Verano en un viñedo esloveno. Idílico. Zlati Grič, bodega especializada en los blancos suaves.
El caballo es el símbolo y blasón de la ciudad. Slovenske Konjice, una localidad enclavada en el valle del río Dravinja. Sobre la población se levanta la ladera de Konjiska gora (924 metros) y en ella, situada encima de Pristava, las ruinas de Stari grad, el castillo del siglo XIII.
Amanece en el viñedo. El Sol aún no se levantó y el silencio es, casi, absoluto. Tan solo el graznido de una corneja y los suaves pasos de un caminante madrugador. El mundo está a punto de comenzar a girar.
El castillo en una colina y la casa del viñedo, del siglo XV, enfrente, son los dos faros que iluminan Slovenske Koncije.
Muros y piedras que se mantienen en pie. Fósiles de otra época. El historiador investiga y aporta datos, el poeta sueña, fantasea e imagina. En una misma persona pueden convivir los dos.
Embaucadoras ruinas del castillo medieval. El hombre domeña la tierra, pero en cuanto tiene oportunidad, la Naturaleza reconquista lo que es suyo. La vida siempre se abre camino y la vegetación avanza a la vanguardia.
El crepúsculo sobre el viñedo. Me alejé del Adriático y avancé hacia el verdadero corazón de Europa.


















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