viernes, 23 de febrero de 2024

CASTILLO DE POENARI, EL NIDO DEL DRAGÓN



Todo depredador tiene una guarida, Drácula también. Ni Bran, ni Hunedoara, ni la casa amarilla de Sighisoara. El auténtico hogar lo encontró Vlad en la soledad y la quietud de los altos riscos de los Cárpatos.





Abandonamos Curtea de Argés bien temprano, a eso de las 7.10 de la mañana (temprano desde el punto de vista de un español dormilón, pues hace rato que clarea), y encaramos la carretera que sigue paralela el curso del “rau Argés”, evocador y poético nombre. Una carretera rústica en un estado aceptable. Tras una media hora de plácido trayecto alcanzamos uno de los objetivos místicos de este viaje: las ruinas de Poenari, el auténtico castillo de Drácula. 1480 escalones y 80 metros de desnivel nos separan del Nido del Dragón. Un reto complicado y exigente, sin duda.





Justo en el lugar donde comienzan los primeros tramos de escalera, se ha instalado un camping de nombre típico (y lógico) el Camping Drácula. Unos pocos metros más atrás se levanta un hotel restaurante (con ciertos aires de resort rural), en el que la bienvenida te la da una bizarra escultura metálica del Empalador. Es la hora del desayuno y el hotel está hasta los topes de turistas (rumanos y extranjeros), deseosos de participar en la romería Drácula. Este Hotel La Cetatea (es decir, el Castillo) es un buen lugar para tomar un café expreso antes de comenzar la ascensión.





El pueblo rumano, inteligente como pocos, hace bien en aprovechar el tirón mediático de Vlad III. Aunque como he señalado (y repetiré) Rumanía tiene mucho más que ofrecer. Al final la figura del voivoda-vampiro-empalador queda reducida (y devorada) a una simple anécdota. Curiosamente Vlad III no es, ni mucho menos, el mejor de los gobernantes de la Rumanía medieval. Eso sí, ha sido el único en lograr la inmortalidad.




Cada amanecer el dragón, después de pasar la noche surcando los cielos en busca de alimento, encuentra refugio en su nido, encaramado en lo alto de una inaccesible roca, y protegido por un espeso bosque.





La escalera es cómoda, pero dura. En el primer descanso – 453 escalones, apenas un tercio – las piernas arden, y pesan más de la cuenta. El húmedo bosque, oscuro y vivo, dificulta el ascenso. Un ejercicio intenso para piernas y corazones fuertes, llenos de vitalidad. Rozando el escalón mil, las fuerzas flaquean. Venga un poco más. El tramo final, con las piernas, y toda la musculatura, calientes y el corazón a mil por hora, ha resultado más sencillo. Robé la energía a otro excursionista y experimenté una recuperación vampírica. 



Se acaba el bosque, se hace la luz y se materializa ante nuestros ojos las ruinas del Nido del Dragón. Desde aquí se dominaba perfectamente el valle del Argés, un paso natural que comunica Valaquia y Transilvania.





Sudor, sol y viento. Visitantes por doquier, es la romería Drácula, en su etapa más dura. Pisamos las mismas piedras, que con seguridad, pisó Vlad el Empalador. Este es el único y auténtico castillo de Drácula. El único del que existen registros de la presencia de Vlad III. Dos empalados de rostro inexpresivo nos reciben a la entrada de la cetatea (ciudadela). Son un par de maniquíes bastante feos y mal hechos.




La subida (por estas escaleras) es una experiencia donde se van alternando el cansancio y la lucidez, la fatiga y el vigor. Momentos de desfallecimiento que son seguidos por minutos de explosión física. Cuentan que los boyardos (y familiares) que no fueron asesinados  durante el famoso banquete celebrado en Targoviste fueron obligados a construir esta fortaleza. Sus ropas quedaron hechas harapos, muchos morían despeñados y otros desfallecían mientras acarreaban enormes piedras hasta la cumbre. A pesar de la crueldad, me parece un castigo justo para los traidores. Especialmente para aquellos que tienen las manos teñidas de sangre inocente.




Las ruinas de castillo sobrecogen, alimentan la sensibilidad humana, un lugar para la fantasía, el cuento y la leyenda, historias de caballeros y princesas, terribles relatos de horror gótico. Este castillo se ha convertido en un centro de peregrinación para rumanos y extranjeros. La historia, la leyenda, la naturaleza, fusionadas en un enclave de gran belleza para todos los sentidos, los físicos y los mentales.



