miércoles, 26 de octubre de 2016

REINO DE POLONIA XXVI: MATRIMONIO CON LITUANIA.



Desde 1370 la transición entre la histórica dinastía Piast y la renovadora dinastía Jagellón, se produjo en dos pasos; en primer lugar los polacos aceptaron a los húngaros Luis y Eduviges como reyes, y en un segundo momento el matrimonio de Eduviges con el gran duque de Lituania, tiene como consecuencia la unión dinástica de ambos estados y la entronización de un nuevo linaje. Esta unión matrimonial vinculó a los dos países durante más de cuatro centurias.

En 1386 Eduviges rompe su compromiso con un príncipe Habsburgo y los manipuladores magnates polacos la lanzan a los brazos del atractivo Jogalla, duque de Lituania, el último estado pagano de Europa. Al año siguiente se celebra en Cracovia el bautismo, el matrimonio y la coronación de Jogalla, que pasará a sr conocido como Vladislav II Jagellón. Este matrimonio con Lituania fue la solución aceptada (muy consensuada) para acabar con la crisis que provocó la desaparición de la legendaria y legítima dinastía Piast.

Vladislao unió en su persona ambos títulos, rey y gran duque, pero en la práctica mantuvo a los dos países separados. Inmediatamente Jogalla se puso manos a la obra, estableciendo el obispado de Vilna, para desde allí evangelizar a cuantos más lituanos mejor. Nunca desatendió los asuntos polacos, y en 1410 (junto a su hermano Vitautas) derrotó a los caballeros teutónicos en la decisiva batalla de Grunwald. Además consiguió el vasallaje de Valaquia y de Moldavia, de tal manera, que en la práctica, extendía su poder desde el mar Báltico al mar Negro.

La unificación del reino de Polonia y el gran ducado de Lituania bajo los jagellones forjó el estado más vasto (por extenso) de Europa Oriental, sin embargo, la nobleza nunca pudo ser sometida y la posición interna de los sucesivos monarcas fue siempre de debilidad manifiesta.


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