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miércoles, 17 de mayo de 2017

BLACK SHUCK



Cánido infernal, lobo para unos, perro para otros, pelo erizado, ojos inyectados en sangre, criatura fantasmal que pulula por bosques, costas y campiñas inglesas. Cuentan los más viejos del lugar que su mirada directa anuncia que morirás antes de que pase un año.

martes, 13 de mayo de 2014

SEPULCRO GÓTICO DE DON PEDRO SUÁREZ



Una de las manifestaciones más espectaculares del estilo gótico son los sepulcros. Un precioso ejemplo es la sepultura de don Pedro Suárez de Toledo. 

Pedro Suárez de Toledo, fue alcalde y notario mayor de Toledo, señor de Casarrubios del Monte y caballero de la Corona de Castilla. Se casó con Juana Meléndez de Orozco, y su hija Inés Ayala, fue tatarabuela de Fernando el Católico. 

Pedro Suárez, como buen militar, falleció en acto de servicio, luchando contra los portugueses en la batalla del Troncoso en 1385.


Durante la Baja Edad Media se muere según la condición social a la que se pertenece, y esto se materializa en el lugar, y la forma de enterramiento. De esta manera, y a partir precisamente de la Baja Edad Media - antes estaba prohibido - la inhumación en el interior de los templos, donde el finado gozaba de la protección de los santos, y donde los demonios tenían más difícil penetrar, se convirtió en práctica habitual. Tras su fallecimiento, Pedro Suárez, fue enterrado en el Convento de Santa Isabel de los Reyes en Toledo, aunque su sepulcro permanece en la actualidad expuesto en el Museo Marés de Barcelona. 

El sepulcro fue elaborado en Toledo, en el taller dirigido por Ferrand González, posiblemente el más importante de la ciudad imperial. Rasgos característicos de las esculturas salidas de este taller son la escasa altura de las camas y su decoración a base de medallones. 

La estatua yacente aparece ataviada con las vestimentas propias de su ocupación terrena, y el mármol se encargaba de eternizar. El caballero se representa con su armadura y el fraile con su hábito. Y en ocasiones con ambos. De esta manera, el noble pretendía ofrecer a los hados del destino una humilde muestra de su piedad.


Siguiendo esta pauta, el caballero Pedro Suárez, viste la armadura, símbolo inequívoco del orden de los bellatores, que queda disimulada bajo el hábito franciscano, puesto que en vida, el ideal cristiano, se superponía a todos los demás. Otro indicador más de franciscanismo, es el cordón que rodea sus escudos, grabados en el sepulcro.

Un elemento característico de la iconografía mortuoria caballeresca es la presencia del perro, normalmente a los pies del difunto, aludiendo a la consabida fidelidad, pero haciendo referencia también a una de las actividades predilectas de la nobleza; la caza. 


El caso del perro del caballero toledano alcanza tintes legendarios. Don Pedro murió valientemente en combate con los portugueses y su compañero canino, siempre fiel, cogió la mano que los enemigos habían cercenado a su señor y la llevó hasta el Convento de Santa Isabel de los Reyes, donde se encontraba su hija María. La desdichada María comprendió rápidamente el mensaje e hizo trasladar los restos de su amado padre desde el campo de batalla para darle cristianas sepultura. Como reconocimiento al valor y lealtad, el protagonista de la hazaña, fue esculpido a los pies de su señor. 

lunes, 29 de abril de 2013

INICIOS DE LA DOMESTICACIÓN ANIMAL VII. EL ALTO NILO Y EL SAHARA ORIENTAL (última parte)



El reciente, y creciente interés por la zona, ha posibilitado reunir más elementos sobre los inicios de la domesticación animal. El cordero, la cabra, el perro y quizás el cerdo, procedían de los animales domesticados en el Sudoeste de Asia. 


Los habitantes del Sahara Oriental comienzan a domesticar al buey hace entre 9000 y 8000 años. La prueba son las osamentas que van sufriendo cambios como consecuencia de la domesticación. 



Una de las claves fue la mejoría climática acaecida entre hace 12000 y 5000 años. La vegetación del Sahel y de Sudán se extendió hacia el Norte. A pesar de esto, el buey salvaje no hubiera podido sobrevivir en el desierto, se tuvo que domesticar en algún lugar del Valle del Nilo. 

