Mostrando entradas con la etiqueta Domesticación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Domesticación. Mostrar todas las entradas

lunes, 29 de abril de 2013

INICIOS DE LA DOMESTICACIÓN ANIMAL VII. EL ALTO NILO Y EL SAHARA ORIENTAL (última parte)



El reciente, y creciente interés por la zona, ha posibilitado reunir más elementos sobre los inicios de la domesticación animal. El cordero, la cabra, el perro y quizás el cerdo, procedían de los animales domesticados en el Sudoeste de Asia. 


Los habitantes del Sahara Oriental comienzan a domesticar al buey hace entre 9000 y 8000 años. La prueba son las osamentas que van sufriendo cambios como consecuencia de la domesticación. 



Una de las claves fue la mejoría climática acaecida entre hace 12000 y 5000 años. La vegetación del Sahel y de Sudán se extendió hacia el Norte. A pesar de esto, el buey salvaje no hubiera podido sobrevivir en el desierto, se tuvo que domesticar en algún lugar del Valle del Nilo. 

Es probable que la domesticación del buey se llevase a cabo a partir del uro, o tal vez del cebú, que lograron sobrevivir en el Valle del Nilo hasta el periodo predinástico. El perro doméstico aparece después del buey y los yacimientos del Neolítico Medio muestran osamentas de ovinos.


Las cinco especies, también el cerdo encontró un entorno relativamente favorable, están presentes en el Valle del Nilo, durante el Periodo Predinástico. No obstante, la actividad ganadera se centró en cabras y ovejas, mejor adaptadas a un medio cada vez más árido. A finales del VI milenio se añade una nueva especie, el asno. Los primeros animales fueron domesticados por su carne, los bovinos también por su leche. Los asnos lo fueron por su capacidad de trabajo y como bestias de carga, a partir del asno salvaje de Nubia. 

viernes, 26 de abril de 2013

INICIOS DE LA DOMESTICACIÓN ANIMAL VI. CHINA Y EL SUDESTE ASIÁTICO



Desconocemos muchos aspectos de los inicios de la domesticación y prácticas ganaderas en estas regiones del planeta. De las cinco  primeras especies domesticadas, el perro, el cerdo y el cordero vivían en estado salvaje en China, y el cerdo en el Sudeste de Asia. 

Mientras China mantenía contactos con Asia Occidental, el vínculo del sudeste con el subcontinente indio no fue muy fluido hasta los inicios de la Era Cristiana. 

En China las civilizaciones neolíticas más antiguas, Culturas de Cishan, de Peiligian y de Dadiwan, hace unos 8.000 años, ya se había domesticado el perro, el cerdo y la gallina. 

En civilizaciones neolíticas posteriores, Culturas de Yangshao y Longshan, aparecen junto al cerdo, perro y gallina, el buey, el cordero y la cabra. Por lo general el cerdo es el más importante, según se desprende del número de osamentas. Una hipótesis para explicar el gran número de suidos, es la posible domesticación del animal in situ, aunque es no está probado. También se han hallado abundantes restos de ovinos. 

En el Sudeste de Asia, los testimonios osteológicos son bastante escasos. Se piensa que el buey pudo ser domesticado hace 7.000 años, hecho confirmado hace 5.500, momento en que ya se había logrado la domesticación de cerdos y perros. 


Los rebaños en China y el Sudeste de Asia eran explotados por su carne. La importante biomasa que ofrecían los bosques, hacían superfluos los intentos de domesticación. Esto explica, quizás, el retraso con respecto a otras regiones estudiadas. 

miércoles, 24 de abril de 2013

INICIOS DE LA DOMESTICACIÓN ANIMAL V. LOS PRIMEROS ANIMALES DOMÉSTICOS DE EUROPA



La fauna domesticada que aparece al sur de los Balcanes a mediados del milenio IX BP. era similar a la que ya existía en Asia Occidental. Las ovejas y las cabras constituyen entre el 75-80% de los rebaños, seguidas de cerdos y bueyes (mucho más raro) y por último el perro.

En esta región, sur de los Balcanes, existía una importante orientación hacia el ganado ovino, siendo Grecia la primera región de Europa donde constatamos la práctica de este tipo de ganadería. 
Las condiciones naturales, tanto físicas como climáticas, son muy parecidas a las estudiadas para Asia Occidental. Un clima cálido y seco, como el de Grecia, posibilitó el desarrollo de este tipo de ganado que proporcionó a la población proteínas suficientes para no tener que sucumbir ni a la caza ni a la pesca. (En los yacimientos del Neolítico antiguo en Grecia se han encontrado muy pocos restos de animales salvajes y peces).

