miércoles, 5 de julio de 2017

APOTEOSIS DE SAN HERMENEGILDO.



Si un padre dice blanco, el hijo dice negro. Si el progenitor quiere que estudie, el vástago prefiere trabajar. Si el padre es arriano, el hijo se convierte al catolicismo. Si a las turbias relaciones entre los machos de la misma familia se añade la ambición y el poder, estalla el conflicto y se derrama sangre.

El visigodo Hermenegildo, harto de que su padre, el rey Leovigildo, solo tuviese ojos para el pequeño Recaredo, se bautizó como católico y organizó una revuelta que en el fondo tenía como objetivo ceñir la corona del reino.

El foco de resistencia anti-arriana que apoyaba a Hermenegildo, con su esposa (un princesa franca) y Leandro de Sevilla al frente, tenía sus bases en la beata Andalucía. Leovigildo no mostró piedad cristiana, aplastó el levantamiento, encerró a su hijo y, dicen, ordenó su asesinato.


Desde la misma mazmorra donde murió Hermenegildo asciende una escalera que lo condujo, en olor de santidad, y con toda la pompa del apoteosis triunfal, al cielo de los verdaderos cristianos; los católicos.  
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