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domingo, 4 de noviembre de 2018

IDOLO DE MIKELDI.



Un zoomorfo pétreo con un disco solar entre las patas, un símbolo de la protohistoria en tierras vascas. Fue descubierto en la desaparecida ermita de San Vicente en Yurreta. Actualmente se expone en el claustro del Museo de Bilbao. 


La escultura representa a un animal cuadrúpedo (cerdo o toro), tallado en un único bloque de arenisca. No presenta inscripción alguna, aunque se piensa que las tuvo. Como otros zoomorfos de piedra, también presenta las misteriosas “cazoletas” - unas pequeñas oquedades – en el dorso y flanco derecho. Frecuentemente se les atribuye una función mágica. 


Su datación corresponde con la Segunda Edad del Hierro, y a pesar de la abundancia de verracos en la Meseta el ídolo de Mikeldi es un caso único en Euskadi. Otro interesante enigma para la arqueología. La funcionalidad de este tipo de esculturas sigue siendo objeto de debate: ¿monumento funerario?, ¿protector del ganado?, ¿mojón caminero?,¿indicador territorial?. 


La primera referencia documental con la que contamos es una descripción del siglo XVII realizado por Gonzalo de Otalora: 

“... las más vistosas son en una ermita de la villa de Durango, llamada Miqueldi, se halla y ve una gran piedra, así monstruosa en la forma, como en el tamaño, cuya hechura es una Abbada o Rinoceronte, con un globo grandísimo entre los pies, y en él tallados caracteres notables, y no entendidos, y por remate una espiga dentro de la tierra. Está en campo raso (causa de mostrarse deslavado). No se tiene memoria de él, si bien corre por ídolo antiguo”. 


A pesar de sus evidentes diferencias morfoestructurales, no puedo dejar de preguntarme ¿qué relación tiene este ídolo de Mikeldi con los verracos tallados por los vettones?. 

martes, 2 de junio de 2015

LEÓN FUNERARIO DA VALVIDONE.



Felino regio, protector de monarcas y guerreros en vida, y guardian de los sepulcros en la muerte. Existen ejemplos de felinos custodiando monumentos funerarios en prácticamente todas las culturas mediterráneas. Cuando visitamos el Museo Arqueológico de Florencia encontramos al León de la necrópolis de Valvidone en Bolsena. La escultura datada en el siglo IV a.C. se inscribe en la cultura etrusca, luce una llameante melena y muestra amenazadoramente sus fauces abiertas, enseñando sus terroríficos colmillos. Otra piedra labrada para la eternidad.  

domingo, 31 de mayo de 2015

EL VERRACO DE BOTIJA.



He cruzado varias veces la geografía de la Península Ibérica, buscando verracos de piedra esas esculturas zoomorfas características de la protohistoria, de la Edad del Hierro en la Meseta occidental. A veces los he buscado a conciencia rastreando mapas y catálogos. En otras ocasiones el encuentro fue fortuito. El último lo encontré en al Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, aunque pertenece al fondo del Museo Provincial de Cáceres.


Un verraco, posiblemente un jabalí, con las patas delanteras ligeramente flexionadas en actitud tensa, agresiva, con los jamones bien delimitados, y en cuya cabeza podemos intuir perfectamente las orejas, en sendas cazoletas en ambos perfiles. Esculpido en granito, muy bien tallado, presenta una anotamomía bien marcada, mide 90 cm de altura, 70 cm en su base y 30 cm de grosor. Fue hallado en el recinto Norte del Castro de Villaviejas del Tamuja, en Botija, provincia de Cáceres. En el castro en cuestión han aparecido más verracos que presentaban diferentes características de forma y estilo.

La interpretación de la función, o funciones, de estas esculturas ha sido, desde hace mucho tiempo, uno de los debates más apasionantes de la arqueología ibérica. En esta ocasión vamos a ceder la palabra a un experto, Manuel Bendala.


"En el menguado capítulo de las producciones artísticas de los pueblos que nos ocupan, sobre todo el correspondiente a las llamadas artes mayores, los verracos tienen un lugar de honor por muchas razones. Entre ellas por su contundencia formal, la importancia que debieron tener habida cuenta su número y el gran esfuerzo que su realización debía de suponer, ya que en muchos casos son esculturas de gran tamaño y en ocasiones gigantescas, que superan con mucho los dos metros de largo, como es el caso de los famosos toros de Guisando. Ocurre además que los verracos son para muchos españoles esculturas particularmente entrañables; presentes siempre - en parques, jardines, plazas, caminos -, han llegado a ser mucho más que productos del pasado o piezas de museo: son una referencia frecuente en nuestra literatura y se ha producido una identificación con ellas verdaderamente insólita en el panorama de nuestras antigüedades, de modo que - como tuve de ocasión de escribir en otro lugar - es posible que en la figura solemne, sobria, rotunda del verraco, vean muchos una feliz expresión del carácter castellano.

