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jueves, 2 de marzo de 2023
domingo, 5 de enero de 2020
YUGURTA.
Yugurta, monarca africano que intentó unificar las diferentes tribus bereberes para oponerse a Roma y adueñarse del Norte de África. Intrigante e inteligente, estamos ante una de las personalidades más complejas del mundo antiguo. Guapo, vigoroso e inteligente, experimentado comandante de caballería, puso en aprietos a las legiones romanas hasta que fue derrotado por Cayo Mario tras una larga y costosa guerra.
lunes, 16 de diciembre de 2019
RISSANI, UN MERCADO EN EL BORDE DEL SAHARA.
Palmeras,
piedra y arena, se intuye el desierto, pero antes de llegar al
Sahara, debemos detenernos en Rissani.
Rissani es
una población histórica situada en el borde del desierto de Sahara,
una encrucijada frecuentada por viajeros de todo tiempo y lugar.
Risani antesala del desierto es un lugar de paso donde convergen
diferentes grupos étnicos. Aquí viven personas de diferente origen;
árabes, bereberes, nómadas y tuaregs. Muchos viven aquí del
comercio de dátiles.
En un bazar
conseguimos comprar ropa para ataviarnos como los habitantes del
desierto. Donde fueres haz lo que vieres. Aquí se encuentran
occidentales en busca de un poco de aventura y romanticismo con
bereberes, tuaregs y árabes.
Desde hace
siglos Rissani es un lugar de paso obligado para los que vienen y los
que van al desierto del Sahara.
Rissani,
antigua Sijilmassa, es un lugar de paso obligado, una ciudad
caravanera, con una vocación eminentemente comercial. Antiguamente
fue centro caravanero. Desde aquí salían las caravanas al sur, al
interior de África, hacia Níger. A las afueras de Rissani (apenas 2
kilómetros de distancia) se encuentran las ruinas de la legendaria
Sijilmasa.
Existen tres
mercados, el de productos agrícolas, el de ganado y el de los
artesanos.
Los burros
son los todoterrenos de esta región del mundo.
Los colores
de los ropajes y de los pañuelos señalan el origen de la persona.
Los árabes visten de negro y si la mujer lleva la cara al
descubierto quiere decir que está soltera. Los bereberes – que
pueden proceder de la costa, de la montaña o del desierto –
también visten de negro, aunque lucen bordados en sus vestimentas.
Entre las mujeres bereberes el tatuaje de la cara indica su situación
sentimental. El tuareg viste de azul y los nómadas suelen combinar
diferentes colores.
En el lugar
donde la vegetación empieza a ceder su lugar al desierto, en el
último tramo del río Ziz, en la región de Tafilalet. Una ciudad
santa, cuna de la dinastía alauita que actualmente rige los destinos
de Marruecos.
Una pequeña
ciudad en la que podemos entrar en contacto con el Marruecos rural
(aquí podemos encontrar esa autenticidad tan buscada por turistas y
viajeros de todo el mundo). Sus habitantes lo saben e intentarán
sacar partido de la situación, como buenos comerciantes que son.
miércoles, 20 de noviembre de 2019
TAFILALET.
Las aguas
del Ziz riegan y dan vida a los extensos palmerales de Tafilelet,
seña de identidad de esta región. Un extenso oasis que da nombre a
una región histórica de Marruecos.
De Tafilalet
surgió la actual dinastía que reina en Marruecos, los alauitas.
Durante centurias la capital de la región fue Sijilmassa, la
legendaria ciudad de las caravanas. A través de Tafilalet se
encajaban las rutas que comunicaban las grandes ciudades del norte,
Fez y Marrakech, con el desierto de Sahara y Sudán.
Esta región
constituye el principal punto de acceso al Sahara, el lugar donde se
funden la civilización mediterránea del norte con las poblaciones
del profundo sur.
Los
palmerales se prolongan hasta el infinito, encajados en la garganta
natural que forma el río Ziz. Tafilalet es el nombre de una región
donde es encontraba la antigua y próspera Sijilmassa, la ciudad de
las caravanas.
domingo, 20 de octubre de 2019
MASSINISSA, REY DE NUMIDIA.
