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domingo, 5 de enero de 2020

YUGURTA.



Yugurta, monarca africano que intentó unificar las diferentes tribus bereberes para oponerse a Roma y adueñarse del Norte de África. Intrigante e inteligente, estamos ante una de las personalidades más complejas del mundo antiguo. Guapo, vigoroso e inteligente, experimentado comandante de caballería, puso en aprietos a las legiones romanas hasta que fue derrotado por Cayo Mario tras una larga y costosa guerra.

lunes, 16 de diciembre de 2019

RISSANI, UN MERCADO EN EL BORDE DEL SAHARA.




Palmeras, piedra y arena, se intuye el desierto, pero antes de llegar al Sahara, debemos detenernos en Rissani.


Rissani es una población histórica situada en el borde del desierto de Sahara, una encrucijada frecuentada por viajeros de todo tiempo y lugar. Risani antesala del desierto es un lugar de paso donde convergen diferentes grupos étnicos. Aquí viven personas de diferente origen; árabes, bereberes, nómadas y tuaregs. Muchos viven aquí del comercio de dátiles.


En un bazar conseguimos comprar ropa para ataviarnos como los habitantes del desierto. Donde fueres haz lo que vieres. Aquí se encuentran occidentales en busca de un poco de aventura y romanticismo con bereberes, tuaregs y árabes.


Desde hace siglos Rissani es un lugar de paso obligado para los que vienen y los que van al desierto del Sahara.


Rissani, antigua Sijilmassa, es un lugar de paso obligado, una ciudad caravanera, con una vocación eminentemente comercial. Antiguamente fue centro caravanero. Desde aquí salían las caravanas al sur, al interior de África, hacia Níger. A las afueras de Rissani (apenas 2 kilómetros de distancia) se encuentran las ruinas de la legendaria Sijilmasa.




Existen tres mercados, el de productos agrícolas, el de ganado y el de los artesanos.



Los burros son los todoterrenos de esta región del mundo.


Los colores de los ropajes y de los pañuelos señalan el origen de la persona. Los árabes visten de negro y si la mujer lleva la cara al descubierto quiere decir que está soltera. Los bereberes – que pueden proceder de la costa, de la montaña o del desierto – también visten de negro, aunque lucen bordados en sus vestimentas. Entre las mujeres bereberes el tatuaje de la cara indica su situación sentimental. El tuareg viste de azul y los nómadas suelen combinar diferentes colores.



En el lugar donde la vegetación empieza a ceder su lugar al desierto, en el último tramo del río Ziz, en la región de Tafilalet. Una ciudad santa, cuna de la dinastía alauita que actualmente rige los destinos de Marruecos.




Una pequeña ciudad en la que podemos entrar en contacto con el Marruecos rural (aquí podemos encontrar esa autenticidad tan buscada por turistas y viajeros de todo el mundo). Sus habitantes lo saben e intentarán sacar partido de la situación, como buenos comerciantes que son.




miércoles, 20 de noviembre de 2019

TAFILALET.




Las aguas del Ziz riegan y dan vida a los extensos palmerales de Tafilelet, seña de identidad de esta región. Un extenso oasis que da nombre a una región histórica de Marruecos.


De Tafilalet surgió la actual dinastía que reina en Marruecos, los alauitas. Durante centurias la capital de la región fue Sijilmassa, la legendaria ciudad de las caravanas. A través de Tafilalet se encajaban las rutas que comunicaban las grandes ciudades del norte, Fez y Marrakech, con el desierto de Sahara y Sudán.


Esta región constituye el principal punto de acceso al Sahara, el lugar donde se funden la civilización mediterránea del norte con las poblaciones del profundo sur.


Los palmerales se prolongan hasta el infinito, encajados en la garganta natural que forma el río Ziz. Tafilalet es el nombre de una región donde es encontraba la antigua y próspera Sijilmassa, la ciudad de las caravanas. 



domingo, 20 de octubre de 2019

MASSINISSA, REY DE NUMIDIA.



