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martes, 21 de agosto de 2018

FAUNA AFRICANA.



África es complicada. Los temas más acuciantes del continente son, en efecto, de cariz político, económico y médico. El paisaje mismo a menudo es un campo de batalla, no sólo entre ejércitos sino entre puntos de vista opuestos sobre explotación, conservación y gestión de recursos. África está llena de problemas que requieren análisis cuidadosos, debates serenos, decisiones difíciles, compromiso y planificación, todo lo cual exige diplomacia y sociología. Pero más allá de las complejidades, un hecho destaca en este nuevo milenio: África es una reserva extraordinaria de fauna. El lugar más fabuloso para los animales de gran tamaño.

Este hecho, que parece tan simple, es complicado de por sí. Para empezar, el inventario de especies es de una diversidad apabullante: tres grandes felinos (león, leopardo y guepardo), siete pequeños felinos (como el caracal y el serval), dos especies de elefante (de sabana y de selva), dos rinocerontes (negro y blanco), dos hipopótamos (normal y enano), dos jirafas ( la corriente y el okapi), tres especies de grandes simios no humanos (gorila, chimpancé y bonobo), tres cebras, nueve especies de gacela, diecinueve de duiqueros, decenas de monos, cinco especies de babuinos, un sinfín de jinetas y civetas, seis especies de cerdos, cuatro pangolines, tres reduncas, varios antílopes equinos, varios antílopes enanos, nueve especies de bóvidos con cuernos espirales (entre ellas el bongo, el sitatunga, y el eland), dos especies de ñúes, un cerdo hormiguero, un lobo de tierra, el dril y el mandril, el antílope cabrío, el damalisco sudafricano, el oryx de El Cabo, el búfalo africano, el íbice de Nubia, tres hienas, tres chacales, el lobo de Semien, el licaon y otros muchos mamíferos, por no hablar del avestruz, tres especies de cocodrilos, la pitón de seba, tiburones y numerosos peces grandes en aguas litorales, así como animales terrestres de menor tamaño de todas las clases imaginables. Un conjunto espectacular, tanto en variedad como en abundancia, sin rival en ninguna otra parte del mundo contemporáneo. Pero para apreciar plenamente lo que hay en África, es preciso considerar lo que no hay en otros lugares, y por qué.

Esa es la labor de los paleontólogos que estudian la flora y la fauna del pasado. Sus datos proceden del registro fósil, y su vasto calendario de la historia de la Tierra está jalonado de episodios de extinciones masivas, cada uno de los cuales representa la pérdida abrupta de parte de la diversidad biológica y marca el límite entre dos unidades temporales. Por ejemplo, al final del cretácico, hace 65 millones de años, no quedaban dinosaurios supervivientes, y precisamente la desaparición de los dinosaurios es uno de los factores que definen el final de ese período. Al final del permico, hace 245 millones de años, se produjo otra extinción masiva, catastrófica y repentina, que extermino alrededor del 95% de las especies animales existentes entonces. El pleistoceno, que finalizó hace 10.000 años, también es conocido por sus extinciones, especialmente de mamíferos grandes y aves enormes e incapaces de volar. Los mamuts y mastodontes se extinguieron junto con los perezosos gigantes, osos gigantes, castores gigantes, tigres de diente de sable, canguros gigantes e infinidad de animales enormes. Muchas de las extinciones del pleistoceno se produjeron hacia el final del periodo, sobre todo en América del Norte, América del Sur, Australia, Nueva Zelanda y Madagascar. ¿Cual fue su causa? Nadie lo sabe. Algún tipo de cambio nefasto, misterioso y aún debatido por los expertos, afectó a esos continentes e islas en particular. Probablemente la llegada de los humanos a esas tierras, armados, peligrosos y hambrientos, fue parte del problema.

África fue diferente, África sólo sufrió pérdidas modestas de fauna durante el pleistoceno (que comenzó hace alrededor de 1,8 millones de años) y ningún episodio extendido o grave de extinciones simultáneas al final del período.


La mayoría de los grandes mamíferos africanos de hace 20.000 años han sobrevivido y son los grandes mamíferos africanos de hoy. Por este motivo se dice que el continente africano es el "pleistoceno viviente", porque nos recuerda una época, antes del auge de Homo sapiens,  en que el planeta era realmente grande y salvaje.