Massinissa,
rey de Numidia tomó partido por Roma durante la Segunda Guerra
Púnica y aprovechó su buena relación con Escipión el Africano (al
que ayudó a derrotar a Aníbal en la batalla de Zama) para forjar un
poderoso estado en el Norte de África. Cuentan que vivió 90 años y
que con esta edad aún era capaz de dirigir el ejército.
Massinissa
unificó su reino y lo convirtió en rico y poderoso, desarrollando
la agricultura y el comercio exterior con Roma. Además, tomando como
espejo a los reyes helenísticos, promovió la difusión de la
cultura griega en sus tierra. Su arrolladora personalidad y su
capacidad militar consiguieron la obediencia de los jefes de las
tribus bereberes. Al final de su vida, la provocaciones y saqueos a
Cartago, terminaron provocando la tercera y definitiva guerra púnica.
jueves, 26 de septiembre de 2019
SIJILMASA, CIUDAD DE CARAVANAS.
A los pies
del desierto las ruinas de una antigua próspera ciudad comercial. Lo
que ayer fueron opulentos edificios hoy son muros derruídos. Unas
pocas ruinas cubiertas de arena, pasan desapercibidas para las
miradas despistadas. La fina arena del desierto sepultó su
prosperidad y grandeza. Viejas ruinas cubiertas de arena son visibles
desde la carretera. Se trata de la antigua Sijilmasa, una enclave
caravanero en el sur de Marruecos. Situada en los límites del
Sahara, Sijilmasa fue durante siglo el centro del trafico del oro que
procedía de más allá del desierto. Por aquí pasaba la más
destacada ruta del oro.
Los
camelleros que cruzaban el Sahara encontraban un lugar de descanso y
reposo en la vieja Sijilmasa. Este era el punto de partida de las
caravanas que cruzaban el indómito desierto del Sahara en busca de
la sal del desierto y del oro del África más profunda. Las
legendarias ciudades de Gao, Tombuctú y Walata eran su destino más
lejano. Aquí se refinaba el oro africano antes de llegar a Europa.
Un
asentamiento bereber convertido en destacado puesto comercial y
centro caravanero. Después de repostar en Sijilmasa las caravanas se
adentran en las gargantas del Ziz en direeción a los grandes
mercados del norte situados en Fez, Meknes o Marrakech. La situación
privilegiada hizo que la historia de Sijilmasa fuera intensa y
convulsa; guerras, saqueos, destrucciones, también negocios turbios
e incontables riquezas. De aquí partieron los miembros de la familia
alauita para convertirse en los reyes del país.
En el siglo
XVI el viajero León el Africano escribió: Sidjilmassa era una
ciudad muy civilizada, edificada con buenas casas, y con sus
habitantes ricos por el comercio que mantenían con el país de los
negros . . . Actualmente está por completo en ruinas y, como he
dicho, las gentes se limitan a habitar en casbas y están diseminadas
por el territorio.
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Tuaregs
jueves, 29 de agosto de 2019
ABD AL MUMIN.
Discípulo
de Ibn Tumert, fundador del movimiento religioso almohade, consigue
unificar todo el norte de África. Se proclamó califa, con un par de
narices, y destruye el poder almorávide con la conquista de sus
príncipes centros urbanos Fez y Marrakech. Después de conseguir
controlar el norte de África desembarca en la Península Ibérica
consolidando un imperio a ambos orillas del Mare Nostrum.
jueves, 22 de agosto de 2019
KASBAHS. FORTALEZAS BEREBERES.
Camino del
desierto fortalezas de color arena, antiguas ciudadelas levantadas
por los bereberes. La kasbah construcción de origen bereber se puede
apreciar en los pueblos fortificados de los oasis.
En los
límites del desierto estas ciudadelas, abandonadas a su suerte,
conservan las cicatrices de su historia y esperan con paciencia el
regreso de los guerreros. Ahora solo algunos curiosos viajeros pasean
entre sus muros.
