domingo, 30 de noviembre de 2014

ARENA DE ARLÉS



Antes los gladiadores y ahora los toros, tiñen carmesí la Arena de Arlés, embriagados por el atronador griterío de la masa enfervorecida.


La magnitud e importancia de una ciudad romana (o galorromana en este caso) podemos contrastarla a partir del número y tamaño de los recintos lúdicos. Cualquier ciudad contaba con un teatro. Las que comienzan a tener cierta preeminencia, disfrutaban también de un anfiteatro permanente. Y las más prósperas incluían un circo. Viendo las dimensiones del teatro y anfiteatro de Arlés, y conociendo (y situando en el plano) la existencia de un circo, podemos fácilmente hacernos una idea de la preponderancia e importancia que tuvo la Arlés Romana.


Arena de Arlés es el nombre de un anfiteatro romano construído en la década de 80 -90, unos años después del Gran Coliseo de Roma, al que intenta imitar en forma y estructura.
Al finalizar la Antigüedad fue abandonando su función principal y en algunas ocasiones llegó a servir como refugio para la población local en momentos de peligro. Y en la Edad Media fue transformado en auténtica fortaleza, y para dotarlo de elementos poliorcéticos, se añadieron cuatro torres, de las que tres, quedan hoy en pie, una de ellas dominaba la ciudad, la que se le enfrentaba controlaba el Ródano. Además se fueron construyendo viviendas en su interior y el antiguo anfiteatro quedó convertido en un vecindario medieval en el que se amontonaban casas y talleres.


En la actualidad es un coso taurino de gran tradición en el sur de Francia. Si antes eran gladiadores, ahora son toreros los que pisan la arena.



En los alrededores del anfiteatro es fácil encontrar tabernas taurinas, ¿sorpresa?, no, la tauromaquia es tan antigua como el Mediterráneo mismo.  


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