Este tipo de ganadería ovina pronto comenzó a extenderse hacia el Noreste y hacia el Oeste desde la segunda mitad, del IX milenio BP. La expansión estuvo favorecida por las óptimas condiciones climáticas, aumento de la temperatura en 3 ó 4 grados, lo que permitió introducir especies del sur en regiones meridionales de Europa Central (Macedonia, centro de la antigua Yugoslavia y Bulgaria).


El mismo tipo de ganado - ovino - hizo su aparición en la cuenca de los Cárpatos, antes de finalizar el VIII milenio, se adoptó en Moldavia y también alcanzó el sur de Ucrania a lo largo del VII milenio.

Es interesante aportar, que mientras en la región de los Balcanes prosperaron todas las especies domesticadas durante el Neolítico, los grupos mesolíticos que subsistían en regiones más difíciles e inaccesibles como el desfiladero de las Puertas de Hierro sobre el Danubio, vivían de la caza y la recolección a pesar de algunas incipientes tentativas de domesticar al perro y al cerdo.

Al oeste, la ganadería se extendió hacia el sur de Italia a lo largo del VII milenio, y un poco más tarde, hace 6000 años al sur de Francia. Desde el sur del país galo, se propagaría luego hacia el este de la península Ibérica.



Todas estas regiones marcan el límite septentrional del tipo de ganadería característica del Asia Occidental; ovejas, cabras, bueyes, perros y cerdos.

En regiones de Europa situadas más al norte los animales eran importados desde el sur. Esta importación ocurrió en tiempos tempranos, para el VI milenio se constata la presencia de las cinco especies en la Europa templada.

Al mismo tiempo se producen transformaciones en las prácticas ganaderas de Europa meridional, en las zonas más templadas. La ganadería ovina no terminó de adaptarse y no pudo alcanzar un desarrollo mayor; ni cabras ni corderos encontraron el medio propicio para su crianza. Problema; ninguna de las especies existe en estado salvaje en Europa, lo que impide un aumento de las cabañas de ovicápridos a partir de la fauna salvaje. Otro inconveniente es que la tasa de reproducción de los animales domesticados no alcanzaba para cubrir las necesidad de una población humana en expansión.

La solución pasaba por domesticar otras especies que se adapten mejor al entorno templado y que ya vivieran en estado salvaje en las regiones en cuestión. El buey y el cerdo responden a estos dos criterios, y pronto comenzaron a reemplazar a los ovinos, hacia finales del Neolítico Antiguo.

Se produce un esplendor generalizado en Europa tras la domesticación de estos animales. La cuenca de los Cárpatos se convierte en un auténtico foco de domesticación de bóvidos. Aumentó la cabaña bovina, y el buey se convirtió en el principal animal doméstico de toda la Europa templada.


Sin llegar a los niveles del buey, la domesticación del cerdo tuvo dimensiones considerables, con una importancia igual, o incluso mayor, que los ovinos. En los asentamientos de la Cultura de Cerámica a Bandas, y otras similares, predomina totalmente el buey, seguido unas veces por los cerdos, y otras por los corderos.

Hasta finales del Neolítico Antiguo, los animales domésticos se explotaban únicamente por su carne, si bien es cierto, existían excepciones esporádicas, como el sacrificio, la caza o la utilización de animales (perros) como guardianes de las viviendas y de los rebaños.

Más tarde se descubrió que también se podrían aprovechar recursos secundarios como la leche, la lana y aprovecharse de la tracción animal, para el transporte y la labor agrícola. Todo esto llevó a una segunda fase de domesticación, en la que el hombre buscó la manera (o maneras) de incrementar el tamaño de sus rebaños. Las culturas de Tisza, Herpály y Lengyel, de la Cuenca de los Cárpatos, son ejemplos de esta explosión de la domesticación.

Durante mucho tiempo el hombre consumía la carne de todos los animales domesticados, incluido el perro. Las pruebas de ello son cráneos abiertos para consumir los sesos y los huesos rotos para extraer el tuétano. El hombre no dejó de comer carne de perro hasta finales de la Edad del Bronce; estaríamos con toda probabilidad con el primer tabú alimenticio de la Historia de la Humanidad.