Es probable que la domesticación del buey se llevase a cabo a partir del uro, o tal vez del cebú, que lograron sobrevivir en el Valle del Nilo hasta el periodo predinástico. El perro doméstico aparece después del buey y los yacimientos del Neolítico Medio muestran osamentas de ovinos.


Las cinco especies, también el cerdo encontró un entorno relativamente favorable, están presentes en el Valle del Nilo, durante el Periodo Predinástico. No obstante, la actividad ganadera se centró en cabras y ovejas, mejor adaptadas a un medio cada vez más árido. A finales del VI milenio se añade una nueva especie, el asno. Los primeros animales fueron domesticados por su carne, los bovinos también por su leche. Los asnos lo fueron por su capacidad de trabajo y como bestias de carga, a partir del asno salvaje de Nubia. 

viernes, 26 de abril de 2013

INICIOS DE LA DOMESTICACIÓN ANIMAL VI. CHINA Y EL SUDESTE ASIÁTICO



Desconocemos muchos aspectos de los inicios de la domesticación y prácticas ganaderas en estas regiones del planeta. De las cinco  primeras especies domesticadas, el perro, el cerdo y el cordero vivían en estado salvaje en China, y el cerdo en el Sudeste de Asia. 

Mientras China mantenía contactos con Asia Occidental, el vínculo del sudeste con el subcontinente indio no fue muy fluido hasta los inicios de la Era Cristiana. 

En China las civilizaciones neolíticas más antiguas, Culturas de Cishan, de Peiligian y de Dadiwan, hace unos 8.000 años, ya se había domesticado el perro, el cerdo y la gallina. 

En civilizaciones neolíticas posteriores, Culturas de Yangshao y Longshan, aparecen junto al cerdo, perro y gallina, el buey, el cordero y la cabra. Por lo general el cerdo es el más importante, según se desprende del número de osamentas. Una hipótesis para explicar el gran número de suidos, es la posible domesticación del animal in situ, aunque es no está probado. También se han hallado abundantes restos de ovinos. 

En el Sudeste de Asia, los testimonios osteológicos son bastante escasos. Se piensa que el buey pudo ser domesticado hace 7.000 años, hecho confirmado hace 5.500, momento en que ya se había logrado la domesticación de cerdos y perros. 


Los rebaños en China y el Sudeste de Asia eran explotados por su carne. La importante biomasa que ofrecían los bosques, hacían superfluos los intentos de domesticación. Esto explica, quizás, el retraso con respecto a otras regiones estudiadas. 

miércoles, 24 de abril de 2013

INICIOS DE LA DOMESTICACIÓN ANIMAL V. LOS PRIMEROS ANIMALES DOMÉSTICOS DE EUROPA



La fauna domesticada que aparece al sur de los Balcanes a mediados del milenio IX BP. era similar a la que ya existía en Asia Occidental. Las ovejas y las cabras constituyen entre el 75-80% de los rebaños, seguidas de cerdos y bueyes (mucho más raro) y por último el perro.

En esta región, sur de los Balcanes, existía una importante orientación hacia el ganado ovino, siendo Grecia la primera región de Europa donde constatamos la práctica de este tipo de ganadería. 
Las condiciones naturales, tanto físicas como climáticas, son muy parecidas a las estudiadas para Asia Occidental. Un clima cálido y seco, como el de Grecia, posibilitó el desarrollo de este tipo de ganado que proporcionó a la población proteínas suficientes para no tener que sucumbir ni a la caza ni a la pesca. (En los yacimientos del Neolítico antiguo en Grecia se han encontrado muy pocos restos de animales salvajes y peces).

Este tipo de ganadería ovina pronto comenzó a extenderse hacia el Noreste y hacia el Oeste desde la segunda mitad, del IX milenio BP. La expansión estuvo favorecida por las óptimas condiciones climáticas, aumento de la temperatura en 3 ó 4 grados, lo que permitió introducir especies del sur en regiones meridionales de Europa Central (Macedonia, centro de la antigua Yugoslavia y Bulgaria).


