martes, 6 de mayo de 2014

IMPERIO DE MALÍ



El pueblo mandinga, a mediados del siglo XIII, logra imponerse a sus vecinos y crear el Imperio de Malí, que en su lengua nativa significa "hipopótamo", un estado medieval africano, cuyo núcleo territorial fue la región de Bamako.

En 1235, Sundiata Keita, mandatario de un pequeño reino llamado Kangaba (en el África Occidental), y que había conseguido agrupar a diversos clanes mandingas, consiguió la victoria en la Batalla de Kirina, enterró bajo las arenas del olvido, el otrora próspero Reino de Ghana, y estableció un nuevo centro de poder: Malí. Durante sus años de gobierno, el nuevo estado creció en poder y riqueza, y el rey adoptó el título de Mansa.


El esplendor del Imperio coincidió con el reinado de Mansa Musa, que convirtió el reino al Islam. En esta época su poder abarcaba gran parte de las actuales Gambia, Senegal, Guinea y Malí.

Los mercaderes comerciaban con oro y esclavos, que intercambiaban por tejidos, cobre, dátiles, higos, artículos de metal y Sal. Todos estos productos atravesaban la inmensidad del Sahara en caravanas de camellos, un animal imprescindible para estas sociedades.

En el año 1324, Mansa Musa, emprendió el largo viaje de peregrinación a La Meca, acompañado de un inmensa caravana, formada por más de 50.000 porteadores. Se cuenta que tanto oro gastó durante su estancia en El Cairo, que la moneda egipcia tardó varios años en recuperarse.


"Mansa Musa, hijo y sucesor de Alí Bakr, se distinguió por su poder y por la santidad de su vida. Administró de una forma tan justa que su recuerdo permanece vivo. Hizo una peregrinación en el año 724 de la Héjira: doce mil jóvenes esclavos, vistiendo túnicas de brocado y seda del Yemen, trasnportaban los equipajes. Se llevó de su país ochenta cargamentos de oro en polvo, cada uno de los cuales pesaba tres quintales; este polvo se transportaba habitualmente cargado en las espaldas de los esclavos o de hombres libres; pero en viajes largos, como esta ida a La Meca, se sirvió de camellos.
Mansa Musa encontró en La Meca al poeta español Abu-Ishac-Ibrahim-Es-Saheli, más conocido por el nombre de Tueidjen, y lo llevó consigo al país de los negros. Al regresar a su capital, mandó constuir una sala de audiencias sólidamente edificada y revestida de estuco; efectivamente, edificios de este género eran desconocidos en su país. Abu-Ishac-Ibrahim, hombre muy hábil en varios oficios, se encargó de realizar la voluntad del rey y construyó una sala cuadrada con un cúpula encima.
El sultán Mansa Musa mantenía relaciones amistosas con el sultán merinida Abu-Al-Hcen, y los dos monarcas se mandaban presentes uno al otro por intermedio de altos personajes de las respectivas cortes. El sultán magrebí mandó enviar con una escolta los más bellos productos de su reino y encargó al emir llevar este presente verdaderamente real al sultán de los negros. Lo acompañaba una delegación formada por los personajes más importantes del imperio. La magnificencia de aquel regalo se tornó en un asunto de todas las conversaciones.
La ofrenda fue recibida por Mansa Soleimán, sucesor de Mansa Musa: el príncipe negro quiso corresponder con algo equivalente y mandó reunir los más raros y curiosos productos de su país. La muerte reunir los más raros y curiosos productos de su país. La muerte de Mansa Soleimán, ocurrida en la misma época, impidió a la caravana continuar su camino. En este tiempo, estalló una guerra civil en el reino de Malí: varios príncipes intentaron apoderarse del trono y se mataron los unos a los otros. El desorden se terminó con la conquista del poder por Mansa Diata. Este príncipe, al examinar los negocios del reino, descubrió que los presentes enviados al sultán del Magreb todavía se encontraban en Ualata y ordenó inmediatamente que se hiciesen llegar a su destino.
Esta oferta llegó a Fez en el mes de Safer en 762. El día de su llegada a la ciudad constituyó una auténtica fiesta. La noticia de la llegada de esta embajada se extendió rápidamente. Los emisarios fueron hospedados por el sultán y, como este príncipe murió antes de que ellos partieran, fue el regente del imperio quien les entregó los presentes usuales y se despidió de ellos".
Ibn Jaldún
Historia de los Bereberes. Tomo IV.

A su regreso, Mansa Musa conquistó la ciudad de Tombuctú, y la convirtió en la capital de su imperio. Además estableció una escuela de estudios islámicos que se convirtió en centro de referencia para el mundo musulmán africano.

Tombuctú, a orillas del Níger, la ciudad de las maravillas del África Negra, joya de la corona del Imperio de Malí, ¿quién no ha soñado visionar desde el lomo de un camello la capital del desierto?


En el Tombuctú de la época mandinga destacan las mezquistas de Djinguereber, obra del arquitecto andalusí Ishak es-Shaeli.

La riqueza de Malí era legendaria, y a lo largo del río Níger se situaban los principales centros económicos del Imperio; Djenné, Diaka, Tombuctú y Gao.

El mansa, o emperador, era el jefe del gobierno, y se rodeaba de familiares, altos funcionarios, dignatarios y un pequeño grupo de secretarios. El Imperio era una especie de confederación, pues cada provincia gozaba de amplia autonomía, y los reinos vasallos, quedaban unidos al poder central por una simple alianza simbólica. En su momento de mayor extensión, el Imperio de Mali llegó a contar con doce provincias, con un gobernador al frente.


Con el tiempo, la provincia de Songhay creó un nuevo imperio que terminaría absorviendo al Imperio de Malí.  
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