martes, 10 de febrero de 2015

TEMPLARIOS EN ANDALUCÍA.



Profesionales doctos de la Historia, periodistas de los insólito y buscadores de los conocimientos arcanos ocultos, han tejido a lo largo de los últimos doscientos años una historia del Temple, donde todo es confuso, y la mayoría de las veces es prácticamente imposible discernir entre realidad y ficción. Por eso resulta muy complicado diseñar un mapa de la presencia templaria en Andalucía. No obstante, vamos a intentarlo. 

A pesar de todo lo publicado, la Orden del Temple nunca tuvo un papel destacado en tierras andaluzas, aunque claro, no debemos olvidar que durante la existencia de la Orden, buena parte de la antigua Bética estaba controlada por los reyes nazaríes de Granada. 

El primer intento de proyectarse en Andalucía fue abortado antes siquiera de ser un intento. En 1158 los templarios abandonaron la estratégica fortaleza de Calatrava ante la imposibilidad de defenderla ante los almohades. El control de este enclave les hubiese posibilitado la incursión en Andalucía. 

Habrá que esperar unos cincuenta años, hasta la batalla de las Navas de Tolosa, en la que tuvo una destacada participación la tropa templaria, cuyo maestre Frey Gómez Ramírez perdió la vida en el envite. 

Fue con Fernando III y sus campañas de conquistas del Valle del Guadalquivir, cuando la Orden del Temple se instaló en Andalucía, manteniendo dos casas conventuales en las ciudades más importantes: Córdoba y Sevilla. Los templarios dispusieron de numerosas encomiendas en la Corona de Castilla pero ninguna de ellas en suelo andaluz. 

En ocasiones para adscribir al Temple a un determinado enclave, nos basamos en tradiciones, más o menos legendarias, que en documentos fidedignos. No quiere decir esto, que la tradición carezca de importancia o verosimilitud. En ese sentido, otros lugares templarios andaluces, con más peso tradicional que documental son Aracena y Almonaster en Huelva, el Santuario de Santa Maria de la Cabeza en Andújar, Nuestra Señora del Valle en la Palma del Condado, el castillo de la Iruela en la Sierra de Cazorla e incluso el célebre Monasterio de la Rábida donde Cristobal Colón proyectó su viaje. 
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