El mismo tipo de ganado - ovino - hizo su aparición en la cuenca de los Cárpatos, antes de finalizar el VIII milenio, se adoptó en Moldavia y también alcanzó el sur de Ucrania a lo largo del VII milenio.

Es interesante aportar, que mientras en la región de los Balcanes prosperaron todas las especies domesticadas durante el Neolítico, los grupos mesolíticos que subsistían en regiones más difíciles e inaccesibles como el desfiladero de las Puertas de Hierro sobre el Danubio, vivían de la caza y la recolección a pesar de algunas incipientes tentativas de domesticar al perro y al cerdo.

Al oeste, la ganadería se extendió hacia el sur de Italia a lo largo del VII milenio, y un poco más tarde, hace 6000 años al sur de Francia. Desde el sur del país galo, se propagaría luego hacia el este de la península Ibérica.



Todas estas regiones marcan el límite septentrional del tipo de ganadería característica del Asia Occidental; ovejas, cabras, bueyes, perros y cerdos.

En regiones de Europa situadas más al norte los animales eran importados desde el sur. Esta importación ocurrió en tiempos tempranos, para el VI milenio se constata la presencia de las cinco especies en la Europa templada.

Al mismo tiempo se producen transformaciones en las prácticas ganaderas de Europa meridional, en las zonas más templadas. La ganadería ovina no terminó de adaptarse y no pudo alcanzar un desarrollo mayor; ni cabras ni corderos encontraron el medio propicio para su crianza. Problema; ninguna de las especies existe en estado salvaje en Europa, lo que impide un aumento de las cabañas de ovicápridos a partir de la fauna salvaje. Otro inconveniente es que la tasa de reproducción de los animales domesticados no alcanzaba para cubrir las necesidad de una población humana en expansión.

La solución pasaba por domesticar otras especies que se adapten mejor al entorno templado y que ya vivieran en estado salvaje en las regiones en cuestión. El buey y el cerdo responden a estos dos criterios, y pronto comenzaron a reemplazar a los ovinos, hacia finales del Neolítico Antiguo.

Se produce un esplendor generalizado en Europa tras la domesticación de estos animales. La cuenca de los Cárpatos se convierte en un auténtico foco de domesticación de bóvidos. Aumentó la cabaña bovina, y el buey se convirtió en el principal animal doméstico de toda la Europa templada.


Sin llegar a los niveles del buey, la domesticación del cerdo tuvo dimensiones considerables, con una importancia igual, o incluso mayor, que los ovinos. En los asentamientos de la Cultura de Cerámica a Bandas, y otras similares, predomina totalmente el buey, seguido unas veces por los cerdos, y otras por los corderos.

Hasta finales del Neolítico Antiguo, los animales domésticos se explotaban únicamente por su carne, si bien es cierto, existían excepciones esporádicas, como el sacrificio, la caza o la utilización de animales (perros) como guardianes de las viviendas y de los rebaños.

Más tarde se descubrió que también se podrían aprovechar recursos secundarios como la leche, la lana y aprovecharse de la tracción animal, para el transporte y la labor agrícola. Todo esto llevó a una segunda fase de domesticación, en la que el hombre buscó la manera (o maneras) de incrementar el tamaño de sus rebaños. Las culturas de Tisza, Herpály y Lengyel, de la Cuenca de los Cárpatos, son ejemplos de esta explosión de la domesticación.

Durante mucho tiempo el hombre consumía la carne de todos los animales domesticados, incluido el perro. Las pruebas de ello son cráneos abiertos para consumir los sesos y los huesos rotos para extraer el tuétano. El hombre no dejó de comer carne de perro hasta finales de la Edad del Bronce; estaríamos con toda probabilidad con el primer tabú alimenticio de la Historia de la Humanidad.


A lo largo del Neolítico, el buey fue el principal aporte de carne, incluso en regiones donde cabras y ovejas eran más numerosas. La carne bovina representa un 40% del total, incluso en regiones netamente ovinas. Debemos tener en cuenta que la carne de un sólo buey, equivale a la de siete ovejas o a la de cuatro o cinco cerdos.