Poenari es una fortaleza de pequeñas dimensiones, defendida por una reducida guarnición formada por entre 5 y 7 soldados. En el castillo podemos distinguir dos partes correspondientes a sendas fases constructivas:


  • El donjón o torre del homenaje, data del siglo XIII, muy probablemente durante el gobierno de Negru Voda.

  • Los muros y las torres semicirculares fueron construidos en el siglo XV, precisamente durante el gobierno de Vlad III.






Desde un punto de vista arquitectónico, la Torre Central presenta influencias transilvanas y los muros un estilo claramente bizantino. La fortaleza original y la primera mitad de los muros están fabricados con piedra, por su resistencia y durabilidad, mientras que la parte superior se reconstruyó con ladrillos, con el objetivo de configurar los huecos necesarios para la artillería. El único asedio conocido que sufrió la fortaleza fue obra de los turcos en el verano de 1462, y se puede fechar durante el gobierno de Radu cel Frumos (hermanastro de Vlad).




Una leyenda que leí una vez en el laberinto de Buda, que coincide (en parte) con la maravillosa introducción rodada por Francis Ford Coppola para su versión de Drácula (de 1992), cuenta que la esposa de Vlad se encontraba en esta fortaleza cuando fue atacada por los otomanos. Para evitar ser capturada por los invasores la princesa decidió quitarse la vida lanzándose a las aguas del río.




Con el tiempo esta fortaleza perdió protagonismo en las guerras contra los otomanos, y después de 1550 fue abandonado. Un terremoto destruyó la parte norte en el año 1915. La restauración actual data del año 1972, durante la época de Ceaucescu.




Otro reto superado con éxito. El sudor y el esfuerzo son la clave del éxito. Ahora descender y dejar aquí un pedacito de nosotros para la posteridad. Otros vendrán a pisar mis huellas impresas. No es el más hermoso (su estado es totalmente ruinoso) pero si el más sugerente de todo el arco carpático, la herradura montañosa, donde historia, leyenda y literatura se funden en un todo indivisible. Alzo la vista y sobre un lejano bosque, serpentea un río de argénteo caudal.



lunes, 12 de febrero de 2024

CAMINO POLVORIENTO.

 


Verano, tórrido verano, de sol a sol, el caminante camina. Son días de tragar polvo. El caminante no conode obstáculo que no sea capaz de superar. Sol, frío, lluvia, kilómetros, él conoce su cuerpo, es consciente de sus límites y actúa en consecuencia. No conviene hacer caso de guía y de otros peregrinos que pretenden venderte la moto. No es posible visitar ni tan siquiera una pequeña parte de todo lo que te anuncian las guías, más o menos turísticas, del Camino. (Entre Los Arcos y Torres del Río. Julio 2021)

domingo, 11 de febrero de 2024

VENECIA: RITMO DE COLOR Y FORMA.

 


Venecia, 15 de agosto de 1960. Si llegar a Venecia por primera vez es gozar de un deslumbramiento maravilloso, todavía mejor es regresar a la ciudad de los palacios enjoyados, color del crepúsculo, porque entonces aquella impresión inicial, cegadora por intensa, que transformó al paisaje de canales y fachadas en una vibración de esmaltes encendidos, deja lugar a un sereno reconocimiento aguzado que, sin perder nada del esencial prodigio, permite al viajero adentrarse en su misterio y saborearlo con lento fervor. Es lo que me ha pasado a mí, como a tantos, al volver a Venecia. Lo que antes me asombraba y me sobrecogía un poco, como algo inalcanzable, se ha trocado en algo mío, casi familiar, a medida que me apoderaba del laberinto veneciano para siempre. Venecia en verano, abarrotada, sofocada de turistas, no será la augusta, suprema , melancólica, solitaria, Venecia del invierno, cuando únicamente sus moradores y los viajeros más ricos y exigentes la recorren, pero posee una seducción más poderosa que el tenaz alud forastero. Y eso es mucho decir. Me he sumado, pues a las caravanas de humanas hormigas, al infinito ambular de moscas-hombres que ennegrecen sus mármoles memorables, y he participado de su fiesta eterna, tan vieja que, iniciada bajo el esplendor bizantino y prolongada en la soberbia del Renacimiento y en el encanto burlón del siglo XVIII, no decae nunca. Y he ido de acá para allá, como en una feria luminosa, asomándome a la variedad de su espectáculo.