Las kasbah
son edificaciones y/o espacios fortificados de origen bereber. Eran
lugares donde las personas se protegían de los ataques de intrusos,
y también de las tormentas de arena, y del intenso frío del
desierto. Hoy son muchas las construcciones que aún siguen
manteniendo esta tipología tradicional.
Edificios
con muros y torres de planta cuadrada dispuestas en las esquinas. Son
parte de la arquitectura tradicional marroquí levantadas con adobe.
El adobe
es el material usado desde la noche de los tiempos en las zonas
desérticas de todo el mundo. Sin piedra, ni madera, el ser humano
agudiza el ingenio para construir sus viviendas. Las kasbahs
bereberes son algo complejo, vienen a ser una especie de refugio
amurallado. Pudimos ver muchas de ellas a lo largo del río Ziz.
domingo, 18 de agosto de 2019
ALMOHADES.
Los
almohades fueron los miembros de un movimiento religioso que defendía
la pureza de las tradiciones y el rigorismo del Islam. Su primer
líder fue Ibn Tumart. Los mamuda del Atlas son los miembros del
movimiento almohade.
En el año
1121 los almohades se consolidan en el Atlas y se rebelan contra los
almorávides y asaltan el poder y en 1147 completan su expansión por
el territorio de Marruecos conquistando la capital Marrakech.
Un imperio
basado en el rigorismo y en la reforma o renovación religiosa que se
extiende por las dos orillas del mar Mediterráneo. Dos extensos
territorios Andalucía y Marruecos, dos países hermanos con un
pasado común.
jueves, 15 de agosto de 2019
IBN TUMART.
Predicador
bereber, fomentó la pureza y el rigor del Islam. Sus seguidores
fueron conocidos como almohades (los unidos). Ibn Tumart soliviantó
los ánimos de los mamudas (tribu bereber) y los sublevó contra el
decadente poder almorávide. Un campesino que llegó a la
universidad de Marrakech. Posteriormente encabezó un movimiento
rigorista basado en el Corán. Allí se convenció se ser un
renovador de la fe y de la vida de los musulmanes.
martes, 16 de julio de 2019
ABDALÁ BEN YASÍN.
Un derviche
de fuertes convicciones religiosas, un guía espiritual que fundó un
ribat (especie de monasterio) en una isla del Senegal. Allí consigue
aglutinar a un numeroso grupo de seguidores que se lanzarán a
predicar la yihad y que serán conocidos como almorávides. Estos
almorávides conquistarán Marruecos y cruzarán el estrecho de
Gibraltar para desembarcar en la península Ibérica y poner orden en
la situación caótica de los reinos de Taifas. Estamos ante uno de
los reformadores religiosos más determinantes del siglo XI.
lunes, 24 de junio de 2019
ALMORÁVIDES.
Los sanhaya
del desierto (una tribu bereber) se agruparon en una cofradía
religiosa, los Almorávides. Monjes guerreros que lucharán por la propagación de su fe. Guiados por Abdalá ben Yasín. Lanzan
desde el desierto una demoledora campaña conquistadora que les lleva
a conquista Fez, la capital Idrisí. En el año 1070 fundan
Marrakech, capital de un reino que terminará llamandose Marruecos.
Envalentonados por su oleada triunfal acudirán a la llamada de las
taifas peninsulares, derrotarán a los ejércitos cristianos y
reunificarán todo el territorio de Al Andalus.
miércoles, 1 de mayo de 2019
MEKNES, CAPITAL ALAUITA.
La cuarta
capital imperial de Marruecos (junto a Fez, Rabath y Marrakech) es
una interesante ciudad de larga historia, monumental y llena de la
vitalidad típica de las viejas urbes del Mediterráneo. Situada en
el corazón de una de las regiones más fértiles del país, domina
al oeste las llanuras del Gharb y al este las montañas del Medio
Atlas. Esta posición privilegiada la obligó a padecer largos
asedios, saqueos y destrucción. No obstante siempre ha sido capaz de
renacer de sus propias cenizas.
