jueves, 27 de noviembre de 2014

UNA REUNIÓN EN VISEGRAD.



El 15 de febrero de 1991, un año clave para Europa, se reunieron en Visegrad, una fortaleza medieval húngara, situada en un recodo del Danubio, Vaclav Havel último presidente de Checoslovaquia unida, Lech Walesa, presidente polaco y Jozsef Antall, primer ministro de Hungría, con el objetivo de establecer unas líneas de cooperación que facilitasen la plena integración en Europa tras la caída de la Unión Soviética y la desaparición del Bloque Comunista. Havel, Walesa y Antall repitieron lo que siglos antes ya había hecho Juan de Luxemburgo, Carlos Roberto y Casimiro III.

Carlos Roberto de Anjou, rey de Hungría, destacó más por sus dotes diplomáticas que militares, y en el año 1335, organizó una reunión a tres bandas en el Castillo de Visegrad, por otro lado, uno de los rincones más bonitos de toda Europa. Por medio de su esposa polaca, Isabel Lokietek hermana de Casimiro III, entabló fluidas relaciones amistosas con el Reino de Polonia, gracias a las cuales consiguió reconciliar a los reyes polaco y bohemio, a los que citó en la citada fortaleza húngara.


En esa reunión surgió un pacto defensivo contra un poderoso enemigo común, el Sacro Imperio Romano Germánico, firmado por Carlos Roberto I de Hungría, Juan de Luxemburgo, rey de Bohemia y Casimiro III el rey de Polonia. Además, acordaron establecer una nueva ruta comercial, evitando aquella que pasaba por Viena, ya que tenía el derecho de retener las mercancías frenando el desarrollo del comercio exterior de los tres reinos. Al poco tiempo se dinamizaron los movimientos comerciales a través de Cracovia, Brno, Lemborg, Esztergom y Buda.  
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