domingo, 31 de mayo de 2015

NANCY, CAPITAL DE LOS DUQUES DE LORENA.



Una pequeña ciudad de provincia, perdida en el maremágnun de ciudades francesas, Nancy fue hogar de duques y capital histórica de Lorena, en eterna rivalidad con el obispado de la cercana Metz. Su centro presenta una simbiosis arquitectónica tendente al lujo ornamental que recuerda pasados tiempos de grandeza. Su conjunto arquitectónico del siglo XVIII forma parte, por méritos propios, del Patrimonio de la Humanidad según UNESCO.


El duque Mateo I de Lorena decidió en 1153 situar la capital del Ducado de Lorena en Nancy, que ejerció como tal hasta la desaparición de este dominio señorial en 1766 cuando fue anexionado por el Reino de Francia.


Ubicada en una zona fronteriza, apetecida por propios y extraños, Nancy sufrió los avatares de la historia, sirvió de bisagra e intermediaria entre el Reino de Francia y el Sacro Imperio, y en 1475 fue sitiada y rendida por Carlos el Temerario que proyectaba crear un gran estado borgoñón. Pero dos años después, el duque René II consiguió reconquistarla.


El palacio ducal del siglo XV, combina el gótico flamígero con el estilo renacentista de inspiración italiana, y fue durante un par de siglos la residencia habitual del duque de Lorena.


La place de Sain Epvre, presidida por una fuente rematada con una estatua ecuestre de René II era la plaza del mercado medieval y el lugar de reunión e intercambios comerciales. Entre los siglos XII y XIII fue construida esta plaza que pronto se convirtió en el espacio más dinámico de la ciudad, gracias a su mercado, donde se podía sentir el bullicio de una sociedad bajomedieval en plena efervescencia.


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