Manuel Mújica Lainez.

Placeres y fatigas de los viajes.

jueves, 8 de febrero de 2024

LOGROÑO Y EL JUEGO DE LA OCA.

 



La iglesia de Santiago el Real y la plaza del Juego de la Oca, con un precioso mosaico grabado en el suelo, forman el epicentro jacobeo de Logroño.







La Oca y los Templarios en el Camino de Santiago cuando atraviesa la capital de la Rioja. Cuentan que el Juego de la Oca posee una vertiente misteriosa y esotérica. Personalmente siempre me ha parecido un juego un tanto insulso y aburrido, debe ser que mi intelecto no me alcanza para comprender su gran complejidad.






 La teoría que entronca con la historia del Camino de Santiago atribuye el origen de la Oca a los Templarios, quienes comenzaron a utilizar las conchas del Nautilus con una finalidad criptográfica más allá de la lúdica. Según se dice, la Orden del Temple emitía mensajes en clave que solo algunos de sus miembros eran capaces a descifrar. Y precisamente esta concha se ha identificado como el primer tablero de la Oca, ya que sus 63 espacios coinciden con las 63 casillas del juego. Los Templarios fueron una orden de monjes guerreros que se erigieron en 1118 en guardines de los Lugares Santos de Jerusalén. Con el tiempo, la labor de custodia de los Templarios se amplió desde las fronteras de Jerusalén a otros lugares santos como el propio Camino de Santiago, por entonces, aun en manos de los musulmanes, en muchos de sus tramos en la Península Ibérica. Y en ese contexto surgió el Juego de la Oca que conocemos, diseñado por la Orden del Temple como una guía de ida y vuelta del Camino de Santiago para iniciados. Y aunque las reglas de la Orden del Temple prohibían expresamente a sus miembros el uso de los juegos como los Dados y el Ajedrez, en el caso de la Oca, como hemos apuntado, no estamos ante un divertimento sino ante una guía encriptada. Así, el tablero de la Oca y sus casillas ayudarían a los peregrinos que viajaban desde Roma a Santiago para realizar esta ruta con seguridad. El tablero representaría el propio Camino de Santiago; las ocas, los lugares seguros donde los Templarios podían encontrar refugio, en este caso, localidades de esta ruta como Pamplona, Logroño o León; y otras casillas, como el pozo, la posada o el laberinto, simbolizarían espacios inseguros para los miembros de la Orden.

La oca , un juego con misterio.

Juan García de la Riva.




En el pavimento de la plaza de los Peregrinos están grabados algunos de los elementos más emblemáticos que acompañarán al romero a lo largo de todo su Camino.





La ciudad de Logroño, a la altura de la iglesia de Santiago, hace un precioso homenaje al juego infantil de la Oca, y de paso refuerza la idea que relaciona al juego, al ave, a los templarios y al propio Camino de Santiago. Puentes, posadas, laberintos, la cárcel, un par de docenas de ocas, la muerte y el paraíso. No falta de nada.


miércoles, 7 de febrero de 2024

EL GRECO EN VENECIA.



La ciudad de los canales, antaño orgullosa república serenissima, lleva centurias inspirando a artistas de toda procedencia y disciplina. Algunos estuvieron únicamente de paso, otros se afincaron aquí para beber día a día de la inagotable fuente de belleza que es Venecia. Todos aprendieron de los grandes maestros de la genuina escuela veneciana. Doménicos Theotokópoulos, el Greco, figura capital del Renacimiento, también se dejó atrapar por el embrujo de la ciudad y de los artistas que en ella trabajaban.


Doménikos nació en Candía, ciudad más destacada de Creta, en un tiempo que toda la isla estaba bajo el control de la República de Venecia (desde que fue comprada en 1204 por el senado veneciano). Sus primeros años los vivió sumergido en un entorno cultural plenamente veneciano, y llegado el momento, y al igual que muchos otros compatriotas, decidió viajar a la metrópoli, decidido a aprender la “maniera veneciana”.


