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miércoles, 20 de noviembre de 2019

TAFILALET.




Las aguas del Ziz riegan y dan vida a los extensos palmerales de Tafilelet, seña de identidad de esta región. Un extenso oasis que da nombre a una región histórica de Marruecos.


De Tafilalet surgió la actual dinastía que reina en Marruecos, los alauitas. Durante centurias la capital de la región fue Sijilmassa, la legendaria ciudad de las caravanas. A través de Tafilalet se encajaban las rutas que comunicaban las grandes ciudades del norte, Fez y Marrakech, con el desierto de Sahara y Sudán.


Esta región constituye el principal punto de acceso al Sahara, el lugar donde se funden la civilización mediterránea del norte con las poblaciones del profundo sur.


Los palmerales se prolongan hasta el infinito, encajados en la garganta natural que forma el río Ziz. Tafilalet es el nombre de una región donde es encontraba la antigua y próspera Sijilmassa, la ciudad de las caravanas. 



jueves, 26 de septiembre de 2019

SIJILMASA, CIUDAD DE CARAVANAS.




A los pies del desierto las ruinas de una antigua próspera ciudad comercial. Lo que ayer fueron opulentos edificios hoy son muros derruídos. Unas pocas ruinas cubiertas de arena, pasan desapercibidas para las miradas despistadas. La fina arena del desierto sepultó su prosperidad y grandeza. Viejas ruinas cubiertas de arena son visibles desde la carretera. Se trata de la antigua Sijilmasa, una enclave caravanero en el sur de Marruecos. Situada en los límites del Sahara, Sijilmasa fue durante siglo el centro del trafico del oro que procedía de más allá del desierto. Por aquí pasaba la más destacada ruta del oro.


Los camelleros que cruzaban el Sahara encontraban un lugar de descanso y reposo en la vieja Sijilmasa. Este era el punto de partida de las caravanas que cruzaban el indómito desierto del Sahara en busca de la sal del desierto y del oro del África más profunda. Las legendarias ciudades de Gao, Tombuctú y Walata eran su destino más lejano. Aquí se refinaba el oro africano antes de llegar a Europa.


Un asentamiento bereber convertido en destacado puesto comercial y centro caravanero. Después de repostar en Sijilmasa las caravanas se adentran en las gargantas del Ziz en direeción a los grandes mercados del norte situados en Fez, Meknes o Marrakech. La situación privilegiada hizo que la historia de Sijilmasa fuera intensa y convulsa; guerras, saqueos, destrucciones, también negocios turbios e incontables riquezas. De aquí partieron los miembros de la familia alauita para convertirse en los reyes del país.


En el siglo XVI el viajero León el Africano escribió: Sidjilmassa era una ciudad muy civilizada, edificada con buenas casas, y con sus habitantes ricos por el comercio que mantenían con el país de los negros . . . Actualmente está por completo en ruinas y, como he dicho, las gentes se limitan a habitar en casbas y están diseminadas por el territorio.


jueves, 29 de agosto de 2019

ABD AL MUMIN.




Discípulo de Ibn Tumert, fundador del movimiento religioso almohade, consigue unificar todo el norte de África. Se proclamó califa, con un par de narices, y destruye el poder almorávide con la conquista de sus príncipes centros urbanos Fez y Marrakech. Después de conseguir controlar el norte de África desembarca en la Península Ibérica consolidando un imperio a ambos orillas del Mare Nostrum.

martes, 6 de agosto de 2019

ALÍ IBN YUSUF.




Hijo y sucesor del caudillo almorávide Yusuf ibn Tasufín. Reinó más de treinta años. Durante su gobierno la cultura de Al Andalus conquistó Marruecos (de la misma forma que Grecia conquistó Roma). Un ejemplo de esta conquista cultural es la mezquita al-Qarawiyyin de Fez. Durante los primeros años de su reinado, el Imperio Almorávide alcanzó su máxima expansión territorial, aunque al final del mismo el estado mostraba los síntomas de la crisis que llevaría a su destrucción.