Las cabras y ovejas suponían un importante aporte cárnico durante el Neolítico Antiguo. A partir del Neolítico Medio, el cerdo se convierte en el segundo proveedor de carne tras el buey. En este estadio del Neolítico Medio, se alcanzó la fase de desarrollo de la ganadería.


La caza y la domesticación fueron progresivamente perdiendo peso específico, se ampliaron los diferentes rebaños, aumentó la superficie de tierras cultivadas y como consecuencia del aumento de la población humana se fue destruyendo el hábitat natural de las especies salvajes. Se domesticaron de forma intencionada nuevas especies, como el asno y el caballo, por el trabajo que pueden aportar. En Mesopotamia, se producen los primeros intentos de selección metódica. 

jueves, 18 de abril de 2013

INICIOS DE LA DOMESTICACIÓN ANIMAL IV. PRIMERAS TENTATIVAS DE DOMESTICACIÓN EN EUROPA Y SUROESTE DE ASIA



Parece a todas luces evidentes, el hecho, de que la domesticación no se extendió desde un único foco original, al resto de los continentes. Debieron existir varios focos de domesticación en la misma época, a partir del desarrollo social, económico y cultural. 

La domesticación de un especie no tuvo más remedio que ocurrir, en las zonas de distribución en estado salvaje, teniendo lugar en varios lugares al mismo tiempo. Es factible, que los lugares considerados como la cuna de domesticación de una determinada especie, deba esa suposición a que en esos lugares, han sido más sistemáticas las excavaciones y los estudios arqueológicos. 


Tradicionalmente se ha pensado que la domesticación animal comenzó durante el Neolítico. Recientes investigaciones atestiguan que dicha práctica se remonta al Mesolítico, e incluso a las últimas etapas del Paleolítico. No obstante, a pesar de los intentos (frustrados o no), no se llegó a constituir una auténtica cabaña ganadera. Estas primeras tentativas se llevaron a cabo con perros, y más rara vez con cerdos. Ambos animales tienen una alimentación muy parecida a la del hombre y es posible, que en algunas ocasiones se alimentasen de los restos de banquetes humanos. 

El Mundo Occidental (asiático) iba a ser un foco idóneo para iniciar el proceso de domesticación. Tres factores lo hicieron posible:

* Las cinco especies domesticadas durante el Neolítico (perro, cerdo, cabra, oveja y uro), existían en estado salvaje en estas zonas.

* Pudo ser determinante la presencia de cabras y ovejas salvajes, dos especies que se prestan mejor a la domesticación que otras, y esto es debido a muchos motivos; son rumiantes, se nutren simplemente de forraje rico en celulosa (un subproducto de la agricultura como la paja y el heno), producen carne, el alimento que consumen no es apropiado para hombres (ni para cerdos ni perros), presentan talla pequeña, el hombre puede capturar y mantener sin mucho peligro físico, y por último, y no menos importante, son animales frugales que se adaptan muy bien a duras condiciones climáticas y del terreno. 

* Asia Occidental también era rica en gramíneas silvestres que comenzaron a cultivarse, más o menos a la vez, que el inicio de la domesticación. Las dos actividades se desarrollan de forma paralela y complementaria.


Tres de las especies - perro, cerdo y buey - podrían haber sido domesticadas en otros lugares en que vivieron salvajemente, como en Europa, pero el escaso desarrollo económico y cultural, no permitió más que unas pocas tentativas de domesticar al perro. 

Analizando los datos aportados por la ciencia arqueológica relativos a las cincos especies domesticadas durante el Neolítico, llegamos a las siguientes conclusiones.



El Perro fue domesticado en primer lugar, siendo el lobo su antepasado salvaje. Las osamentas más antiguas datan del Pleistoceno final, hace 14.000 años y fueron halladas en la Cueva de Palegawra, en Irak.

El Cordero, posiblemente también fue domesticado en Irak, a principios del XI milenio en Zawi - Chemi. Con seguridad, encontramos restos de cordero plenamente doméstico en Ali Kosh, en Irán (9500 - 8700 a.C.)

La Cabra Doméstica nos ofrece restos en dos yacimientos de Iran, Tepe Asiab y Ganj Dareh, con unos 10.000 años de antigüedad. Aparecen también restos de cabra doméstica, con la misma antigüedad, en Jericó y Ali Kosh. 