Venecia era parada habitual de los pintores cretenses, acostumbrados a conjugar la tradición bizantina de su isla con los elementos de la pintura occidental. Pero El Greco se sumergió de lleno en el entorno artístico de la Escuela Veneciana. Doménikos Theotokópoulos, formó parte de la numerosa colonia de griegos establecidos en las islas de la laguna véneta, unos cuatro mil, pero sus estancia en Venecia está llena de incógnitas. Es segura su presencia en el año 1568 y se estima que vivió en la ciudad entre 1567 y 1570. Apenas tres años. Una estancia de la que existen más dudas que certezas.


Bodas de Caná, el Veronés 

Como hemos apuntado, su estancia en Venecia es prácticamente desconocida pero fundamental para el posterior desarrollo de su obra, genuina y original. Cuando arribó a Venecia, el Greco ya era un maestro pintor, y como tal firmaba sus obras, y entró en contacto con los grandes genios de la pintura veneciana como Tiziano, Tintoretto, el Veronés o Jacopo Bassano. De ellos aprendió el uso de las perspectivas (conseguidas a través de la arquitectura idealizada en diversos planos), el movimiento de las figuras y sus gestos, y especialmente el uso del color, una marca de la escuela veneciana. El artista cretense se esforzó por aprender la forma de trabajar de los artistas locales, deja de lado el temple y comienza a usar el óleo, y cambia el soporte, prefiriendo en estos momentos el lienzo.


El Greco adoptó una forma de construir el espacio figurativo típicamente veneciano, mediante la luz y el color. Los colores se van a transformar por efecto de la luz, y esos colores llenan de sentimiento y de emoción a aquellos que contemplan su obra. Venecia es una ciudad llena de luz, y por ende, de colores.



En el lienzo el Expolio, conservado en la sacristía de la catedral de Toledo, el cromatismo, en especial en la túnica que cubre el cuerpo de Cristo, como la composición de la escena y el modelado de las figuras, materializa el Greco, gran parte de lo aprendido en Venecia.


La carrera como pintor de El Greco acababa de empezar, tras abandonar Venecia, y antes de llegar a España, pasó una temporada en Roma, y fue afincado en Toledo donde se convirtió en uno de los grandes maestros de la pintura universal. A pesar de su breve estancia en Venecia, esos años resultaron cruciales para el posterior desarrollo de toda su obra.


ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DE PERALES.



 

Ermita de la Virgen de Perales “La Perala”. Estuvo adscrita en el s. XII al Hospital del Cebreiro. Templo de gran veneración en toda la comarca. Sencillo edificio de ladrillo con espadaña. Celebra romería cada 8 de septiembre. En las inmediaciones de Bercianos del Real Camino. La obra actual es del siglo XVII.





lunes, 5 de febrero de 2024

NOSFERATU EN VENECIA



 

El erotismo repulsivo de Nosferatu alcanza en la decadente sociedad veneciana un esplendor mórbido. Un ser condenado a errar eternamente viene a Venecia para, entre fiestas y orgías, hundirse con ella. En esta cinta febril y delirante asistimos además al ocaso de Klaus Kinski.

jueves, 1 de febrero de 2024

SAN ANDRÉS HUBERTO.

 


San Andrés Huberto. Una luz en el camino de Santiago. ¡Un santo en Los Arcos!. San Andrés Huberto Fournet, sacerdote exiliado francés en tiempos de la revolución, aquí encontró su lugar y vivió cinco años. Los que van de 1792 a 1797.


Cinco años de exilio . . . solo . . . pobre.

Extranjero en Los Arcos.

Desconoce la lengua.

Don Andrés, pequeño sacerdote,

sin ministerio,

recibe acogida cálida, gratuita.

Recorre el vía crucis que existe todavía.

Pasa junto al albergue de peregrinos.

Rezaba por todos los que sufre . . .

También tú puedes rezar en este vía crucis . . .

Por el camino de Compostela . . .

¡Cuántos peregrinos a través de los siglos!

Cada uno con su misterio, con su historia,

con su búsqueda . . .

Ahora, tú, sigues sus huellas . . .

San Andrés también quiso hacer el Camino como

tiempo de penitencia, de silencio y oración. Y lo

emprendió en la primavera de 1795.

Al llegar a Burgos, no puede más y acude al hospital

de las Huelgas.

Se recupera un poco y lo reemprende.

Pero su debilidad no le deja proseguir el proyecto.

Intentará una experiencia religiosa en los

carmelitas de Burgos.