En 1108 derrotó al rey Alfonso VI en la Batalla de Uclés, cortando definitivamente la expansión cristiana hacia el sur. Los dominios de Alí Ibn Yusuf se extendían por Marruecos, Andalucía, Valencia, parte de Aragón, la Mancha y la mayor parte de Portugal.

lunes, 22 de julio de 2019

YUSUF IBN TASUFÍN.




Yusuf ibn Tasufín lideró a los almorávides que ocuparon la Península Ibérica poniendo fin a los reinos de taifas. Líder y gurú espiritual de los almorávides. Llevaba su vida personal con gran austeridad. Estamos ante el clásico asceta iluminado, el predicador de una religión pura e intransigente. Con sus seguidores logró conquistar Fez. Después unificó todo el Magreb central y occidental. Fundó Marrakecht y en algunos círculos historiográficos está considerado el auténtico creador de Marruecos. Más tarde atenderá a la llamada de los reyes de taifas, desembarcará en la península Ibérica y la someterá a su voluntad.

lunes, 24 de junio de 2019

ALMORÁVIDES.




Los sanhaya del desierto (una tribu bereber) se agruparon en una cofradía religiosa, los Almorávides. Monjes guerreros que lucharán por la propagación de su fe.  Guiados por Abdalá ben Yasín. Lanzan desde el desierto una demoledora campaña conquistadora que les lleva a conquista Fez, la capital Idrisí. En el año 1070 fundan Marrakech, capital de un reino que terminará llamandose Marruecos. Envalentonados por su oleada triunfal acudirán a la llamada de las taifas peninsulares, derrotarán a los ejércitos cristianos y reunificarán todo el territorio de Al Andalus.  

domingo, 2 de junio de 2019

MULAY IDRISS II.



Mulay Idriss II fue el hijo y el continuador de Mulay Idriss I. Mientras el padre fue un guía espiritual, el hijo consiguió consolidar también el poder político, siendo el auténtico fundador de la dinastía. Fundador verdadero de la dinastía al conseguir ejercer el poder político. Segundo fundador de Fez.

Idriss II se apoya en los árabes entrando en un complicado conflicto con los bereberes. Basó su pequeño estado en el apoyo prestado por los árabes procedentes de Al Andalus y de Ifriqiya. A pesar de las dificultades consigue consolidar un pequeño estado que se extiende por la región de llanuras y colinas entre el Rif y el medio Atlas. Desde este lugar controlaba el corredor de Taza, un paso importante hacia el este.

Mulay Idriss II está enterrado en la ciudad de Fez y su mausoleo es un concurrido lugar de peregrinación. Tras su muerte su seguidores le levantaron una hermosa tumba, cubierta por el edificio más destacado de la ciudad. Además lo nombraron patrón y protector de Fez.


domingo, 12 de mayo de 2019

MULAY IDRISS I.




Mulay Idriss I, descendiente del profeta Mahoma está en el origen de la dinastía Idrissis, los primeros soberanos de Marruecos. Idriss I llegó a estas tierras como misionero o guía espiritual, y sería su hijo Idriss II el primer líder político de la familia. Nombrado imán por los bereberes del centro de Marruecos. Fue el primer fundador de Fez.

Idriss I es conocido como uno de aquellos afortunados que consiguieron escapar a la matanza abassí perpetrada en el 786. Escapó de Arabia, llegó al Magreb y se instaló en Volúbilis. Al igual que Abderramán en la península Ibérica, Idriss planeó crear un reino independiente. Las fuentes coetáneas y posteriores se refieren a él como imán.


miércoles, 1 de mayo de 2019

MEKNES, CAPITAL ALAUITA.



La cuarta capital imperial de Marruecos (junto a Fez, Rabath y Marrakech) es una interesante ciudad de larga historia, monumental y llena de la vitalidad típica de las viejas urbes del Mediterráneo. Situada en el corazón de una de las regiones más fértiles del país, domina al oeste las llanuras del Gharb y al este las montañas del Medio Atlas. Esta posición privilegiada la obligó a padecer largos asedios, saqueos y destrucción. No obstante siempre ha sido capaz de renacer de sus propias cenizas.