Bullicio y
ajetreo, vendedores de lo cotidiano inundan las aceras y cualquier
esquina.
La primera
parada en el camino hacia el desierto de Sahara, hoy una ciudad de
provincias, ayer capital del reino de Marruecos con el sultán Mulay
Ismail. Este soberano, coetáneo entre otros de Luis XIV de Francia,
embelleció Meknes (o Mequinez), con puertas monumentales, jardines,
palacios y mezquitas. Una población digna de un imperio conocida
como la Versalles de Marruecos.
Meknes
(Mequínez en su versión castellanizada) debe su nombre a la tribu
de los miknasa, cuyos señores participaron durante el siglo X en las
luchas entre los omeyas de Córdoba y los fatimíes de Túnez.
Una ciudad
pequeña, cuyos restos, edificios y murallas, presumen de su pasada
grandeza. Las imponentes y largas murallas encierran los palacios
imperiales, el sueño del prime rey de la dinastía alauita.
Ubicada a
los pies del impresionante Atlas, entra el Atlas Medio y las colinas
prerrifeñas, en un meseta que alcanza los 500 metros de altura. Los
orígenes se remontan al siglo VIII y se vinculan con una tribu
bereber conocida con el nombre de Meknasa. La llegada de los
almorávides tiempo después suposo la fortificación de esta
población. Tras el colapso del poder almorávide la ciudad cayó en
manos almohades. Estos últimos otorgaron a Meknes la categoría de
medina, antes no era más que una villa donde predominaba el aspecto
rural.
Más tarde los benimerines embellecieron la ciudad, aunque el
auténtico esplendor de Meknes tuvo lugar en el siglo XVII cuando
Mulay Ismail (fundador de la dinastía alauita) la convirtió en la
capital política del país.
Plaza fuerte
y residencia real, Mequínez se transformó en un inmenso solar de
obras, murallas, bastiones, puertas monumentales, explanadas,
palacios, cuadras, graneros y estanques aparecen, se entremezclan,
cambiando por completo la ciudad medieval, cubriendo la kasba y las
residencias de las épocas almohade y meriní precedentes. Muley
Ismail, el rey constructor que mostraba una abierta inclinación por
la monumentalidad, vigila personalmente las obras. Rodea su capital
de un recinto de 40 kms, de muros. La kasba que envuelve sus palacios
presenta 20 puertas fortificadas; sus cuadras daban cabida hasta a
12.000 caballos; unos 50 palacios, independientes unos de otros,
iluminan el cielo de Mequínez con sus cúpulas piramidales cubiertas
de tejas verdes. En ls obras trabajaron obreros, artesanos y
albañiles de todas las partes del reino, así como numerosos
cautivos cristianos fruto del corso practicado en los puertos del
criben y la comparan a menudo con las grandes metrópolis de la
época.
Itinerario
cultural de Almorávides y Almohades.
Magreb y
península Ibérica. Fundación: El legado andalusí.
Junto los
árabes y los bereberes, Meknes acogió a una importante comunidad de
judíos y a numerosos moriscos expulsados de España.
La ciudad se
encuentra situada en una de las mejores regiones agrícolas del
Marruecos y es por derecho propio un destacado punto para el comercio
y la producción agraria. La riqueza agrícola de Meknes es
legendaria, los textos medievales se referían a ella como Miknasat
al – Zaytum; Mekes del Olivo. En la actualidad sigue siendo el país
de la vid (el principal productos de vino del país) y de otras
frutas.
Recias
murallas almenadas de color rojizo protegen la ciudad y delimitan los
diferentes espacios urbanos. Leí por ahí que existen 40 kilómetros
de muralla, y tras pasar un día entero caminando sin perderlas de
vista no parece un exageración.
La menos
turística de las cuatro capitales históricas del país. Esta
circunstancia le confiere un encanto especial de ciudad de segunda
fila.