A lo largo del Neolítico, el buey fue el principal aporte de carne, incluso en regiones donde cabras y ovejas eran más numerosas. La carne bovina representa un 40% del total, incluso en regiones netamente ovinas. Debemos tener en cuenta que la carne de un sólo buey, equivale a la de siete ovejas o a la de cuatro o cinco cerdos.

Las cabras y ovejas suponían un importante aporte cárnico durante el Neolítico Antiguo. A partir del Neolítico Medio, el cerdo se convierte en el segundo proveedor de carne tras el buey. En este estadio del Neolítico Medio, se alcanzó la fase de desarrollo de la ganadería.


La caza y la domesticación fueron progresivamente perdiendo peso específico, se ampliaron los diferentes rebaños, aumentó la superficie de tierras cultivadas y como consecuencia del aumento de la población humana se fue destruyendo el hábitat natural de las especies salvajes. Se domesticaron de forma intencionada nuevas especies, como el asno y el caballo, por el trabajo que pueden aportar. En Mesopotamia, se producen los primeros intentos de selección metódica. 

jueves, 18 de abril de 2013

INICIOS DE LA DOMESTICACIÓN ANIMAL IV. PRIMERAS TENTATIVAS DE DOMESTICACIÓN EN EUROPA Y SUROESTE DE ASIA



Parece a todas luces evidentes, el hecho, de que la domesticación no se extendió desde un único foco original, al resto de los continentes. Debieron existir varios focos de domesticación en la misma época, a partir del desarrollo social, económico y cultural. 

La domesticación de un especie no tuvo más remedio que ocurrir, en las zonas de distribución en estado salvaje, teniendo lugar en varios lugares al mismo tiempo. Es factible, que los lugares considerados como la cuna de domesticación de una determinada especie, deba esa suposición a que en esos lugares, han sido más sistemáticas las excavaciones y los estudios arqueológicos. 


Tradicionalmente se ha pensado que la domesticación animal comenzó durante el Neolítico. Recientes investigaciones atestiguan que dicha práctica se remonta al Mesolítico, e incluso a las últimas etapas del Paleolítico. No obstante, a pesar de los intentos (frustrados o no), no se llegó a constituir una auténtica cabaña ganadera. Estas primeras tentativas se llevaron a cabo con perros, y más rara vez con cerdos. Ambos animales tienen una alimentación muy parecida a la del hombre y es posible, que en algunas ocasiones se alimentasen de los restos de banquetes humanos. 

El Mundo Occidental (asiático) iba a ser un foco idóneo para iniciar el proceso de domesticación. Tres factores lo hicieron posible:

* Las cinco especies domesticadas durante el Neolítico (perro, cerdo, cabra, oveja y uro), existían en estado salvaje en estas zonas.

* Pudo ser determinante la presencia de cabras y ovejas salvajes, dos especies que se prestan mejor a la domesticación que otras, y esto es debido a muchos motivos; son rumiantes, se nutren simplemente de forraje rico en celulosa (un subproducto de la agricultura como la paja y el heno), producen carne, el alimento que consumen no es apropiado para hombres (ni para cerdos ni perros), presentan talla pequeña, el hombre puede capturar y mantener sin mucho peligro físico, y por último, y no menos importante, son animales frugales que se adaptan muy bien a duras condiciones climáticas y del terreno. 

* Asia Occidental también era rica en gramíneas silvestres que comenzaron a cultivarse, más o menos a la vez, que el inicio de la domesticación. Las dos actividades se desarrollan de forma paralela y complementaria.


Tres de las especies - perro, cerdo y buey - podrían haber sido domesticadas en otros lugares en que vivieron salvajemente, como en Europa, pero el escaso desarrollo económico y cultural, no permitió más que unas pocas tentativas de domesticar al perro. 

Analizando los datos aportados por la ciencia arqueológica relativos a las cincos especies domesticadas durante el Neolítico, llegamos a las siguientes conclusiones.



El Perro fue domesticado en primer lugar, siendo el lobo su antepasado salvaje. Las osamentas más antiguas datan del Pleistoceno final, hace 14.000 años y fueron halladas en la Cueva de Palegawra, en Irak.

El Cordero, posiblemente también fue domesticado en Irak, a principios del XI milenio en Zawi - Chemi. Con seguridad, encontramos restos de cordero plenamente doméstico en Ali Kosh, en Irán (9500 - 8700 a.C.)

