martes, 9 de febrero de 2016

KARLUV MOST.



Treinta estatuas, de otros tantos santos varones, jalonan el puente y acompañan, desde hace siglos, a todo el que lo cruza. Símbolo praguense, la piedra vibra en su interior más profundo. Los pies de los turistas, viajeros y músicos callejeros le insuflan vida a la piedra que lo sustenta.

En la ciudad de Praga, una de las urbes más bellas, mágicas y admiradas de Europa, sobre el río Moldava, se extiende, de orilla a orilla el Karluv Most (Puente de Carlos), auténtica obra de arte de la arquitectura centroeuropea. El puente fue proyectado por Peter Parler, que además supervisó su construcción, ingeniero de confianza que estaba al servicio del rey de Bohemia y emperador del Sacro Imperio Carlos IV, el artífice del embellecimiento de Praga.


El día de la coronación el cortejo procesionaba desde la Ciudad Vieja hasta Mala Strana, y entre los vítores (o abucheos) del respetable, llegaban hasta el Castillo atravesando el río Moldava por el Karluv Most.


La vida se extiende a ambas orillas del Moldava, a un lado la Ciudad Vieja – Stare Mesto – al otro lado la Colina del Castillo – Przky Hrad – y el pintoresco barrio de Mala Strana. El Puente Carlos unifica toda la ciudad. Belleza y ambiente jovial son los principales distintivos de Praga.


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