Las osamentas más antiguas de Cerdo Doméstica fueron halladas en Qalat Yarmo (Irak) y cuentan con unos 8750 años.


En Catal Hüyuk, Anatolia, fue domesticado por primera vez el buey hace 8.400 años.

Todas estas especies existían en sus formas plenamente domésticas a mediados del IX milenio a.C. Curiosamente, encontramos estas mismas especies de fauna doméstica en Europa, hacia el 8.500. 

La primera forma de ganadería propiamente dicha conocida en el suroeste de Asia se basaba fundamentalmente en dos animales; la cabra y la oveja. En los yacimientos ambas especies constituyen la mayoría del rebaño, más adaptadas al medio que cerdos y bueyes. En principio el cordero dominaba en valles y llanuras, y la cabra en la montaña. Más tarde el cordero adquirió mayor importancia en todos los medios, ya que presenta dos ventajas sobra la cabra; proporciona lana y soporta mejor el calor.

El éxito de esta forma de ganadería es muy variable en el Suroeste de Asia. En los Valles, riberas de grandes ríos y en los piedemontes el hombre no tuvo la necesidad de cazar para proveerse de carne. En las Estepas las condiciones rigurosas de las estepas saladas obligó al hombre a practicar la caza a gran escala. La Montaña, a todas luces, es un medio aún menos favorable para la cría de ganado. 




lunes, 8 de abril de 2013

INICIOS DE LA DOMESTICACIÓN ANIMAL II. DOMESTICACIÓN Y SEDENTARIZACIÓN



Desde sus orígenes, la domesticación de animales, aparece íntimamente relacionada con la sedentarización y con otros aspectos de la Revolución Neolítica. No obstante, la sedentarización no es un estadio previo indispensable para la domesticación, también fue posible domesticar animales sin una sedentarización previa, aunque únicamente en situaciones ecológicas y climáticas extremas, como por ejemplo, las poblaciones nómadas del norte de Europa que consiguieron domesticar manadas de renos. 


La cuestión, imposible de resolver según el estado actual de los datos e investigaciones, es la siguiente ¿permitió la sedentarización el desarrollo de la domesticación, o fue al revés?. Existen partidarios de una y otra opción, aunque no existe un concenso claro. 

En cierto modo, las dos hipótesis no tienen porque ser exclusivas:

      Cuesta trabajo imaginar de que manera pudo el hombre guardar en cautividad, vigilar, dominar y criar determinado número de individuos animales sin construir cercas o formas primitivas de establos o corrales.

       Por otra parte, es difícil concebir a una numerosa comunidad sedentaria que pudiera alimentarse sin poseer, aunque sea un pequeño rebaño, se doméstico, o en todo caso, al alcance y susceptible de ser domesticado. 

Hemos de pensar que uno no se vuelve ganadero y/o sedentario de la noche a la mañana. Son procesos que necesitan tiempo, y un número indeterminado de pruebas ensayo/error, hasta dar con las pautas, y respuestas definitivas, y que nunca llegan a serlo, a cada uno de los problemas que ambas actividades van ofreciendo. Por tanto, nos inclinamos a pensar que ambas actividades, domesticación y sedentarización, forman parte de un mismo proceso global, que llevó al hombre desde el estadio de depredador a una situación, más cómoda, de productor. 

La presión demográfica desempeñó una papel fundamental en el paso y/o transición de una economía depredadora a otra productora. El rápido crecimiento de la población exige ciertas innovaciones, técnicas o no, y una de estas innovaciones fue sin lugar a dudas, la domesticación de animales. Otros factores fueron tensiones políticas que se generan cuando la comunidad alcanza un estadio superior de desarrollo y la atracción por los bienes acumulados por las sociedades sedentarias productoras. 

Otro enigma: ¿por qué un grupo de cazadores domesticó animales, mientras que otro determinado que usaba las mismas técnicas de caza, no lo hizo?. El quid de la cuestión puede estar en el diferente estadio de desarrollo sociocultural, material y tecnológico, o tal vez, la mayor, o menor, abundancia de piezas de caza. 

