domingo, 8 de febrero de 2015

CAMINOS, LA MOVILIDAD EN LA EDAD MEDIA.



Aunque el hombre medieval, que reside en villas, aldeas y pequeños pueblos (poblachos) en un ámbito eminentemente rural (y natural), tenga como frontera vital la linde del bosque, y su universo (personal y colectivo) se reduzca, en ocasiones, al interior de esos (difusos) límites, no podemos (ni debemos) imaginar una sociedad medieval estática. Muy al contrario, la movilidad durante los siglos medievales, fue extraordinaria.

Campesinos (solos o con su familia) que ya no se sienten vinculados a la tierra van a emigrar, provocando uno de los fenómenos demográficos medievales más destacados, y en su camino se encuentran con albañiles y canteros (masones) que van extendiendo su destreza (románica y gótica) por todos los rincones de Europa; caballeros andantes penando por el amor de su dama, clérigos en viaje regular, o en ruptura con su monasterio; caballeros teutones que se dirigen a las tierras eslavas del Este; cruzados que sueñan con un dominio (señorío) en Tierra Santa; trovadores, juglares y titiriteros que arrancan sonrisas (y lágrimas) en plazas y castillos; estudiantes camino de las más afamadas escuelas y universidades; mercaderes transportando, comprando y vendiendo; boyeros y pastores que guían a las bestias; mercenarios que se venden al mejor postor; peregrinos, romeros y palmeros dispuestos a postrarse en sus Santos Lugares; ermitaños, giróvagos y vagabundos de todo pelaje.

Era tan poco lo que se tenía, que apenas importaba abandonarlo todo. En la Edad Media todo el mundo se mueve, todo el mundo camina. Hay que tener en cuenta además, durante los primeros siglos medievales, la uniformidad lingüística (el latín) existente en Occidente, favorece este continuo viajar por las rutas desesperadamente largas y lentas que recorrían Europa. El viajero se mueve a lo largo de sendas, caminos, vados, puentes, una red de itinerarios diversos que fluctúan entre algunos puntos fijos; ciudades, ferias, lugares de peregrinación, aguadas, puentes, fuentes, vados. . . . El espíritu de peregrinación y el de cruzada influyeron definitivamente en este anhelo por caminar.

A Le Goff y Fumagalli, 
con ellos soñé la Edad Media.


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