Bullicio y ajetreo, vendedores de lo cotidiano inundan las aceras y cualquier esquina.




La primera parada en el camino hacia el desierto de Sahara, hoy una ciudad de provincias, ayer capital del reino de Marruecos con el sultán Mulay Ismail. Este soberano, coetáneo entre otros de Luis XIV de Francia, embelleció Meknes (o Mequinez), con puertas monumentales, jardines, palacios y mezquitas. Una población digna de un imperio conocida como la Versalles de Marruecos.



Meknes (Mequínez en su versión castellanizada) debe su nombre a la tribu de los miknasa, cuyos señores participaron durante el siglo X en las luchas entre los omeyas de Córdoba y los fatimíes de Túnez.



Una ciudad pequeña, cuyos restos, edificios y murallas, presumen de su pasada grandeza. Las imponentes y largas murallas encierran los palacios imperiales, el sueño del prime rey de la dinastía alauita.



Ubicada a los pies del impresionante Atlas, entra el Atlas Medio y las colinas prerrifeñas, en un meseta que alcanza los 500 metros de altura. Los orígenes se remontan al siglo VIII y se vinculan con una tribu bereber conocida con el nombre de Meknasa. La llegada de los almorávides tiempo después suposo la fortificación de esta población. Tras el colapso del poder almorávide la ciudad cayó en manos almohades. Estos últimos otorgaron a Meknes la categoría de medina, antes no era más que una villa donde predominaba el aspecto rural. 


 Más tarde los benimerines embellecieron la ciudad, aunque el auténtico esplendor de Meknes tuvo lugar en el siglo XVII cuando Mulay Ismail (fundador de la dinastía alauita) la convirtió en la capital política del país.



Plaza fuerte y residencia real, Mequínez se transformó en un inmenso solar de obras, murallas, bastiones, puertas monumentales, explanadas, palacios, cuadras, graneros y estanques aparecen, se entremezclan, cambiando por completo la ciudad medieval, cubriendo la kasba y las residencias de las épocas almohade y meriní precedentes. Muley Ismail, el rey constructor que mostraba una abierta inclinación por la monumentalidad, vigila personalmente las obras. Rodea su capital de un recinto de 40 kms, de muros. La kasba que envuelve sus palacios presenta 20 puertas fortificadas; sus cuadras daban cabida hasta a 12.000 caballos; unos 50 palacios, independientes unos de otros, iluminan el cielo de Mequínez con sus cúpulas piramidales cubiertas de tejas verdes. En ls obras trabajaron obreros, artesanos y albañiles de todas las partes del reino, así como numerosos cautivos cristianos fruto del corso practicado en los puertos del criben y la comparan a menudo con las grandes metrópolis de la época.
Itinerario cultural de Almorávides y Almohades.
Magreb y península Ibérica. Fundación: El legado andalusí.



Junto los árabes y los bereberes, Meknes acogió a una importante comunidad de judíos y a numerosos moriscos expulsados de España.





La ciudad se encuentra situada en una de las mejores regiones agrícolas del Marruecos y es por derecho propio un destacado punto para el comercio y la producción agraria. La riqueza agrícola de Meknes es legendaria, los textos medievales se referían a ella como Miknasat al – Zaytum; Mekes del Olivo. En la actualidad sigue siendo el país de la vid (el principal productos de vino del país) y de otras frutas.




Recias murallas almenadas de color rojizo protegen la ciudad y delimitan los diferentes espacios urbanos. Leí por ahí que existen 40 kilómetros de muralla, y tras pasar un día entero caminando sin perderlas de vista no parece un exageración.



La menos turística de las cuatro capitales históricas del país. Esta circunstancia le confiere un encanto especial de ciudad de segunda fila.



Siempre he pensado que la mejor manera de ver una ciudad, conocer a su gente, acercarse a la cultura e intuir, al menos, su idiosincracia, es perderse por sus calles, caminar sin rumbo, dejándose sorprender en una esquina, una plaza o un desvencijado comercio. Y eso es lo que hicimos una mañana en Meknes y descubrimos sonidos, olores, colores y sabores de un mercado en cualquier rincón del ancho mundo.





