunyad (Hunedoara) el centro de las posesiones paternas, por un eminente preceptor, Janos Vitez, tutor, maestro y máxima autoridad religiosa como Arzobispo de Esztergom.



A la muerte de Janos Hunyadi, poco después de salvar Belgrado de las llamas turcas, su primogénito y heredero, Ladislao, se vio envuelto en una rocambolesca conjura palaciega, a consecuencia de la cual fue declarado culpable de traición y decapitado. Matías terminó arrestado en Praga, pero logró, con la ayuda y mediación de Janos Vitecz, establecer una alianza con el rey de Bohemia, Jorge Podiebrad, que además le ofreció a su hija Catalina en matrimonio. En estas circunstancias, Mihaly Szilágyi, hermano de la madre de Matías, quien aún era un niño (y esa circunstancia le salvó de acabar como su hermano mayor), se convierte en el "padrino" del poderoso clan de los hunyadi, y en protector del futuro rey.

La prematura muerte del rey Ladislao V, que ha pasado a la historia como "el Póstumo", provocó una situación de trono vacante, y el enfrentamiento entre las diferentes facciones nobiliarias para imponer a su candidato. Según la tradición, mientras Matías permanecía secuestrado en Bohemia, algunos nobles húngaros juraban sobre las heladas aguas del Danubio que Matías sería su único rey. La actuación de su tío materno Mihaly, que no tuvo inconveniente en usar la fuerza para presionar, intimidar y convencer a los indecisos, su propia madre y otros influyentes aliados de la familia, como Janos Vitecz o su suegro Jorge Podiebrad, resultaron determinantes para que Matías, que sólo tenía quince años, fuese elegido rey de Hungría.



En 1458 Matías era proclamado rey, pero lo coronación oficial y legítima se retrasó uno años, pues la Santa Corona, sin la cual el acto de la coronación carecía de validez, se hallaba en poder del emperador Federico III. Tras varios años de duras y tensas negociaciones, la corona fue devuelta, a cambio de una importante suma de dinero y la promesa de que si Matías moría sin heredero, Federico podría sentarse en el trono magiar. El enfrentamiento entre Matías y Federico fue recurrente a lo largo de las vidas de ambos, pues Federico pretendía reinar en Hungría y Matías convertirse en el emperador del Sacro Imperio.



En 1464, Matías, era coronado rey como dios manda: en la ciudad de Szekesfehervar, por el obispo de Esztergom, Dionisio Szecsi , y con la Santa Corona Húngara. En un rincón de la ciudad de Szekesfehervar un precioso monumento recuerda la coronación del rey Matías.

Muy pronto demostró Matías de que pasta estaba hecho. Su primera decisión importante fue apartar del poder a su tío Mihaly (Miguel para los amigos), el mismo que había propiciado su entronamiento, pues el joven rey, pudo entrever claramante cual era la intención del hermano de su madre; regentar Hungría en nombre de su sobrino. Esta medida anunciaba el ideal político del rey Matías, la monarquía autoritaria, y a lo largo de su reinado fue dando pasos en esa dirección con la finalidad de consolidarla.



En la segunda mitad del siglo XV, Fernando de Aragón, Isabel de Castilla, Lorenzo de Médici, Murad II, Mehmet II, Federico III, Maximiliano I o el propio Matías Corvino personificaron la creación del Estado Moderno. Cada uno de ellos puso un granito de arena (o de cemento según se mire) en la creación de un nueva forma de organizar el estado, dejando atrás definitivamente la esencia y fundamentos de las monarquías feudales. Se trata de los cimientos de las formas estatales que conocemos (y sufrimos) hoy día. Matías forjó alianzas con la baja nobleza y con la dinámica, y por momentos, poderosa burguesía urbana, enfrentados ambos a la gran nobleza, privilegiados y rancios linajes de terratenientes inmovilistas, para dinamitar sus posiciones de preeminencia y lograr la independencia absoluta de la institución monárquica. Para sufragar sus ambiciosos proyectos reformó la hacienda, apartando a la nobleza de los ingresos reales y apoyándose en un cuerpo de funcionarios profesionales.



En Visegrad, a orillas del Danubio, vigilado desde la altura por un auténtico nido de águila fortificado, se levantan los impresionantes restos pétreos de un palacio renacentista, restaurado y engrandecido por el Rey Cuervo, una materialización del poder absoluto que llegó a detentar el rey. Sus ruinas aún conservan la grandeza que el edificio tuvo en vida.

Combatió en diferentes momentos contra todos sus vecinos: su propio suegro, Jorge Podiebrad (acusado de proteger a los husitas) encabezando una cruzada y proclamándose rey de los checos católicos, con el monarca de Polonia Casimiro IV, con el incómodo voivoda valaco Vlad "el Empalador" al que no dudó en arrestar y utilizar como peón en un enorme partida de ajedrez, con los invencibles turcos, con el inteligente Esteban III de Moldavia y sobre todo, con Federico III del Sacro Imperio. La Europa cristiana veía en Matías al general que debía llevarles hacia la definitiva victoria sobre los sultanes otomanos, no obstante, la mayor preocupación de Corvino fue el cetro imperial. Podemos hipotetizar que el plan de Matías consistía en crear un fuerte estado en Europa Central que aglutinaría Hungría, Bohemía y el Sacro Imperio, para hacer frente, con garantías de éxito, al poderoso Imperio Otomano.