El Superior, hombre de fe, le infunde paz:

“Dios os espera en vuestra parroquia . . .”

¿Qué piensas en tú caminar?

Regresa a Francia . . .

No ha acabado la persecusión religiosa y

celebra Eucaristías clandestinas.

Un joven acude, de noche, a consultarle su

proyecto de vida.

Sería Santa Juana Isabel la Fundadora

de las Hijas de la Cruz.

¡Dios le destinaba a otra misión!

La encarnación del Verbo toma sentido

en la Cruz del Calvario,

convertida en la Cruz de Pascua,

y hecha memorial perpetuo en la Eucaristía.

Vive la sencillez del Evangelio

inserto en el pueblo . . .


Hoy las Hijas de la Cruz están en cuatro continentes . . . cerca de los pobres, los enfermos . . .


El 24 de junio de 1979, las Hijas de la Cruz, agradecidas, vienen a compartir la vida de este pueblo sencillo y acogedor.

miércoles, 31 de enero de 2024

CONVERSACIONES SOBRE LA PLURALIDAD DE LOS MUNDOS.




Siglo XVIII, la Ilustración y las luces, Bernard de Fontenelle escribe, entre otras cosas, sobre las formas de vida en otros planetas y astros del Sistema Solar. La infancia de la exobiología y de la ciencia ficción.



- ¿No creéis - le dije - que el día mismo no es tan hermoso como una bella noche?.

- Sí - me respondió -; la belleza del día es como una beldad rubia que es más brillante, pero la de la noche es una beldad morena que es más conmovedora.


Así comienza la larga conversación entre Fontenelle y la marquesa, sobre la pluralidad de los mundos. El autor utiliza el diálogo, para a lo largo de la obra, ir exponiendo las ideas (propias y ajenas) sobre física, astronomía y exobiología. Fontenelle ofrece en esta obra una explicación, sencilla y apta para todos los públicos, del modelo heliocéntrico de Copérnico. A diferencia de otras obras de la época, la escribió en francés, y no en latín. Lo más interesante, no obstante, son las conversaciones sobre los habitantes de otros mundo. Sencillamente delicioso.


Fontanelle nos invita a un viaje por el Sistema Solar conocido, desde Mercurio hasta Saturno, deteniéndose en el Sol y en la Luna. Aún no habían sido descubiertos Urano, Neptuno y Plutón. Intenta dotar de cierto carácter científico su obra, pero sin desdeñar lo imaginario y creativo de la mente humana.


"No he querido imaginar nada sobre los habitantes de los mundos que fuese totalmente imposible y quimérico. He tratado de decir todo lo que podría pensarse razonablemente de estos, e incluso las imágenes ilusorias que he añadido a esto tienen algún fundamento real. Lo verdadero y lo falso están aquí mezclados, pero son siempre fáciles de distinguir. No me detendré a justificar un compuesto tan extraño. Este es el punto más importante de la obra y es, precisamente, aquel del que no puedo dar razón".


El viaje comienza en Venus, donde conocemos a sus peculiares habitantes, sometidos a las altas temperaturas del astro rey. Tópicos con los que históricamente se ha descrito, por ejemplo, a los andaluces.


- ¡Oh!, sin duda - repliqué -. El pueblo de Venus no está compuesto más que por Celadones y Silvanos, y sus conversaciones más comunes valen tanto como las más bellas de Clelia. El clima es muy favorable a los amores; Venus está más próximo al Sol que nosotros y recibe una luz más viva y más calor. Está, aproximadamente, a dos tercios de la distancia del Sol a la Tierra.


- Ahora veo cómo están hechos los habitantes de Venus - dijo la marquesa -. Se parecen a los moros granadinos, un pueblo negro, quemado por el sol, lleno de gracia y fuego, siempre enamorados, haciendo versos amantes de la música, inventando fiestas, danzas y torneos todos los días.


Venus y la Tierra, son como dos hermosos gemelos, cada uno es un espejo para el otro.


"Me alegro - dijo la marquesa -, la Tierra podrá ser para Venus el lucero del alba y madre de los amores, como Venus lo es para nosotros. Estos nombres no pueden ser adecuados más que a un planeta que sea bonito, claro, brillante y que tenga un aire galante".



Sobre la Luna y su habitabilidad, el filósofo realiza una interesante reflexión desde el punto de vista de la teología.