Massinissa, rey de Numidia tomó partido por Roma durante la Segunda Guerra Púnica y aprovechó su buena relación con Escipión el Africano (al que ayudó a derrotar a Aníbal en la batalla de Zama) para forjar un poderoso estado en el Norte de África. Cuentan que vivió 90 años y que con esta edad aún era capaz de dirigir el ejército.

Massinissa unificó su reino y lo convirtió en rico y poderoso, desarrollando la agricultura y el comercio exterior con Roma. Además, tomando como espejo a los reyes helenísticos, promovió la difusión de la cultura griega en sus tierra. Su arrolladora personalidad y su capacidad militar consiguieron la obediencia de los jefes de las tribus bereberes. Al final de su vida, la provocaciones y saqueos a Cartago, terminaron provocando la tercera y definitiva guerra púnica.

jueves, 26 de septiembre de 2019

SIJILMASA, CIUDAD DE CARAVANAS.




A los pies del desierto las ruinas de una antigua próspera ciudad comercial. Lo que ayer fueron opulentos edificios hoy son muros derruídos. Unas pocas ruinas cubiertas de arena, pasan desapercibidas para las miradas despistadas. La fina arena del desierto sepultó su prosperidad y grandeza. Viejas ruinas cubiertas de arena son visibles desde la carretera. Se trata de la antigua Sijilmasa, una enclave caravanero en el sur de Marruecos. Situada en los límites del Sahara, Sijilmasa fue durante siglo el centro del trafico del oro que procedía de más allá del desierto. Por aquí pasaba la más destacada ruta del oro.


Los camelleros que cruzaban el Sahara encontraban un lugar de descanso y reposo en la vieja Sijilmasa. Este era el punto de partida de las caravanas que cruzaban el indómito desierto del Sahara en busca de la sal del desierto y del oro del África más profunda. Las legendarias ciudades de Gao, Tombuctú y Walata eran su destino más lejano. Aquí se refinaba el oro africano antes de llegar a Europa.


Un asentamiento bereber convertido en destacado puesto comercial y centro caravanero. Después de repostar en Sijilmasa las caravanas se adentran en las gargantas del Ziz en direeción a los grandes mercados del norte situados en Fez, Meknes o Marrakech. La situación privilegiada hizo que la historia de Sijilmasa fuera intensa y convulsa; guerras, saqueos, destrucciones, también negocios turbios e incontables riquezas. De aquí partieron los miembros de la familia alauita para convertirse en los reyes del país.


En el siglo XVI el viajero León el Africano escribió: Sidjilmassa era una ciudad muy civilizada, edificada con buenas casas, y con sus habitantes ricos por el comercio que mantenían con el país de los negros . . . Actualmente está por completo en ruinas y, como he dicho, las gentes se limitan a habitar en casbas y están diseminadas por el territorio.


jueves, 29 de agosto de 2019

ABD AL MUMIN.




Discípulo de Ibn Tumert, fundador del movimiento religioso almohade, consigue unificar todo el norte de África. Se proclamó califa, con un par de narices, y destruye el poder almorávide con la conquista de sus príncipes centros urbanos Fez y Marrakech. Después de conseguir controlar el norte de África desembarca en la Península Ibérica consolidando un imperio a ambos orillas del Mare Nostrum.

jueves, 22 de agosto de 2019

KASBAHS. FORTALEZAS BEREBERES.




Camino del desierto fortalezas de color arena, antiguas ciudadelas levantadas por los bereberes. La kasbah construcción de origen bereber se puede apreciar en los pueblos fortificados de los oasis.


En los límites del desierto estas ciudadelas, abandonadas a su suerte, conservan las cicatrices de su historia y esperan con paciencia el regreso de los guerreros. Ahora solo algunos curiosos viajeros pasean entre sus muros.


