jueves, 27 de noviembre de 2014

VINDOBONA.



Una de las ciudades más bellas y carismáticas de Europa, la capital de Austria Viena, también tuvo (como muchas otras en el Viejo Continente) un origen urbanístico romano. Éstos la llamaron Vindobona, un topónimo de origen celta que significa "ciudad blanca".


Hacia el año 500 a.C., en plena Edad del Hierro, los celtas, procedentes quizás de la cercana Hallstatt, se establecen en la zona, siendo complementados más tarde por algunas bandas de germanos. En el 15 a.C. y dentro del contexto de expansión romana hacia el norte, la actual Viena se convirtió en un campamento militar desde el que se puede controlar la provincia de Panonia.


Enclavada junto al eterno Danubio (no tan azul como quiere el famoso vals), frontera natrual (y osmótica) entre el civilizado mundo romano y el bárbaro mundo romano, Vindobona servirá de baluarte defensivo para el Imperio, hasta su caida. El emperador Marco Aurelio falleció aquí en el 180, después de sus campañas en la fría Germania.


Vindobona fue en origen un destacado campamento militar, que albergaba unos 6000 hombres, con una población civil adjunta. Además a su alrededor se fueron desarrollando centros de abastecimiento y comercio, creando el germen de una futura urbe.


En Michaelplatz se han excavado los restos de un puesto militar avanzado



Cuando uno pasea por Viena, pocos son los restos romanos que se dejan ver. Habría que destruir sus maravillosos edificios y socavar sus cententarias calles para dar con ellos, evidentemente algo carente totalmente de sentido. No obstante, escultores barrocos y especialmente neoclásicos, legaron una serie de estatuas y relieves, diseminados por toda la monumental ciudad, que retratan y recuerdan, ese lejano pasado romano, como queriendo de alguna manera entroncar con su grandeza. Algo parecido sucede con Grecia si atendemos, por ejemplo, a su Parlamento.  
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