jueves, 12 de febrero de 2015

SANCHO VII DE NAVARRA "EL FUERTE"



En una jornada inolvidable, en un día propicio para la hazaña, la suya pasó a la Historia y quedó enmarcada en el escudo de su patria. En el fragor de la batalla, el poderoso brazo de Sancho el Fuerte, de un certero mandoble rompió las cadenas que protegían al califa almohade Miramamolín, que contemplaba desde su tienda, como su ejército caía derrotado en las Navas de Tolosa.

Hijo de Sancho VI y de Sancha de Castilla, también Sancho VII tuvo serios problemas con su vecinos, Alfonso VIII de Castilla y Pedro II de Aragón, y con tal de solventarlos buscó el apoyo de los incómodos almohades. Se desplazó a Marruecos donde el inteligente Abu Yusuf Yaqub supo entretenerle y utilizarlo en sus propias guerras en suelo africano. La prensa rosa cuenta que la hija del emir marroquí se enamoró perdidamente del fornido rey navarro. Mientras tanto el rey castellano logró incorporar Álava y Guipuzcoa, sin que el navarro pudiese hacer nada.

Pero los caminos de la política, y más en tiempos convulsos como estos, son inescrutables, y poco después Alfonso y Sancho arreglaron todo con un buen apretón de manos y acordaron unas paces duraderas.


Y tanto confraternizaron el castellano y el navarro, que Sancho VII, conocido como "el Fuerte" por su imponente físico de más de dos metros, su fortaleza y determinación, acudió presto a la convocatoria de Alfonso VIII, para alcanzar merecida gloria en los campos jiennenses durante la trascendental batalla de las Navas de Tolosa (A pesar de lo que cuenta la leyenda, parece que existían cadenas en el escudo de los reyes navarros antes de este día) .

Además de con Alfonso de Castilla, Sancho hizo buenas migas con Juan Sin Tierra (cuñado de su hermana) y con Jaime I el Conquistador. Tanto aprecio y admiración sintió por el paladín aragonés, que no dudó en proponerlo como sucesor, habida cuenta de no engendrar un varón legítimo. Sus deseos no llegaron a cumplirse.



Una dolorosa enfermedad retiró a Sancho de los campos de batalla, buscando refugio y tranquilidad a orillas del Ebro, en la ciudad de Tudela, permaneciendo en ella hasta su muerte. Sin herederos fiables, fue su sobrino Teobaldo de Champaña - Teobaldo I el Trovador - el sucesor del rey fuerte, con él se aposentaba en Navarra una nueva dinastía y vinculaba durante muchos años su destino al de Francia.

Años después de su muerte, su cuerpo fue trasladado a Roncesvalles, un lugar dibujado con tientes legendarios, donde más de uno (y más de dos) han querido buscar (y tal vez hayan encontrado) los orígenes míticos del Reino de Navarra.
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