Las kasbah son edificaciones y/o espacios fortificados de origen bereber. Eran lugares donde las personas se protegían de los ataques de intrusos, y también de las tormentas de arena, y del intenso frío del desierto. Hoy son muchas las construcciones que aún siguen manteniendo esta tipología tradicional.


Edificios con muros y torres de planta cuadrada dispuestas en las esquinas. Son parte de la arquitectura tradicional marroquí levantadas con adobe.


El adobe es el material usado desde la noche de los tiempos en las zonas desérticas de todo el mundo. Sin piedra, ni madera, el ser humano agudiza el ingenio para construir sus viviendas. Las kasbahs bereberes son algo complejo, vienen a ser una especie de refugio amurallado. Pudimos ver muchas de ellas a lo largo del río Ziz.




domingo, 18 de agosto de 2019

ALMOHADES.




Los almohades fueron los miembros de un movimiento religioso que defendía la pureza de las tradiciones y el rigorismo del Islam. Su primer líder fue Ibn Tumart. Los mamuda del Atlas son los miembros del movimiento almohade.

En el año 1121 los almohades se consolidan en el Atlas y se rebelan contra los almorávides y asaltan el poder y en 1147 completan su expansión por el territorio de Marruecos conquistando la capital Marrakech.

Un imperio basado en el rigorismo y en la reforma o renovación religiosa que se extiende por las dos orillas del mar Mediterráneo. Dos extensos territorios Andalucía y Marruecos, dos países hermanos con un pasado común.

jueves, 15 de agosto de 2019

IBN TUMART.




Predicador bereber, fomentó la pureza y el rigor del Islam. Sus seguidores fueron conocidos como almohades (los unidos). Ibn Tumart soliviantó los ánimos de los mamudas (tribu bereber) y los sublevó contra el decadente poder almorávide. Un campesino que llegó a la universidad de Marrakech. Posteriormente encabezó un movimiento rigorista basado en el Corán. Allí se convenció se ser un renovador de la fe y de la vida de los musulmanes.

martes, 16 de julio de 2019

ABDALÁ BEN YASÍN.




Un derviche de fuertes convicciones religiosas, un guía espiritual que fundó un ribat (especie de monasterio) en una isla del Senegal. Allí consigue aglutinar a un numeroso grupo de seguidores que se lanzarán a predicar la yihad y que serán conocidos como almorávides. Estos almorávides conquistarán Marruecos y cruzarán el estrecho de Gibraltar para desembarcar en la península Ibérica y poner orden en la situación caótica de los reinos de Taifas. Estamos ante uno de los reformadores religiosos más determinantes del siglo XI.

lunes, 24 de junio de 2019

ALMORÁVIDES.




Los sanhaya del desierto (una tribu bereber) se agruparon en una cofradía religiosa, los Almorávides. Monjes guerreros que lucharán por la propagación de su fe.  Guiados por Abdalá ben Yasín. Lanzan desde el desierto una demoledora campaña conquistadora que les lleva a conquista Fez, la capital Idrisí. En el año 1070 fundan Marrakech, capital de un reino que terminará llamandose Marruecos. Envalentonados por su oleada triunfal acudirán a la llamada de las taifas peninsulares, derrotarán a los ejércitos cristianos y reunificarán todo el territorio de Al Andalus.  

miércoles, 1 de mayo de 2019

MEKNES, CAPITAL ALAUITA.



La cuarta capital imperial de Marruecos (junto a Fez, Rabath y Marrakech) es una interesante ciudad de larga historia, monumental y llena de la vitalidad típica de las viejas urbes del Mediterráneo. Situada en el corazón de una de las regiones más fértiles del país, domina al oeste las llanuras del Gharb y al este las montañas del Medio Atlas. Esta posición privilegiada la obligó a padecer largos asedios, saqueos y destrucción. No obstante siempre ha sido capaz de renacer de sus propias cenizas.



Bullicio y ajetreo, vendedores de lo cotidiano inundan las aceras y cualquier esquina.




