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miércoles, 19 de enero de 2022

LOS GAMOS DEL TRANCO.


Pantano del Tranco, corazón de la Sierra de Cazorla, recuerdos de una infancia sentado frente al televisor viendo el Hombre y la Tierra, hipnotizado por la voz del irrepetible Félix Rodríguez de la Fuente, disfrutando con las imágenes de la naturaleza indómita. Crecí, abandoné el salón de casa y me lancé a los caminos. Uno de esos caminos me ha traido hasta aquí. Los alrededores de las ruinas del Castillo de Bujairaza es el hábitat de varios rebaños de gamos (Dama dama).













Una mañana invernal, fría y ventosa, con la nieve amenazando, no es difícil encontrarlos pastando tranquilamente, a escasos metros del bosque protector. Nunca vi tantas cuernas juntas como en la jornada de hoy. Después de varias visitas a la Sierra de Cazorla, y muchos kilómetros de caminata, por fin he podido disfrutar plenamente de su fama como refugio de fauna. De los bosques que rodean el pantano surgen los rebaños, al frente de uno de ellos un experimentado macho de astas espectaculares. Su corte la forman hembras y jóvenes machos.

















Los otros machos sobreviven juntos, a la espera de que uno de ellos consiga destronar al rey.





Además de gamos, pudimos observar varios ciervos, y una cierva con su cría, que parece adolescente.

4 de Enero de 2021.


viernes, 13 de diciembre de 2019

BRONCES ZOOMORFOS DE LOS XIONGNU.




El arte siempre intenta imitar a la naturaleza. El artista de las estepas encuentra inspiración en el entorno y elabora estos pequeños ciervos expuestos en el Museo de Shangai. Los Xiongnu (emparentados con los hunos que llegaron a Europa) fue uno de los grupos étnicos más activos y dinámicos en el Norte de China durante las dinastías Shang (1766 – 1122 a.C.) y Zhou (1122 – 249 a.C. ).


Los artesanos xiongnu dieron forma a una brillante cultura material en bronce, aleación con la que confeccionaban armas y varios tipos de adornos zoomorfos con un fuente componente de la tradicional cultura nómada.

viernes, 8 de marzo de 2019

OMÓPLATOS DEL MAGDALENIENSE.




El arte es el mejor exponente del mundo simbólico de las sociedades del Paleolítico Superior. Estas manifestaciones gráficas, realizadas sobre materiales transportables (arte mueble) o sobre paredes rocosas (arte rupestre) constituyen un lenguaje codificado y, como tal, fueron un medio de comunicación , además de actuar como elemento identificador de los diferentes grupos humanos.

El arte mueble engloba desde esculturillas de marfil hasta la decoración, mediante grabado, de plaquetas de piedra, huesos, elementos de adorno – contornos recortados, rodetes, colgantes – y útiles o armas, como los bastones perforados, azagayas, espátulas, varillas, arpones y propulsores, entre otros. Los motivos decorativos más frecuentes en la Península Ibérica suelen ser las figuras de animales, en particular cabras, cérvidos, caballos y uros, junto a signos como zigzags, aspas, trazos en Y . . .


La cueva del Castillo (Puente Viesgo, Cantabria) es un yacimiento de referencia de la Prehistoria de la Península Ibérica y presenta una de las secuencias estratigráficas más representativas del Paleolítico europeo. Descubierta por Hermilio Alcalde del Río, las primeras excavaciones sistemáticas no se producen hasta 1910-1914, dirigidas por Hugo Obermaier y subvencionadas por el Instituto de Paleontología Humana (IPH) de París.

Durante la campaña de 1911 se descubren los omóplatos decorados en un nivel atribuido al Magdaleniense Inferior, lo que permitió fechar representaciones parietales similares de cronología indeterminada hasta el momento. Estas figuraciones de ciervas ejecutadas con trazo múltiple estriado sobre omóplatos se conocen sólo en una determinada zona de la cornisa cantábrica y pueden interpretarse como identificadores de un grupo territorial.


jueves, 7 de marzo de 2019

CUEVA DEL MIRADOR, REFUGIO DE PASTORES.




La cueva del Mirador se abre en la vertiente más meridional de la Sierra de Atapuerca, dominando visualmente el valle del río Arlanzón. Las ocupaciones más antiguas conocidas se remontan a unos 13.500 años, cuando grupos de cazadores-recolectores la utilizaron para instalar sus campamentos. Después la cueva fue abandonada, convirtiéndose en cubil de lobos hasta la llegada de otros grupos humanos, hace unos 7.300 años.