Siempre he
pensado que la mejor manera de ver una ciudad, conocer a su gente,
acercarse a la cultura e intuir, al menos, su idiosincracia, es
perderse por sus calles, caminar sin rumbo, dejándose sorprender en
una esquina, una plaza o un desvencijado comercio. Y eso es lo que
hicimos una mañana en Meknes y descubrimos sonidos, olores, colores
y sabores de un mercado en cualquier rincón del ancho mundo.
Por supuesto nos acercamos a la deliciosa grastronomía marroquí.
Por supuesto nos acercamos a la deliciosa grastronomía marroquí.
Las cigüeñas
cubren los cielos y construyen sus nidos en cualquier lugar elevado.
Las
cigüeñas se han adaptado perfectamente a la vida en las ciudades.
Meknes cuenta con una numerosa colonia de esta bella ave. Juro que
nunca he visto tantas en mi vida.
La plaza el
Hedim se extiende entre la Medina y la zona noble de la ciudad.
La
ornamentada puerta Bab el Mansour permite el paso a la ciudad
imperial levantada con esmero por Mulay Ismail.
Además de
palacios, graneros, caballerizas y un impresionante estanque, en su
interior se levanta el suntuoso mausoleo de Ismail.
La
entrada del mausoleo de Mulay Ismail.
Capitel. Meknes es heredera de la ciudad romana de Vollubilis y en
sus calles es fácil encontrar restos de aquella urbe.
La medina de
Lalla Auda se ubica en el interior de la ciudad imperial.
En
el espacio que se abre entre las murallas se extiende la plaza Lalla
Auda.
En el
interior de la medina se disponen casas, talleres y comercios varios.
La zona residencial es un laberinto colosal, tan complicado como
embaucador.
Durante gran
parte de su historia Meknes ha sido un destacado centro cultural. En
el siglo XVI acogió a uno de los más populares poetas marroquíes;
Sidi Abd al-Rahman al-Maydub, el loco por Dios. En los jardines de la
ciudad aún resuenan los ecos de sus versos:
“Mi
corazón se parece a un horno de calero,
encerrado en
el intenso calor de su fuego;
por encima,
ningún fuego;
y por
debajo, piedras calcinadas”.
Meknes fue
también un notable centro de peregrinación, gracias al santuario
del patrón de la ciudad, al Hadi Ben Aisha, un reformador religioso
del siglo XVI que fundo la hermandad mística aisawa. Aún
en la actualidad cuenta con muchos seguidores.
Las antiguas
murallas compartimentan la ciudad en plazas y barrios, medinas,
mezquitas y palacios. Aquí cualquier lugar es bueno para montar un
mercadillo efímero (el producto que puedes comprar hoy quizás
mañana no lo encuentres). El magrebí, ya sea árabe o bereber,
lleva el comercio en las venas, vive por y para ello. Su máxima es
vender y regatear. ¿O era al revés?.
No
pueden faltar ni los colores ni las rejas.
Un país dedicado al sector primario. Olores, colores y sabores
auténticos (pudimos comprobarlo). Aquí nadie compra la fruta ni la
verdura en el supermercado. Aquí la verdura salta del huerto a la
cazuela.
Toda la belleza del estanque de Agdad en un medio día del mes de diciembre (un cálido invierno en esta parte del país).
Al caer la noche los comerciantes recogen sus tenderetes y marchan a descansar. Es la ley no escrita del zoco callejero. Los puestos ambulantes y mercancías quedan en la calle, todos amantonados en un solar que también sirve de aparcamiento situado a los pies de la poderosa muralla.
Nosotros
pernoctamos ahí.
Las bestias descansan y se preparan para una larga y agotadora
jornada de trabajo. Estas calesas pretender recrear el ambiente
maravilloso de aquellas fantásticas narraciones de las Mil y una
noches.
Un lugar lleno de contrastes y desequilibrios.
Un lugar lleno de contrastes y desequilibrios.
El
cielo de Meknes. Cubiertas planas y viejas azoteas, una forma
constructiva típica en ambas orillas del Mare Nostrum.
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