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martes, 7 de enero de 2020

ALBERT MEMORIAL




Albert de Sajonia-Coburgo-Gotha fue esposo y consorte de la Reina Victoria del Reino Unido. Su temprana muerte, 42 años, sumió a la reina en un estado de duelo y melancolía que le acompañó practicamente toda su vida. Como recuerdo inmemorial de su gran amor, la reina mandó construir un espectacular memorial en Londres. Su autor George Gilbert Scott se inspiró en el estilo neogótico para dar forma a uno de los monumentos más representativos de la arquitectura victoriana. En las cuatro esquinas del memorial ocupan su lugar otras tantes alegorías a los cuatro continentes por los que se extendía el Imperio Británico: Toro (Europa), Elefante (Asia), Dromedario (África) y Bisonte (América).



El elefante, el monje budista y el árabe, simbolizan el continente asiático, donde se encontraba la India, Joya de la Corona del Imperio Británico.  



El Dromedario, animal imprescindible para la vida en el desierto, simboliza la presencia británica en África. La mujer ataviada como la misma Cleopatra recuerda la importancia estratégica de Egipto.


El Bisonte, el mayor herbívoro de la pradera americana y animal tótem de los indios de las llanuras, simboliza a la América anglosajona.



El Toro es símbolo del continente europeo desde que Zeus decidió metamorfosearse en uno, raptar a Europa y esconderse con ella en la isla de Creta. Corona, orbe y cetro, elementos de la realeza y del dominio británico del mundo.  





jueves, 26 de septiembre de 2019

SIJILMASA, CIUDAD DE CARAVANAS.




A los pies del desierto las ruinas de una antigua próspera ciudad comercial. Lo que ayer fueron opulentos edificios hoy son muros derruídos. Unas pocas ruinas cubiertas de arena, pasan desapercibidas para las miradas despistadas. La fina arena del desierto sepultó su prosperidad y grandeza. Viejas ruinas cubiertas de arena son visibles desde la carretera. Se trata de la antigua Sijilmasa, una enclave caravanero en el sur de Marruecos. Situada en los límites del Sahara, Sijilmasa fue durante siglo el centro del trafico del oro que procedía de más allá del desierto. Por aquí pasaba la más destacada ruta del oro.


Los camelleros que cruzaban el Sahara encontraban un lugar de descanso y reposo en la vieja Sijilmasa. Este era el punto de partida de las caravanas que cruzaban el indómito desierto del Sahara en busca de la sal del desierto y del oro del África más profunda. Las legendarias ciudades de Gao, Tombuctú y Walata eran su destino más lejano. Aquí se refinaba el oro africano antes de llegar a Europa.


Un asentamiento bereber convertido en destacado puesto comercial y centro caravanero. Después de repostar en Sijilmasa las caravanas se adentran en las gargantas del Ziz en direeción a los grandes mercados del norte situados en Fez, Meknes o Marrakech. La situación privilegiada hizo que la historia de Sijilmasa fuera intensa y convulsa; guerras, saqueos, destrucciones, también negocios turbios e incontables riquezas. De aquí partieron los miembros de la familia alauita para convertirse en los reyes del país.


En el siglo XVI el viajero León el Africano escribió: Sidjilmassa era una ciudad muy civilizada, edificada con buenas casas, y con sus habitantes ricos por el comercio que mantenían con el país de los negros . . . Actualmente está por completo en ruinas y, como he dicho, las gentes se limitan a habitar en casbas y están diseminadas por el territorio.


domingo, 24 de febrero de 2013

CAMELLOS, SEGÚN LA PLUMA DE PLINIO



Oriente cría dentro del ganado mayor camellos, de los que hay dos especies: el de Bactriana y el de Arabia. Se diferencian en que los primeros tienen en el lomo dos jorobas, los segundos una y debajo del pecho otra, sobre la que se acuestan. Ninguna de las dos especies tiene fila superior de dientes, como los bueyes. Todos prestan los servicios de las bestias de carga con su lomo y también los de la caballería en los combates.

Tiene la velocidad del caballo pero la resistencia de cada uno es proporcional a sus fuerzas. No avanza más distancia de la que tiene por costumbre ni admite más carga de la habitual. Sienten una aversión innata hacia los caballos. Toleran la sed incluso durante cuatro días y, cuando hay oportunidad de beber, se llenan por el pasado y para el futuro, después de enturbiar antes el agua pataleando: de otro modo no les gusta beber. Viven cincuenta años, algunos incluso cien. De todas maneras también padecen la rabia. Se ha descubierto un modo de castrar también a las hembras para prepararlas para la guerra; se hacen más fuertes así, si se les impide el apareamiento.
Historia Natural VII, 67 - 68  
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