Desde entonces se utilizó como lugar de residencia y redil para rebaños de ovejas y cabras. La agricultura era eminentemente cerealista y se completaba con la cría de vacas, cerdos y con la caza de especies salvajes como el corzo y el ciervo.


Hace aproximadamente entre 5000 y 4000 años, la cueva tuvo usos sepulcrales. Junto a una inhumación colectiva, donde los individuos fueron depositados cuidadosamente unos junto a otros – acompañados de ofrendas (recipientes cerámicos, flechas, conchas . . . ) -, se han documentado casos de canibalismos : los individuos fueron descuartizados, despedazados, hervidos y consumidos, y sus cráneos cortados, formando los llamados cráneos-copa. (Museo de la Evolución Humana de Burgos).



domingo, 27 de enero de 2019

CAZADORES, NÓMADAS, GUERREROS.




Las invasiones fulgurantes de los turcomongoles – desde los hunos en el siglo IV hasta Tamerlán (1360 – 1404) – se inspiraban en el modelo mítico de los cazadores primitivos de Eurasia: el predador que persigue la caza en la estepa. La rapidez y lo imprevisible de sus movimientos, el exterminio de poblaciones enteras, la aniquilación de los signos externos de la cultura sedentaria (ciudades y aldeas) hacen que los jinetes hunos, ávaros, turcos y mongoles se parezcan a las manadas de lobos que dan caza a los cérvidos de las estepas o atacan los rebaños de los pastores nómadas. No cabe duda de que los jefes militares conocían perfectamente la importancia estratégica y las consecuencias políticas de aquel comportamiento, pero es cierto también que en todo ello desempeñaba un papel importante el prestigio mítico del cazador por excelencia, el animal predador. Muchas tribus altaicas reinvindicaban como antepasado a un lobo sobrenatural.
Mirce Eliade.
Historia de las creencias y de las ideas religiosas.

lunes, 9 de abril de 2018

LOS CÉRVIDOS.



Los cérvidos son miembros de un grupo de mamíferos artiodáctilos (número par de dedos) rumiantes ampliamente distribuidos por todo el Hemisferio Norte. Ciervos, gamos y corzos son moradores habituales de nuestros bosques. Estos elegantes herbívoros suelen vivir y desplazarse en manadas de tamaño variable.

Presentan una constitución física esbelta y grácil, su cabeza, que se va estrechando hacia el hocico, se asienta sobre una fuerte cuello. Las patas son relativamente largas, pero por el contrario sus pezuñas son pequeñas y afiladas.


El elemento más llamativo y característico de los cérvidos es su cornamenta, exclusiva de los machos, excepto en el caso de los renos. La cornamenta consiste en dos astas unidas a unos pivotes óseos frontales, sobre los cuales se van añadiendo más ramas cada muda anual. La caída y muda anual – en el caso de los machos – está directamente relacionada con el equilibrio hormonal: la pérdida de los órganos sexuales acarrea la de la cornamenta, que es sustituida por un pequeña y permanente de terciopelo. Por otro lado, la envergadura y complejidad varían en función de la edad y el tamaño del individuo.

Al macho la cornamenta le sirve como atributo de masculinidad (excepto en el reno) y como arma en las luchas con otros machos para conseguir hembras y defender el territorio. Durante la época del celo, la mayoría de los machos emiten fuertes bramidos para impresionar a hembras y a rivales.


Los principales géneros de cérvidos son: Cervus (ciervos), Dama (gamos), Capreolus (corzos), Rangifer (Renos) y Alces (alces).



domingo, 8 de abril de 2018

LOS MONTES DEL LOBO.


Erase una vez un bosque tan antiguo como el tiempo nuestros antepasados creían que era un milagro de contemplar, era un reino misterioso, tan inmenso que nadie sabía donde empezaba ni donde acababa, un mar infinito de verdor se extendía hasta los picos más elevados, aguas cristalinas fluían desde las cumbres para regar los valles de abajo, y donde hay agua hay vida. Miles de millones de criaturas colonizaron estas tierras vírgenes, los ríos llevaban infinidad de peces en sus aguas, y el cielo estaba repleto de aves, estas tierras albergaban las criaturas más espectaculares que pisaban el planeta , así era la Europa de hace milenios. Y nosotros éramos parte de esa Naturaleza. Pero con el tiempo ese mundo indómito se convirtió en un enemigo a conquistar y explotar. Hoy, como en el milagro de antaño, la vida salvaje resurge poco a poco de sus cenizas, en un territorio conocido como los montes del lobo. 