Por supuesto nos acercamos a la deliciosa grastronomía marroquí. 



Las cigüeñas cubren los cielos y construyen sus nidos en cualquier lugar elevado.



Las cigüeñas se han adaptado perfectamente a la vida en las ciudades. Meknes cuenta con una numerosa colonia de esta bella ave. Juro que nunca he visto tantas en mi vida.



La plaza el Hedim se extiende entre la Medina y la zona noble de la ciudad.



La ornamentada puerta Bab el Mansour permite el paso a la ciudad imperial levantada con esmero por Mulay Ismail.



Además de palacios, graneros, caballerizas y un impresionante estanque, en su interior se levanta el suntuoso mausoleo de Ismail.



La entrada del mausoleo de Mulay Ismail.



Capitel. Meknes es heredera de la ciudad romana de Vollubilis y en sus calles es fácil encontrar restos de aquella urbe.



La medina de Lalla Auda se ubica en el interior de la ciudad imperial.



En el espacio que se abre entre las murallas se extiende la plaza Lalla Auda.








En el interior de la medina se disponen casas, talleres y comercios varios. La zona residencial es un laberinto colosal, tan complicado como embaucador.





Durante gran parte de su historia Meknes ha sido un destacado centro cultural. En el siglo XVI acogió a uno de los más populares poetas marroquíes; Sidi Abd al-Rahman al-Maydub, el loco por Dios. En los jardines de la ciudad aún resuenan los ecos de sus versos:
“Mi corazón se parece a un horno de calero,
encerrado en el intenso calor de su fuego;
por encima, ningún fuego;
y por debajo, piedras calcinadas”.



Meknes fue también un notable centro de peregrinación, gracias al santuario del patrón de la ciudad, al Hadi Ben Aisha, un reformador religioso del siglo XVI que fundo la hermandad mística aisawa. Aún en la actualidad cuenta con muchos seguidores.



Las antiguas murallas compartimentan la ciudad en plazas y barrios, medinas, mezquitas y palacios. Aquí cualquier lugar es bueno para montar un mercadillo efímero (el producto que puedes comprar hoy quizás mañana no lo encuentres). El magrebí, ya sea árabe o bereber, lleva el comercio en las venas, vive por y para ello. Su máxima es vender y regatear. ¿O era al revés?.




Paseando por la zona residencial, alejándonos del núcleo histórico, entramos de lleno en la vida cotidiana de la ciudad; las casas, los viejos talleres, las tiendas de barrio (las de toda la vida), los colmados y las carnicerías . . . todo me recuerda a mi infancia (allá por los primeros años de la década de los '80). Cuanto más viajo más me convenzo de lo parecidas que son todas las ciudades del mundo.





No pueden faltar ni los colores ni las rejas.






Un país dedicado al sector primario. Olores, colores y sabores auténticos (pudimos comprobarlo). Aquí nadie compra la fruta ni la verdura en el supermercado. Aquí la verdura salta del huerto a la cazuela.





Un símbolo de la globalización y del triunfo del sistema capitalista.





Toda la belleza del estanque de Agdad en un medio día del mes de diciembre (un cálido invierno en esta parte del país).







Al caer la noche los comerciantes recogen sus tenderetes y marchan a descansar. Es la ley no escrita del zoco callejero. Los puestos ambulantes y mercancías quedan en la calle, todos amantonados en un solar que también sirve de aparcamiento situado a los pies de la poderosa muralla.





Nosotros pernoctamos ahí.





Las bestias descansan y se preparan para una larga y agotadora jornada de trabajo. Estas calesas pretender recrear el ambiente maravilloso de aquellas fantásticas narraciones de las Mil y una noches.



Un lugar lleno de contrastes y desequilibrios. 




 El cielo de Meknes. Cubiertas planas y viejas azoteas, una forma constructiva típica en ambas orillas del Mare Nostrum.





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