La Cabra Doméstica nos ofrece restos en dos yacimientos de Iran, Tepe Asiab y Ganj Dareh, con unos 10.000 años de antigüedad. Aparecen también restos de cabra doméstica, con la misma antigüedad, en Jericó y Ali Kosh. 

Las osamentas más antiguas de Cerdo Doméstica fueron halladas en Qalat Yarmo (Irak) y cuentan con unos 8750 años.


En Catal Hüyuk, Anatolia, fue domesticado por primera vez el buey hace 8.400 años.

Todas estas especies existían en sus formas plenamente domésticas a mediados del IX milenio a.C. Curiosamente, encontramos estas mismas especies de fauna doméstica en Europa, hacia el 8.500. 

La primera forma de ganadería propiamente dicha conocida en el suroeste de Asia se basaba fundamentalmente en dos animales; la cabra y la oveja. En los yacimientos ambas especies constituyen la mayoría del rebaño, más adaptadas al medio que cerdos y bueyes. En principio el cordero dominaba en valles y llanuras, y la cabra en la montaña. Más tarde el cordero adquirió mayor importancia en todos los medios, ya que presenta dos ventajas sobra la cabra; proporciona lana y soporta mejor el calor.

El éxito de esta forma de ganadería es muy variable en el Suroeste de Asia. En los Valles, riberas de grandes ríos y en los piedemontes el hombre no tuvo la necesidad de cazar para proveerse de carne. En las Estepas las condiciones rigurosas de las estepas saladas obligó al hombre a practicar la caza a gran escala. La Montaña, a todas luces, es un medio aún menos favorable para la cría de ganado. 




miércoles, 10 de abril de 2013

INICIOS DE LA DOMESTICACIÓN ANIMAL III. TRANSFORMACIONES APORTADAS POR LA DOMESTICACIÓN



La domesticación es una especie de simbiosis (más o menos forzada) entre animales y humanos. La influencia del hombre fue mayor, que a la inversa, por tanto, fueron los animales los que experimentaron los cambios (mutaciones)  más considerables. De forma generalizada, todos los órganos y partes del cuerpo del animal reaccionaron ante las nuevas limitaciones impuestas por el humano.


Entre las más importantes transformaciones sufridas por los animales podemos citar las siguientes:

* La variabilidad entre las especies domesticadas es mayor que entre las salvajes.

* Mutaciones más frecuentes, que entre sus congéneres salvajes.

* Se registra, de forma generalizada, la reducción del tamaño.

* Disminución, e incluso desaparición, de astas y cuernas. 

* Modificaciones no solo anatómicas, y fisiológicas, sino también en el comportamiento. 


lunes, 8 de abril de 2013

INICIOS DE LA DOMESTICACIÓN ANIMAL II. DOMESTICACIÓN Y SEDENTARIZACIÓN



Desde sus orígenes, la domesticación de animales, aparece íntimamente relacionada con la sedentarización y con otros aspectos de la Revolución Neolítica. No obstante, la sedentarización no es un estadio previo indispensable para la domesticación, también fue posible domesticar animales sin una sedentarización previa, aunque únicamente en situaciones ecológicas y climáticas extremas, como por ejemplo, las poblaciones nómadas del norte de Europa que consiguieron domesticar manadas de renos. 


La cuestión, imposible de resolver según el estado actual de los datos e investigaciones, es la siguiente ¿permitió la sedentarización el desarrollo de la domesticación, o fue al revés?. Existen partidarios de una y otra opción, aunque no existe un concenso claro. 

En cierto modo, las dos hipótesis no tienen porque ser exclusivas:

      Cuesta trabajo imaginar de que manera pudo el hombre guardar en cautividad, vigilar, dominar y criar determinado número de individuos animales sin construir cercas o formas primitivas de establos o corrales.

       Por otra parte, es difícil concebir a una numerosa comunidad sedentaria que pudiera alimentarse sin poseer, aunque sea un pequeño rebaño, se doméstico, o en todo caso, al alcance y susceptible de ser domesticado. 

Hemos de pensar que uno no se vuelve ganadero y/o sedentario de la noche a la mañana. Son procesos que necesitan tiempo, y un número indeterminado de pruebas ensayo/error, hasta dar con las pautas, y respuestas definitivas, y que nunca llegan a serlo, a cada uno de los problemas que ambas actividades van ofreciendo. Por tanto, nos inclinamos a pensar que ambas actividades, domesticación y sedentarización, forman parte de un mismo proceso global, que llevó al hombre desde el estadio de depredador a una situación, más cómoda, de productor. 

