miércoles, 17 de febrero de 2016

ZAFRA, CAPITAL DE LA BAJA EXTREMADURA.



Zafra, entre Andalucia y los límites de la Meseta, lleva siglos ejerciendo funciones de auténtica capital de la Baja Extremadura. Desde aquí, los Señores de Feria (condes y duques) controlaron un próspero dominio y convirtieron Zafra en un destacado punto de referencia comercial, con la celebración de ferias y mercados. A escasos kilómetros de las comarcas serranas, Zafra reina sobre la verde llanura pacense.


El Palacio de los Duques de Feria (antes alcázar), la Colegiata y las dos plazas porticadas son los hitos arquitectónicos de esta ciudad.


Zafra actual es la superposición termporal de tres ciudades. Una romana (Restituta Iulia Imperial) colocada estratégicamente en la vía que unía dos capitales (provincial/conventual), Emerita Augusta e Híspalis. Una árabe, Safra (o Cafra) de la que procede el nombre actual, y que fue tomada por el leonés Alfonso IX e incorporada definitivamente en 1241 por San Fernando. Una villa bajomedieval, fronteriza, ganadera y dedicada al comercio, famosa en toda la región por sus ferias.

Reyes y reinas Trastámara, mediante nobles y caballeros afines, concedieron a Zafra un papel protagonista en la historia del espacio geográfico donde se ubica. A finales del siglo XIV (1394) Zafra se convierte en el núcleo principal del Señorío de Feria (condado con Enrique IV y ducado por deseo expreso de Felipe II), que pertenecía a la Casa de los Suárez Figueroa, tras cesión de Juan II a Gómez I Suárez de Figueroa. Precisamente los miembros de esta familia acometieron el engrandecimiento y embellecimiento de Zafra, la hicieron prosperar, patrocinaron sus célebres ferias de ganado y la amurallaron.

En la Guerra de Sucesión Castellana, un conflicto que golpeó a todos los territorios de la corona castellana, y en el que cada cual tuvo que tomar partido por uno de los bandos enfrentados, los señores de Zafra apoyaron sin titubeos a Isabel la Católica, a la postre vencedora y reina. Agradecida, la reina Isabel concedió gracias mil y ratificó los derechos de comercio y de celebración de la Feria de Ganado. Un ilustre personaje nacido aquí, Hernando de Zafra, fue consejero de Isabel y secretario de los Reyes Católicos durante la Guerra de Granada.


El desarrollo urbanístico (y arquitectónico) de Zafra debe mucho (como hemos señalado) a los Señores de Feria. En 1437 Lorenzo II Suárez de Figueroa inició la construcción del alcázar, convertido con el tiempo, en el edificio civil más emblemático de la población. Poco a poco y en sus inmediaciones se irían trazando calles y callejuelas, plazas y caseríos. También acometió el amurallamiento de la ciudad, decisivo (e imprescindible) debido a la situación de Zafra en una llanura y la inexistencia de defensas naturales.




Muy cerca del palacio-alcázar se encuentra el convento de Santa Clara, antiguamente monasterio de Santa María del Valle de la Orden de Santa Clara, fundado en 1428 por Gómez I y su esposa Elvira Laso de Mendoza (padres del citado Lorenzo II) con la intención de utilizarlo como panteón familiar.


Lorenzo II, auténtico mecenas de Zafra, ordenó en 1442 la construcción del Hospital de Santiago, que luce una fachada de estilo gótico florido para atender a los más necesitados.


La iglesia parroquial de la Candelaria, de mediados del siglo XVI, y convertida en Colegiata a principios del siglo XVII pasa por ser el edificio religioso más importante de Zafra.


Las murallas de la ciudad contaban con ochos puertas, algunas de ellas con una suave tendencia a la monumentalidad (no es el caso de la fotografiada).



La sede del ayuntamiento es un edificio clásico situado en la plaza del Pilar Redondo, que fue desde el siglo XVI y hasta el año 1824 Convento de la Cruz.


Lo más sobresaliente del edificio es el claustro conventual de dos niveles.


La Plaza Chica es, probablemente, el rincón más bonito y sugerente de todo el casco antiguo de Zafra. Un espacio porticado, rodeado de centenarias casas de dos y tres plantas, funcionó durante siglos como un pequeño centro comercial, donde abrían sus puertas comercios, fondas y posadas.

Desde el siglo XIV la Plaza Chica funcionó como centro de la villa medieval, sede del concejo municipal y plaza del mercado.


Terminó la Edad Media y Zafra continuó su inevitable crecimiento, y es en esos momentos, siglo XVI, cuando se construye la plaza mayor, sobre los restos del atrio y cementerio de la antigua iglesia de la Candelaria. Cuando se derribe la iglesia la Plaza Grande surge como nuevo espacio social y económico de la ciudad. Con el paso de los años, el centro neurálgico de Zafra basculó de la Plaza Chica a la Plaza Grande, que pasó a ser punto de encuentro y reunión de vecinos y mercaderes. Durante un tiempo incluso albergaba los festejos taurinos. 


A partir de la Edad Media podemos considerar a Zafra el centro urbano más destacado e influyente de la Baja Extremadura, una época en que comenzó a despuntar por su actividad artesanal y el prestigio de sus mercados (dos actividades esencialmente burguesas). De esta forma, y al menos desde finales del siglo XV, se celebra la afamada feria de ganado coincidiendo con la festividad de San Miguel. Como recuerdo de aquellas ferias medievales se celebra la Feria Regional del Campo Extremeño y Feria Internacional Ganadera.



Tras pasear por la historia de Zafra, admirando su arquitectura y legado histórico, no podemos dejar pasar la oportunidad de disfrutar de su gastronomía; vinos, quesos y jamones. Una sugerencia, La Tarama, su dueño Manuel Bellido, enamorado y conocedor de las riquezas gastronómicas de su tierra, es un auténtico crack en todos los sentidos....  


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