lunes, 12 de octubre de 2015

MAMELUCOS, DE ESCLAVOS A SULTANES.



Aguerridos y disciplinados combatientes, un auténtico martillo que golpea con una fuerza terrible en el campo de batalla, los mamelucos, gente práctica, hombres acostumbrados a durísimas condiciones de vida, rompieron las cadenas de la esclavitud, para sentarse en el trono de sultán y dirigir un poderoso imperio.


Los “mamalik” esclavos, comprados, regalados o cautivos de guerra de diferente procedencia eran habituales en el mundo islámico (donde solían desempeñar funciones marciales) y a comienzos del siglo XIII un sultán egipcio, de la dinastía descendiente del gran Saladino, decidió organizar con ellos un auténtico cuerpo de élite, a imitación de los laureados jenízaros otomanos. A tal fin importó 1.200 esclavos, en su mayoría procedentes del Cáucaso, a los que transformó en su guardia personal. La idea del sultán egipcio era utilizarlos para hacer frente a los salvajes cruzados.

En poco tiempo los mamelucos se convirtieron en una élite guerrera y ya que decidieron rebelarse, tomar el poder, derrocar a los ayubíes y proclamarse sultanes. Trabajando unidos y manteniendo una férrea disciplina, los 1.200 mamelucos y sus descendientes dominaron Egipto durante más de dos centurias, conquistando también las vecinas Siria y Palestina. Además consiguieron conjurar las dos grandes amenazas que se cernían sobre el mundo islámico: los mongoles en Oriente y los cruzados desde el Poniente.

Para asegurarse la legitimidad religiosa contaron con la colaboración (más o menos voluntaria) de los califas abbasíes. Por otro lado patrocinaron las artes, aprovechando para ello el enorme legado cultural que les proporcionaba Egipto.


Durante su reinado los mamelucos convirtieron Egipto en una potencia regional, cuyas fronteras llegaban hasta los límites de otra potencia en ciernes; el estado otomano. En esta época El Cairo era el centro neurálgico y el motor del comercio asiático en el Mediterráneo, llegando a ser el modelo ideal para todas las ciudades del mundo islámico. El lujo y el boato reinaban en la corte mameluca. Hasta aquí llegaron artistas, eruditos y viajeros, como el famoso Ibn Batutta, o Ibn Jaldún, que extasiado ante la belleza cairota escribió:

“Quién no haya visto El Cairo no ha visto la magnitud del Islam, pues ella es la capital del mundo, el jardín del orbe, la asamblea de las naciones, el comienzo de la tierra, el origen del hombre, el iwan del Islam y el trono del reino”.


Pero todo tiene su fin, todo imperio sufre su declive, y el de este Imperio comenzó en 1450. Fueron otros musulmanes, los otomanos de Selim I los que sepultaron bajo las arenas del desierto el glorioso pasado mameluco. Era el año 1517 y tras ser derrotado en batalla, el poder mameluco dejó de existir. 
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