La presión demográfica desempeñó una papel fundamental en el paso y/o transición de una economía depredadora a otra productora. El rápido crecimiento de la población exige ciertas innovaciones, técnicas o no, y una de estas innovaciones fue sin lugar a dudas, la domesticación de animales. Otros factores fueron tensiones políticas que se generan cuando la comunidad alcanza un estadio superior de desarrollo y la atracción por los bienes acumulados por las sociedades sedentarias productoras. 

Otro enigma: ¿por qué un grupo de cazadores domesticó animales, mientras que otro determinado que usaba las mismas técnicas de caza, no lo hizo?. El quid de la cuestión puede estar en el diferente estadio de desarrollo sociocultural, material y tecnológico, o tal vez, la mayor, o menor, abundancia de piezas de caza. 

Con la domesticación el hombre buscaba librarse de los inconvenientes de la caza, que presenta algunas dificultades como la precariedad de recursos y la progresiva disminución del número de animales salvajes que habitaban en las proximidades de los asentamientos humanos.


Los primeros animales domésticos suponían una importante reserva de alimentos frescos, capaces de cubrir las necesidades de la población. Los antepasados salvajes, cordero salvaje, cabra bezoar, cerdo silvestre y uro, de cuatro de los cinco primeras especies en ser domesticadas, eran cazadas por su carne, en los periodos anteriores a su domesticación. Durante el Neolítico se consumía la carne da absolutamente todos los animales domésticos. 

Además de como recurso alimenticio, la domesticación pudo perseguir la finalidad de disponer cómodamente de animales para los sacrificios ceremoniales. En Catal Hüyük, a partir de los milenios XI y VIII se inmolaron bueyes domésticos en vez de uros salvajes. En Lepenski Vir, a orillas del Danubio cerca de las famosas Puertas de Hierro, se encontraron restos de perros domésticos que habían sido víctimas de sacrificios rituales. También tenemos atestiguados perros en las sepulturas humanas durante el Magdaleniense de Europa Central y el Natufiense en Palestina. 


Otras prácticas también llevaron a tentativas, a veces inconclusas, de domesticación, como la costumbre de rodearse de animales familiares, como aún hacen hoy día los indios norteamericanos, y que nunca llegan a ser domesticados del todo.

La caza especializada, concentrada en unas pocas manadas de una especie, también condujeron a la domesticación. Cazadores que seguían a estas manadas en sus movimientos migratorios estacionales, protegiéndolos de los depredadores y de otros grupos de cazadores. Llegaron a considerar a estos rebaños como su propiedad. Más tarde intentaron limitar sus desplazamientos sin sacarlos de sus hábitats. Finalmente apresaron a los miembros más jóvenes para amansarlos y domesticarlos. Un ejemplo de ello fue la domesticación del buey en Hungría durante el Neolítico. 


domingo, 7 de abril de 2013

INICIOS DE LA DOMESTICACIÓN ANIMAL I. ASPECTOS GENERALES.



La principal característica del Neolítico es el paso de una economía depredadora, basada en la recolección, la caza y la pesca, a una economía productora, basada en la agricultura y en la ganadería.

En este sentido, la domesticación de animales (proceso que vamos a analizar) y de las plantas, se convierte en un elemento decisivo de la Revolución Neolítica, concepto acuñado con éxito por Gordon Childe, ya que permitieron la transición de una economía depredadora a una economía productora de alimentos, y todos los cambios sociales y culturales, que estos cambios llevaron parejos. 


Pero comencemos con una definición de domesticación, que nos la ofrece Sandor Bökönyi, especialista en la materia: "La domesticación (de animales) es un proceso por el cual el hombre captura y domina ciertos individuos de una especie que presenta unos rasgos psicológicos particulares, los aísla de su hábitat natural y de su manada de origen, los sitúa bajo su vigilancia y controla su reproducción para su propio beneficio, asegurándole alimento y protección".

Domesticar animales es un proceso lento. Como paso previo el hombre tuvo que adquirir experiencia y conocimientos sobra anatomía, biología, psicología y comportamientos de las especias que fue cazando a lo largo de los milenios paleolítico. Además, la domesticación propiamente dicha no fue efectiva hasta que no transcurrieron varias generaciones (llegando incluso a las treinta).