Conviene recordar que por verracos se conocen genéricamente las esculturas de toros y cerdos de los ambientes particularmente vettones, aparecidas en una amplia región que integran aproximadamente lasa provincias de Ávila, Toledo, Cáceres, Salamanca, Zamora, Segovia y algunas portuguesas (Tras-os-Montes y Beira Alta). Aparecen los animales esculpidos con su peana o plinto en un único bloque de piedra, por lo general granito; se hallan de pie, rígidos y frontales, con las patas fundidas en bloques delante y detrás, con un sobrio estatismo que rompen algo las estatuas de cerdo, echados más o menos ligeramente hacia atrás en postura de acometida. Se ha discutido si se trata de estatuas totémicas, exvotos de sacrificios o quizá términos o hitos camineros. Parece que tuvieran en realidad significados múltiples, según el sitio y el tipo elegido en cada caso. Muchas tienen significado funerario (bastantes portan epígrafes funerarios en latín), y aparecen asociadas a tumbas, con un sentido sacro que puede ir desde simbolizar la vida que se desea al muerto, a ejercer sobre él un papel protector o, como suele decirse, apotropaico.

Hubieron de tener este significado protector y sacro algunos hallados junto a las cercas defensivas, como los mencionados de Las Cogotas. En estos días, precisamente, se ha descubierto un verraco excepcional, tallado en la misma roca junto a la puerta de San Vicente de la ciudad de Ávila, flanqueando la entrada, en un nivel más bajo que el piso actual; se apoya en la escultura la prolongación hacia afuera de una torre de la muralla medieval que flanquea una puerta de entonces, situada en el mismo punto que la antigua, y es posible que otro verraco estuviera (o esté aún sepultado) al otro lado de la entrada. Se supone que muchos verracos, situados en zonas de pastos y de manantiales, tuvieran la función de señalar el control de los recursos en el paisaje pastorial regentado desde los castros, siempre con una dimensión simbólica, votiva o sacra y de protección o señalamiento difícil de precisar. Lo mismo que ocurre con su cronología, aunque cabe pensar, por los datos disponibles, en una producción que puede remontarse a mediados del milenio y adentrarse en época romana.


Son, en cualquier caso, un símbolo perfecto de una sociedad eminentemente ganadera, dedicación principal atribuirle al conjunto de la Hispania indoeuropea y céltica".  


martes, 3 de junio de 2014

LOPE DE VEGA Y LOS TOROS DE GUISANDO.



Afamados Toros de Guisando, dos milenios enseñoreándose de las tierras de la meseta abulense, las excelsas plumas del Siglo de Oro, también le rindieron el sencillo homenaje de la palabra escrita. Lope de Vega, en "El mejor maestro, el tiempo", pone en boca del personaje Turín, la siguiente bravuconada:

"¿Ha visto vuestra merced,
en aquel pradillo ameno,
a los Toros de Guisando?
- Sí he visto.
- 'Huélgome dello!
Pues yo los desjarreté."

domingo, 30 de marzo de 2014

TORO DE PLAZA SAN MARTÍN



Un animal vinculado con los cultos de la fertilidad, sin duda, uno de los animales totémicos de la Península Ibérica. 


Los orificios que presentan algunos verracos en la parte alto frontal de la testa siguen siendo objeto de diversas interpretaciones. Hay quien piensa que pudieron servir para encajar una cornamenta de material perecedero.

Junto al jabalí de la Plaza San Martín, y siempre según Colmenares, se encontraba este toro de granito. Ambos siguieron el mismo camino y vicisitudes desde sus emplazamientos hasta el museo. 

El que ambas esculturas zoomorfas se hubiesen instalado en lugares emblemáticas de la ciudad, en una fecha que se nos escapa, quizás haya que ponerlo en relación con la imagen que de ellos tenían la nobleza. 