La primera parada en el camino hacia el desierto de Sahara, hoy una ciudad de provincias, ayer capital del reino de Marruecos con el sultán Mulay Ismail. Este soberano, coetáneo entre otros de Luis XIV de Francia, embelleció Meknes (o Mequinez), con puertas monumentales, jardines, palacios y mezquitas. Una población digna de un imperio conocida como la Versalles de Marruecos.



Meknes (Mequínez en su versión castellanizada) debe su nombre a la tribu de los miknasa, cuyos señores participaron durante el siglo X en las luchas entre los omeyas de Córdoba y los fatimíes de Túnez.



Una ciudad pequeña, cuyos restos, edificios y murallas, presumen de su pasada grandeza. Las imponentes y largas murallas encierran los palacios imperiales, el sueño del prime rey de la dinastía alauita.



Ubicada a los pies del impresionante Atlas, entra el Atlas Medio y las colinas prerrifeñas, en un meseta que alcanza los 500 metros de altura. Los orígenes se remontan al siglo VIII y se vinculan con una tribu bereber conocida con el nombre de Meknasa. La llegada de los almorávides tiempo después suposo la fortificación de esta población. Tras el colapso del poder almorávide la ciudad cayó en manos almohades. Estos últimos otorgaron a Meknes la categoría de medina, antes no era más que una villa donde predominaba el aspecto rural. 


 Más tarde los benimerines embellecieron la ciudad, aunque el auténtico esplendor de Meknes tuvo lugar en el siglo XVII cuando Mulay Ismail (fundador de la dinastía alauita) la convirtió en la capital política del país.



Plaza fuerte y residencia real, Mequínez se transformó en un inmenso solar de obras, murallas, bastiones, puertas monumentales, explanadas, palacios, cuadras, graneros y estanques aparecen, se entremezclan, cambiando por completo la ciudad medieval, cubriendo la kasba y las residencias de las épocas almohade y meriní precedentes. Muley Ismail, el rey constructor que mostraba una abierta inclinación por la monumentalidad, vigila personalmente las obras. Rodea su capital de un recinto de 40 kms, de muros. La kasba que envuelve sus palacios presenta 20 puertas fortificadas; sus cuadras daban cabida hasta a 12.000 caballos; unos 50 palacios, independientes unos de otros, iluminan el cielo de Mequínez con sus cúpulas piramidales cubiertas de tejas verdes. En ls obras trabajaron obreros, artesanos y albañiles de todas las partes del reino, así como numerosos cautivos cristianos fruto del corso practicado en los puertos del criben y la comparan a menudo con las grandes metrópolis de la época.
Itinerario cultural de Almorávides y Almohades.
Magreb y península Ibérica. Fundación: El legado andalusí.



Junto los árabes y los bereberes, Meknes acogió a una importante comunidad de judíos y a numerosos moriscos expulsados de España.





La ciudad se encuentra situada en una de las mejores regiones agrícolas del Marruecos y es por derecho propio un destacado punto para el comercio y la producción agraria. La riqueza agrícola de Meknes es legendaria, los textos medievales se referían a ella como Miknasat al – Zaytum; Mekes del Olivo. En la actualidad sigue siendo el país de la vid (el principal productos de vino del país) y de otras frutas.




Recias murallas almenadas de color rojizo protegen la ciudad y delimitan los diferentes espacios urbanos. Leí por ahí que existen 40 kilómetros de muralla, y tras pasar un día entero caminando sin perderlas de vista no parece un exageración.



La menos turística de las cuatro capitales históricas del país. Esta circunstancia le confiere un encanto especial de ciudad de segunda fila.



Siempre he pensado que la mejor manera de ver una ciudad, conocer a su gente, acercarse a la cultura e intuir, al menos, su idiosincracia, es perderse por sus calles, caminar sin rumbo, dejándose sorprender en una esquina, una plaza o un desvencijado comercio. Y eso es lo que hicimos una mañana en Meknes y descubrimos sonidos, olores, colores y sabores de un mercado en cualquier rincón del ancho mundo.