Para conseguir domesticar una especie es preciso, en primer lugar, capturar algunos individuos salvajes. Estos animales capturados debían ser jóvenes, puesto que son los únicos que era posible domesticar. El animal, para poder mantenerlo en cautividad debía ser amansado, limitando su agresividad. Esto se conseguía a base de paciencia y cuidados individuales. El amansar a un animal, no implicaba en todos los casos su domesticación.


Únicamente se pudieron domesticar a animales con unos rasgos psicológicos propios. Pero ¿cuáles son esos rasgos?. Aunque no es determinante, ni decisivo, es muy importante el factor gregario del animal en cuestión. La mayoría de los animales domésticos actuales, a excepción del gato, vivían en manadas salvajes. Los gregarios se introducen mejor en los rebaños domésticos, e incluso, en la comunidad humana. No obstante, no todos los animales gregarios pudieron ser domesticados, por ejemplo en Egipto hubo varios intentos de domesticar algunas especies de antílopes, y todos fracasaron.

Las especies aptas para ser domesticadas cuentan con una serie de rasgos psicológicos, que son desconocidos para nosotros, que las distinguen de aquellas que no han podido ser domesticadas. En ese sentido, no todos los animales de un mismo orden taxonómico presentan los mismos rasgos psicológicos para ser domesticados: el uro y el bisonte son de la misma familia, y únicamente el primero fue domesticado. Caso parecido ocurre entre los équidos, de las cuatro especies - asno, caballo, cebra y hemión - sólo caballos y asnos pasaron a servir a los hombres. 

Los animales capturados son aislados de su hábitat y separados de su comunidad de origen, y se les sitúa en un medio completamente diferente. El ser humano altera radicalmente la organización social y sexual de las especies salvajes. Los animales son separados de su grupo de origen para ser introducidos en rebaños más amplios, en los que se les sometía a nuevas influencias genéticas. Se trata de formas primitivas de selección de especies, a partir de la castración precoz de los individuos más agresivos, o menos aptos (con esta práctica se está frenando la selección natural). 

El punto fundamental es el control de la reproducción animal, asegurando la difusión de los caracteres adquiridos. Debemos señalar que la reproducción es únicamente posible en la fase de domesticación. 

El hombre intenta domesticar animales para obtener un beneficio económico, para eso, los alimenta y los protege. En algunos casos, los animales también se vieron favorecidos con estos cambios, determinadas especies podrían haber desaparecido si no llegan a ser domesticadas. Podemos ver en la domesticación una especie de simbiosis entre el animal y el hombre; naciendo de esta manera lo que conocemos como ganadería.


Resumiendo, en el proceso de domesticación plena podemos ver dos fases; mantenimiento del animal en cautividad y el control de la reproducción.

En la primera fase, se produce una forma rudimentaria de ganadería (no existe una alimentación cuidada, ni una selección racional). Rebaños formados por una única especie y los animales domesticados pertenecen a un tipo primitivo y la talla es inferior a los animales salvajes. Durante el neolítico se da una selección rudimentaria, algunos individuos quedan excluidos, desde jóvenes, de la reproducción (castración de toros) y otros son destinados a los sacrificios (carneros, cabrones, verracos). Esta selección no mejoró la producción de carne, leche, lana, fuerza, vitalidad . . . .

En una segunda fase, se produce la crianza propiamente dicha, llevándose a cabo una alimentación apropiada y una selección metódica. Surge la ganadería cuando el hombre comienza a ocuparse individualmente de los animales domesticados, que formaban manadas indiferenciadas. A partir de estos momentos encontramos coexistencia de varias razas en un mismo rebaño, un aumento en la talla del animal y, por supuesto, un aumento de la productividad, coincidiendo, en el tiempo, con una disminución de especies salvajes en el último periodo del Pleistoceno. 

jueves, 4 de abril de 2013

DE PIEZA DE CAZA, A CABEZA DE GANADO



DE ANIMALES Y DE HOMBRES.

Formando parte de una misma, y única Naturaleza, el ser humano (y los homínidos antecesores) y las diferentes especies de animales han compartido los diversos medios naturales del Planeta. A lo largo del tiempo el ser humano ha sabido aprovechar en beneficio propio esa relación.

