sábado, 19 de enero de 2013

ILIRIOS

(a la luz de la arqueología) 

La primera mención escrita sobre los ilirios, se la debemos a los logógrafos jonios. Lingüísticamente indoeuropeos, estaban emparentados culturalmente con los tracios. Ambos pueblos, ilirios y tracios, se vieron cada vez más influidos por las colonias griegas, y desde el siglo III a.C. por los Imperios Macedónico y Romano que estaban en plena expansión territorial. 

Las principales fuentes que tenemos sobre los ilirios, además de las escritas, son las pruebas visibles y los restos arqueológicos. 

La transición hacia el hierro trajo importantes transformaciones en la producción y tecnología en la zona; Balcanes y costa del Adriático, a grandes rasgos, el territorio de la antigua Yugoslavia. Además a partir del siglo IX a.C. la población pasó a ser definitivamente indoeuropea. 


En los comienzos de la I Edad del Hierro, los ilirios fueron portadores de la cultura de Hallstatt. 

La helenización, que no trajo un proceso de profunda aculturación, si que supuso un vehículo de comunicación entre los ilirios, y el mundo celta, el sur de Italia, los escitas del noreste e incluso con Anatolia y Irán. 

El urbanismo presenta una tipología común que se extiende desde el mar Negro hasta el mar Adriático. Se han hallado poblados al aire libre y fortalezas, en lugares estratégicos, para la defensa y el control del territorio. Muchos de estos asentamientos aparecen asociados a grandes centros de enterramiento. 

Un tercer tipo de asentamiento son las residencias de jefes tribales y reyes ilirios. Normalmente estaban fortificadas y se componían de palacio, torre, cuarteles, establos, almacenes y talleres para trabajar el hierro. Estas protociudades, con el tiempo, se fueron convirtiendo en auténticos centros de gobierno, económicos y militares de las regiones en los que estaban enclavados. 

El arte local ilirio produce objetos para consumo de la aristocracia. Utilizan una iconografía con sus propios códigos estructurales, geométricos, vegetales, antropomorfos y zoomorfos. Se trata de un arte basado en una concepción jerárquica y asimétrica de las fuerzas cósmicas. 

Entre los ilirios, la tradición se transmitía de forma oral, (carecían de escritura), de ahí la gran importancia de la memoria histórica. 

Entre los ilirios se extendió el culto a la Gran Diosa Madre, identificada con montañas, rocas y piedras sagradas, y en estrecha relación con el orfismo tracio o el Salmoxis de los getodacios. 

A pesar de todo, nos faltan documentos literarios y epigráficos para acercarnos a la religiosidad de los ilirios, aunque es comúnmente aceptado, que el culto de los antepasados era un elemento común a todos los grupos tribales. 

La dualidad telúrico/solar (tierra/cielo) representada por la divinidad celta Taranis, el trueno, tiene su correspondencia, según epigrafía de época romana, Seniytos Surdos. Entre los ilirios, la divinidad solar es conocida como Medauro y la de las aguas como Bindo. 

No tenemos datos, ni información, sobre una casta sacerdotal iliria, pero podemos hacer una extrapolación con el mundo druídico de los celtas. Nos da una idea de como pudieron ser estos sacerdotes; encargados de sacrificios, observaban el cielo, hacen vaticinio e instruyen a los jóvenes. 

Tras la muerte, la inhumación fue ganando terreno entre los grupos populares, mientras que la cremación quedaba reservada a la aristocracia, cuya máximo exponente son las tumbas principescas. Una vez más, las sepulturas son una muestra más de la existencia de desigualdades sociales. 

A pesar de influencias helenísticas, y también etruscas, a través del Adriático, el grado de asilamiento de muchas de estas poblaciones, durante largo tiempo, posibilitó la pervivencia de costumbres ancestrales, tal y como nos informan, entre otros, Heródoto y Estrabón. Por ejemplo Estrabón recoge la costumbre entre los dardanios de lavarse tres veces en la vida; probablemente marcando rituales concretos (nacimiento, nupcias, muerte) 

La romanización tendrá un gran peso en la cultura de estos pueblos. Aunque en las zonas más remotas y aisladas, los grupos paleobalcánicos resistieron pasivamente la influencia extranjera. Desde el siglo IV a.C. las tierras habitadas por los ilirios se extendían hacia el oeste, desde el mar Adriático hasta el río Morava, y hacia el norte, desde Epiro hasta la cuenca del Danubio medio. 


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