Esta región en los límites de Eslovaquia, Polonia y Ucrania forma parte de la cadena montañosa de los Cárpatos Orientales, su nombre data de la época medieval, y se debe a uno de sus moradores más antiguos, el lobo. Pocos seres humanos se aventuran a entrar aquí, es un reino de depredadores y presas, el hogar de formas únicas de vida silvestre, animales que dominan uno de los ecosistemas más complejos de Europa.

domingo, 8 de octubre de 2017

TAIGA O BOSQUE BOREAL.



Allí donde acaba el mundo de las ciudades, en los límites de la región templada, comienza la profunda taiga o bosque boreal. El lejano septentrión, tierras ajenas y extrañas para el mundo mediterráneo, se extiende la silenciosa taiga, enormes bosques de coníferas (pinos, abetos, cedros), árboles cuyas hojas tienen forma de aguja y desarrollan una gruesa cubierta que se adapta a las escasas precipitaciones. También evita la pérdida excesiva de agua, escasa precisamente por las pocas lluvias (concentradas en época estival) y las heladas invernales. La forma cónica de las copas de los árboles permite que la nieve resbale por ellas. Raíces largas y poco profundas para aprovechar mejor los nutrientes de las hojas y restos vegetales que caen al suelo (muy delgado y pobre). Estos árboles crecen apiñados entre sí para protegerse de las fuertes ventiscas. Una masa vegetal de aspecto gris, monótono y sombrío.


Las temperaturas extremas de un riguroso clima continental, con un verano corto y cálido, y un invierno muy largo y extremadamente frío, condicionan el medio físico y las formas de vida.


Suelos pobres, ásperos, casi sin vida. El deshielo primaveral pudre las plantas y enriquece el suelo. Las bajas temperaturas inhiben la acción bacteriana de los hongos, por lo que la descomposición es muy lenta. Por otra parte se trata de suelos muy ácidos para que puedan vivir las lombrices, por lo que el humos no se mezcla bien con la materia mineral. Resultado: suelos muy pobres, tipo “podzol”.


La vida es muy dura para los animales que habitan la taiga, como el oso pardo, el lobo, el zorro, la marta, el glotón, el visón, el alce y el ciervo, así como los ganados de renos semidomésticos. En invierno las aves emigran a latitudes más cálidas. Muchos de estos animales tienen la capacidad de cambiar de color su piel en función de la estación, como es el caso del armiño. En verano, con las temperaturas cálidas y los días de 24 horas, proliferan los insectos voladores, especialmente los molestos mosquitos.


domingo, 30 de julio de 2017

HERNE EL CAZADOR.



Las noches de plenilunio, entre los árboles del bosque de Windosor, acecha la sombra errante y fantasmal de Herne el Cazador. Un siniestro ser cornudo, que arrastra cadenas, monta un negro corcel y atormenta a los ganados.


Según la leyenda Herne era el montero mayor del rey inglés Ricardo II. Durante una partida de caza, el valiente cazador salvó la vida de su señor, pero a cambio quedó malherido, al borde de la muerte. Una vieja hechicera del lugar logró curar sus heridas y salvar su vida, pero a cambio tuvo que prometer no volver a cazar jamás. Desde ese lejano día es posible encontrarse con la sombra de Herne vagando solitaria por los bosques de Windsor.


El dramaturgo universal William Shakespeare recoge la leyenda en su obra “Las alegres comadres de Windsor”: “Hay una antigua conseja que refiere que Herne el cazador, que fue antaño guardabosques de Windsor, vuelve en invierno a la hora de la media noche y con la frente coronada de astas de ciervo se pasea alrededor de una encina, y allí deseca los árboles y ataca al ganado, y hace que la vaca vierta, en vez de leche, sangre, y sacude una cadena del modo más terrible y espantoso. Habéis oído hablar de ese espíritu y sabéis que los antiguos, en su credulidad supersticiosa, recibieron como una verdad, y la transmitieron a nuestros días, la leyenda de Herne el cazador”.




 Aunque la mención de Shakespeare es la más antigua, no falta quién pretende establecer conexiones entre esta leyenda y antiguos cultos forestales y deidades paganas – como el céltico Cernunnos - cuyo origen se perdería en la noche de los tiempos.
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