miércoles, 25 de junio de 2014

LUCES EN LA OSCURIDAD



Durante el siglo XVI, eruditos autoproclamados humanistas cubrieron con un oscuro mando la realidad histórica que les había precedido. Para aquellas mentes poseídas por el espíritu clásico de Grecia y Roma, el continente europeo había vivido una época nefasta, definida por su atraso tecnológico, la mentalidad supersticiosa y la interrupción de las relaciones comerciales, que se originó con la caída del Imperio Romano de Occidente y que se alargó hasta su propio tiempo. Renacimiento significaba volver a recuperar los valores, la cultura y la luz apagada por obra y gracia de hordas bárbaras surgidas de las entrañas del mismo Averno. Y después de los Humanistas, en los siguientes quinientos años, las nuevas generaciones continuaron retratando la Edad Media como un época oscura.

Desde que tengo uso de razón he visto la Edad Media como una época maravillosa, llena de emociones, aventuras y romanticismo; brujas, dragones, caballeros andantes, juglares y trovadores, frailes y damas enamoradas, moros y cristianos, castillos y catedrales, dieron forma a mi imaginario medieval. Y crecemos. Y estudiamos. Y leemos. Y viajamos por Europa. Y con nuestros ojos visualizamos el legado de un mundo medieval rico, variopinto y lleno de matices. Y entonces descubrimos las luces en la Oscuridad.

En la profundidad de los bosques se materializan brillantes luces urbanas. Roma era uniformidad y globalización, la Edad Media fue todo lo contrario, una eclosión de ideas y nuevas formas de organizar la sociedad, la economía y el estado. Cobijados tras los gruesos muros de piedra de un monasterio rural, afanosos frailes trabajan la tierra, oran a dios y registran por escrito cuentos, leyendas, historias y tradiciones que han podido recopilar. 

Una época oscura que contempló el alumbramiento de la Universidad, de un estilo románico que bebió de múltiples fuentes, múltiples formas de entender el estado, de una profusa literatura y filosofía escolástica que trataba de aunar fe y razón, de inspiradoras novelas de caballería y aventuras legendarias, de la formalización de leyendas atávicas que el siglo XX ha convertido en clásicos inmortales del cine y la literatura. Una incipiente actividad manufacturera de paños que sentó las bases (lejanas) en Flandes de la ulterior y exitosa Revolución Industrial. Maestros de obra que elevaban las torres de sus catedrales góticas hacia los mismos cielos, morada divina. Canteros y albañiles capaces de dar forma a las ideas del magister. Excelsos artistas capaces de dibujar el cielo en una bóveda románica. Ingeniosos trovadores y juglares que hacen llegar al pueblo las historias más fascinantes, como el Ciclo del Grial y las leyendas del Rey Arturo y sus Caballeros de la Mesa Redonda, que han llenado, y seguirán llenado, salas de cine en todo el mundo. Eddad y Cantares de Gesta cuentan las aventuras de antiguos héroes y dioses. Odín usurpó el Olimpo a Zeus y Mahoma compitió con Jesucristo por ver quien acercaba al mismo Dios, el mayor número de fieles creyentes. Mitos celtas que sobrevieron en legajos escritos por monjes en monasterios columbanos, donde la actividad intelectual fue una auténtico razón de ser y existir. Franciscanos que se atrevieron a contradecir a la cúpula eclesiástica y dieron una nueva lectura a los evangelios. Clarividentes mercaderes que organizaron la actividad comercial en cofradías y hansas. Maestros de gremio expertos en monopolizar toda la producción, con una visión empresarial propia, concebida para ajar a la competencia. La capacidad de sobrevivir alimentándose de todo lo que la Madre Naturaleza pudiese ofrecer. La creación de un universo demonológico que implica una gran alarde de imaginación. Repúblicas de notables que jugaban a ser democracias, como ocurre aún en nuestros días. Matemáticas indoarábigas que llegaron a Europa de la mano de matemáticos como Leonardo Pisano, conocido como Fibonacci. Campesinos armados y organizados en lucha por sus más simples derechos, enfrentados a intransigentes señores. Vikingos, varegos o normandos, intrépidos aventureros y viajeros que salvaron obstáculo, recorrieron mares y océanos, remontaron ríos, comerciando y guerreando, y que alcanzaron costas que nadie conocía. Movimientos de peregrinos, un antecedente del turismo, el placer de viajar por viajar. 

En definitiva, la Edad Media supuso el paso del pretendido uniformismo romano impuesto a través del ejército, la administración y la burocracia, a una variopinta multiculturalidad que terminó de dar forma a las diferentes personalidades europeas.

Y yo me pregunto ¿volveremos a vivir una nueva Edad Media cuando se colapse el sistema actual?
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