Pero recordemos otra cosa: la supervivencia de la fauna africana no ha dependido de la ausencia de humanos. Por el contrario, se ha producido con la presencia constante del hombre. La nuestra es una especie africana, al menos por origen. Aparecimos en ese continente y allí adquirimos nuestro aspecto actual, el tamaño de nuestro cerebro, nuestros instintos sociales y nuestro sentido de la identidad durante milenios viviendo como miembros de los violentos ecosistemas africanos. Los animales se adaptaron a nuestra presencia, a la lenta pero radical mejora de nuestras capacidades, del mismo modo que nosotros nos adaptamos a vivir con ellos. Una de las lecciones aprendida por los pueblos africanos en el camino a la civilización, y evidentemente no exportable cuando los humanos se dispersaron hacia otras tierras, fue la posibilidad y la equidad de convivir con otras especies, aunque algunas fueran tan amenazadoras como la nuestra.

Fue una virtud derivada de la necesidad. Hoy esa necesidad ha desaparecido. Matar animales, exterminar especies y destruir sus hábitats es fácil con nuestras herramientas actuales. Proteger los últimos grandes animales en sus entornos, pese a las necesidades humanas y las presiones, es más difícil. Pero he ahí una idea esperanzada, descabellada y salvaje; quizás el Africa moderna sea el lugar donde podamos redescubrir como hacerlo.

David Quammen. National Geographic, Septiembre 2005. 


viernes, 22 de junio de 2018

HIPOPOTAMO PIGMEO.




En los cursos fluviales del bosque ecuatorial, en el corazón del continente africano, habita el hipopótamo pigmeo, un mamífero herbívoro compacto y robusto. Estos animales pasan el día en lagunas, ríos y pantanos, y durante la noche se mueven a través de túneles en la densa vegetación ribereña para ir a pastar a los claros, prados y márgenes herbáceos de sendas y charcas.


Al hipopótamo pigmeo le gusta la soledad y la tranquilidad, a diferencia de su enorme pariente, el hipopótamo común, que vive en grandes grupos, el pequeño de la familia es un animal individual y solitario. Suelen vivir solos, en pareja o una madre con su cría asociada temporalmente a un macho. El cachorro crecerá rápidamente y en un par de años puede ser rechazado por su madre para criar a otro vástago.


Hojas, brotes tiernos, plantas caídas, frutos caídos, raíces y tubérculos, conforman su dieta, Utilizan sus gruesos labios para llevarse el alimento a la boca. El hipopótamo pigmeo tiene hábitos fundamentalmente terrestres, no como su primo el hipopótamo común, que prefiere la vida acuática.


La caza y la fragmentación de su hábitat como consecuencia de la desforestación son los principales peligros a los que se enfrenta esta extraña criatura. Leopardos y seres humanos son sus más encarnizados enemigos. Muchos científicos piensan que la única posibilidad de salvación para esta especie es la cría en cautividad en parques zoológicos. En cautividad son capaces de vivir hasta 55 años.

lunes, 1 de septiembre de 2014

HIPOPOTAMO DE FAYENZA.



El Hipopótamo uno de los habitantes más malhumorados del río Nilo, era además un peligroso vecino para campesinos y pescadores egipcios. Durante los primeros tiempos un consumado destructor de cosechas, por tanto, un complicado rival para el hombre. Poco a poco la presión humana fue desplazando al paquidermo a regiones menos pobladas. Faraón, garante de la paz y del bienestar de su pueblo era gran aficionado a la caza. Y la caza del hipopótamo simbolizaba la victoria del faraón sobre el Caos.



A partir del Imperio Medio comienzan a aparecer en las tumbas pequeños hipopótamos de fayenza, como este precioso ejemplar expuesto en Viena, con la cabeza ligeramente girada hacia un lado, de unos once centímetros de alto.  

lunes, 25 de febrero de 2013

HIPOPÓTAMO

el Caballo de Río 


"Un animal más grande de talla nace en el mismo Nilo, el hipopótamo, de pezuña partida como los bueyes, con el lomo, la crin y el relincho del caballo, chato, con cola y dientes curvos de jabalí, pero menos peligrosos, con una piel que se usa para hacer escudos y cascos impenetrables, excepto si se mojan. Destruye las cosechas devorando una cantidad determinada cada día, según dicen, por una decisión previa y dejando huellas que conducen fuera del campo para que no le tiendan emboscadas cuando regrese.