Cuando se os dice que la Luna está habitada, al punto os representáis allí hombres hechos como nosotros y después, si sois un poco teológicos, os encontráis llenos de dificultades. La descendencia de Adán no ha podido extenderse hasta la Luna, ni enviar colonias a aquel país. Los hombres que hay en la Luna no son, pues, hijos de Adán. Ahora bien, sería embarazoso para la teología que allí hubiese hombres que descendieran de él.


En Mercurio las temperaturas son tan altas, que sus habitantes carecen totalmente de cordura.


Pero ¿y los habitantes de Mercurio?. Están más de dos veces más próximos al Sol. Es preciso que estén locos a fuerza de vivacidad. Creo que no tienen memoria , no más que la mayor parte de los negros; que no reflexionan sobre nada, que no actúan más que a la ventura, y por movimientos repentinos, y, en fin, que es en Mercurio donde están los manicomios del universo".


Curiosamente para Fontenelle, Marte no presentaba ningún interés. El filósofo francés no pudo imaginar el éxito que alcanzaría el Planeta Rojo entre los buscadores de extraterrestres, los soñadores y los escritores de Ciencia Ficción.


"Que yo sepa, Marte no tiene nada especial [...]. En fin, Marte no vale la pena como para detenerse en él".


Sin embargo se atreve a imaginar como sería poder vivir en el Sol y contemplar desde allí toda la belleza de la creación.


En definitiva, sea lo que sea lo que pueda ser el Sol, no parece en absoluto adecuado para estar habitado. No obstante, es una lastima, la morada sería hermosa. Se estaría en el centro de todo. Se vería a los planetas girar a su alrededor de forma regular.



Júpiter, el Coloso, gobierna sobre las lunas que forman su sistema de satélites.


"Quisiera, pues - replicó ella -, que los habitantes de las cuatro lunas de Júpiter fuesen como colonias de Júpiter; que hubiesen recibido de él sus leyes y sus costumbres, y que, en consecuencia , le rindiesen alguna especie de vasallaje y no miraran al gran planeta más que con respeto".


"- ¿No haría falta, además - le dije - , que las cuatro lunas enviasen, periódicamente, diputados a Júpiter para prestar juramento de fidelidad?. Por lo que a mí respecta , os confieso la poca superioridad que tenemos sobre las gentes de nuestra Luna, me hace dudar que Júpiter tenga mucha sobre los habitantes de las suyas.".


La Tierra situada en el punto intermedio entre los extremos marcados por Mercurio y Saturno, y por tanto, los habitantes de nuestro planeta tenemos algo de ambos mundos. Estamos en la zona de habitabilidad del Sistema Solar.


- Me dais una idea de Saturno que me hiela - respondió la marquesa - , mientras que antes me acaloré cuando me hablabas de Mercurio.

- Estos dos mundos que están en las dos extremidades de este gran torbellino tienen que ser opuestos en todo - repliqué.

- Así pues - respondió ella -, en Saturno deben estar muy cuerdos porque me habéis dicho que en Mercurio todo el mundo estaba loco.

- Si en Saturno no se está muy cuerdo - repliqué -, por lo menos , según las apariencias, se es muy flemático. Son gente que no saben lo que es reírse, que siempre se toman un día para responder a la menor pregunta que se les hace, [...]

- Se me ocurre una idea - dijo ella -. Todos los habitantes de Mercurio son activos, todos los de Saturno son lentos. Entre nosotros , unos son activos y otros lentos. ¿No será porque, estando nuestra Tierra justamente en el medio de otros mundos, nosotros participamos de las extremidades?. Para los hombres no hay carácter fijo y determinado; unos están hechos como los habitantes de Mercurio, otros como los de Saturno, y somos una mezcla de todas las especies que se encuentran en los otros dos planetas.

- Me gusta esta idea - repliqué -. Nosotros formamos un conjunto tan extraño que ¿podría creerse que hubiéramos sido reunidos de varios mundo diferentes?. En base a esto resulta bastante cómodo estar aquí, donde se ve a todos los demás mundos compendiados.

- Al menos - dijo la marquesa - una comodidad muy real que tiene nuestro mundo por su situación es que no es tan caliente como el de Mercurio o Venus, ni tan frío como el de Júpiter o Saturno. Además, precisamente estamos en un lugar de la Tierra donde no sentimos ni exceso de calor ni de frío. Realmente , si cierto filósofo daba gracias a la naturaleza por ser hombre y no bestia, griego y no bárbaro, yo quiero agradecerle el estar sobre el planeta más atemperado del universo, y en uno de los lugares más atemperados del planeta".


