viernes, 2 de mayo de 2014

FONCEBADON



A 1.493 metros, uno de los techos del Camino, coronándolo después de una larga (y a ratos tortuosa) subida de unos cinco kilómetros. Por supuesto el calor sofocante de toda la jornada no ha facilitado las cosas. Desde aquí tocas el cielo y observas como volamos sobre los maragatos. 


Foncebadón, pueblo en ruinas, revitalizado por los nuevos peregrinos, fue, allá por el siglo X, sede de un Concilio presidido por Ramiro II. El eremita Gaucelmo, durante el siglo siguiente fundó un albergue para aquellos que peregrinaban hacia Santiago, a partir del cual surgió una abadía primada por Alfonso VI. 


Parajes desolados y sobrecogedores que recuerdan la eternidad del alma.


¿Todavía queda gente que no cree en la existencia de la magia? Subir hasta aquí caminando, compartir mesa y albergue con otros peregrinos, respirar el atardecer y ensimismarse con el amanecer, nos reafirman que la vida es maravillosa. 


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