Por supuesto nos acercamos a la deliciosa grastronomía marroquí. 



Las cigüeñas cubren los cielos y construyen sus nidos en cualquier lugar elevado.



Las cigüeñas se han adaptado perfectamente a la vida en las ciudades. Meknes cuenta con una numerosa colonia de esta bella ave. Juro que nunca he visto tantas en mi vida.



La plaza el Hedim se extiende entre la Medina y la zona noble de la ciudad.



La ornamentada puerta Bab el Mansour permite el paso a la ciudad imperial levantada con esmero por Mulay Ismail.



Además de palacios, graneros, caballerizas y un impresionante estanque, en su interior se levanta el suntuoso mausoleo de Ismail.



La entrada del mausoleo de Mulay Ismail.



Capitel. Meknes es heredera de la ciudad romana de Vollubilis y en sus calles es fácil encontrar restos de aquella urbe.



La medina de Lalla Auda se ubica en el interior de la ciudad imperial.



En el espacio que se abre entre las murallas se extiende la plaza Lalla Auda.








En el interior de la medina se disponen casas, talleres y comercios varios. La zona residencial es un laberinto colosal, tan complicado como embaucador.





Durante gran parte de su historia Meknes ha sido un destacado centro cultural. En el siglo XVI acogió a uno de los más populares poetas marroquíes; Sidi Abd al-Rahman al-Maydub, el loco por Dios. En los jardines de la ciudad aún resuenan los ecos de sus versos:
“Mi corazón se parece a un horno de calero,
encerrado en el intenso calor de su fuego;
por encima, ningún fuego;
y por debajo, piedras calcinadas”.



Meknes fue también un notable centro de peregrinación, gracias al santuario del patrón de la ciudad, al Hadi Ben Aisha, un reformador religioso del siglo XVI que fundo la hermandad mística aisawa. Aún en la actualidad cuenta con muchos seguidores.



Las antiguas murallas compartimentan la ciudad en plazas y barrios, medinas, mezquitas y palacios. Aquí cualquier lugar es bueno para montar un mercadillo efímero (el producto que puedes comprar hoy quizás mañana no lo encuentres). El magrebí, ya sea árabe o bereber, lleva el comercio en las venas, vive por y para ello. Su máxima es vender y regatear. ¿O era al revés?.




Paseando por la zona residencial, alejándonos del núcleo histórico, entramos de lleno en la vida cotidiana de la ciudad; las casas, los viejos talleres, las tiendas de barrio (las de toda la vida), los colmados y las carnicerías . . . todo me recuerda a mi infancia (allá por los primeros años de la década de los '80). Cuanto más viajo más me convenzo de lo parecidas que son todas las ciudades del mundo.





No pueden faltar ni los colores ni las rejas.






Un país dedicado al sector primario. Olores, colores y sabores auténticos (pudimos comprobarlo). Aquí nadie compra la fruta ni la verdura en el supermercado. Aquí la verdura salta del huerto a la cazuela.





Un símbolo de la globalización y del triunfo del sistema capitalista.





Toda la belleza del estanque de Agdad en un medio día del mes de diciembre (un cálido invierno en esta parte del país).







Al caer la noche los comerciantes recogen sus tenderetes y marchan a descansar. Es la ley no escrita del zoco callejero. Los puestos ambulantes y mercancías quedan en la calle, todos amantonados en un solar que también sirve de aparcamiento situado a los pies de la poderosa muralla.





Nosotros pernoctamos ahí.





Las bestias descansan y se preparan para una larga y agotadora jornada de trabajo. Estas calesas pretender recrear el ambiente maravilloso de aquellas fantásticas narraciones de las Mil y una noches.



Un lugar lleno de contrastes y desequilibrios. 




 El cielo de Meknes. Cubiertas planas y viejas azoteas, una forma constructiva típica en ambas orillas del Mare Nostrum.





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