Fontenelle utiliza su erudición para impresionar a la marquesa, y es que ya se sabe, el cerebro de un hombre es el órgano masculino más admirado por las mujeres.


"- ¡Vaya! - exclamó ella -. ¡Tengo en la cabeza el sistema del universo!.¡Soy sabía!.


- Sí - repliqué -, lo sois de modo bastante razonable. Y lo sois con la ventaja de poder no creer en nada de todo lo que os he dicho, en cuanto se os antoje. En recompensa a mis fatigas, os pido que nunca veáis el Sol, el cielo o las estrellas sin pensar en mí ". 

martes, 30 de enero de 2024

TERCER ENTORNO, TELÉPOLIS Y NEOFEUDALISMO.

 



La historia de la Humanidad es la historia del desarrollo tecnológico. Por otro lado, los humanos somos animales tremendamente sociales, basamos nuestra existencia en el establecimiento de complejas relaciones con los demás. Las revoluciones tecnológicas siempre han venido acompañadas de profundas transformaciones en esas relaciones sociales. Las innovaciones implementadas en las últimas décadas han modificado radicalmente nuestras formas de vida. El filósofo Javier Echeverría se refiere a esto como Tercer Entorno (en su libro Los señores del aire: Telépolis y Tercer Entorno). Un concepto que sirve para explicar el mundo en este siglo XXI, un elemento más del antropoceno.


La impantación constante de nuevas tecnologías de la información y las telecomunicaciones (sin olvidar la biotecnología y las inteligencias artificiales), en nuestras vidas, están diseñando un “escenario que difiere profundamente de los entornos naturales y urbanos en los que tradicionalmente han vivido y actuado los seres humanos”. Los seres humanos vivimos originalmente en el primer entorno, después mayoritariamente en el segundo entorno y actualmente, superados los dos anteriores, lo hacemos en el tercer entorno.


♠ Primer entorno.

El primer entorno nos retrotrae al medio natural y físico, a la humanidad primigenia, a la infancia de la especie; el cazador-recolector, el nómada y el mito del buen salvaje. La vida gira en torno al cuerpo humano, la familia, el clan, la tribu, los ritos, las creencias y la tierra que pisamos.


♠ Segundo entorno.

El segundo entorno es el de la ciudad, la civilización con sus logros y miserias, la construcción de las relaciones sociales en el medio urbano. El urbanita y su evolución hacia el cosmopolita. El día a día se encuentra inmerso en el ambiente social de la ciudad y del pueblo, un entorno social y cultural, pero también (y especialmente) económico. La vida se organiza a través del taller, el mercado, la industria, la empresa, la iglesia, el estado y la nación. Parte del tiempo lo dedicamos a trasladarnos físicamente de un lugar a otro (de la casa al trabajo, del trabajo al ocio) de este segundo entorno. La vida cotidiana se llena de esperas, de tiempo perdido.


♠ Tercer entorno.

El Tercer entorno viene impuesto por las nuevas tecnologías, y cada vez es más complicado escapar de ellas, mantenerse al margen. Tecnología de la información y telecomunicaciones cada días más eficaces en su cometido de crear un mundo interconectado de forma permanente, una Aldea Global, un nuevo espacio social que engloba a todo el planeta con capacidad para interactuar a distancia. Nos hemos convertido en tecnopersonas, ya que nuestra forma de comunicarnos, leer, escribir, pensar, imaginar, incluso sentir, han pasado del plano físico, al plano virtual. Este entorno podemos pensarlo en términos urbano; telépolis. Todos conectados, pero (casi) todos solos (y aislados). Poco a poco las personas nos vamos convirtiendo en piezas sustituibles de un enorme engranaje. Las redes que sustentan todo este entramado social están basadas en el flujo continuo de información.


Echeverría lo explica de la siguiente manera: “El desarrollo de la sociedad de la información forma parte de un proceso más amplio, que implica la aparición de un tercer entorno, diferente de los dos entornos clásicos (naturaleza y ciudad) en los que los seres humanos interactúan. La construcción de este tercer entorno (tecnológico y a distancia) puede ser equiparada a la construcción de una ciudad global (Telépolis). Para ello, no solo es preciso construir las infraestructuras mundial y nacionales de la información, sino que también hay que atender a las infraestructuras locales y domésticas de la información”.


