miércoles, 24 de abril de 2013

INICIOS DE LA DOMESTICACIÓN ANIMAL V. LOS PRIMEROS ANIMALES DOMÉSTICOS DE EUROPA



La fauna domesticada que aparece al sur de los Balcanes a mediados del milenio IX BP. era similar a la que ya existía en Asia Occidental. Las ovejas y las cabras constituyen entre el 75-80% de los rebaños, seguidas de cerdos y bueyes (mucho más raro) y por último el perro.

En esta región, sur de los Balcanes, existía una importante orientación hacia el ganado ovino, siendo Grecia la primera región de Europa donde constatamos la práctica de este tipo de ganadería. 
Las condiciones naturales, tanto físicas como climáticas, son muy parecidas a las estudiadas para Asia Occidental. Un clima cálido y seco, como el de Grecia, posibilitó el desarrollo de este tipo de ganado que proporcionó a la población proteínas suficientes para no tener que sucumbir ni a la caza ni a la pesca. (En los yacimientos del Neolítico antiguo en Grecia se han encontrado muy pocos restos de animales salvajes y peces).

Este tipo de ganadería ovina pronto comenzó a extenderse hacia el Noreste y hacia el Oeste desde la segunda mitad, del IX milenio BP. La expansión estuvo favorecida por las óptimas condiciones climáticas, aumento de la temperatura en 3 ó 4 grados, lo que permitió introducir especies del sur en regiones meridionales de Europa Central (Macedonia, centro de la antigua Yugoslavia y Bulgaria).


El mismo tipo de ganado - ovino - hizo su aparición en la cuenca de los Cárpatos, antes de finalizar el VIII milenio, se adoptó en Moldavia y también alcanzó el sur de Ucrania a lo largo del VII milenio.

Es interesante aportar, que mientras en la región de los Balcanes prosperaron todas las especies domesticadas durante el Neolítico, los grupos mesolíticos que subsistían en regiones más difíciles e inaccesibles como el desfiladero de las Puertas de Hierro sobre el Danubio, vivían de la caza y la recolección a pesar de algunas incipientes tentativas de domesticar al perro y al cerdo.

Al oeste, la ganadería se extendió hacia el sur de Italia a lo largo del VII milenio, y un poco más tarde, hace 6000 años al sur de Francia. Desde el sur del país galo, se propagaría luego hacia el este de la península Ibérica.



Todas estas regiones marcan el límite septentrional del tipo de ganadería característica del Asia Occidental; ovejas, cabras, bueyes, perros y cerdos.

En regiones de Europa situadas más al norte los animales eran importados desde el sur. Esta importación ocurrió en tiempos tempranos, para el VI milenio se constata la presencia de las cinco especies en la Europa templada.

Al mismo tiempo se producen transformaciones en las prácticas ganaderas de Europa meridional, en las zonas más templadas. La ganadería ovina no terminó de adaptarse y no pudo alcanzar un desarrollo mayor; ni cabras ni corderos encontraron el medio propicio para su crianza. Problema; ninguna de las especies existe en estado salvaje en Europa, lo que impide un aumento de las cabañas de ovicápridos a partir de la fauna salvaje. Otro inconveniente es que la tasa de reproducción de los animales domesticados no alcanzaba para cubrir las necesidad de una población humana en expansión.

La solución pasaba por domesticar otras especies que se adapten mejor al entorno templado y que ya vivieran en estado salvaje en las regiones en cuestión. El buey y el cerdo responden a estos dos criterios, y pronto comenzaron a reemplazar a los ovinos, hacia finales del Neolítico Antiguo.

Se produce un esplendor generalizado en Europa tras la domesticación de estos animales. La cuenca de los Cárpatos se convierte en un auténtico foco de domesticación de bóvidos. Aumentó la cabaña bovina, y el buey se convirtió en el principal animal doméstico de toda la Europa templada.


Sin llegar a los niveles del buey, la domesticación del cerdo tuvo dimensiones considerables, con una importancia igual, o incluso mayor, que los ovinos. En los asentamientos de la Cultura de Cerámica a Bandas, y otras similares, predomina totalmente el buey, seguido unas veces por los cerdos, y otras por los corderos.

Hasta finales del Neolítico Antiguo, los animales domésticos se explotaban únicamente por su carne, si bien es cierto, existían excepciones esporádicas, como el sacrificio, la caza o la utilización de animales (perros) como guardianes de las viviendas y de los rebaños.

Más tarde se descubrió que también se podrían aprovechar recursos secundarios como la leche, la lana y aprovecharse de la tracción animal, para el transporte y la labor agrícola. Todo esto llevó a una segunda fase de domesticación, en la que el hombre buscó la manera (o maneras) de incrementar el tamaño de sus rebaños. Las culturas de Tisza, Herpály y Lengyel, de la Cuenca de los Cárpatos, son ejemplos de esta explosión de la domesticación.

Durante mucho tiempo el hombre consumía la carne de todos los animales domesticados, incluido el perro. Las pruebas de ello son cráneos abiertos para consumir los sesos y los huesos rotos para extraer el tuétano. El hombre no dejó de comer carne de perro hasta finales de la Edad del Bronce; estaríamos con toda probabilidad con el primer tabú alimenticio de la Historia de la Humanidad.


A lo largo del Neolítico, el buey fue el principal aporte de carne, incluso en regiones donde cabras y ovejas eran más numerosas. La carne bovina representa un 40% del total, incluso en regiones netamente ovinas. Debemos tener en cuenta que la carne de un sólo buey, equivale a la de siete ovejas o a la de cuatro o cinco cerdos.

Las cabras y ovejas suponían un importante aporte cárnico durante el Neolítico Antiguo. A partir del Neolítico Medio, el cerdo se convierte en el segundo proveedor de carne tras el buey. En este estadio del Neolítico Medio, se alcanzó la fase de desarrollo de la ganadería.


La caza y la domesticación fueron progresivamente perdiendo peso específico, se ampliaron los diferentes rebaños, aumentó la superficie de tierras cultivadas y como consecuencia del aumento de la población humana se fue destruyendo el hábitat natural de las especies salvajes. Se domesticaron de forma intencionada nuevas especies, como el asno y el caballo, por el trabajo que pueden aportar. En Mesopotamia, se producen los primeros intentos de selección metódica. 
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