Con la domesticación el hombre buscaba librarse de los inconvenientes de la caza, que presenta algunas dificultades como la precariedad de recursos y la progresiva disminución del número de animales salvajes que habitaban en las proximidades de los asentamientos humanos.


Los primeros animales domésticos suponían una importante reserva de alimentos frescos, capaces de cubrir las necesidades de la población. Los antepasados salvajes, cordero salvaje, cabra bezoar, cerdo silvestre y uro, de cuatro de los cinco primeras especies en ser domesticadas, eran cazadas por su carne, en los periodos anteriores a su domesticación. Durante el Neolítico se consumía la carne da absolutamente todos los animales domésticos. 

Además de como recurso alimenticio, la domesticación pudo perseguir la finalidad de disponer cómodamente de animales para los sacrificios ceremoniales. En Catal Hüyük, a partir de los milenios XI y VIII se inmolaron bueyes domésticos en vez de uros salvajes. En Lepenski Vir, a orillas del Danubio cerca de las famosas Puertas de Hierro, se encontraron restos de perros domésticos que habían sido víctimas de sacrificios rituales. También tenemos atestiguados perros en las sepulturas humanas durante el Magdaleniense de Europa Central y el Natufiense en Palestina. 


Otras prácticas también llevaron a tentativas, a veces inconclusas, de domesticación, como la costumbre de rodearse de animales familiares, como aún hacen hoy día los indios norteamericanos, y que nunca llegan a ser domesticados del todo.

La caza especializada, concentrada en unas pocas manadas de una especie, también condujeron a la domesticación. Cazadores que seguían a estas manadas en sus movimientos migratorios estacionales, protegiéndolos de los depredadores y de otros grupos de cazadores. Llegaron a considerar a estos rebaños como su propiedad. Más tarde intentaron limitar sus desplazamientos sin sacarlos de sus hábitats. Finalmente apresaron a los miembros más jóvenes para amansarlos y domesticarlos. Un ejemplo de ello fue la domesticación del buey en Hungría durante el Neolítico. 


jueves, 10 de enero de 2013

CULTURA JOMON

En los inicios del Japón

La Cultura Jomon, basada más en la caza y la pesca, que en las prácticas agrícolas, se extendió por un conjunto de pequeñas islas situadas en el extremo más oriental de Asia. Se originó por la evolución de las culturas paleolíticas de la región alrededor del 10.000 a.C. y se alargó en el tiempo hasta el 400 a.C. cuando fue sustituida por la cultura agrícola conocida como yayoi.

La cultura jomon se desarrolló en un ámbito netamente insular, por tanto apenas recibió influencias externas procedentes de los vecinos continentales, algo totalmente paradigmático de la Civilización Japonesa, el aislamiento. Este aislamiento propició el surgimiento de formas de vida peculiares e independientes.

Las características esenciales del complejo cultural de Jomón son las siguientes:
  • Un sistema económico basado en el trinomio caza-pesca-recolección
  • Fabricación y utilización de cerámica. Los períodos de la historia jomón se corresponden a la cronología de sus cerámicas. En total los arqueólogos han datado seis tipos de cerámica
  • Uso del arco para actividades cinegéticas
  • Domesticación del perro
  • Existencia de una sólida estructura social
  • Realización de empresas marítimas a bordo de embarcaciones huecas.

La cerámica es uno de los elementos más significativos de la cultura jomón. Se utilizaban como recipientes, pero también servían para hervir alimentos, como atestigua la decoloración producida por fuegos secundarios. La aparición de cerámica en yacimientos del período jomón es un hecho poco frecuente entre poblaciones de cazadores-recolectores de cualquier parte del mundo.

Hervir alimentos permitió a los jomón explotar muchos recursos vegetales que no era posible consumir crudos, y además posibilitó disponer de alimentos suficientes en cualquier época del año dentro de un radio no excesivamente amplio, sin necesidad de tener que desplazarse. Por tanto, a partir de esto, fue posible la vida sedentaria en poblados.

La típica aldea jomón se organizaba disponiendo las viviendas alrededor de una especie de plaza central, contando además con fosas de almacenamiento. Aquí tenemos otros rasgo original, los jomón son el único pueblo de cazadores-recolectores que estaban en disposición de ir acumulando “cosas”. La mayoría de los grupos de cazadores-recolectores reducen al mínimo sus posesiones, para así facilitar su continuo nomadeo.