En el tercer entorno lo material (característico de los otros dos entornos) es completamente sustituido por lo informacional y virtual, un mundo artificial, alejado de la naturaleza (en peligrosa contradicción con nuestra propia biología), tecnologías que van modificando las relaciones sociales, los afectos, las emociones y los sentimientos. En relación a telépolis surge la posibilidad del telecuerpo. Nuestro cuerpo físico pertenece a los dos primeros entornos, pero puede participar en el tercero. Metaverso a la vuelta de la esquina. Dejamos de pisar la tierra, y nos desplazamos por el aire, todo más rápido y frenético, si no es inmediato, no vale nada. El ciberespacio fagocitando el universo físico.


Otro filósofo, Rafael Guardiola, opina (acertadamente) que vivir en la tecnópolis nos aleja (aún más) de una sociedad libre y democrática, nos aproxima a una especie de neofeudalismo. En palabras del propio Guardiola; “Esta nueva sociedad virtual, altamente jerarquizada, está presidida por los Señores del Aire . . . Señores feudales y las relaciones de vasallaje . . . Se trata de los Consejos de Administración de las empresas multinacionales . . . que construyeron y mantienen las estructuras de Tecnópolis”.


Estos señores feudales de la posmodernidad, émulos de aquellos señores del acero y de la guerra, luchan entre sí, compiten por conquistar nuevos territorios (virtuales), ampliar sus empresas, eliminar y/o absorber a la competencia y agrandar hasta el infinito sus redes de poder e influencia. Y nosotros consumidores, simples mortales de carne y hueso (que ríen y lloran según el momento) nos convertimos (muchas veces voluntariamente) en los nuevos siervos. Ahora el diezmo es la cuota que gustosamente pagamos por los servicios que nos ofrecen. Servicios que utilizan para mantenernos controlados y sometidos.


Javier Echeverría publicó el libro en 1999, cuando aún se pagaba en pesetas. Los nacidos a partir de esa fecha, más o menos, han desarrollado toda su vida en este tercer entorno. Dos mil quinientos años después, hemos vuelto a la Caverna de Platón.

ALBERGUE TEMPLARIO “LA PATA DE OCA”

 


La Pata de Oca , un ave que los antiguos egipcios relacionaban con el Sol, la famosa (y enigmática) tau vinculada con los antonianos de Antonio Abad y por supuesto la cruz paté templario. Símbolos de otro tiempo, de otra época, que han llegado hasta nuestro siglo XXI sin que tengamos muy claro en la actualidad su significado. Albergues de una Orden del Temple Resucitada o Restaurada (que más da) están proliferando en los últimos años en diferentes puntos del Camino de Santiago. Más allá de lo anecdótico otorgan al camino un aire de esoterismo y de vuelta a los orígenes.





Cruz paté del temple, Tau y Pata de Oca, son símbolos que podemos encontrar en cada rincón de Torres del Río, una localidad que ha resucitado el espíritu templario y también la hospitalidad xacobea. Una pequeña población, de interesante arquitectura, dedicada a la agricultura y a la hospitalidad (al menos en verano).






sábado, 27 de enero de 2024

CAMPOS DE VERDE Y ORO.

 


Colores que predominan entre Monjardín y Los Arcos. Caminamos por extensos campos de labor, un delicioso mosaico de colores, en el que se van alternando los dorados del cereal y el verde las vides o los manzanos. De cuando en cuando nos cruzamos con algún labriego, en su tractor o en la segadora, que hace un poco tiempo el trabajo de varias cuadrillas de jornaleros.











La Guardia Civil a caballo vigila estos solitarios caminos, como en tiempos del Ingenioso Hidalgo hiciera la Santa Hermandad.







Un pinar. Después de casi deiz kilómetros caminando bajo el sol, a menos de tres kilómetros de Los Arcos, ante el fatigado peregrino se materializa un oasis en forma de pinar. El Paraíso terrenal nada tiene que envidiar. Mejor dicho, no tiene nada que envidiar al paraíso terrenal o celestial. 



Llegar a los Arcos, supone para el caminante, entrar en el más placentero de los éxtasis. 




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