lunes, 22 de junio de 2015

LAÓNICO CALCOCONDILAS.



Viajeros, geógrafos, cronistas, escribanos, exploradores e historiadores, que dejaron sobre papel constancia de su paso por el mundo, de las maravillas que vieron o las atrocidades que oyeron. Objetivos o subjetivos, imparciales o partidistas, sus palabras se nos antojan imprescindibles para, desde nuestro presente, conocer un poco del pasado. Laónico Calcocondilas fue uno de ellos. Miembro de una poderosa familia ateniense del siglo XV, tomando como insignes modelos a Heródoto y Tucídides, redactó una obra en diez volúmenes centrada particularmente en un incipiente Imperio Turco, que comenzaba a dar muestras de su futura grandeza. Primeramente hace un breve recorrido por la historia universal desde los asirios, para describir con más detalle el reinado de Mehmet II, sus batallas y relaciones con los vecinos (como la familia Draculesti), y por supuesto, la conquista de Constantinopla. Calcocondilas murió antes de poder terminar su obra. Pero su obra no se limitó a describir la decadencia de Bizancio y la fulgurante aparición del poder otomano, sino que recoge datos acerca de la Península Ibérica y sus querellas intestinas, Francia i Inglaterra, la historia de Occidente desde Carlomagno y Roncesvalles hasta la Guerra de los Cien Años, Alemania, Rusia, los rumanos y los pueblos ribereños del mar Negro.  
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