El primero que mostró en Roma este animal junto con cinco cocodrilos, en un foso hecho para la ocasión, fue M. Escauro en los juegos celebrados con ocasión de su edilidad. El hipopótamo en cierto aspecto de la medicina se ha revelado también como un maestro. Pues cuando está muy gordo por sus continuos atracones sale para inspeccionar la orilla en busca de un lugar donde se hayan cortado cañas recientemente y cuando ve un tallo muy afilado, apoyando su cuerpo sobre él, hace una herida en cierta vena de su pata y así con la pérdida de sangre alivia su cuerpo, antes enfermo, y cubre la herida con limo.
Plinio el Viejo
Historia Natural VII, 95 - 96.

jueves, 14 de febrero de 2013

PESCADORES-MARISCADORES EN EL NILO durante las últimas fases de la Edad de Piedra



El río Nilo era, y sigue siendo, el principal ecosistema del noroeste de África y a partir de la última fase del Pleistoceno, el Valle del Nilo constituyó un hábitat favorable para grupos de cazadores-recolectores, que se especializaron en la pesca y recolección de moluscos en sus aguas. 

En el Norte, tierras de Egipto, encontramos una precoz industria laminar con 30.000 años de antigüedad. Mientras que en el Sur, Nubia, persistió aún la técnica de preparación de núcleos. Esta forma de talla fue progresivamante sustituida por una industria laminar y por la fabricación de útiles más pequeños; auténticos microlitos hace 15.000 años. 

La demografía en el Valle del Nilo dependía de la fluctuaciones de su régimen fluvial, que alternaba etapas de fuerte caudal, con épocas de bajo nivel de las aguas.


Hace entre 20.000 y 10.00 años el Valle del Nilo conoció un importante desarrollo cultural. Sus habitantes explotaban un ecosistema relativamente estable, en el que encontraban peces, moluscos y animales acuáticos como hipopótamos, roedores, cocodrilos y tortugas. Además en las selvas en galería adyacentes vivían bóvidos y antílopes, y de las estepas desérticas, llegaban gacelas y musmones. 

A esta etapa se asocian conjuntos líticos diferenciados. Las razones de esta diversificación pueden ser variadas; que el instrumental se corresponda con una actividad concreta, a las diferencias funcionales en relación a la variación en la explotación de los recursos estacionales o a la actividad de diversos grupos étnicos que desarrollan el utillaje lítico de forma peculiar.

Bajo las condiciones climáticas óptimas se vivía con relativa tranquilidad, mientras que cuando se tornaban adversas, los grupos humanos que habitaban las áreas marginales sufrían carestías y dificultades para conseguir alimentos, lo que los empujaría a enfrentamientos hostiles con otros grupos que trataban de defender su territorio en el valle. 

Tanto en Egipto como en Nubia, hace 40.000 años vivían los fabricantes de una forma evolucionada del musteriense, el jormusiense. Estos hombres podían pescar en las aguas del río y también cazaban grandes animales.  Estas industrias fueron sustituidas hace entre 19.000 y 15.000 años por una nueva forma de fabricar útiles, el halfiense, que usaban aún la técnica Levallois. Aparcen también piedras de moler, indicativo de la importancia de los vegetales para la alimentación.


La industria del Wadi Kubbaniya, 21.000 - 19.000 años - aparece asociada a una serie de campamentos asentados en dunas, que dominaban una ensenada formada por las aguas del Nilo durante un período árido. Los habitantes de estos campamentos producían laminillas y explotaban variados recursos, tales como pescado, aves migratorias y grandes mamíferos. La presencia de piedras para moler, nos sugieren la ingesta de gramíneas salvajes. 

Entre hace 12.000 y 10.000 años, las sociedades del Nilo tenían ya una organización territorial, como parece indicar el descubrimiento de dos grandes necrópolis en Nubia (Wendorf, 1968 y Armelagos, 1972), que se corresponden con hábitats ocupadas con regularidad. 

A veces aparecen sepulturas dobles y son frecuentes los microlitos mezclados con los restos óseos. A veces, estos microlitos aparecen clavados en el hueso (en la imagen los lápices señalan las puntas). ¿Pruebas de una muerte violenta?


En las sepulturas de la necrópolis de Yebel Sahaba parece haber indicios de combates colectivos, lo que podría ser uno de los más antiguos testimonios de luchas armadas. Hay que ver en estos enfrentamientos los efectos conjugados del crecimiento de la densidad demográfica, de una explotación más intensiva y diversificada del medio, la aceleración de la desecación del entorno y la competencia resultante de todo ello. 

En definitiva a finales del Pleistoceno, las sociedades del Valle del Nilo, con las debidas matizaciones, presentan las siguientes características:

*  Un modo de vida cada vez más sedentario.

*  Explotación intensiva de los recursos disponibles.

*  Aunque se cazan grandes mamíferos y aves, los grupos humanos se especializan en la pesca y el marisqueo.

*  Importancia del consumo de plantas, especialmente de cereales silvestres, como se desprende del hallazgo de piedras de moler (Tushka en Nubia).

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