Podemos establecer, a grandes rasgos, cuatro funciones que los animales han desempeñado para las Sociedades Humanas:

1 Como fuente de alimentos y de materias primas.

2 Como fuerza de trabajo en diferentes actividades.

3 Como importante, y a veces decisivo, apoyo en la guerra.

4 Como símbolos, tótems y deidades en la esfera espiritual. 

En algunas ocasiones, una misma especie ha representado varias de estas funciones, mientras que otras veces, una especie se ha dedicado en exclusiva para una de ellas.




LOS CAZADORES DEL PALEOLÍTICO.

Mucho antes de la domesticación de especies durante el Neolítico, las bandas del Paleolítico se dedicaban a la caza ocasional de algún animal. En numerosas ocasiones los hombres recurrían al carroñeo, aprovechando los restos de alguna pieza abandonada por otros depredadores. 

Cualquier animal era susceptible de ser cazado, aunque evidentemente algunas piezas ofrecían más peligros en ser abatidas. Normalmente, cada banda o tribu se dedicaba a cazar las especies más abundantes del medio natural que compartían, siendo habitual que un grupo humano se especializase en la caza de un determinado animal.

Los cambios climáticos, la estacionalidad y las migraciones de las manadas, provocaban que las hordas de cazadores siguiesen sus rutas, sin poder establecerse permanentemente en ningún lugar, hablamos, por tanto de Sociedades Nómadas. 

Gacelas, ciervos, renos, bisontes, caballos, mamuts . . . eran presas propicias para el depredador más voraz de todos los tiempos: el hombre. 

El cerebro inventa, y la mano, liberada de su función locomotora, fabrica armas, con las que compensar las evidentes desventajas biológicas, con respecto a la mayor parte de las especies animales.

Puntas de sílex, arcos y flechas, hachas de piedra, lanzas, trampas, emboscadas, fosos, todo era válido para conseguir la preciada pieza.

Del animal cazado se aprovechaba absolutamente todo; por supuesto la carne como alimento, pero también las astas, la piel, tendones, huesos, grasas, vísceras . . . No obstante, la importancia de la caza, el mayor aporte nutricional y calórico provenía de la actividad recolectora; frutos, raíces, mariscos, pequeños animalillos . . . 

Debemos mencionar también la pesca, en sus diferentes modalidades, fluvial, lacustre o marina, por su gran importancia. 



LOS PRIMEROS GANADEROS DEL NEOLÍTICO.

Sin que aún esté del todo claro, que actividad surgió antes, ganadería o agricultura, lo que está fuera de toda duda, es el hecho de que la domesticación de animales y plantas significó el hito más trascendental de la historia de la Humanidad; las sociedades pasan de ser nómadas y depredadoras, a sedentarias y productoras, con todos los cambios que estas innovaciones significaron en cualquier ámbito de la Sociedad Humana. 

A partir de este crucial momento el ser humano dispone de una fuente de recursos al alcance de la mano; a la carne, la piel y los huesos, ahora hay que añadir los huevos, la leche, la lana y los excrementos. 

A lo largo del Neolítico y a lo ancho del Mundo, se fueron domesticando diferentes especies de animales, mejorando, o mejor dicho, adaptando las especies a las necesidades humanas. Entre los animales más característicos domesticados por el hombre podemos citar; el perro, la cabra, la oveja, el cerdo, el buey, el asno, el caballo, el camello y las aves de corral. 

martes, 2 de abril de 2013

PORCA DE MURÇA


En la pequeña localidad portuguesa de Murça, de la región de Alto Trás-os-Montes, existe una escultura zoomorfa, genuina representante de la cultura de los verracos. 


Se trata claramente de un cerdo, o tal vez de un jabalí, de ahí su nombre de Porca. Aunque sus extremidades no presentan excesivos detalles, es posible reconocer las patas de un suido. 


El hocico plano, la curvatura de la espalda y el mayor tamaño de los cuartos delanteros otorgan a la piedra, forma de jabalí. 


Los expertos no se ponen de acuerdo, no existe consenso, sobre la finalidad y función de estas esculturas. Si miramos a lo Porca de Murça y vemos a un cerdo ¿doméstico? quizás tenga relación con la ganadería. Pero si vemos a un jabalí ¿salvaje?, es posible que haga referencia a actividades cinegéticas. Una tercera opción, sería relacionar este verraco en concreto con el proceso de domesticación de jabalíes silvestres, que llevaría a sus constructores a poder contar con una incipiente cabaña ganadera de cerdos. 


La Porca de Murça es un auténtico icono de la localidad, tal es así, que se ha convertido en el símbolo de sus bodegas y sus vinos. 

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...