viernes, 7 de julio de 2017

LAVACOLLA



“[...] un río, llamado Labacolla, porque en un paraje frondoso por el que pasa, a dos millas de Santiago . . . se quitaban la ropa, y por amor al Apóstol, solían lavarse no sólo sus partes, sino la suciedad de todo el cuerpo. . . “ (Aymeric. Cócide Calixtino). . . y así podían llegar limpios y puros ante la tumba del Apóstol.


Otro de los múltiples rituales que debía cumplir todo buen peregrino; un camino jalonado de ritos y símbolos, como una prolongada escalera que es necesario ascender, peldaño a peldaño, hasta lo más alto de nuestra alma.  
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