miércoles, 13 de enero de 2016

VILLA DE FERIA.



Azotado por el viento, el castillo que lleva siglos oteando el horizonte, se eleva por encima de la villa que reposa a sus pies. A pocos kilómetros de Zafra, la Villa de Feria, en la espléndida Tierra de Barros,  fue sede de una poderosa dinastía, señores de estas tierras; los condes y duques de Feria. Lo que hoy es castillo fue un poblado del Calcolítico, un castro celta y un fuerte romano, aprovechado por los árabes para defender la Taifa de Toledo. Tras la conquista cristiana, Alfonso X reparte las tierras de Badajoz entre las órdenes militares. Feria fue a parar a manos de la Orden de Santiago. En 1394 Enrique III, rey de Castilla conocido como “el Doliente”, cedió esta villa al Maestre de la Orden de Santiago Lorenzo Suárez de Figueroa (como recompensa por defender los intereses de Castilla frente a Portugal), que la transfirió a su hijo Gómez Suárez de Figueroa, naciendo de esta manera el Señorío de Feria. En 1460 Enrique IV otrogó a los Suárez de Figueroa el título de Condes de Feria, y más tarde Felipe II transformó el Condado en Ducado.  
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