Una de las claves del éxito de estas poblaciones jomón, fue su relación con el entorno y su capacidad para incluir en su dieta todo tipo de alimentos. En ese sentido podemos mencionar entre sus piezas de caza mayor, a ciervos, jabalíes, osos y gamuzas, complementados con animales de menor tamaño como el lobo, el zorro, el mapache, la liebre e incluso al rata, y así hasta 60 especies; prácticamente la totalidad de los mamíferos existentes en el archipiélago del Japón, eran susceptibles de acabar en el estómago de esta gente. Al ingente aporte de carne de mamífero hay que añadir el consumo de más de 300 especies de moluscos, más de 70 de peces y más de 35 de aves.

En cuanto a los vegetales, los yacimientos nos informan de más de 300 especies que pudieron ser consumidas, teniendo en cuenta además que diferentes partes de una planta, raíz, tallo, hoja, flor, semilla, podían servir de alimento.

El empleo y consumo de esta ingente cantidad de especies, tanto animales como vegetales, requería de ir recopilando amplios conocimientos sobre los mismos.

“El empleo de tal variedad de recursos alimentarios requería, sin embargo, una gran cantidad de conocimientos, que los grupos jomon debieron intentar adquirir. En otras palabras, los pueblos jomon comprendieron la necesidad de diversificar su dieta y de disponer de los conocimientos necesarios para ello y se dedicaron conscientemente a alcanzar ese objetivo. En esto consistió la denominada “estrategia de desarrollo sostenible” que adoptaron los pueblos jomon y que ilustraba bien las relaciones que estos grupos mantenían con su entorno”
Tatsuo Kobayashi


Un aspecto importante es que muchas de esas especies animales y vegetales no era posible consumirlas crudas. Por este motivo los jomon tuvieron que inventar y descubrir diferentes técnicas de hacerlas comestibles. El hervir determinados frutos, como castañas o bellotas, no solo posibiliba su consumo, sino que sobre todo, permitía eliminar el tanino, el amargor, y en ocasiones, incluso el veneno.

Hablando de venenos. En la actualidad uno de los manjares más exquisitos de la cocina japonesa es el pez globo, un pez extraordinariamente venenoso, que lo hace a la vez muy peligroso. En Japón hace falta una licencia especial para servirlo en restaurantes. Sin embargo, en yacimientos jomon se han encontrado abundantes mandíbulas de peces globos, lo que demuestra, una vez más, la capacidad de los jomon para extraerles el veneno y poder degustarlos.

A pesar de todo lo apuntado sobre caza, pesca y recolección, los jomon también eran capaces de producir alimentos vegetales, como frijoles y calabazas, aunque a pequeña escala y sin adoptar modos de vida agrícola. Este hecho aconteció en Japón a partir del siglo IV a.C. con la introducción del arroz.

En cuanto a la domesticación de animales, está probado que lo hicieron con el perro y es bastante probable que hicieran lo propio con el jabalí.

Para conservar y almacenar alimentos disponían de tres técnicas, el ahumado, el secado y la fermentación. Estas técnicas contribuyeron a la estabilidad nutricional de los jomon, pues tenían alimentos prácticamente todo el año.

En su vida diaria, para realizar todas estas tareas descritas, los jomon contaban con lanza, arco y flecha, junto a trampas fosos para la caza. Anzuelos, arpones, redes y barreras para la pesca. Herramientas como cestas, vasijas, martillos, cuchillos, piedras de afilar, hachas y punzones. La mayor parte de este utillaje formó parte de la vida jomon desde sus inicios, y sufrió pocas modificaciones durante toda su existencia.

Hacia el año 700 a.C. pobladores procedentes de la península de Corea introdujeron el cultivo del arroz en el noroeste de la isla de Kyushu. La cultura jomon comenzó a recibir influencias de esta nueva forma de vida. No obstante, la cultura jomon de cazadores-recolectores-pescadores, siguió manteniendo su personalidad hasta el 300 a.C., cuando fueron definitivamente sustituidos por la cultura agrícola de los yayoi.
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