lunes, 8 de mayo de 2017

EL PODER POLÍTICO EN LAS CIUDADES MEDIEVALES.



Frente a los anquilosados señores feudales de castillos y monasterios, surgen las ciudades como una alternativa de poder con mucho futuro. El crecimiento demográfico, la roturación de tierras y el aumento de la producción agraria, el fin de las segundas invasiones, el desvío de los hombres de armas más violentos hacia Tierra Santa y la irrupción de las órdenes mendicantes permitieron que las ciudades incrementaran su población, se convirtiesen en referentes culturales y volviesen a recuperar su papel de centros de producción e intercambio.

Muchas ciudades europeas eran muy antiguas, contaban varios siglos de historia y tenían un origen romano (París, Roma, Aquisgrán, Nimes...) o incluso anterior, otras sin embargo, surgen durante la Plena Edad Media en lugares de paso para peregrinos o mercaderes, cruces de caminos, alrededor de castillos o monasterios. Todas estas urbes cumplían funciones administrativas, residenciales, defensivas, comerciales y artesanales, aunque algunas de ellas se especializaron en una actividad determinada: centros comerciales (Génova, Venecia, Barcelona, Lübeck, Ragusa...), ciudades artesanales (Brujas, Londres...), sedes de ferias (Champaña, Medina del Campo, Amberes...), focos culturales (Oxford, Bolonia, Salamanca...), cabeza de administración (París, Londres, Valladolid...), destinos religiosos (Roma, Santiago de Compostela, Nidaros, Canterbury....)

La mayoría de estas ciudades estaban sujetas al control de algún señor feudal, pero poco a poco y gracias, en parte, al apoyo de las monarquías, alcanzaron gran autonomía. En su lucha por incrementar su poder frente a los grandes señores, los monarcas feudales encontraron un inestimable apoyo en las ciudades. Para garantizar esos apoyos los reyes favorecieron el desarrollo económico y la autonomía política de las ciudades por medio de la legislación. Para regular la actividad económica expedían licencias para celebrar ferias y mercados. También concedían fueros y cartas puebla donde se disponen los repartos de tierra y las normas de convivencia. Con el tiempo los representantes de las ciudades también acudían, junto a nobles y clérigos, a las Cortes (o Parlamentos) convocados por el monarca.

Las ciudades prosperaron gracias a la artesanía y a los intercambios comerciales que se concentraban en barrios que recibían el nombre de burgo. Vinculada a estos lucrativos oficios surgió una nueva y dinámica clase social; la burguesía. El burgués, por definición, se oponía abiertamente a los grupos privilegiados del Orden Feudal.

Los linajes burgueses más importantes e influyentes rigieron los destinos de sus ciudades, y llegaron a conformar una auténtico patriciado urbano. Estos patricios copaban las instituciones de gobierno. Esta concentración del poder en unas pocas (y contadas) manos fue origen de numerosos motines y revueltas populares.

Los vecinos elegían a sus representantes para desempeñar las funciones de gobierno. Entre los cargos e instituciones políticas más importantes podemos enumerar las siguientes:

Magistrado. Recibía diferentes nombres, como alcalde, regidor o burgomaestre, y era la cabeza visible de la ciudad y se encargaba de su gobierno. En esta figura podemos ver un recuerdo del antiguo cónsul romano.

Concejo. Estaba formado por varios ciudadanos notables que ayudaban al burgomaestre, se encargaban de la seguridad y la buena convivencia, establecen los impuestos y preparan los presupuestos para gestionar los gastos y los ingresos. El concejo es el precedente temporal e institucional de los ayuntamientos.

Milicias. Los vecinos de la urbe, al igual que los comprometidos ciudadanos de las polis griegas, se organizaban en milicias para la defensa de la ciudad (o bien, de sus intereses).

Tribunales. Su función era juzgar y castigar los delitos perpetrados en el área urbana.

En la práctica muchas de estas ciudades funcionaban como repúblicas oligárquicas más o menos independientes.


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