lunes, 10 de julio de 2017

EL BOSQUE EN LA EDAD MEDIA.



El panorama medieval estaba dominado por el bosque y todas las formas de vida que dicho espacio conlleva. El bosque impregna toda la cultura del Edad Media.

Vito Fumagalli en su libro “Las piedras vivas” escribe: “A lo largo de toda la Alta Edad Media, los bosques y selvas fueron, hasta el siglo XI, un medio familiar para el hombre, que llevaba a cabo en estos lugares una serie de actividades como la pesca, la caza y la cría de ganado al aire libre. Toda una población de pastores y leñadores pululaba por ellos, e incluso los bosques menos frecuentados por el hombre lo estaban en cierto modo, ya que en ellos se establecían grupos de ladrones, ermitaños, bandas de salteadores, invasores, como los magiares, u otros pueblos que acudían del norte, del este o del sur hacia la Vieja Europa”.

El Occidente Medieval quedará configurado por multitud de pequeñas islas, en forma de castillo, aldea, monasterio o ciudad, en medio de un inmenso océano verde, un manto de bosques, desoladas llanuras, inhóspitos páramos e insalubres y ciénagas cubren todas las tierras europeas, especialmente al Norte de los Alpes.

El bosque marca la frontera entre el hombre y la naturaleza, una frontera de límites difusos, que se cruza una y otra vez en ambas direcciones; el Noble disfrutará de la caza que le ofrece, el Caballero Andante se adentra en su espesura en busca de aventuras, el Campesino roturará sus tierras para cultivar, el Leñador proveerá de madera a toda la comunidad, el Pastor llevará sus rebaños a pastar, el Boyero lo atravesará con sus reses, el Proscrito encontrará un refugio seguro, el Ermitaño se alejará del mundo, el Bandolero vagará por senderos ocultos donde emboscarse y, más tarde, huir, y el Monje hallará la soledad necesaria para alcanzar su comunidad con Dios.

El Bosque es un elemento esencial para el hombre medieval.


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