sábado, 9 de enero de 2016

¿TRASHUMANCIA PROTOHISTÓRICA?



Entre el año 190 a.C. y 181 a.C., según nos informan Polibio y Tito Livio entre otros, y en años anteriores a la guerra abierta de Viriato contra Roma, se producen movimientos anuales de lusitanos, acompañados ocasionalmente por vetones, desde las agrestes zonas montañosas de la Mesopotamia extremeña hasta las fértiles llanuras andaluzas. Tradicionalmente estas expediciones se han venido explicando desde el punto de vista de un bandolerismo institucionalizado entre estos pueblos. La pobreza, las naturaleza agresiva de estas gentes y la aridez de las tierras han servido para entender este fenómeno. En los últimos tiempos se ha propuesto una hipótesis alternativa, y más complementaria que absoluta (y excluyente); la práctica de la trashumancia.

Jesús Sánchez Corriendo expuso en un artículo “¿Bandidos Lusitanos o Pastores Trashumantes?” (H. Ant. XXII. 1997) esta interesante hipótesis, según la cual, esos movimientos de lusitanos y vetones, junto a sus rebaños y familias, respondían a la necesidad de buscar pastos invernales para apacentar al ganado. Por supuesto estos grupos de población iban armados, con la intención legítima de proteger sus ganados. La consecuencia inmediata de muchos de estos desplazamientos, era el choque armado con el gobernador provincial de turno. De estos combates nos informan puntualmente las fuentes escritas de la época. “En realidad, las gentes de las regiones más arriba del Anas y del Tajo debían acercarse todos los años al sur en busca de pastizales donde apacentar a sus ganados en invierno, lejos del frío de la Meseta. Si nadie les impedía el paso hacia unas tierras a las que les llevaba la costumbre, adquirida por prácticas tradicionales, no se producirían enfrentamientos armados, y los desordenes se limitarían, en todo caso, a los habituales choques de intereses con los agricultores. Sin embargo esta práctica seminómada creaba problemas a los gobernadores romanos porque suponía la entrada de grupos de población ajenos al poder militar, que desestabilizaban la provincia al quebrar las fronteras, y llevaban a cabo una actividad económica que escapaba al control de los nuevos dueños de la región. Por eso se les atacaba en cuanto había oportunidad, y se les calificaba como bandidos, gentes de fuera de la ley”.

Para Sánchez Corriendo existía además, una relación entre esta práctica ganadera y las llamadas estelas del suroeste. “Creemos que la relación estelas-tierras de pastos- caminos de ganado es evidente. La funcionalidad de las estelas como anunciadoras de la presencia próxima de los prados y como delimitadoras de las comarcas donde se podía aprovechar el pasto, introduce un nuevo elemento a considerar en la presente investigación sobre la ganadería trashumante en la Antigüedad: las estelas marcarían las áreas en que los pastores y sus rebaños podían instalarse para pasar el invierno, sirviéndose de los pastos que allí había”. Debemos suponer por tanto la práctica de acuerdos y pactos mutuos, basados en algún tipo de ley no escrita, para el aprovechamiento, más o menos comunal, de dichos pastos, por pueblos de diferente procedencia.


Según este último apunte ¿podemos atribuir una función similar a los famosos verracos vetones?.


Quizás nunca podamos afirmar a ciencia cierta la existencia de una trashumancia a gran escala para esta época tan temprana, pero la intuición más que la erudición nos llevan a concebir las vías históricas (como la Vía de la Plata) como inmemoriales cañadas para el ganado. 
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