Su enfrentamiento con Federico y sus ansias imperiales, le llevaron a sitiar y ocupar Viena en 1485. Todo para nada. Trasladó su corte a la capital austríaca, pero en 1486, los electores imperiales se decantaron por el hijo de Federico, Maximiliano I, al que nombraron Rey de Romanos (es decir, heredero del Sacro Imperio Romano Germánico). Incluso en la carrera de la vida venció Federico, que murió tres años después que Matías.



Aunque Matías jamás alcanzó, ni de lejos, las altas cotas militares de su padre, organizó un moderno ejército para mantener el orden interno, consolidar el poder autoritario dentro de sus fronteras, asegurar las fronteras del país y luchar por sus objetivos expansionistas. Este ejército formado básicamente por mercenarios, soldados profesionales, era conocido como "ejército negro". Este "ejército negro" estaba organizado en tres cuerpos: la caballería pesada, los húsares, unidades de caballería ligera que ganarían fama y popularidad durante la Edad Moderna europea, y la infantería, que incluía arcabuceros. Los arcabuceros eran rodeados y protegidos por escuderos, lanceros y hombres acorazados, de tal forma, que podían disparar con la sensación de parapetarse en un bastión. También incorporó carros husitas, de los que su inteligente (y flexible) padre ya hizo buen uso.

Al año de casarse con Catalina, la hija del rey bohemio murió y Matías quedó viudo. No perdió el tiempo Matías, y encontró a varias amantes, una de las cuales llegó a darle un hijo, bastardo por supuesto, hasta que en el año 1476 contrajo matrimonio con Beatriz, la hija de Ferrante I, rey de Nápoles. Con Beatriz llegaron a la corte húngara poetas, músicos y artistas italianos, que siempre han tenido la extraordinaria capacidad de exportar sus productos; el Renacimiento, los zapatos, el café, los helados, la pasta o la pizza, por nombrar los más conocidos.



Otro de los motivos por los que es alabado y recordado este rey es que, precisamente junto a su segunda esposa, Beatriz, propició la irrupción del Humanismo en tierras húngaras. De un lado Matías se había rodeado de los más selectos pensadores humanistas, empezando por su maestro Janos Vitez, el afamado Janos Panonio, su cronista Antonio Bonfini, o el bibliotecario Galeotto Marzio. El monarca poseía una biblioteca con más de mil volúmenes, digna del más purista de los eruditos. De otro ladro, la reina consorte irrumpió en Hungría con un variopinto cortejo formado por escritores, poetas, músicos, maestros y artistas italianos, que introdujeron en la corte disciplinas antes desconocidos. Además introdujo costrumbres elegantes en la comida y en las formas de vida. Los bravos magiares dejaron de comer el goulash y la paprika, y comenzaron a apreciar las virtudes de la pasta y la pizza.



Los palacios de Buda y de Visegrad fueron embellecidos por deseo y obra de la pareja real, llenando las habitaciones de sus palacios con muebles de lujo y decorando las estancias con pinturas y grabados de excelso gusto italiano.



En 1490 el rey Matías murió en Viena, sin poder llegar a convertirse en emperador. No obstante, consiguió considerables éxitos como monarca, a pesar de no ser de sangre real. La imagen legendaria de Matías, el rey Justo, fue dibujada tras su muerte, pues esta, fue seguida de inestabilidad y disturbios en el reino, por lo que Matías, que defendía a los pobres y derrotaba a los orgullosos señores que abusaban de su poder, encarnaba una época dorada. Una leyenda , un tanto apócrifa, hacia descender a Matías Corvino, a través de su padre Janos Hunyadi, del recordado rey (y emperador) Segismundo de Luxemburgo . Por supuesto, el inteligente Matías jamás se preocupó por desmentir esas historias, ni por aclarar los oscuros orígenes de su progenitor.



El pueblo, siempre ávido de cuentos, chismes, modelos e historietas, convirtió a Matías en protagonista de aventuras y situaciones más o menos irreales, que coadyudaron a forjar la figura post morten del rey justo, campechano y cercano al pueblo. Eso sí, también contaron sus amoríos y peripecias fornicadoras. Juan Carlos I de España circulaba de incógnito con su motocicleta de gran cilindrada por las carreteras de la transición socorriendo a accidentados y necesitados, del mismo modo que Matías Corvino gustaba pasear disfrazado de plebeyo, pasando desapercibido entre el populacho y ofreciendo su ayuda a los más desvalidos. También tuvo Matías a su particular Corina en la figura de Ilonka , joven y hermosa pastora, protagonista de cuentos y narraciones populares.



Visegrad, Budapest, Szekesfehervar, Esztergom, Vezprem, Holloko, Pecs, Mohacs, Szeged, prácticamente no hay ciudad húngara que no recuerde a su rey. Quedaron atrás los reyes santos de la Edad Media, como Esteban o Ladislao, y Matías se convirtió en el prototipo de monarca autoritario renacentista, férreo gobernante y activo humanista, de su mano penetraron en Hungría las nuevas ideas alumbradas durante el Renacimiento.


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