Los nobles castellanos pensaban que estos verracos debieron estar vinculados con las élites guerreras de los pueblos prerromanos y quisieron apoderarse de estos símbolos. Sin descartar tampoco que viesen en ellos elementos mágicos y propiciatorios. 


domingo, 27 de octubre de 2013

LOS VERRACOS DE CASTILLO DE BAYUELA



En la zona serrana de la provincia de Toledo (sierra de San Vicente) , limitando ya con la de Ávila, se encuentra la pequeña localidad de Castillo de Bayuela. En un lugar destacado de este pueblo, un grupo de tres esculturas zoomorfas, adscritas al misterioso (por desconocido) conjunto de los verracos vettones. 


Se trata de un toro, un verraco (cerdo macho reproductor) y una cerda. Una tradición cuenta, que junto a la cerda aparecieron seis cerditos, que en la actualidad se encuentran incrustados en la pared de una cerca. Estos animales de piedra fueron descubiertos en los alrededores del Cerro de Torre Castilla en el siglo XVI. 


El toro destaca por su tamaño y la perfección de su formas. El verraco muestra las consecuencias de la erosión ocasionada por Cronos. Mientras que la identificación de la cerda es muy complicada. En este último caso la imaginación de cada uno tiene mucho que decir. 


El que se encuentren precisamente entre Toledo y Ávila, puede ser indicativo de una de las funciones de estas esculturas; delimitar territorios. En el caso concreto de los verracos de Castillo de Bayuela, servirían para separar a vetones de carpetanos. Según M Pilar González - Conde Puente en Elementos para una delimitación entre vettones y carpetanos en la provincia de Toledo, "Los verracos también marcan los límites territoriales y de influencia entre vetones y carpetanos al norte de la provincia de Toledo". 


Uno de los verracos mejor definidos en sus formas, los jamones claramente marcados,  un tosco gigantismo genital, el hocico y las orejas aún dejan vislumbrar la placidez de su rostro.


Siempre el enigma de los orificios ¿ojos?, ¿base de la cornamenta?, ¿algún tipo de ritual desconocido? 


Los cuartos traseros y el gigantismo genital, símbolos inequívocos de fertilidad y masculinidad. El toro ha sido venerado desde el más pasado remoto por las sociedades mediterráneas. 


El cerdo. 


Estas esculturas no son nada primitivas. Antaño se las consideraba horribles, inferiores a las damas y guerreros esculpidos por los iberos. Menos detallistas, quizás, pero no menos hermosos. Además la talla en granito, como éstos, es más laborioso y difícil que la de areniscas de aquellas. 


Cerdos de granito, toros impertérritos vigilan sus pastos, custodian los caminos, heroizan a sus guerreros, el martillo revitalizó la piedra, el escultor alumbró al zoomorfo que dormía en el granito. Recuerdos de un lejano pasado, los hombres no escribían, transmiten sus conocimientos, secretos si acaso, e inquietudes, por medio de estas enigmáticas estatuas.  





miércoles, 12 de junio de 2013

EL VERRACO DE EL BARRACO.



La localidad abulense de El Barraco, tiene como uno de sus símbolos un verraco, materializado en su escudo y presidiendo la fachada del ayuntamiento.


El verraco aparece representada heráldicamente en el escudo de la localidad. 


En las puertas del ayuntamiento aparece una réplica moderna del desaparecido verraco de El Barraco.


A pesar de las hipótesis e infinidad de estudios, es posible que jamás sepamos con certeza la función de estas esculturas. Pero de lo que no tenemos duda, es de la gran importancia que los verracos, han tenido, y siguen teniendo, como símbolos locales con los que todos los vecinos se sienten identificados. 

jueves, 18 de abril de 2013

JABALÍ DE LAS COGOTAS.



Junto a la puerta del Alcázar, en la plaza Adolfo Suárez, el Jabalí, estamos convencidos que se trata de un jabalí, procedente del castro vetón de Las Cogotas, nos da la bienvenida a la capital abulense. 



Las patas del animal, perfectamente delimitadas, se incrustan, formando un todo, con el basamento de granito, no consiguen despegarse de la piedra. Escultura, tosca y simple, pero realista, y cargada de simbolismo. . . y ese simbolismo, desconocido para nosotros, es parte de su encanto y guardián de su misterio. . . 


El jabalí en cuestión se encuentra en un buen estado de conservación, gracias al cual podemos apreciar orejas, carrillada y hocico. Muestra el espinazo marcado, ligeramente encorvado, lo que nos hace pensar en un jabalí o cerdo salvaje. 

Estas esculturas de piedra se relacionan con los castros fortificados de la Segunda Edad del Hierro y con poblaciones, donde su mayor riqueza económica era el ganado. 
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